Capítulo 8: Malik
Nos despedimos de Truman con un apretón de manos.
—Confío en su trabajo —dice.
—No se preocupe. Somos profesionales.
Truman asiente y nos dedica una última mirada antes de añadir:
—Espero verlos en la gala benéfica de la próxima semana.
—Ahí estaremos —responde Steffany.
Yo no digo nada porque todavía no estoy seguro de asistir. Nunca me han gustado las galas benéficas. Prefiero hacer una donación y olvidarme del asunto, aunque probablemente termine apareciendo si Truman considera importante que estemos presentes.
Steffany y yo abandonamos la casa y caminamos hacia mi auto. Reviso el teléfono mientras saco las llaves del bolsillo y maldigo en silencio al ver la hora. Anoche llegué tarde por quedarme revisando algunos detalles del proyecto que comienza a ejecutarse dentro de unos días y, entre una cosa y otra, no pude hablar con Nyxia de lo que necesito hablar con ella.
Le dije que estaría en casa en una hora y ya han pasado casi tres.
Aunque me dejó claro que no quiere hablar de otra cosa que no sea el divorcio, no le quedará otra opción.
—¿Quieres ir a la oficina para ultimar estos detalles y así los dejamos listos?
La pregunta de Steffany me hace levantar la vista del teléfono. Miro el reloj otra vez y niego con la cabeza.
—No, podemos dejarlo para mañana. Ya es tarde y debo volver.
Ella suspira mientras seguimos caminando.
—Sí, entiendo. Tu esposa no estaba feliz hoy con mi presencia. Es muy exagerada por pensar que sucede algo entre nosotros cuando no lo hay —niega con la cabeza y se acomoda el bolso sobre el hombro—. Está claro que le gusta el drama y no cree en la amistad entre un hombre y una mujer. Tampoco confía en ti. Si fueras mi esposo, jamás haría esas escenas de celos.
¿Celos? Nyxia no está celosa de mi relación con Steffany. Está enojada porque todo el mundo cree que le fui infiel y su orgullo no soporta la situación. Durante meses pensé que exageraba, pero después de hablar con Guido me vi obligado a ponerme en su lugar y entendí que tiene razones para estar molesta.
En el último año no ha sido vista con ningún hombre. Ha salido, pero siempre en grupo y ha vuelto a casa a horarios decentes, o al menos eso me informaba el ama de llaves.
Pudo haber hecho algo en privado y yo jamás enterarme, pero no la creo capaz de engañarme. Puede ser ambiciosa y gustarle el dinero hasta el punto de aceptar un matrimonio por interés, pero tiene límites. En estos días, sin embargo, he visto un lado diferente de ella.
Tal vez ha madurado durante este último año al trabajar por su cuenta. Incluso ha conseguido que mi hermana se interese por algo que no sean las fiestas y las compras, lo cual ya debería considerarse un logro extraordinario.
Me paso una mano por la nuca y frunzo el ceño al pensar en ello. ¿Acaso es posible tener una relación sin peleas constantes, sin discutir quién tiene la razón y quién consigue fastidiar más al otro? La pregunta se queda rondando en mi cabeza más tiempo del que debería.
—¿Me estás escuchando, Mal?
Miro a Steffany y descubro que lleva unos segundos esperando una respuesta.
—No. Nyxia no es así —la defiendo antes de poder evitarlo—. Es normal que esté molesta. La dejé el mismo día de la boda y no regresé a Escocia en todo el año.
Steffany abre la boca, pero levanto una mano antes de que continúe.
—No quise insultarla, es solo...
—Entonces no digas nada —la corto, aunque intento que mi tono no suene más duro de lo necesario—. Steff, te aprecio, pero te pido por favor que no opines sobre mi esposa. No la conoces lo suficiente para hablar de ella. Y no deberías dejarte llevar por las primeras impresiones, aunque la que hayas tenido de ella haya sido mala.
Ella baja la mirada durante un instante y asiente.
—Lo siento. Tienes razón.
Mi celular vuelve a sonar antes de que pueda responder. Lo saco del bolsillo y veo que es un mensaje de Guido con varias fotos adjuntas.
Guido Juarez: Oye, amigo, acabo de ver a tu esposa bailando con otro hombre y se ven cariñosos.Abro las fotos y efectivamente es Nyxia, de pie muy cerca de un hombre que no reconozco. Lleva un vestido plateado demasiado corto para mi tranquilidad y unos tacones altísimos. En la segunda fotografía, él la abraza por la cintura mientras le dice algo que consigue hacerla reír.
Siento que la mandíbula se me tensa mientras vuelvo a mirar la fotografía. ¿Qué carajo pretende? ¿Acaso se olvidó del acuerdo?
Pulso responder antes de pensar demasiado.
Malik: Vigílala y no dejes que ese tipo se le acerque más. Envíame la dirección. Voy para allá.La respuesta de Guido llega casi de inmediato.
Guido Juarez: No ha estado haciendo nada malo. Solo bailando y riendo, aunque es la primera vez que la veo tan cerca de alguien.Aprieto el teléfono entre los dedos antes de responder.
Malik: No me consueles. Solo envíame la dirección.La respuesta tarda unos segundos.
Guido: Están en mi bar.Guardo el celular y saco las llaves.
—¿Sucede algo? —pregunta Steffany.
—¿Puedes irte en taxi? Tengo que ir a otra parte que me queda trasmano de tu casa y no puedo retrasarme.
Ella frunce el ceño.
—¿Pasó algo malo? Puedo acompañarte.
Niego con la cabeza mientras desbloqueo el auto. Si voy a buscar a Nyxia con Steffany, volverá a malinterpretar la situación y tendrá una razón más para pensar que entre nosotros ocurre algo.
