Capítulo 1: Nyxia
Tiempo actualBrindo con mis amigas y bebo todo de un trago. Apenas dejo la copa sobre la mesa, aparecen los tres strippers vestidos de bomberos, preparados para nuestro baile privado, y las risas no tardan en llenar la habitación.
Betsy, la novia y futura esposa, es la única que no parece del todo convencida. Se cruza de brazos y niega con la cabeza mientras observa a los hombres acercarse.
—No creo que esto sea una buena idea. Mi prometido se va a enfadar muchísimo si se entera.
La protesta dura poco. En cuanto los falsos bomberos comienzan a bailar y se quitan parte del uniforme para mostrar unos abdominales perfectamente marcados, Betsy se olvida de su prometido y se concentra en el espectáculo. Me inclino hacia ella con una sonrisa y le digo:
—Amiga, mientras no cruces la línea, no pasa nada por mirar, acariciar músculos firmes y divertirte un rato.
—Nyxia tiene razón —me secunda Tansy mientras saca unos billetes del bolso—. Vamos, chicos, muéstrennos lo que saben hacer.
Los hombres se acercan y las cinco mujeres presentes nos dejamos llevar por el ambiente. Reímos, gritamos, bebemos y disfrutamos del espectáculo mientras ellos bailan frente a nosotras con una confianza que hace que hasta Betsy termine riéndose y escondiendo la cara entre las manos.
Para el final de la noche, Julia, la hermana de Betsy, termina llevándose a uno de los strippers para algo más íntimo. Todas la despedimos entre aplausos y silbidos, celebrando su valentía mientras ella se marcha muy satisfecha consigo misma.
Cuando llega el momento de irnos, Tansy y yo ayudamos a Betsy a subir a la limusina. Julia, la dama de honor y mejor amiga de Betsy, entra detrás de nosotras con los zapatos en una mano y la botella en la otra.
—Estoy ebria, pero todavía soy capaz de caminar sin necesitar que nadie me cargue, lo cual considero un triunfo después de todo lo que hemos bebido.
Tansy se deja caer contra el respaldo y suspira.
—Desearía ser más atrevida. Me habría llevado a un stripper.
Me río mientras intento acomodarme el vestido.
—No me gustan tan marcados —comenta Julia, apoyando los pies sobre el asiento.
La miro con incredulidad.
—¿Cómo pueden no gustarte?
—A ella tampoco —dice Tansy, señalándome con una expresión divertida.
Julia levanta la botella vacía y se encoge de hombros.
—Aun así, me habría llevado a alguno si no estuviera tan ebria. —exclamo—. No me gusta tener sexo estándolo.
—Estás casada —me recuerda Julia.
Me río otra vez y dejo caer la cabeza contra el respaldo.
—¿Casada? Ese cretino se fue el día de la boda y no he sabido nada de él en más de un año. No lo considero mi esposo para nada.
Tansy me mira durante unos segundos antes de apoyar una mano sobre mi hombro.
—Mi hermano es un cretino. Ambos hermanos lo son. Ya no los reconozco como hermanos. Tú eres mi única hermana.
La abrazo con cariño y ella me devuelve el abrazo, aunque estamos tan borrachas que terminamos riéndonos sin saber exactamente por qué.
—Eso es horrible —dice Julia.
—No es tan malo. Malik me envía dinero todos los meses, aunque no lo necesito. Puedo hacer lo que quiero y nadie me reclama nada.
—Casi nadie —corrige Tansy—. No puedes acostarte con otros hombres, lo cual es absurdo porque él sí ha estado cenando y paseando por Londres con esa arquitecta de pechos falsos.
Aprieto los labios para contener una carcajada. Al principio de nuestro matrimonio tenía la intención de ser una buena esposa. Quería portarme bien, concentrarme en mi carrera y esperar a que Malik decidiera qué hacer con nuestra relación. Después escuché a mi suegra reclamarle por aquella arquitecta con la que aparecía en Londres mientras ignoraba por completo a su esposa legal.
