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Capítulo 1.

Black Death. 18+ — booknet.com · All chapters

Capítulo 1.

1.

ELIZABETH.

Escuchó en cámara lenta lo que está diciendo mi padre y me cuesta procesarlo. Me cuesta aceptarlo. Esto no puede ser real, esto no es verdad.

Él jamás me haría algo así a mí, no a su hija más joven, no… A mí.

Miro a mi madre al otro lado de la habitación y ella tampoco dice mucho, solo mira el piso en silencio y permite que Becob Blinder cierra mi destino a su antojo como si nada. No debería de sorprenderme, padre siempre se ha caracterizado por ser un hombre de mano dura y más cuando se trata de mí.

¿Por qué sería cuidadoso con su hija mejor, si antes de mí tiene tres más?

—Necesito que estés lo mejor presentable para mañana —continuó diciendo él—. Mañana vendrán a verte para cerrar el acuerdo.

Como si fuese mercancía, sí.

—Eres una chica obediente y sé que no darás problemas, Elizabeth —miró los papeles sobre su mesa—. Ya me harás sentir orgulloso de ti de alguna u otra manera.

Sus palabras son como una bofetada mental para mí. Sé qué padre jamás ha estado orgulloso de mi persona, sin embargo, no esperaba que me pidiera mostrarle mi valía de esta manera.

—Padre, yo… —Tragué con fuerza, sintiéndome sofocada—. Quiero seguir tus órdenes, pero…

—No me digas ni un solo pero.

—Padre, por favor —miré a mi madre pidiendo apoyo. No lo hubo—. No puedo casarme con un hombre que no conozco.

Los ojos de mi padre, los cuales eran tan azules como los míos, me observaron con fría severidad y me estremecí en la silla frente a él.

—¿No puedes? ¿Segura de eso? —se puso de pie y me encogí más en mi lugar, casi esperando el golpe por venir—. Vuelve a decirme que no puedes seguir una orden mía y vas a tener reales problemas, Elizabeth.

La ira, el miedo y el dolor se encendieron dentro de mi persona, pero no dije nada más. No si quería salir de aquella oficina oscura sin moratones en las mejillas.

—Ve a tu habitación y prepara todo para mañana. Vas a conocer a Mikhel Novikov y actuarás como la mujer más feliz del mundo por tener un compromiso concertado con el Pakhan de Rusia. ¿Entiendes?

Sentí mis ojos llenarse de lágrimas.

—¿Entendiste, Elizabeth?

—Sí, padre.

—Largo de aquí.

Salí rápidamente de la habitación sin mirar a nadie más y no tardé ni un minuto en llegar a mi habitación para encerrarme en esta y comenzar a llorar desconsoladamente. Dolidamente.

Sabía que no era la favorita de mi padre, ni de cerca. Su amor real era por mi hermana mayor Genneva. La cual tenía más libertad que cualquier otra, ya que en ese momento se encontraba viajando por todo el mundo y cumpliendo su sueño de ser bailarina de ballet.

Yo jamás tuve un sueño, padre los apagó todos, incluso el de en algún momento casarme y poder tener un amor lindo y real. Un amor lejos de las armas, la sangre y el miedo.

—Deja de llorar, Elizabeth —escuché la voz de mi madre detrás de mí y sollocé con más fuerza—. No es tan malo como parece, mírame a mí, también tuve un matrimonio arreglado con tu padre y no me fue tan… Mal.

Eso no era real. Mi madre no era realmente una “mala” madre. Solo estaba lo suficientemente aterrada por papá como para alguna vez defenderme a mí de sus tratos. De sus desplantes.

—No quiero casarme.

—Ya tienes veinte años, Elizabeth. ¿Qué esperas hacer entonces con tu vida?

No estaba segura, quizás poder viajar como mi hermana mayor o al menos lograr tener una vida un poco menos… Pesada, oscura.

—Siempre has sabido que te casarías dado el momento. Tus otras dos hermanas, Blanca y Nina se casaron ya.

—¡Es diferente! —casi grité— ¡Ellas querían eso! ¡Yo no!

Mis otras dos hermanas mayores, Blanca y Nina se habían casado muy jóvenes, padre también concertó el matrimonio de ellas, aun así, jamás se quejaron, habían estado muy dispuestas a aquello desde el momento cero.

—Además no se casaron con un monstruo extranjero —susurré.

—No es tan malo como parece.

