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La habitación

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La habitación

—¿El sofá? —Dante soltó una risa corta, sin humor—. No pienso dormir en un sofá en mi propia casa.

—Entonces vete a la tuya.

—Esta es mi casa entera, Aitana. Cada habitación, cada pasillo, cada metro cuadrado. —Dio el último paso que los separaba, hasta que apenas quedaba aire entre los dos—. Y tú también eres mía, así que ni siquiera lo pienses dos veces.

—Yo no soy tuya.

—Firmaste un papel que dice lo contrario. —Su voz bajó, grave, peligrosa—. Y esta noche, mientras haya un extraño bajo este techo, no me voy a mover de aquí ni aunque me lo pidas de rodillas.

—No pienso pedírtelo de rodillas.

—Lástima. —Algo parecido a una sonrisa cruzó su boca, pero desapareció tan rápido como llegó—. Me hubiera gustado verlo.

—El sofá o la puerta, Dante. Elige.

Dante la miró un largo segundo, con la mandíbula apretada, calculando si valía la pena seguir peleando por algo que ya había perdido.

—Maldita sea —masculló, dándose la vuelta hacia el sillón de terciopelo junto a la ventana.

Se sentó de mala gana, con las piernas demasiado largas para el espacio, los hombros encorvados contra el respaldo bajo, y una mueca de fastidio que no se molestó en disimular.

Aitana se metió bajo las sábanas, apagó la lámpara, y por primera vez en días se quedó dormida con algo parecido a una sonrisa, imaginando lo ridículo que debía verse el hombre más temido de la ciudad, encogido en un sofá dos tallas más pequeño de lo que su cuerpo necesitaba.

Dante no durmió.

Se quedó despierto casi toda la noche, cambiando de posición sin encontrar ninguna que le sirviera, escuchando la respiración pausada de Aitana al otro lado de la habitación. Cerca del amanecer, cuando el cielo apenas empezaba a aclarar, se rindió a estar despierto y se levantó despacio, sin hacer ruido.

Caminó hasta el borde de la cama y se quedó ahí, de pie, mirándola dormir con una atención que jamás se hubiera permitido si ella hubiera estado despierta para notarlo.

Un golpe seco resonó en el piso de abajo, seguido de pasos apresurados por el pasillo principal, y Dante se giró de inmediato hacia la puerta, con todo el cuerpo en tensión.