13.
|Orson|—¿Cómo que no están disponibles, Ernesto? Explícate bien —exigí, clavando los dedos en el borde del escritorio mientras sentía una punzada de rabia en las sienes.
El jefe de seguridad del club dio un paso atrás, acomodándose el saco del uniforme con evidente nerviosismo. Evitaba mirarme a los ojos.
—Señor Bottomer, revisamos los servidores de esa fecha específica tres veces. El sistema de esa ala del edificio sufrió una caída de tensión justo a la medianoche. Las cámaras de ese pasillo y de las salidas de emergencia no registraron nada. Estuvieron apagadas durante unas cuatro horas.
Hacía días que venía insistiendo con el asunto. Cada vez que llamaba para exigir el material de la noche en que todo se fue al demonio, me salían con evasivas, que si el técnico estaba de vacaciones, que si el respaldo andaba lento... hasta que hoy decidí llamarlo directamente a mi oficina.
—¿Una caída de tensión justo en el sector VIP y precisamente esa noche? —cuestioné—. No me tomen por idiota. Ese lugar tiene tres plantas de energía de respaldo para evitar estos "accidentes".
—Lo sé, caballero, pero el reporte técnico indica que el disyuntor principal de esa zona fue manipulado de forma manual —admitió sudando frío—. Borraron el historial de eventos físicos también. No hay rastro de quién entró o salió.
—Ya veo. Alguien pagó muy bien para limpiar el escenario —concluí, apretando los dientes al confirmar lo que sospechaba.
No había duda de que los Carvajal tenían las manos metidas aquí.
—De verdad lo lamento, señor. Si encontramos alguna copia en las nubes externas le avisaremos de inme...
—Suficiente, Ernesto. Ahórrate el discurso y lárgate —lo corté, haciendo un ademán brusco con la mano.
El hombre asintió apurado y abandonó el despacho casi corriendo. Me dejé caer el cuerpo hacia atrás en el respaldo de la silla de piel, contemplando el techo iluminado. La última oportunidad de demostrar judicialmente que los Carvajal planearon mi caída, dopándome para meterme en esa cama, se acababa de esfumar. El viejo infeliz se había asegurado de cubrir cada maldito cabo suelto.
Apenas me disponía a retomar los informes de la computadora para distraer la mente, cuando el pomo de la puerta giró con brusquedad. Levanté la vista, molesto por la interrupción, y vi entrar a mi madre. Traía una expresión rígida, de pocos amigos, que me auguraba que no venía a visitarme por cortesía.
—¿Qué se te ofrece, mamá? —pregunté, dejando caer el bolígrafo sobre el escritorio con desgana.
Ella avanzó, se plantó frente a mí y apoyó una de sus manos enguantadas sobre la madera, mirándome con severidad.
—Exijo que dejes de ver a Chloe, Orson. De inmediato.
—¿Qué dijiste?
—Lo que escuchaste —reiteró—. Sé perfectamente los sentimientos que tienes hacia ella y el compromiso que tenían planeado, pero el alboroto que provocaron ayer en ese lugar público ha escalado a niveles intolerables. Nuestra firma no puede darse el lujo de soportar semejante desprestigio mediático. Vas a cortar todo contacto con ella hasta que este matrimonio con Elena llegue a su fin y obtengas el divorcio.
La sangre me hirvió. Me puse de pie, sintiendo una indignación tremenda.
—¿Ahora tú también me vas a salir con esa misma estupidez que Elena? —le increpé, alzando la voz—. No intentes controlar mis movimientos ni mi vida privada. Todo el desastre de los periódicos ocurrió por los arrebatos salvajes de esa mujer, no por los míos. Si estamos en el ojo del huracán es porque ella no supo contenerse.
Mi madre no se inmutó ante mi enojo; al contrario, mantuvo la voz firme y templada.