Mi madre era una tonta cobarde que jamás sería capaz de aceptar el hecho de que padre estaba a punto de casarme con una bestia sanguinaria y temida por todo mundo. Incluso por padre.

No era imbécil, yo sabía quién era Mikhel Novikov. Había escuchado a mi padre hablando con sus socios sobre el Pakhan de la mafia rusa y su poder fierro sobre su mafia. Sabía que era perverso, tanto, que incluso la mafia calabresa le huía.

—Deja de llorar, el Pakhan viene mañana a ser negocios con tu padre —ella se acercó y tocó mi cabello negro—. Estarás bien, hija. Solo… No decepciones a tu padre.

Ella salió de la habitación y me tragué de nuevo toda la impotencia que rodeaba mi alma, mientras las lágrimas caían y caían sin dar marcha atrás.

***

—Lo lamento, cariño —mi hermana mayor Bianca, la cual era mayor que yo por cuatro años, me llamó esa misma noche—. Padre es un imbécil.

No dije nada y solo miré el techo sobre mi cabeza, tratando de sentir algo aparte de la desesperación.

—No debería estar intentando comprometerte con un extranjero ruso —siguió ella adelante como si no se fuese casado con un extraño también.

De todas mis hermanas, Bianca era mi favorita. Genneva nunca estaba cerca. Siempre ausente. Nina era demasiado fría y sarcástica, entonces, solo quedaba Bianca. Alegre, dulce y amable.

Justo como yo.

—Quizás debería de hablar con él —ofreció—. No es muy amable conmigo, pero…

—No, no —dije rápidamente, temiendo que ella se metiera en problemas—. Solo… Déjalo estar.

Estuve hablando un poco más con Bianca, hasta que su esposo, el temido don de la mafia italiana sonó de fondo y ella tuvo que irse, no antes de hacerme prometer que la llamaría a la mañana siguiente.

Toda aquella noche no pude dormir, ni de cerca. Repasé en mi mente mil veces la ropa que me pondría al otro día. También traté de poner mascarillas hidratantes en mi rostro para esconder mi cansancio y evitarme la ira desmesurada de papá.

Cuando terminé con todo, tomé mi teléfono y traté de buscar al Pakhan el internet. Claramente, no salía mucho de él, ni siquiera una solo foto. Leí un reporte policial en donde lo describían como un anciano de casi sesenta años y comencé a llorar de nuevo.

Dios, odiaba a mi padre.

Ese pensamiento persistió en mi mente hasta la mañana siguiente, cuando me desperté y comencé mi ritual de belleza. Todo lo hice de forma mecánica y silenciosa.

Me puse mi elegante vestido rojo con escote discreto, pero coqueto —mi madre lo eligió—. Mi cabello negro fue trenzado hacia atrás y la larga trenza cayó sobre mi espalda. Mi maquillaje fue suave, ya que padre quería que me viera lo más angelical posible, dijo algo sobre: — A los dementes rusos les encanta romper inocentes.

No estaba mal.

Me repetí lo mismo una y otra vez, mientras me miraba en el espejo y tragaba con fuerza. Yo no era tan hermosa con mi hermana mayor Genneva, pero seguía teniendo mis atributos y en ese momento los odié porque quería que ese hombre peligroso que ya estaba esperando abajo por mí, me rechazara y buscara otra mujer a la cual joder.

—Vamos, ya te están esperando —mi madre entró a mi habitación y sonrió con fuerza cuando vio mi aspecto—. Estás hermosa, mi Elizabeth, casi tanto como mi Genneva.

Me tragué sus palabras como si fueran ácido y bajé las escaleras detrás de ella, ocultando mi terror. Escuché diversas voces provenir de la oficina de mi padre. Todos estaban hablando en inglés, pero también había un acento ahí.

El de los rusos.

Dios, ayúdame.

—Adelante —la voz de mi padre llenó todo el pasillo cuando mi madre llamó a la puerta.

—Ve —susurró ella—. Sé buena y convence al Pakhan de casarse contigo.

Tras de ello, mi madre me dio un pequeño empujón, yo abrí la puerta y, sin más, entré al lugar y de manera inmediata estuve bajo el escrutinio de cuatro hombres.

Tragué saliva y abrí la boca para saludar, justo cuando una voz serena y fría se adelantó sobre mí y dijo:

—Bien, tenemos un acuerdo, Becob.  Tu hija es mía, comiencen los preparativos de la boda para mañana mismo.

Mi mundo entero colapsó.

Apenas conocía al demonio y ya iba a casarme con él.