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15 - Una noche de fachadas

A Escondidas En La Cama De Mi Padrastro 18+ — booknet.com · All chapters

15 - Una noche de fachadas

Barbie

El olor a laca para cabello, perfume caro y flores recién cortadas me satura la nariz desde que puse un pie en el salón de eventos del hotel Willard InterContinental, en el corazón de Washington, D.C.

Es la noche del primer evento benéfico organizado por la fundación de mi madre. Una gala de etiqueta rigurosa para la élite política, diplomática y empresarial de la capital. El lugar es una demostración obscena de riqueza: candelabros de cristal que gotean luz dorada, techos abovedados con molduras de pan de oro y mesas redondas vestidas de lino blanco con arreglos de orquídeas importadas.

Y yo soy el nuevo accesorio de exhibición.

El vestido que Victoria seleccionó para mí es una obra de arte restrictiva: una pieza de seda líquida color rosa con un escote asimétrico que deja al descubierto mi hombro izquierdo y se ciñe a mi cintura hasta la cadera, abriéndose en una hendidura audaz sobre mi pierna derecha. Me obligaron a recogerme el cabello en un moño bajo pulido, dejando varios mechones sueltos para enmarcar el rostro, y a usar pendientes que pesan más de lo que me gustaría admitir.

A mi lado, Victoria luce radiante con un vestido de corte sirena en tono plateado. Sonríe a las cámaras con la precisión de una actriz de Hollywood galardonada con el Oscar.

—Endereza la espalda, Barbie —sisea mi madre entre dientes, sin perder la sonrisa pulcra ante el destello de los flashes que no paran de cegarnos en el photocall—. Y deshazte de esa cara de disgusto. La revista Washington Life está tomando las tomas centrales.

—Estoy sonriendo, Victoria —murmuro por el rincón de la boca, manteniendo la mirada fija en los lentes de los fotógrafos mientras ajusto el agarre del clutch dorado en mi mano libre.

—Sonríe con los ojos, no solo con los dientes, querida —revira ella, apretándome el costado con un pellizco sutil para corregir mi postura—. Pareces una rehén.

A la derecha de mi madre, Leo se reacomoda la pajarita del esmoquin con una expresión de aburrimiento supino. Su cabello castaño, peinado hacia atrás con gel, pierde forma a medida que se pasa la mano por la cabeza cada vez que un fotógrafo pide otra toma.

Y a mi izquierda, marcando la frontera de la fotografía familiar, está Nikolai

Su presencia eclipsa a cualquier hombre en este salón. Viste un esmoquin negro hecho a la medida con una solapa de raso pulida, una camisa blanca de pechera impecable y una pajarita negra que resalta la firmeza de su mandíbula sombreada. Se ve ridículamente imponente, peligroso y refinado. Sus ojos grises, oscuros como el cielo antes de una tormenta, no buscan las cámaras; miran por encima de los fotógrafos con una frialdad y una serenidad que infunden un respeto casi instintivo.

Cada vez que sus hombros anchos rozan ligeramente mi hombro descubierto, una corriente eléctrica me recorre la columna vertebral, haciéndome perder el ritmo de la respiración.

—¡Una más para el Washington Post! —grita un fotógrafo desde el centro del gentío—. ¡Señora West, por favor, acerque a su hija! ¡Señor Sweell, un poco más hacia el centro con su esposa!

Nikolai da un paso corto hacia el centro. Su mano derecha se posa sobre la curva de mi cintura para amoldar la postura del grupo.

El contacto de sus dedos a través de la seda del vestido me quema la piel como si fuera hierro caliente. Su agarre es firme, posesivo, una presión calculada que me obliga a pegar mi cadera a la suya por una fracción de segundo. Puedo sentir el calor brutal que emana de su cuerpo, el olor a su perfume mezclado con el tejido de su esmoquin caro, y el pulso pausado de su respiración contra mi oreja.

—Respira, niña —susurra Nikolai en mi oído con una voz tan baja que solo yo puedo escucharla. Su aliento caliente me hace estremecer antes de que incline la cabeza hacia las cámaras con una compostura olímpica.

Nuestros ojos no se cruzan frente a los fotógrafos, pero la tensión entre los dos es tan densa que amenaza con hacer saltar por los aires la fachada de la "familia feliz".

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