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Capítulo 9: Nyxia

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Capítulo 9: Nyxia

¿Qué hace Malik aquí y por qué tiene que arruinarme la noche? Me da igual cómo se enteró de que estoy aquí o si su ego se vio herido al encontrarme bailando con otro hombre. No pienso permitir que eso me arruine la noche, mucho menos después de haber conseguido olvidarme de él durante unos minutos.

Me separo de Malik y acomodo el cabello que se me ha desordenado durante el forcejeo, procurando recuperar algo de la dignidad que él se empeña en quitarme cada vez que aparece sin avisar.

—No olvido que lo soy, de lo contrario habría hecho más que bailar con el guapo italiano —exclamo, señalándolo con un dedo antes de apartar la mano.

—¿Estás casada, bellissima?

Le sonrío a Massimo, agradecida de que al menos alguien en esta noche sepa comportarse con naturalidad.

—Sí, pero me voy a divorciar.

Malik toma mi mano antes de que pueda alejarme y entrelaza sus dedos con los míos, obligándome a mirarlo.

—Eso es lo que crees.

—Malik...

Massimo alza las manos y da un paso hacia atrás, dejando claro que no piensa involucrarse.

—Los dejaré con sus asuntos. No me gusta el drama.

Se marcha con una tranquilidad que envidio. Cobarde. Aunque no puedo culparlo por huir; yo también buscaría una salida si me encontrara en medio de una discusión matrimonial, especialmente si la pareja en cuestión todavía no sabe si quiere seguir casada o estrangularse.

Malik tira de mí y le pido que me suelte, pero no lo hace hasta que conseguimos alejarnos de la pista de baile, donde la música apenas se escucha y al menos podemos hablar sin gritarnos al oído.

—¿Acaso quieres el divorcio para estar con otro?

Frunzo el ceño y retiro la mano de la suya en cuanto me deja hacerlo.

—¿Y qué más da? Da igual el motivo, aun así lo quiero.

—Nyxia...

—¡Nyxia nada! —lo enfrento, sintiendo cómo se me calienta la cara por la rabia—. ¿Quién te crees que soy? Me dejaste el día de nuestra boda y desapareciste durante un año. Yo me porté bien, aunque todos a mis espaldas hablaran de lo patética que soy por estar casada con un hombre que no me quiere, que me abandonó y que además anda paseándose con otra.

Malik aprieta la mandíbula y desvía la mirada durante un instante, pero vuelve a mirarme enseguida.

—La gente va a hablar igual.

—Me dijiste que querías esperar al divorcio para que las personas no pensaran mal. Dijiste que no quedaría bien que te divorciaras justo al volver de tu viaje porque todos pensarían que regresaste de Londres enamorado de otra mujer. Pues creo que es peor seguir casados mientras te sigues paseando con tu arquitecta amiga y después divorciarnos. ¿No crees?

—No tengo nada con Steffany.

Suelto una risa sin humor y cruzo los brazos sobre el pecho.

—Siempre lo mismo y ya me cansé. Haz lo que quieras y yo también.

Me doy la vuelta para irme, aunque, por supuesto, Malik sale detrás de mí. No porque le importe que me vaya, sino porque odia que lo deje con la palabra en la boca. Nunca soporta perder el control de una conversación, y mucho menos que sea yo quien decida cuándo termina.

¿Por qué no me deja en paz? Él puede andar por ahí con su amiga y yo no puedo divertirme con un italiano guapo y simpático. Es tan injusto que hasta me dan ganas de regresar y preguntarle si pretende establecer también un reglamento para mi vida mientras él hace lo que le da la gana con la suya.

¿Acaso quiere que le haga un drama cuando esté con esa tal Steffany? Porque podría hacerlo. Si no lo hice hasta ahora es porque no quiero quedar como una dramática ni como una esposa cornuda reclamando a su hombre. Me parece patético pelear por un hombre, y mucho más humillante tener que recordarle a un marido que debería comportarse como tal.

Paso entre la gente con la intención de buscar a Tansy, aunque hace un momento estaba intercambiando saliva con uno de los italianos. No sé qué clase de noche pretendía tener mi mejor amiga, pero al menos ella parece estar disfrutándola mucho más que yo.

Malik es interceptado por una mujer algo ebria y aprovecho la distracción para alejarme. Me acerco al guardia de seguridad fingiendo estar alterada y señalo el lugar donde Malik intenta sacarse de encima a la mujer.

—Señor, aquel hombre intentó propasarse conmigo y ahora está con esa mujer ebria. ¿Cómo es que permiten entrar a gente así?

El guardia mira hacia donde señalo.

—¿El de traje y camisa blanca?

—Ese mismo. Moreno, alto y con cara de perro con rabia.

El guardia se apresura a ir hasta allá y yo tomo un desvío antes de que Malik pueda verme. Camino entre las personas que bailan y, justo cuando empiezo a preguntarme dónde demonios se metió Tansy, encuentro a mi mejor amiga muy entretenida en un beso internacional.

Me detengo a su lado, esperando que alguno de los dos note mi presencia, pero ninguno parece dispuesto a prestar atención a nada que no sea el otro. Al final, no me queda más opción que interrumpirlos.

—¿Qué pasó? —pregunta Tansy después de separarse apenas del italiano.

—Tu hermano está aquí.