—Elena es una mujer embarazada en este momento, Orson. ¿Acaso pretendes que pierda al bebé por tus descuidos? Ya estuvo a punto de ocurrir ayer en la tarde. Ten un mínimo de consideración y madurez con la situación.
Sabiendo con qué ojos ella miraba a Elena por ser una Carvajal, su repentina defensa me pareció ridícula.
—¿Desde cuándo acá andas tan preocupada por el bienestar de mi esposa?
—Solo estoy siendo realista y justa con las circunstancias que nos rodean —respondió, enderezando la postura—. Y también quiero un nieto. Deseo que esa criatura nazca sana, pero si continúas por el camino caprichoso en el que vas, lo único que vas a lograr es que ese niño pague las consecuencias de tus errores.
La presión en mi cabeza era demasiada. Señalé la salida del despacho con un ademán tajante.
—Vete de mi oficina, mamá. No voy a quedarme aquí sentado a escuchar más sermones ni tonterías de tu parte.
Ella me miró con una mezcla de lástima y desaprobación, tomando su bolso con elegancia.
—Piénsalo al menos, Orson. Deja de actuar con tanta inmadurez. Tienes demasiados ojos encima.
Salió de la oficina cerrando la puerta. En cuanto me quedé solo, descargué toda mi rabia dándole un puñetazo directo al escritorio de roble, haciendo que los portapapeles vibraran. Lo único que me faltaba era que mi propia madre viniera a darme sermones morales sobre mi vida.
Era innegable que las acciones de la compañía estaban sufriendo fluctuaciones negativas debido a los benditos artículos de prensa que nos pintaban como un triángulo amoroso de baja categoría. Sin embargo, no pensaba darle el gusto a Elena de ceder ante sus exigencias ni de cambiar mi vida por ella. Si bien era cierto que Chloe se había equivocado al provocarla en público, Elena jamás debió reaccionar como una salvaje en un supermercado. Nadie me obligaría a arrodillarme ante una Carvajal.
***
En horas de la tarde, justo después de terminar con los pendientes de la empresa, el celular vibró en mi bolsillo. Era un texto de Chloe pidiéndome que nos viéramos. No dudé ni un segundo en aceptar; necesitaba despejar la mente y salir de esa oficina. Fuimos a cenar a un restaurante reservado en la zona alta, sin que me importara una mierda la opinión de mi madre, los artículos de prensa o cualquier otra cosa.
Ella llevaba un vestido rojo ajustado y traía puesto el collar que le había obsequiado. Lucía hermosa, aunque su expresión habitual se notaba bastante apagada, desprovista de su alegría de siempre. Tras ordenar los platos, se apoyó en la mesa y me miró.
—¿Ya viste todo lo que publicaron sobre nosotros esta mañana, Orson?
—Sí, estoy al tanto de cada nota —respondí, dándole un trago a mi copa de vino—. Mis secretarias se encargaron de ponerme los recortes en el escritorio.
Chloe miró de reojo hacia las mesas contiguas, mostrando cierta inquietud.
—¿Y no te da miedo estar aquí afuera cenando conmigo? Podrían tomarnos otra fotografía y empeorar la situación.
—A estas alturas me importa un bledo lo que digan, Chloe. Estoy harto de los sermones de todo el mundo y de tener que esconderme como si fuera un criminal —declaré irritado.
Ella estiró su mano sobre el mantel, buscando la mía, y me dedicó una mirada de tristeza.
—Lo siento muchísimo, de verdad. Jamás quise que las cosas escalaran a este nivel ni imaginé que esa mujer reaccionaría de una forma tan violenta.
—No tienes por qué disculparte, no es tu culpa lo que pasó —le aseguré, apretando sus dedos para transmitirle tranquilidad—. Elena simplemente debió mantener su lugar y comportarse con madurez. Ya se lo había dejado bastante claro, pero prefirió armar un espectáculo.
—Gracias por estar conmigo y mantenerte de mi lado, Orson —murmuró, forzando una pequeña sonrisa—. Aunque, para ser sincera, sigo sintiéndome fatal por los comentarios que andan haciendo de mí.