Nunca olvidaré la respuesta de Malik. Su voz fue fría cuando le explicó a su madre que solo se había casado conmigo para guardar las apariencias debido al idiota de su hermano menor. Podía ser su esposa sobre el papel, pero eso no significaba que pensara comportarse como un marido. Él haría su vida y yo debía hacer la mía. También aseguró que solo era amigo de aquella mujer y que nunca me había sido infiel. No pude evitar preguntarme quién admite una infidelidad delante de su propia madre. Así que dejé de esperar.
He hecho lo que he querido, incluso he salido con hombres como él lo ha hecho con esa arquitecta o con alguna otra. Me he concentrado en mí misma, en mi carrera y en mi vida. Puedo decir que soy feliz, así que Malik dejó de importarme hace mucho tiempo.
—Divórciate de él —aconseja Julia—. Aunque estés casada y vivas sin tu marido, sigues atada legalmente. Si te divorcias, eres libre.
—Julia tiene razón —apoya Tansy—. No le debes nada a mi familia y ya hiciste suficiente por nosotros. Puedes divorciarte tranquilamente de mi hermano idiota.
Me miro la mano y giro el anillo matrimonial con el pulgar.
—La verdad es que nunca lo consideré porque me daba igual. Además, me ayuda a deshacerme de hombres que no me interesan—levanto la mano para que ambas puedan ver el anillo—. Esto es bastante útil.
Julia suelta una carcajada.
—Entiendo que no hayas pedido el divorcio porque no hay nadie que te interese, pero aun así, sería mejor que fueras libre.
Ellas continúan hablando sobre lo que debería hacer y sé que tienen razón, pero no tengo ninguna prisa. Mientras Malik siga en Londres, me envíe el dinero mensual y no interfiera en mi vida o no aparezca alguien que me interese de verdad, podemos mantener nuestra cómoda distancia. No necesito complicarme la existencia por un hombre que decidió hace mucho tiempo que nuestro matrimonio solo existía para guardar las apariencias.
Dejamos a Betsy en su casa, donde su prometido la recibe en brazos con una expresión de alivio que me hace pensar que probablemente lleva varias horas preocupado. Ella apenas consigue despedirse antes de esconder la cara contra su pecho.
Nosotras volvemos a subir a la limusina y nos vamos a bailar y a seguir bebiendo a un club nocturno hasta que nos duele todo el cuerpo y nos damos cuenta que ya no somos tan jóvenes.
Cuando finalmente la limusina se estaciona frente a mi casa, me bajo con más torpeza de la que me gustaría admitir. Me llevo una mano al estómago y respiro despacio mientras intento convencer a mi cuerpo de que no sería buena idea devolver todo lo que he bebido durante la noche.
Tansy saca medio cuerpo por la ventanilla y me grita que me ama. Me río y levanto una mano para despedirme, mientras Julia se asoma detrás de ella con la botella vacía y me lanza besos antes de que el conductor empiece a avanzar.
—¡Las amo! —grito mientras la limusina se aleja.
Me doy la vuelta, acomodo la cinta que dice
team novia y camino hacia la puerta con cuidado. Busco las llaves dentro del bolso, apartando maquillaje, el teléfono, un paquete de pañuelos y varias cosas que no recuerdo haber metido allí. No las encuentro y empiezo a revolverlo todo con una concentración que considero admirable para alguien que ha bebido tanto.
—Ay, no. No me digas que perdí las llaves otra vez.
La última vez tuve que entrar por una ventana y algún vecino llamó a la policía. Casi me arrestan por intentar entrar en mi propia casa y terminé con una multa por estar ebria y causar disturbios. No pienso repetir la experiencia, así que sigo buscando mientras intento recordar dónde demonios las puse. Si no las encuentro, tendré que dormir afuera. Lo bueno es que es verano y mañana algún vecino podrá pensar que soy una indigente en busca de un hogar.
Finalmente mis dedos encuentran algo metálico y saco las llaves del bolso con una sonrisa de satisfacción. Introduzco una en la cerradura y giro, pero la puerta no se abre. Vuelvo a intentarlo, concentrándome en mantener la llave recta.
