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14 - Cuidado con lo que pides

A Escondidas En La Cama De Mi Padrastro 18+ — booknet.com · All chapters

14 - Cuidado con lo que pides

Barbie

—Tengo todo el derecho —interrumpe él con un gruñido sordo, bajando la voz hasta convertirla en un mandato íntimo y abrasador—. Porque desde el momento en que pusiste un pie en esta casa, te guste o no, estás bajo mi órbita. No voy a tolerar tus insolencias, ni tus berrinches de niña malcriada. ¿Entendido?

La cercanía es insoportable. Su cuerpo está tan pegado al mío que puedo sentir el calor de su pecho a través de la camisa, la firmeza de sus muslos rozando los míos, y la tensión absoluta de su anatomía musculosa. Mi corazón late a un ritmo demencial, golpeando contra mis costillas como un pájaro encerrado en una jaula. No sé si quiero seguir gritándole o si lo único que deseo es que acorte los centímetros que nos separan y selle mi boca con un beso. Esa contradicción me enferma y me fascina a la partes iguales.

—Vete al infierno, Nikolai... —susurro, perdiendo la fuerza en la voz, con los ojos fijos en sus labios finos y tensos.

Nikolai no responde con palabras. Sus ojos grises descienden lentamente desde mis ojos hasta mi boca entreabierta. El aire en el despacho se vuelve espeso, denso, casi irrespirable. Su respiración se vuelve más pesada, compaginándose con la mía en un ritmo aprecio y peligroso. Levanta una de sus manos del codo y desliza los dedos con una lentitud exasperante por la línea de mi brazo, rozando la piel con una caricia áspera y posesiva que me hace estremecer de pies a cabeza.

—Cuidado con lo que pides, Barbie —murmura él, con un tono ronco y oscuro que me eriza hasta el último cabello de la nuca—. Porque si sigo bajando la guardia contigo, el infierno va a parecer un juego de niños.

Siento que el mundo a nuestro alrededor desaparece. Mis manos, que antes intentaban empujarlo, se deslizan débilmente por la solapa de su camisa, aferrándose a la tela mientras mi cuerpo cede al imán magnético de su presencia. Él inclina la cabeza, acercando sus labios a los míos a una distancia tan ridícula que puedo saborear su aliento.

Pero justo en el instante en que el aire entre nuestras bocas está a punto de colapsar, un ruido seco en el pasillo rompe el hechizo con la violencia de un trueno.

—¡Hey! ¿Hay algo de café en la cocina o se murió el servicio hoy? —la voz estridente y despreocupada de Leo resuena desde el pasillo, seguida por el crujir de las tablas de madera mientras se acerca a grandes zancadas.

El cuerpo de Nikolai se tensa al instante. Yo doy un leve respingo, pero no me aparto. Mis dedos siguen aferrados a la solapa de su camisa y su mano permanece sujeta con firmeza en mi cintura.

Los pasos de Leo se detienen de golpe justo en el umbral del despacho abierto.

—¿Mamá? ¿Nikolai? —pregunta Leo en voz alta, asomándose al interior con desgana—. ¿Hay alguien despierto o…

Leo se traga el resto de la frase.

Su mirada se desplaza hacia nosotros y se congela al instante. No hay ningún intento de escondernos. Estamos de pie en medio del despacho, a una distancia escandalosamente íntima: mi cuerpo pegado al suyo, la respiración de ambos todavía agitada, y los ojos grises de Nikolai clavados en él con una frialdad tan absoluta que corta la respiración.

Leo parpadea un par de veces, visiblemente desconcertado por la atmósfera pesada, densa y cargada de electricidad que inunda la estancia. Sus ojos viajan de mi rostro enrojecido a la mano de Nikolai que aún descansa sobre mi cintura, y luego a la cercanía de nuestras bocas.

Nikolai no se inmuta. No se aparta un solo centímetro de mí, ni intenta romper la postura dominante que nos une. Simplemente gira la cabeza con lentitud hacia la puerta, manteniendo su expresión de piedra y un aire de indiferencia olímpica que desafía cualquier malentendido.

—¿Se te ofrece algo, Leo? —pregunta Nikolai con una voz profunda, grave y perfectamente calmada, como si estuviera discutiendo un informe financiero y no a punto de besar a la hija de su esposa.

—Ah... este... no —balbucea Leo, rascándose la nuca con torpeza, sintiéndose de pronto de más en su propia casa—. Solo iba a la cocina. Yo... los dejo seguir en su charla.

—No te molestes —interrumpo de golpe, liberándome con un empujón brusco del agarre de Nikolai.

Doy un paso atrás, ajustándome el suéter con manos temblorosas pero con la cabeza en alto. La rabia vuelve a tomar el control de mis venas, sirviéndome como el escudo perfecto para cubrir la turbación que me provoca la cercanía del ruso. Clavo una mirada cargada de veneno en Nikolai antes de encarar a Leo, quien me observa con los ojos muy abiertos.

—La que se va soy yo —añado con un tono afilado y sarcástico, alzando la voz para que retumbe en el despacho—. Ya vi que con mi querido padrastro es completamente imposible negociar hasta las cuestiones más básicas.

Le dedico una última mirada de desprecio a Nikolai, cuya expresión permanece esculpida en una frialdad impenetrable, aunque el brillo oscuro en sus ojos grises promete que esto está muy lejos de terminar.

Sin esperar a que ninguno de los dos responda, paso por al lado de Leo con paso firme, haciendo resonar mis pisadas sobre la madera mientras me alejo a toda prisa por el pasillo.

63f37eb0fe63a9904502c47cbe1e8b9c.jpg JAJAJAA Atrapados ¿Qué habrá pensado Leo?