—Entiendo perfectamente cómo te sientes, pero no les prestes atención —le aconsejé, intentando restarle gravedad al asunto—. Esperemos a que todo este revuelo inicial pase. Verás que en unas pocas semanas los periodistas encontrarán otro chisme y se olvidarán por completo de nosotros.
—Eso espero —suspiró ella, acomodándose el dije del collar.
Pasamos el resto de la velada conversando de otros temas, tratando de reconstruir la normalidad que el matrimonio forzado nos había arrebatado. Al terminar la cena, pedí la cuenta y la llevé de regreso a su edificio. Detuve el auto justo frente a la entrada principal de su apartamento para que no tuviera que caminar sola.
Chloe se desabrochó el cinturón de seguridad, se giró hacia mí y me acarició la mejilla con suavidad.
—Gracias por esta noche, Orson.
Se inclinó y me dio un beso en la boca, un beso pausado que le respondí sin dudar, disfrutando de su aroma. Al separarnos, me miró fijamente a los ojos con total devoción.
—Te amo —me dijo en un susurro antes de abrir la puerta del vehículo, bajar y perderse por el vestíbulo del edificio.
Arranqué el motor con rumbo a la residencia, un sitio al que no tenía la más mínima gana de ir, pero me tocaba regresar para verificar el estado de salud de Elena tras haber sido dada de alta.
Cuando estacioné y crucé el umbral, me encontré con que todo el lugar estaba sumido en una penumbra total. Tuve que ir encendiendo las luces de la planta baja una a una para no tropezar con los muebles. Subí los escalones hacia el segundo piso y me dirigí directo a la habitación que ella ocupaba. Sujeté la perilla metálica e intenté abrir la puerta, pero el mecanismo no cedió; estaba cerrada con llave por dentro.
Solté un bufido de frustración y di un par de golpes firmes sobre la madera.
—Elena, abre la puerta —exigí, alzando la voz para que me escuchara al otro lado.
No obtuve ninguna respuesta inmediata. El silencio absoluto continuó dentro de la estancia.
—Sé perfectamente que estás ahí metida, Elena. Abre de una vez, solo quiero ver cómo sigues de la hemorragia —insistí, golpeando la estructura de nuevo, impaciente.
—Solo… estoy bien. Vete, por favor. No necesito que vengas a fingir que te importo mi salud o la del bebé. Ya me quedó todo lo suficientemente claro ayer. No es necesario que entres a gritarme otra vez.
Fruncí el ceño, quedándome estático frente a la madera. Ese tono sumiso y desganado me desconcertó por un instante, dejándome un sabor extraño en la boca, ya que esperaba otra de sus habituales réplicas defensivas o algún reclamo por haberla dejado sola en la clínica. Sin embargo, mi orgullo fue más fuerte que la curiosidad.
—Haz lo que te dé la gana entonces —solté indiferente, apartando la mano del picaporte.
Di la vuelta y caminé a pasos rápidos hacia mi propio dormitorio para olvidarme del asunto y a descansar de una buena vez.
<<<Hola. Paso por aquí para dejar claros algunos puntos, una vez más.No tengo un horario fijo de actualización. Ya lo expliqué en una nota anterior, pero sigo recibiendo la misma pregunta una y otra vez. Del mismo modo, también aclaré que la novela es completamente gratuita y, aun así, continúan preguntándolo.Como ya mencioné, trabajo y escribo en mis tiempos libres, por eso las actualizaciones son aleatorias. Les pido, por favor, que no me exijan un ritmo de publicación fijo para una novela que aún está en proceso y que, desde el principio, supieron que sería gratuita.Agradezco muchísimo a quienes leen con paciencia, apoyan la historia y comprenden esta situación. Espero que con esta nota queden aclarados estos puntos. ¡Gracias por su apoyo! :)