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21 - Un vergüenza

A Escondidas En La Cama De Mi Padrastro 18+ — booknet.com · All chapters

21 - Un vergüenza

Barbie

La mirada de Nikolai se desliza de Tyler a mí, y luego regresa al intruso con una lentitud que congela la sangre. No hay un solo músculo en su rostro que delate sorpresa; solo una furia tan fría y concentrada que parece absorber el oxígeno de la habitación.

—Tú... —la voz de Nikolai sale como un susurro rasposo y gutural, resonando en las paredes con la pesadez de una sentencia—. ¿Qué parte de mi advertencia no pudiste procesar, insecto?

Tyler retrocede un paso, chocando de espaldas contra la cómoda de madera. El color ha abandonado por completo su rostro, y sus manos tiemblan de forma ridícula mientras intenta balbucear una excusa.

—Yo... vine a hablar con ella. Solo quería…

Nikolai no lo deja terminar. Saca el teléfono móvil del bolsillo de su pantalón sin apartar los ojos de Tyler, marca un número con rapidez y se lo lleva al oído.

—Seguridad —ordena con voz helada en cuanto contestan—. Ala oeste, segunda planta, habitación de Barbie. Hay un intruso. Sáquenlo de mi propiedad de inmediato y arrójenlo a la carretera. Y de paso, recojan sus cosas porque los tres que están en turno esta noche están despedidos por negligencia. Que no vuelva a verlos por aquí.

Cuelga de golpe. Ni siquiera pasan tres minutos cuando se escuchan carreras apresuradas en el pasillo y dos guardias de seguridad irrumpen en la habitación con los rostros pálidos del terror.

—¡Sáquenlo! —les ladra Nikolai.

Los guardias se abalanzan sobre Tyler. Él patalea, intenta zafarse y me mira con los ojos desorbitados.

—¡Barbie, dile algo! ¡Están locos! —grita mientras lo arrastran a la fuerza hacia el pasillo, con las zapatillas patinando sobre el parqué hasta que el eco de sus protestas se apaga en la distancia.

El silencio que queda en la recámara es denso, pesado, cortante.

Lentamente, Nikolai gira la cabeza hacia mí. Sus ojos grises, oscuros y llenos de un reproche posesivo, me recorren de arriba abajo antes de detenerse en mi rostro pálido. Da un paso hacia mí, invadiendo mi espacio con una autoridad intimidante.

—Te lo advertí, Barbie —dice en un tono bajo, helado y lleno de una furia contenida que me hace encoger los hombros—. Esta casa no es un motel ni un albergue para que metas a escondidas a tus patéticos novios.

—¡Yo no lo metí! —exclamo, dando un paso al frente con la desesperación ardiéndome en el pecho—. ¡Se metió por el balcón sin avisarme! ¡Yo no tengo nada que ver con esto, Nikolai, juro que…

—Ya te lo advertí una vez —interrumpe él con sequedad, cortando mis palabras con la mano en alto, negándose a escuchar cualquier excusa—. Las reglas en esta casa son claras. Y tú decidiste pasártelas por el arco del triunfo.

Antes de que pueda replicarle algo, un sonido de tacones arrastrados y una respiración agitada se escucha en la puerta abierta.

Victoria aparece en el umbral. Lleva puesta una pijama de seda larga color burdeos, con el cabello rubio ligeramente despeinado y una expresión de fastidio absoluto en el rostro.

—¿Se puede saber qué es todo este escándalo a estas horas de la madrugada? —demanda Victoria, frotándose las sienes con irritación mientras nos mira a ambos—. Los gritos se escuchaban hasta el piso de abajo. ¿Qué pasa aquí, Nikolai?

Nikolai no aparta su fría mirada de mí ni por un segundo antes de responderle a mi madre.

—Tu hija metió a su novio a escondidas en su habitación —suelta él sin rodeos, con una voz cortante que deja caer la acusación como una losa de plomo.

Victoria abre los ojos de par en par, y su gesto de fastidio se transforma instantáneamente en una mueca de asco y desprecio. Clava en mí una mirada fulminante.

—¿Qué hiciste qué? —chilla Victoria, cruzándose de brazos con indignación—. ¿Trajiste a ese muerto de hambre a mi casa a burlarse de las normas? ¡Te advertí que venías a comportarte, no a montar un burdel!

—¡Mamá, cállate! ¡Escúchame por un segundo! —me defiendo, sintiendo que la injusticia me quema la garganta—. ¡Él entró por la fuerza! ¡Yo no lo invité!

—Ya vi a su novio merodeando en su habitación, Victoria —interrumpe Nikolai con voz implacable, zanjando cualquier intento de defensa por mi parte—. No hay nada más que discutir ni justificar. Yo ya dije lo que tenía que decir al respecto.

Hace una pausa, y sus ojos grises vuelven a chocar con los míos con una advertencia silenciosa antes de mirar a mi madre.

—Arregla este problema con tu hija —añade Nikolai con desdén, dándose la vuelta con paso firme—. Yo ya terminé aquí.

Sin añadir una sola palabra más, Nikolai pasa por el lado de Victoria, sale al pasillo y se pierde en la oscuridad de la mansión, dejándonos a solas.

El aire de la habitación se siente viciado. Victoria se queda de pie frente a mí, respirando con agitación, con la mandíbula tensa por la furia.

—Me das vergüenza, Barbie —comienza a regañarme con voz afilada, avanzando un paso hacia mí—. ¿En qué demonios estabas pensando? Ese chico... ese infeliz de los autos usados no me agrada en absoluto para ti. Es un patán sin clase, un lastre que solo busca colgarse de nuestro apellido. Deberías tener un poco de dignidad y dejar esa relación de una vez por todas, en lugar de andar revolcándote con él a escondidas bajo mi propio techo —y sin decir nada más, sujeta la manilla y cierra la puerta de un golpe que se escucha en el pasillo vacío.

Continuará...