—Puerta, coopera. Deja de moverte para que pueda entrar.
Esta vez la cerradura cede. La puerta se abre y me quedo quieta, todavía con las llaves en la mano, porque hay un hombre alto frente a mí.
Parpadeo varias veces para verlo mejor, pero está demasiado oscuro y mi visión tampoco ayuda después de perder un lente de contacto y beber alcohol durante horas. Entorno los ojos mientras intento reconocerlo. Su voz llega antes de que consiga distinguir sus facciones.
—Vaya forma de llegar.
Me resulta familiar, aunque no consigo ubicarla. Miro hacia atrás para asegurarme de que sigo frente a mi casa y después vuelvo a mirarlo.
—¿Y tú quién eres? ¿Acaso me equivoqué de casa? —pregunto mientras miro hacia ambos lados y me río al imaginar la posibilidad—. No sería extraño que me pasara… Espera, ¿eres producto de mi imaginación?
Antes de que pueda decidir si debería salir y comprobar la dirección, el extraño me toma del brazo y tira de mí hacia el interior. Frunzo el ceño y trato de recuperar el equilibrio mientras él cierra la puerta detrás de nosotros.
—¿Acostumbras a entrar a casas ajenas?
—¿Y a ti qué te importa? Suéltame.
Intento apartar su mano, pero él no parece dispuesto a hacerlo.
—Soy tu esposo.
La frase tarda unos segundos en encontrarle sentido dentro de mi cabeza. Lo miro con el ceño fruncido mientras intento ordenar la información y finalmente una carcajada se me escapa.
—¿Mi esposo? Ese cretino está en Londres paseando con una arquitecta guapa y ni siquiera me dio mi noche de bodas. Debería haberme ido con uno de los bomberos guapos y luego pedir el divorcio.
Él permanece completamente serio y yo sigo hablando porque, aparentemente, todavía tengo algo que aclarar.
—Pero no importa. Mientras me dé dinero, todo está bien.
Su expresión cambia ligeramente.
—Claro. Porque todo lo que importa para ti es el dinero, ¿verdad?
Asiento con absoluta convicción.
—Por supuesto. Es lo único que nunca traiciona ni miente.
Lo observo unos segundos y vuelvo a fruncir el ceño. Hay algo en su cara que debería reconocer. Tal vez lo conozco de algún sitio, tal vez es alguien que ha venido a reclamarme algo o quizá simplemente estoy demasiado borracha para recordar quién es o mi imaginación me está jugando una mala pasada.
—Oye, ¿quién eres? —pregunto mientras intento soltarme de su agarre—. Da igual quien seas mientras no intentes nada conmigo porque no tengo sexo estando ebria y menos con desconocidos. Yo solo quiero dormir.
Él me suelta y me llevo una mano al estómago.
—¿Tan necesitada estás?
—Hay algo que no está bien—Una oleada de náuseas me obliga a cerrar los ojos y a respirar lentamente—. No quiero vomitar. Hacerlo es tirar dinero.
Él vuelve a sujetarme antes de que pueda alejarme y noto que intenta mantenerme de pie.
—No te muevas.
—Estoy intentando no hacerlo.
Mi estómago decide que ya hemos tenido suficiente conversación y, antes de que pueda llegar a la cocina o siquiera apartarme de él, termino vomitándole encima.
Me quedo inmóvil, mientras observo la camisa del desconocido guapo completamente arruinada. Él tampoco se mueve.
—Lo siento —murmuro, llevándome una mano a la boca.
Él cierra los ojos y respira profundamente, y por alguna razón ese gesto me resulta terriblemente familiar.
La idea apenas alcanza a formarse antes de que las piernas me fallen y todo a mi alrededor se vuelva negro.
_____________
Linda bienvenida le dio Nyxia jajaja Hubiera sido mejor que él se quedara en Londres.
Disfruten el capítulo.
Besos. Lirio