11 - Bajo mi techo
11 - Bajo mi techo
Barbie
En cuanto dejamos atrás la vista del salón y quedamos en la penumbra del pasillo secundario, rodeados por paredes de madera y retratos antiguos, Tyler se da la vuelta de golpe. Me acorrala contra la pared, apoyando sus manos a ambos lados de mis hombros, exactamente de la misma forma en que Nikolai lo hizo en la biblioteca, pero con una diferencia abismal: con Tyler solo siento un asco profundo y una claustrofobia insoportable.
—¿Qué demonios te pasa, Barbie? —me reclama a la cara, con el aliento agitado y los ojos inyectados en sangre por la humillación—. ¿Por qué dejas que ese sujeto te controle? Pareces asustada... o peor aún, pareces fascinada con él.
—¡Estás loco! —exclamo, intentando empujarlo por los hombros—. ¡No estoy fascinada con nadie! ¡Tú llegaste a dar un espectáculo ridículo en una casa que no es tuya!
—A mí no me vas a ver la cara de imbécil —sisea él, inclinándose hacia mí con una posesividad enfermiza—. Sé cómo miras a los hombres cuando quieres conseguir algo. Pero tú eres mía, ¿oíste? No me vas a cambiar por un ruso millonario que podría ser tu padre.
—¡Suéltame, Tyler! ¡No soy tuya ni de nadie! —grito, alzando la mano para darle un manotazo.
Tyler atrapa mi muñeca en el aire con brusquedad. Su rostro se deforma por los celos y la frustración.
—Vas a recordar quién es tu novio antes de que me vaya —dice entre dientes.
Inclina su rostro con violencia hacia el mío, intentando atrapar mis labios a la fuerza. Giro la cabeza con todas mis fuerzas hacia la izquierda, sintiendo sus labios chocar torpemente contra mi mejilla y su barba rasparme la piel de forma desagradable. Me remuevo con desesperación, golpeando su pecho con la mano libre, pero él usa su peso para aplastarme contra la pared.
—¡Que me sueltes! —ahogo un grito.
Antes de que Tyler pueda volver a intentar besarme a la fuerza, una sombra enorme se proyecta sobre nosotros en el pasillo.
Una mano masiva, dura como el acero y con las venas marcadas por la tensión, cae de golpe sobre el hombro derecho de Tyler.
La fuerza del impacto es tan descomunal que Tyler es arrancado de encima de mí como si fuera un muñeco de trapo. Nikolai lo gira en el aire con un solo movimiento violento de su brazo y lo estrella de espalda contra la pared opuesta del pasillo.
El sonido de la espalda de Tyler chocando contra el panel de madera retumba en todo el corredor, seguido por un gemido de dolor ahogado que sale de su garganta.
Mi corazón se detiene por completo.
Nikolai se coloca justo frente a él, ocupando todo el espacio, aplastando a Tyler contra la pared con la sola cercanía de su cuerpo fornido. La mano derecha del ruso sigue apretando el hombro de Tyler con una presión tan brutal que puedo ver cómo los dedos de Nikolai se hunden en la chaqueta de cuero, amenazando con romperle la clavícula.
El rostro de Nikolai está desencajado por una furia fría, oscura y salvaje. Ya no hay rastro de la máscara de autocontrol que suele llevar. Sus ojos grises están negros por la rabia, fijos en los de Tyler, que tiembla descontroladamente bajo su agarre, ahogándose en su propio pánico.
—Te dije que tenías tres minutos para salir de mi propiedad —dice Nikolai. Su voz no es un susurro, es un rugido sordo, rasposo y helado que parece salir de lo más profundo de su pecho—. Y te atreviste a tocarla a la fuerza bajo mi techo.
—Ella... ella es mi novia... —intenta balbucear Tyler, con la cara pálida y los labios temblando por el dolor en su hombro.
Nikolai ejerce más presión sobre el hueso. Tyler deja escapar un chillido ahogado y dobla las rodillas, sostenido únicamente por el agarre de hierro del ruso.
Nikolai acerca su rostro al de Tyler hasta que sus narices casi se rozan. El aura de peligro mortal que emana de mi padrastro es tan densa que hasta a mí me cuesta respirar desde mi posición junto a la pared.
—Escúchame muy bien, pedazo de imbécil —susurra Nikolai, con una frialdad implacable que promete destrucción absoluta—. Si vuelves a ponerle una sola mano encima, si vuelves a alzarle la voz o si vuelves a poner un solo pie en esta casa sin mi permiso... te voy a romper los brazos uno por uno.
Tyler no responde. No puede. El pánico lo tiene completamente paralizado.
—Ahora... —continúa Nikolai, aflojando el agarre de forma repentina y dándole un empujón que hace que Tyler tropiece contra el suelo—... lárgate de mi vista antes de que pierda la poca paciencia que me queda.
Tyler no lo duda ni un solo segundo. Sin mirar a nadie, sin decir una sola palabra más y agarrándose el hombro dolorido con la otra mano, se pone de pie como puede y echa a correr desesperadamente por el pasillo hacia la salida trasera, haciendo resonar sus pisadas en la penumbra.
El silencio que sigue es sepulcral.
Me quedo pegada a la pared, con el pecho agitándose a mil por hora, tratando de procesar lo que acaba de ocurrir. Mis manos tiemblan ligeramente.
Nikolai se queda de pie en medio del pasillo, dándome la espalda. Sus hombros anchos se elevan y descienden con una respiración pesada y profunda mientras intenta recuperar el control de su propia furia.
Lentamente, se da la vuelta hacia mí.
Sus ojos grises, aún cargados dé el una llama oscura y peligrosa, recorren mi rostro, mi cuello y la ropa que Tyler arrugó durante el forcejeo. Da un paso lento hacia mí, llenando el corredor con su presencia imponente hasta quedar a menos de un paso de distancia.
Me mira desde su altura, con la mandíbula tensa y los puños apretados a los costados.
—¿Estás bien? —pregunta. Su voz sigue siendo grave y rasposa, pero hay un matiz extraño, una nota de posesión brusca y oscura que me atraviesa el vientre como una descarga eléctrica.
—Estoy bien... —susurro, sosteniéndole la mirada, incapaz de apartar los ojos de los suyos.
Nikolai alza la mano lentamente. Durante un segundo que parece durar una eternidad, creo que va a tocarme, que va a pasar sus dedos por la piel de mi cuello donde Tyler intentó besarme. Su pulgar roza el aire a milímetros de mi barbilla, pero se detiene justo antes de hacer contacto.
—Ese imbécil no vuelve a poner un pie en esta casa —sentencia en un susurro áspero que resuena en mis oídos—. Aquí las cosas se hacen a mi manera. Y nadie toca lo que está bajo mi techo.