—No, no es necesario. Ya terminamos el trabajo. Si no, llamo a Truman para que haga que tu chofer te lleve.
—Malik...
Abro la puerta del conductor y la miro por encima del techo del auto.
—Tengo que irme. Llamo a Truman.
—No. Puedo irme en taxi. Solo estoy preocupada por ti.
—No es necesario. Nos vemos mañana.
Cierro la puerta antes de que pueda seguir insistiendo y pongo el motor en marcha. Solo cuando comienzo a salir del estacionamiento me doy cuenta de que ni siquiera me he puesto el cinturón. Lo abrocho con una maldición y sigo conduciendo hacia el bar de mi mejor amigo, esperando no encontrarla besándose con ese desconocido.
Aunque se ha portado bien durante todo este año, los últimos días ha estado haciéndome la vida imposible. Tiene como objetivo conseguir el divorcio y no me extrañaría que usara esto para conseguirlo. Ya dejó claro que el dinero no le interesa y también está convencida de que yo tengo algo con Steffany.
Golpeo el volante con la palma de la mano y respiro hondo antes de volver a aferrarme a él. ¿Cómo llegamos a esto?
Debería darle el divorcio y terminar de una vez con este tormento, pero no quiero hacerlo. El orgullo tiene mucho que ver con eso, aunque ya no estoy seguro de que sea la única razón. En el fondo, pensé que podríamos darle una oportunidad al matrimonio, establecer una tregua y descubrir qué sucede si dejamos de pelear durante cinco minutos seguidos.
Ahora mismo no sé qué pensar ni qué quiero hacer, y por primera vez en mi vida me encuentro completamente confundido respecto a una decisión que debería ser sencilla.
Llego al bar en tiempo récord, agradecido de que no haya tráfico. Estaciono y entro al local, dirigiéndome a la barra, donde Guido debería estar. El lugar es grande y tiene dos pisos, así que prefiero encontrar primero a mi amigo antes de recorrerlo entero buscando a mi esposa.
Lo veo tomando algo detrás de la barra y me acerco.
Guido levanta la mirada y sonríe al verme.
—Qué rápido.
—¿Dónde está?
Su sonrisa se ensancha.
—Tranquilo.
—No me digas que me tranquilice. ¿Dónde está?
Guido deja el vaso sobre la barra y me observa durante un par de segundos.
—Te lo diré, pero no hagas algo estúpido. Ya has hecho suficiente.
Lo miro con incredulidad.
—¿Estúpido? ¿Qué harías si encontraras a tu esposa bailando cómodamente con otro hombre?
—La apartaría de ese otro y hablaría con ella. Aunque eso no pasaría porque yo no abandonaría a mi esposa por puro orgullo para después volver y hacerle la vida imposible.
Lo fulmino con la mirada mientras él mantiene una expresión tranquila que solo consigue irritarme más.
—Ya tengo claro que estás de su lado. Dime dónde está o la busco yo.
Él señala hacia el otro lado de la barra.
—No está haciendo nada malo. Solo está bailando. Vino con Tansy y tres hombres que imagino que son turistas.
Miro en la dirección que señala, pero desde aquí no consigo verla.
—¿Nyxia ha venido otras veces a tu bar?
Guido toma otro sorbo de su bebida y asiente.
—Sí. Un par de veces con tu hermana y otros amigos. No ha hecho nada y siempre se ha ido sola o con alguna de sus amigas. Tansy es la única a la que he visto irse acompañada de un hombre.
—¿Por qué nunca me lo dijiste y ahora me envías un mensaje?
Guido deja el vaso sobre la barra y me observa directamente.
—Porque estabas en Londres y dijiste que Nyxia no te interesaba. Ahora te lo dije porque puedo ver que ella te importa, aunque sigues sin admitirlo porque eligió a tu hermano por encima de ti y solo se casó contigo después de que él la dejara plantado.
No respondo porque conozco demasiado bien a Guido para intentar engañarlo. Lleva veinte años haciéndome exactamente lo mismo: decirme lo que nadie más se atreve a decir y esperar pacientemente hasta que deje de fingir que no lo entiendo.
—Voy a buscarla.
Guido niega con la cabeza mientras tomo distancia de la barra.
—Solo no vayas en plan macho posesivo, porque solo conseguirás empujarla más hacia ese hombre.
Le lanzo una mirada por encima del hombro, pero no me detengo a analizar sus palabras. Camino hacia la zona que me indicó y finalmente encuentro a Nyxia bailando animadamente con el tipo de las fotografías.
No están tan cerca como en las imágenes. De hecho, apenas se tocan y ella parece perfectamente tranquila, riéndose de algo que él acaba de decir. Me repito que no hay nada que me dé motivos para intervenir, pero entonces él toma su mano y la atrae hacia él.
Cierro los dedos hasta formar un puño mientras siento que la irritación vuelve a recorrerme el cuerpo. Con problemas o sin ellos, es mi esposa y nadie tiene derecho a tocarla.
—¿Quieres ir a otra parte? —pregunta el idiota.
Nyxia ríe, pero antes de que pueda responder, cruzo la distancia entre nosotros y la tomo del brazo. La aparto del hombre y la atraigo hacia mí, sintiendo que su cuerpo se tensa por la sorpresa.
—Lo siento. Ella ya tiene esposo.
Nyxia levanta la mirada y me observa con los ojos muy abiertos durante un segundo antes de fruncir el ceño.
—¿Qué haces aquí, Malik?
La miro, todavía con una mano alrededor de su brazo, mientras intento controlar la irritación que me ha llevado hasta allí.
—Buscar a mi esposa, que parece haberse olvidado que es una mujer casada.
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Jaja. ¿Qué creen que haga Nyxia? ¿Cómo reaccionará con la aparición de Malik? Los leo.
Besos. Lirio