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Capítulo 6: Malik

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Capítulo 6: Malik

Nos despedimos de mis padres y caminamos hacia el auto tomados de la mano. Ella me la suelta apenas llegamos y abre la puerta del acompañante sin decir nada, mientras yo rodeo el vehículo para ocupar mi lugar. Se acomoda en el asiento, se abrocha el cinturón y apoya la cabeza contra el respaldo con los ojos cerrados.

Mientras pongo el auto en marcha, me resulta extraño pensar que durante unas horas pudimos fingir tan bien que incluso yo olvidé por momentos que nuestro matrimonio no funciona de esa manera.

—Eso no salió mal —exclamo mientras avanzo.

Ella mantiene los ojos cerrados y cruza los brazos sobre el pecho antes de responder con una tranquilidad que me hace pensar que está mucho más satisfecha consigo misma de lo que debería.

—No. Me debes un gran favor.

Suelto una pequeña risa y niego con la cabeza, porque debería haber imaginado que encontraría la manera de recordármelo antes de que terminara la noche.

—No exageres con el pedido.

—Seré justa.

—Eso quiero verlo.

Su sonrisa aumenta apenas, pero no responde. Continúa con los ojos y deja que el silencio ocupe el espacio entre nosotros mientras sigo conduciendo.

Durante un par de minutos ninguno dice nada y, para mi sorpresa, no siento la necesidad de buscar una excusa para terminar con ese silencio. Estoy acostumbrado a que cualquier trayecto con Nyxia termine en una discusión, en algún comentario sarcástico o en una tensión que nos obliga a mantenernos ocupados para no tener que prestarnos atención. Esta vez, en cambio, estar a su lado resulta extrañamente sencillo.

Durante la cena vi un lado de Nyxia que no conocía, o al menos que no recordaba. La vi relajarse con mi familia, conversar con mi madre y reírse con mi padre, pero también noté que conmigo estaba diferente.

No tuvimos que fingir cada palabra ni medir cada gesto, y hubo momentos en los que olvidé por completo que nuestro matrimonio es una farsa.

Y ahora me encuentro preguntándome qué podría decirle ahora para mantener la conversación. El problema es que no se me ocurre ningún tema que no pueda llevarnos a discutir o que no termine dejándome hablando solo.

Después de unos minutos observando la ruta, termino preguntando lo primero que se me viene a la cabeza.

—¿Axel nunca se ha puesto en contacto contigo?

En cuanto lo digo, me pregunto por qué escogí precisamente ese tema.

Nyxia abre los ojos y gira la cabeza hacia mí.

—No. ¿Por qué lo preguntas?

Me encojo de hombros mientras mantengo la vista al frente, intentando restarle importancia a una pregunta que ni siquiera yo entiendo del todo.

—Me sorprende que huyera de esa manera y no se pusiera en contacto con nadie de la familia, ni siquiera con Tansy.

Nyxia permanece callada durante unos segundos.

—A mí no me sorprendió, aunque me hubiera gustado que me lo dijera o, al menos, me enviara un mensaje diciendo: « Hey, ya no me quiero casar contigo. Me iré con otra. Suerte».

La escucho y aprieto un poco más las manos alrededor del volante. Hay algo en la forma en que lo dice que me incomoda, porque intenta restarle importancia a algo que debió hacerle mucho daño y no sé si debería insistir o dejar el tema ahí.

—Lo siento —digo después de unos segundos—. Sé que mi hermano y tú tenían una buena relación. Lamento que te hayan roto el corazón.

Niega con la cabeza.

—Claro que se me rompió el corazón, pero ya lo superé. No soy de las que se arrastran por un hombre ni de las que carecen de amor propio.

No puedo evitar sonreír un poco.

—Bien. Así debe ser.

No sé por qué necesito escuchar que lo superó. Quizá porque una parte de mí quiere asegurarse de que no existe ninguna posibilidad de que todavía sienta algo por mi hermano, aunque no tenga derecho a preocuparme por eso.

Quiero preguntarle si todavía lo ama, pero no encuentro la manera de hacerlo sin revelar un interés que prefiero mantener para mí.

Por la forma en que habla, parece haber dejado aquello atrás. No hay odio en su voz ni tristeza suficiente para hacerme pensar que sigue esperando algo de él, y aun así la pregunta continúa rondándome mientras cambio de marcha y vuelvo a concentrarme en las calles.

Durante este año me he preguntado más veces de las que quisiera admitir cómo serían las cosas si Nyxia y Axel nunca hubieran tenido nada, si ella y yo nos hubiéramos casado por amor y no por obligación. Es una pregunta que siempre termino apartando porque no tiene sentido imaginar una vida que nunca existió, pero esta noche vuelve a aparecer con una facilidad que me incomoda.

Quizá porque, por primera vez en mucho tiempo, estar a su lado no me resulta insoportable.

Cuando estamos cerca de la casa, la pregunta que llevo varios minutos intentando ignorar termina escapándose de mi boca.

—¿Amabas a Axel?

Estaciono frente a la casa y apago el motor, esperando escuchar una respuesta, pero cuando giro la cabeza hacia ella descubro que Nyxia se ha quedado dormida.

La observo durante unos segundos con la cabeza apoyada contra el respaldo, el cabello cayéndole sobre parte del rostro y la boca ligeramente abierta. La expresión tranquila de su cara me hace sonreír, porque es evidente que no está fingiendo.