Ella enarca una ceja y el italiano aprovecha el espacio entre ambos para abrazarla y besarle el cuello. Vaya que está desesperado.

—Besa increíble —exclama mi amiga, acomodándose contra él.

—Gracias —dice él, encantado con el cumplido.

Tansy lo acerca otra vez hacia su cuello y yo tengo que contener la risa ante la poca vergüenza que tienen los dos.

—Sigue besando el cuello —me río—. Vámonos, podemos ir a mi casa.

Enarco una ceja y la miro con incredulidad.

—No haré de mal tercio. Disfruta, yo me voy. Solo quería avisarte.

—Bien. Luego hablamos.

Los dejo con su enamorado y camino hacia la salida, rogando que a Malik lo tengan retenido el tiempo suficiente para que el guardia descubra que el único delito que cometió esta noche fue tenerme paciencia. A ver si así aprende a dejarme tranquila.

Salgo a la calle y detengo un taxi, arrepintiéndome de haber dejado mi auto en la tienda. No sé por qué no lo traje si no planeaba beber demasiado. Mañana tengo que trabajar y necesito cuidar mi hígado hasta el sábado, que es cuando pienso permitirme disfrutar de verdad.

Subo al taxi y le doy al conductor la dirección de mi antiguo departamento, el que mis padres me dejaron y en el que debería quedarme a partir de ahora. Necesito un lugar donde pueda pensar sin tener a Malik apareciendo cada vez que decido divertirme.

Mi celular comienza a sonar y veo que es un número que no conozco. Respondo mientras miro por la ventana, intentando adivinar quien puede ser. Tal vez el italiano que obtuvo mi número a través de Tansy.

—Hola.

—¿Nyxia Soler?

—Sí. ¿Quién habla?

—Soy guardia de seguridad del bar Cosmo y la llamo por pedido de su esposo, a quien tengo aquí acusado de acosar mujeres. ¿Puede responder por él? Dice ser amigo del dueño del bar, pero él salió a resolver algo.

Me muerdo el interior de la mejilla evitando soltar una carcajada.

—Lo siento. Mi esposo murió hace un año, el mismo día de la boda, así que dudo que sea él y no creo en fantasmas.

Él guarda silencio.

—¿No conoce a Malik Fontes?

—Sí, es el hermano de mi mejor amiga. Debería llamar a Steffany Lucero. Seguro ella responderá por él, pues hay muchas fotos de ellos juntos, lo que comprueba su relación. Yo no lo conozco demasiado como para interceder. Soy defensora de los derechos de las mujeres…

—Nyxia, te has pasado de la raya. Ven aquí a decir que yo no hice nada. —la voz de Malik suena alterada y no es para menos.

Frunzo el ceño.

—No entiendo.

—No te hagas la desentendida. Sé que fuiste tú quien le dijo al guardia que soy un pervertido.

Me tapo la boca para no echarme a reír. El taxista me observa por el espejo retrovisor y tengo que girar la cara para que no me descubra sonriendo.

—¿Yo? ¿Por qué haría eso?

—Ven aquí, Nyxia.

—No sé qué pasa, pero es tu problema. Yo no tengo nada que ver. Ni siquiera estoy en el bar.

—¿Te fuiste?

—Claro que sí. Arruinaste mi noche de diversión en el bar, así que decidí hacerla más privada —alejo un poco el teléfono de mi oído y miro al conductor—. ¿Ya estamos llegando a tu hotel, Massimo?

El taxista vuelve a mirarme por el espejo y esta vez no consigue disimular la sonrisa.

—¿Me habló?

—Malik, debo colgar.

—Somos esposos.

—De papel, no en realidad. Arregla tus problemas y no me metas en ellos, o llama a tu arquitecta, esa amiga maravillosa que tanto admiras. Ya le di el nombre al guardia de seguridad.

Cuelgo sin más y apago el teléfono antes de que pueda volver a llamarme.

Idiota.

Lleva a su no amante a mi negocio, después se va, me arruina la noche y pretende que yo obedezca como un perro entrenado. Pues no. Si quiere jugar a vivir su vida sin dar explicaciones, tendrá que aceptar que yo también puedo hacerlo.

—¿Se encuentra bien, señora?

Levanto la mirada y encuentro al taxista observándome por el espejo retrovisor. Debo tener una expresión bastante extraña porque le sonrío de inmediato.

—Perfectamente, señor taxista. No vaya a pensar que estoy loca. Es solo que me quiero divorciar, pero mi esposo no quiere.

El hombre suelta una carcajada.

—Me casé y divorcié tres veces.

Abro los ojos con interés y me acomodo en el asiento.

—¿De verdad? Si tiene consejos para conseguir el divorcio, lo invito a una hamburguesa y me cuenta. Incluso puede darme los números de sus ex para pedirles consejos. Lo que he hecho hasta ahora no funciona, aunque puede que lo de esta noche sí.

Él vuelve a reír mientras mira la calle.

—Persevere.

Lo miro unos segundos y asiento con toda la seriedad que puedo reunir.

—Eso pienso hacer. Y quizás buscar un abogado tiburón que sea más firme.

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Jajaja Nyxia sí que supo hacerlo bien. A ver si Malik aprende a no meterse con ella.

Disfruten el capítulo.

Besos. Lirio