LNCrawler

18.

Ámame, Esposo Mío 18+ — booknet.com · All chapters

18.

|Orson|

El fastidio me carcomía por dentro. Deseaba que esta maldita celebración concluyera lo más rápido posible para marcharme a descansar. La noche había resultado un fracaso; el inversionista clave que necesitaba contactar, el magnate Arthur Vance, canceló su asistencia a última hora debido a que su esposa cayó enferma. Vance era el único salvavidas que me sacaría del pozo financiero donde la firma se estaba hundiendo. Si lograba presentarle la propuesta y cerrar ese trato multimillonario, la corporación Bottomer recuperaría su estabilidad, pero ahora todo pendía de un hilo.

Para colmo de males, el roce de una mano en mi saco me alteró los nervios. Chloe se aferró de nuevo a mi brazo, sonriendo con insistencia.

—Vamos a la pista, Orson. Está sonando mi canción favorita y quiero bailar contigo —me sugirió, tirando de mí hacia la multitud.

La rabia acumulada me desbordó. La tomé de la muñeca sin contemplaciones, abriéndome paso entre los invitados hasta sacarla del gran salón, arrastrándola hacia uno de los pasillos laterales más solitarios del edificio. No sabía qué demonios hacer para que asimilara mis advertencias sobre mantener la distancia.

—¿Qué te pasa? Me estás haciendo daño, suéltame —se quejó ella, intentando zafarse.

La liberé de mi agarre, plantándome frente a ella mientras controlaba el tono de mi voz para no armar un escándalo mayor.

—¿Qué carajos te pasa a ti, Chloe? ¿Es que tu cerebro no procesa las órdenes directas? Búscate a cualquier otro hombre para bailar. ¿Pretendes darnos una pésima reputación también en la velada más importante de la empresa?

—¡De todos modos la gente ya está murmurando en las mesas! —exclamó, frotándose la muñeca—. No es como si nadie supiera lo que existe entre nosotros, Orson. Todo el mundo está al tanto.

—¡Me importa un bledo lo que asuman! No pienso permitir que le eches más leña al fuego —le espeté, dándole un golpe bajo a sus argumentos—. Entiéndelo de una maldita vez y compórtate.

Chloe me observó con los ojos cristalinos, conteniendo el llanto.

—Lo mismo hiciste la última vez que nos vimos en tu oficina. Me gritas, me tratas de la peor manera y yo tengo que soportar tus desplantes. ¿Es así como planeas tratarme a partir de ahora? Me estoy tragando el orgullo para acercarme a ti, a pesar de que no te lo mereces por tus groserías.

—Si tan solo hicieras lo que te pido y respetaras mis espacios, no estaríamos metidos en esta situación tan irritante —le recordé—. Deja de actuar de esa manera tan impulsiva y aguarda con paciencia a que yo te busque.

Ella soltó una carcajada irónica, cruzándose de brazos a su vez.

—¿Que tú me busques? Sentada esperándote me van a salir raíces, Orson. Tu paciencia me está cansando.

Me llevé los dedos al puente de la nariz, apretándolo con fuerza para contener el impulso de mandarlo todo al diablo. Sentía las sienes a punto de estallar.

—No estoy para tus escenas teatrales en este momento, Chloe —le advertí, bajando la mano—. Regresa a la pista a bailar con cualquier otra persona o lárgate a tu casa. Hablaremos en otro momento, cuando esté menos estresado.

Giré sobre mis talones dispuesto a dejarla sola en el pasillo, pero sus siguientes palabras me congelaron en el sitio.

—Hablé con tu adorada esposa —soltó.

Me di la vuelta lentamente, fijando la vista en su rostro.

—¿Hiciste qué?

—Nos cruzamos por casualidad cerca del salón —explicó, acomodándose el cabello con aire de víctima—. Esa sinvergüenza me trató pésimo. Tuve que soportar que me dijera que me iba a quedar con sus sobras. Me insultó de una manera horrible sin que yo le hubiera hecho absolutamente nada.

Exhalé un suspiro cargado de fastidio.

