LNCrawler

Camila

Comprada Por Mi Enemigo 18+ — booknet.com · All chapters

Camila

Camila lo vio todo desde su ventana.

Llevaba horas encerrada en la habitación de invitados, tal como Dante se lo había ordenado el dia anterior, sin que él le explicara del todo por qué. "Los hombres que vienen hoy no pueden saber que estás en esta casa", le había dicho, con la seriedad de quien no admite preguntas. "Mucho menos que mi acuerdo con tu padre está a punto de cerrarse. Si alguien de fuera se entera antes de tiempo, todo se cae."

Ella había obedecido, como siempre obedecía cuando se trataba de negocios. Pero encerrada, sin nada que hacer más que escuchar los ruidos de la casa, la espera se le había vuelto insoportable.

Cuando vio, desde la ventana, a los guardias sacando al hombre de traje gris a rastras hacia la oficina de Dante, el estómago se le encogió de una forma que no supo nombrar.

Lo conocía. No de vista, sino de algo mucho más peligroso.

Tomó el teléfono y sus manos empezaron a temblarle sin que pudiera controlarlas. Abrió la conversación que llevaba rato evitando mirar, la que había tenido con él hacía apenas dos dias, cuando él le había enviado un mensaje con preguntas que en su momento le parecieron simples curiosidades de otro socio de la mafia.

¿Es cierto que Marchetti se casó por una deuda? ¿La esposa le importa de verdad, o solo la usa para cerrar el trato con los Salvatierra? ¿Y tú, Camila? ¿Sigues durmiendo en esa casa?

Ella no le había dado nombres. No directamente. Pero tampoco había mentido cuando él insistió en que Dante llevaba semanas distinto, más protector con su casa, más descuidado con sus propias reglas del negocio, desde que esa mujer había llegado.

Borró la conversación entera, mensaje por mensaje, con el pulso descontrolado, hasta que no quedó ni un rastro de ella en el teléfono.

—La maldita se salvó —murmuró.

Se sentó en el borde de la cama, respirando hondo, tratando de convencerse de que nadie podría probar nada, de que las palabras sueltas de una conversación borrada no significaban traición, solo indiscreción. Se repitió la diferencia varias veces, como si decirla en voz alta pudiera hacerla más cierta.

Horas después, cuando escuchó el auto de Dante entrar de nuevo por la reja principal, se levantó, se arregló el cabello frente al espejo hasta que sus manos dejaron de temblar, y bajó las escaleras con la misma sonrisa fría de siempre, como si las últimas horas no hubieran significado nada.

Aitana estaba parada justo al pie de la escalera.

—¿Por qué no saliste de tu habitación?