LNCrawler

08 - ¿Una invitación prohibida?

A Escondidas En La Cama De Mi Padrastro 18+ — booknet.com · All chapters

08 - ¿Una invitación prohibida?

Barbie

Mi cuerpo entero entra en una alerta frenética. Trato de dar un paso atrás, de huir hacia la seguridad de mi mesa de estudio, pero es demasiado tarde.

La madera de la puerta cede con un crujido seco cuando él la empuja por completo con una sola mano.

El aire se satura de inmediato con su presencia: una mezcla abrasadora de sudor limpio y perfume caro que ya se ha grabado a la fuerza en mis sentidos. Nikolai se detiene a escasos centímetros de mí. Su pecho desnudo, esculpido y aún brillante por el esfuerzo, sube y baja de forma rítmica. Está tan cerca que el calor que emana de su piel atraviesa la tela de mi suéter.

Tengo que inclinar la cabeza hacia atrás de manera humillante para no perder su rostro de vista. Mido un metro sesenta y nueve, pero a su lado me siento microscópica, atrapada entre el marco de la biblioteca y la imponente muralla de su cuerpo.

—¿Te gusta lo que ves, Barbie? —su voz es un ronroneo grave, rasposo y cargado de una burla tan cínica que me enciende la sangre.

Las palabras flotan en el silencio denso del pasillo. Mis mejillas arden con furia, pero me niego a bajar la guardia. Obligo a mis ojos marrones a mantenerse firmes, aunque mi mirada traidora desciende por pura inercia hacia la línea perfecta de sus abdominales, los surcos de sus costados y las finas cicatrices que adornan su piel.

—No eres tan fascinante como crees, Nikolai —escupo con toda la altivez de la que soy capaz, aunque mi voz sale peligrosamente más aguda y entrecortada de lo planeado—. Estaba buscando un libro y casualmente el ruido de tus berrinches infantiles interrumpió mi lectura.

Una sonrisa lenta, oscura y perversa se dibuja en la comisura de sus labios finos. Da otro paso al frente, obligando a mi espalda a arquearse ligeramente contra el borde del marco de madera. Su cercanía es una agresión física y magnética a la vez.

—¿Berrinches? —repite él en un susurro áspero que vibra directamente en mi pecho—. Estabas ahí pegada al cristal, con la respiración contenida, devorándome con los ojos como una cría hambrienta. No finjas indiferencia conmigo, Barbie. Te queda pésimo.

—Eres un ególatra insoportable —le devuelvo el golpe, levantando la barbilla con un orgullo caprichoso que apenas logra disimular el temblor de mis manos—. Apártate. Me estorbas.

Nikolai no se mueve ni un solo milímetro. Al contrario, levanta la mano derecha y apoya la palma plana contra el marco de madera de la biblioteca, justo al lado de mi cabeza, encerrándome por completo en su órbita. Su rostro queda a la altura del mío; puedo contar sus pestañas oscuras y notar la intensidad helada de sus pupilas grises que me escrutan con una fijeza implacable.

Por un segundo, sus ojos bajan hacia mis labios. El aire entre nosotros se vuelve espeso, casi irrespirable, cargado de una tensión tan cruda que mi vientre se contrae con un latido doloroso.

Esperaba que me besara. Por una fracción de segundo, una parte estúpida y rebelde de mí lo deseaba con locura. Pero Nikolai no cede a ese impulso. Mantiene el control absoluto, jugando con mi desesperación como un depredador seguro de su presa.

Inhala hondo, aspirando mi aroma con lentitud, y acerca su boca lo suficiente a mi oreja para que su aliento caliente me queme la piel.

—La próxima vez que quieras mirar lo que hay aquí dentro, muñeca... —susurra con una frialdad magnética que me eriza hasta el último pelo de los brazos—, no te limites a espiar por la rendija. Vas a tener que atreverte a entrar.

Se aparta con la misma parsimonia intimidante con la que llegó, dejándome sola, con el corazón martillándome las costillas y el cuerpo ardiendo en un coraje impotente mientras lo veo perderse de nuevo en la penumbra del gimnasio.

fccfe05fa02e2ce34e38f301981d3bf1.jpg