—Debiste evitar el contacto con ella, Chloe. Te advertí que no quería problemas esta noche.

—Esa mujer solo anda haciéndose la digna —continuó ella, soltando una risa desdeñosa—. No le creí ni una sola palabra cuando me aseguró que sería la primera en solicitarte el divorcio en cuanto se venza el plazo. Seguramente pretendía intimidarme o hacerme creer que tiene el control, pero los dos sabemos perfectamente que…

—¿Ella te dijo eso? —la interrumpí, frunciendo el ceño—. ¿Te aseguró que me pediría el divorcio?

—Sí, eso me soltó en la cara —afirmó, restándole importancia con un ademán—. Aunque es obvio que miente. Su padre seguro planea alguna otra jugada sucia para retenerte, no te va a dejar libre de una forma tan sencilla.

Apreté los puños a los costados del cuerpo, experimentando una oleada de rabia que me encendió la sangre, sin lograr descifrar la razón exacta de mi molestia. ¿Elena pensaba pedirme el divorcio a mí? Qué buen chiste. No poseía el valor suficiente para tomar una decisión de esa magnitud, jamás se atrevería a dar un paso semejante. Seguramente recurrió a esa mentira para dárselas de fuerte.

—No le hagas caso a las tonterías que inventa —le dije a Chloe, dándole la espalda definitivamente—. Regresa a la fiesta.

Me alejé a pasos rápidos por el corredor, ignorando sus llamados y enfocado únicamente en encontrar a Elena para aclarar de una buena vez ese asunto.

Recorrí el inmenso salón con la mirada, barriendo cada rincón para localizarla. Se suponía que debía permanecer al lado de mi madre, pero Victoria ya se encontraba enfrascada en una conversación animada con otras mujeres de la alta sociedad, completamente desentendida de su custodia.

¿Acaso se habría marchado con su padre? Dirigí los ojos hacia el sector del bar y divisé al bastardo de Carvajal; estaba bebiendo y riendo a carcajadas con un par de inversionistas extranjeros. Era evidente que ese hombre solo asistió a la gala para intentar colgarse de mis contactos y salvar sus propios negocios. Elena no estaba con él.

Caminé a paso apresurado entre la multitud. Una que otra persona intentó interceptarme para saludar o comentar los pormenores de la junta, pero las esquivé con gestos rápidos y disculpas cortas. ¿Dónde demonios se había metido?

Finalmente, la divisé cerca de la mesa de aperitivos. Estuve a punto de avanzar para acercarme, pero me detuve al percatarme de que no se encontraba sola. Un tipo sumamente alto, a quien no lograba reconocer de ningún círculo empresarial, estaba parado frente a ella.

Conversaban con una familiaridad que me encendió las alertas, y para mi sorpresa, Elena le dedicó una sonrisa auténtica, una que nunca me había mostrado a mí. Segundos después, el desconocido le tendió la mano en un ademán de invitación. Ella, sin dudarlo un instante, colocó sus dedos sobre los suyos y se dejó guiar hacia la pista principal para comenzar a bailar.

¿Qué clase de broma de mal gusto era esa?

La sangre me hirvió en las venas. Me abrí paso a empujones entre los invitados que observaban el baile, perdiendo cualquier rastro de la compostura que tanto le había exigido a Chloe. En cuanto estuve a la distancia justa, estiré el brazo y sujeté a Elena de la muñeca, tirando de ella con firmeza para distanciarla del cuerpo de ese sujeto.

Me metí entre ambos, fijando una mirada hostil en los ojos del desconocido.

—Disculpa —le solté con un tono de voz gélido que no tenía nada de amabilidad—, pero esta mujer ya tiene acompañante esta noche. Soy su esposo.

>>>

Hola, mañana les subiré actualización doble para compensar la demora, pensé subirlo hoy, pero el tiempo no me alcanzó, mañana sin falta. Y si dejan muchooos comentarios, les mandaré el tres así sea a rastras jajaja

¿Qué les parece el descaro de Orson? Él puede pero Elena no :) este sí sabrá que se siente estar en los zapatos de su esposa.