04 - Mi nueva familia
04 - Mi nueva familia
Barbie
El sonido constante de la lluvia sobre el ventanal de mi habitación me despierta poco antes de las siete de la mañana. Me quedo mirando el techo abovedado de esta recámara enorme, decorada en tonos crema y dorado que gritan dinero nuevo. Anoche, tras el tenso encuentro en el vestíbulo con Nikolai, una de las empleadas me guio en silencio hasta este cuarto. Apenas pude pegar ojo. La forma en que él me acorraló contra esa mesa, el peso de su cuerpo tan cerca del mío y la frialdad de sus ojos grises siguieron dando vueltas en mi cabeza durante horas.
Me levanto con el cuerpo adolorido. Tras una ducha rápida, me visto con lo mejor que tengo en la maleta: un suéter color beige, algo holgado, y unos jeans ajustados. Dejo mi cabello castaño suelto, cayendo en ondas naturales sobre mis hombros, y decido no maquillarme. Si Victoria quiere una muñeca de exhibición, tendrá que conformarse con mi versión más al natural.
Al bajar la imponente escalera de caracol hacia el comedor principal, el murmullo de voces y el chocar de cubiertos me indican que la familia ya está reunida. El aroma a café recién colado y pan horneado llena el aire del pasillo.
Ingreso al comedor, una estancia deslumbrante iluminada por un araña de cristal y enormes ventanales que dan hacia los jardines empapados por la lluvia. En la cabecera de la mesa de caoba está ella.
Victoria West luce impecable. Viste un traje de dos piezas en tono azul marino que resalta su figura delgada, su cabello rubio peinado en un moño perfecto y joyas de diamantes que destellan con la luz mañana. Al verme entrar, no hay un abrazo, no hay una lágrima, ni siquiera se pone de pie. Solo me dedica una sonrisa ensayada, perfectamente diseñada para las cámaras.
—Barbie, querida. Por fin despiertas —dice con esa voz melodiosa y artificial, haciendo un gesto vago con la mano hacia la silla vacía a su derecha—. Siéntate. Estábamos por empezar sin ti. Veo que el clima de la costa no le hizo nada bien a tu guardarropa, pero ya nos encargaremos de eso esta tarde.
—Hola, Victoria —respondo con frialdad, tomando asiento en la silla indicada. La indiferencia con la que ignora los años que pasamos separadas me revuelve el estómago, pero me obligo a mantener la compostura.
A mi izquierda se encuentra un chico joven que devora un plato de panqueques con una avidez casi salvaje. Lleva audífonos inalámbricos alrededor del cuello, la camiseta de un equipo de fútbol americano desalineada y el cabello castaño despeinado.
—Él es Leo, tu medio hermano —presenta Victoria, sin mirarlo realmente mientras sirve un poco de té—. Leo, apaga eso y saluda a tu hermana.
El chico de dieciocho años se quita un audífono, me mira de arriba abajo con una sonrisa burlona y agita la mano impregnada de jarabe de arce.
—¿Qué hay? Así que tú eres la famosa Barbie —comenta con un tono ruidoso e imprudente—. Mamá no paraba de decir que vendrías hecha una salvaje del campo, pero no te ves tan mal. ¿Tienes auto? Necesito que alguien me lleve a la práctica más tarde, el chofer está ocupado.
—Leo, silencio —interrumpe una voz grave desde el otro lado de la mesa.
Mi pulso se acelera al instante. Nikolai está sentado justo frente a mí. Lleva un traje a la medida de color azul oscuro, con la camisa blanca impecable y la corbata perfectamente ajustada. Se ve absurdamente atractivo, pulcro y dominante. Sus ojos grises, helados y penetrantes, se clavan en los míos sin el menor disimulo. No hay rastro de la agresividad física de anoche, solo una calma calculadora que me pone los pelos de punta.

Holaa, espero que les este gustando como esta iniciando la historia. Las actualizaciones serán todos los días.
¿Les gustaría seguir mirando imagenes de algunas escenas o prefieren no hacerlo? Estaré atenta a sus respuestas. Besitos