Me quito el cinturón y me inclino hacia ella para quitarle el suyo. Mis dedos rozan la hebilla y, cuando termino de soltarla, me quedo demasiado cerca de su rostro. Desde esa distancia puedo distinguir mejor las pecas que cubren su nariz y sus mejillas, detalles que probablemente había visto antes sin detenerme realmente a observarlos.

No sé por qué levanto la mano, pero termino acariciando su mejilla con los dedos. El contacto dura apenas un instante antes de que ella se mueva y yo aparte la mano de inmediato, incómodo con mi propio impulso.

Nyxia abre los ojos y me mira todavía confundida por el sueño.

—¿Qué pasó?

Abro la puerta del auto antes de tener que encontrar una explicación.

—Llegamos. Baja.

Salgo y cierro la puerta detrás de mí, caminando hacia la entrada sin esperarla. Mientras subo las escaleras escucho que cierra el auto y entra en la casa unos segundos después mientras sigo avanzando sin mirar atrás porque todavía tengo demasiado presente la sensación de su piel bajo mis dedos.

El cuarto está hecho un desastre y, en cualquier otro momento, probablemente habría empezado una discusión, pero ahora no.

Después de lo ocurrido durante la cena y de la extraña sensación que llevo desde el trayecto de regreso, lo último que quiero es volver a discutir con ella.

Entro en el baño, cierro la puerta y apoyo las manos sobre el lavamanos antes de levantar la mirada hacia el espejo. Mi expresión parece la de alguien que está intentando encontrar una explicación para algo que todavía no comprende, y eso me resulta irritante.

¿Qué sucede conmigo? Se supone que regresé a Escocia para divorciarme y retomar mi vida, pero, en lugar de eso, sigo atado a este matrimonio y, para empeorar las cosas, fingir esta noche no fue tan difícil como pensé. Hubo momentos en los que ni siquiera tuve que esforzarme para sonreír junto a Nyxia y, por un instante, llegué a pensar que ella realmente disfrutaba tenerme cerca.

Incluso tuve conversaciones decentes con mis padres, algo que tampoco esperaba después de haber pasado tanto tiempo evitando cualquier encuentro familiar.

Esta noche salió demasiado bien y no quiero empezar a buscarle un significado a algo que probablemente no lo tiene.

Me lavo las manos y permanezco unos segundos frente al espejo mientras vuelvo a repasar mi plan. Lo mejor es seguir adelante, aguantar uno o dos meses más y pedirle el divorcio. Ella lo quiere, así que firmará sin problemas, y entonces ambos podremos continuar con nuestras vidas. Esa es la decisión que tomé antes de regresar y no existe ninguna razón para cambiarla ahora.

Cuando salgo del baño, pienso que quizá debería haberme quedado un rato más allí, porque Nyxia está en ropa interior, colocándose el pijama. Alzo la mirada por simple inercia y termino observándola durante más tiempo del que debería.

Mis ojos recorren su cuerpo antes de que consiga detenerlos y siento una tensión incómoda en el pecho. Aprieto la mandíbula y finalmente miro hacia otro lado, molesto conmigo mismo. Tal vez alguna vez sentí atracción por ella, pero no tiene sentido pensar en eso ahora. Regresé a Escocia para divorciarme, no para descubrir que todavía puedo distraerme mirándola.

Cuando termina de ponerse el pijama, vuelve a mirarme.

—¿Por qué tienes esa cara?

—No tengo ninguna cara.

Ella entrecierra los ojos, claramente poco convencida, pero decide no insistir. Simplemente camina hacia la cama y se acuesta.

Yo me meto en la cama y dejo una distancia prudente entre nosotros.

—Mi lado.

—Tu lado —repite.

—El tuyo.

—Ya sé cuál es el mío.

—Solo me aseguro.

—Qué considerado.

Apago la lámpara y cierro los ojos, decidido a ignorarla y a disfrutar un poco de la irritación que he conseguido provocarle. Durante unos minutos todo permanece tranquilo, hasta que el colchón se mueve y Nyxia empieza a acercarse. Primero deja una pierna sobre mi lado y después reduce poco a poco la distancia que había dejado entre nosotros.

¿Acaso lo hace al propósito?

Ella termina acomodándose junto a mí, apoyando la cabeza cerca de mi hombro. Su cuerpo roza el mío y tengo que mantener las manos quietas para no reaccionar.

—Aparta.

—Lo siento. No acostumbro a dormir con nadie y me gusta dormir en medio abrazando la otra almohada, pero como la estás usando tú, no pasa nada.

—Nyxia…

—Ya sé que no quieres consumar el matrimonio y no te lo voy a pedir. Tampoco te violaré. Duerme.

Intento mantener la calma, pero la cercanía empieza a resultar demasiado difícil de ignorar. La atracción que he sentido antes vuelve con una intensidad que no esperaba y, de repente, lo único que me preocupa es que Nyxia pueda darse cuenta.

Me incorporo, aparto las sábanas y busco mi almohada.

—¿Qué haces? —pregunta.

—Voy a dormir a la otra habitación. Hay mucho ruido aquí.

—¿Ruido? ¿Dónde?

Abandono la habitación fingiendo que no escuché, todavía intentando entender qué demonios acaba de pasar.

Yo había decidido compartir la cama para fastidiarla un poco, convencido de que sería ella quien terminaría incómoda y yéndose. Al final, el único que ha terminado huyendo soy yo, y me odio por eso.

Tal vez necesite ir al médico para un chequeo completo.

______________

Jajaja él quería que se fuera y terminó huyendo él. Nyxia sabe como darle vuelta a la tortilla.

Disfruten el capítulo.

Besos. Lirio