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09 - ¿Tú?

A Escondidas En La Cama De Mi Padrastro 18+ — booknet.com · All chapters

09 - ¿Tú?

Barbie

El eco de la voz de Nikolai todavía parece retumbar entre las paredes de la biblioteca, pero la vibración de mi teléfono móvil en el bolsillo de mis jeans me devuelve a la realidad de un tirón.

Saco el aparato. La pantalla muestra el nombre que hasta hace unas semanas me daba cierta sensación de refugio, pero que hoy solo me genera una pereza opresiva.

Tyler.

Miro el reloj de la pared. Apenas son las cuatro de la tarde. La llovizna sobre el jardín de la mansión ha cesado, dejando una bruma espesa y gris que abraza los pinos gigantescos de la propiedad.

—Barbie, estoy en la garita de entrada —dice la voz de Tyler en cuanto me llevo el teléfono a la oreja. Se escucha el rugido del motor de su auto deportivo de fondo—. Los guardias de tu madre no me dejaban pasar, pero les dije quién era. Voy subiendo por el sendero.

Un nudo pesado se me forma en el estómago. Tyler no debería estar aquí. Nuestra relación, que comenzó en la universidad como algo cómodo y predecible, ha estado haciendo agua desde que acepté el chantaje de Victoria. Él no aprobó mi mudanza a Washington; juró que estaba vendiendo mi independencia, pero aun así insistió en mantener el título de novio.

—Tyler, no es un buen momento —digo con voz baja, echando una mirada rápida hacia la puerta del gimnasio, temiendo que Nikolai vuelva a aparecer—. Mi madre está insoportable y la casa es un caos.

—Tranquila, amor. Ya estoy estacionando frente al pórtico —interrumpe con esa suficiencia pesada que antes intentaba ignorar y que ahora me saca de quicio—. Vine a ver cómo estás viviendo en este castillo de diplomáticos. Además, no voy a dejar que te olvides de quién es tu hombre sólo porque te mudaste a la capital.

Cuelga antes de que pueda protestar.

Suelto un suspiro amargo, guardo el teléfono y me obligo a caminar hacia el recibidor principal. Mis pasos resonando sobre el suelo de madera parecen anunciar una tormenta inevitable. Al llegar al salón principal, me encuentro con Victoria sentada en uno de los sofás de terciopelo verde, revisando unas muestras de tela junto a Dimitri. Nikolai no está a la vista, lo cual debería ser un alivio, pero la sola posibilidad de que se cruce con Tyler me acelera el pulso de una forma peligrosa.

El timbre dorado del vestíbulo suena con un eco metálico.

Una de las empleadas camina hacia la entrada, pero Tyler no espera a que le abran del todo. Empuja la puerta pesada de roble y entra como si fuera el dueño del lugar. Viste unos pantalones de marca, una chaqueta de cuero marrón y lleva el cabello peinado con fijador hacia atrás. Su mirada rápida y calculadora recorre el techo abovedado, la lámpara de cristal y las obras de arte de las paredes antes de fijarse en mí.

—Miren nada más esto —dice en voz alta, caminando hacia mí con los brazos abiertos y una sonrisa petulante—. Así que aquí es donde te escondes, Barbie. No está nada mal para ser la casa de la mamá que decías odiar.

—Tyler, cállate —siseo, dando un paso atrás cuando intenta atraparme en un abrazo efusivo.

Él ignora mi rechazo, me toma por la cintura con brusquedad y me tira hacia su pecho para darme un beso ruidoso en la mejilla que me resulta extrañamente invasivo. Huele a una loción dulce y empalagosa que me revuelve el estómago, un contraste brutal con el perfume y el olor a lluvia que se me quedó grabado hace apenas unos minutos en el gimnasio.

—No seas arisca, nena —menciona en voz alta, pasando su brazo sobre mis hombros de manera posesiva—. Vine desde lejos para verte. Pensé que me extrañabas.

Desde el salón, Victoria levanta la vista del catálogo de telas con una ceja pulcramente depilada en alto. Su mirada sobre Tyler es de un desprecio absoluto, la misma mirada que le dedica a los camareros cuando cometen un error con su copa de vino.

—Barbie —interviene la voz de mi madre, helada y pulida—. ¿Nos vas a presentar a tu... acompañante? No recuerdo haber autorizado visitas de extraños esta tarde.

Tyler se yergue, sacando el tórax con una actitud desafiante que pretende sonar madura, pero que solo lo hace ver patético frente al entorno de la mansión.

—Soy Tyler Vance —se presenta él solo, dando un paso al frente y extendiendo la mano hacia Victoria—. El novio de Barbie. Estudiamos juntos en la costa. Es un placer, Sra. West.

Victoria ni siquiera se molesta en ponerse de pie o extenderle la mano de vuelta. Se limita a mirarlo con frialdad desde su asiento, ajustándose una de sus pulseras de oro.

—Vance... —repite ella con lentitud—. Ah, sí. La familia de los concesionarios de autos usados en Oregón. Barbie me habló de ti. O más bien, mencionó que tenías cierta afición por malgastar el tiempo de mi hija.