LNCrawler

Capítulo 1032

El Domador De Bestias Más Débil Obtiene Todos Los Dragones Sss — www.skynovels.net · All chapters

Capítulo 1032

Todavía quedaban pequeños problemas con raíces profundas...—Siguen diciendo cosas desagradables —comentó Larissa—. Pero no te centres en eso.—Larissa.—No te centres en eso. —Esta vez no se trataba del tono pedagógico—. Liora y Selphira se encargarán de ello. Nosotras nos ocupamos de eso para que tú te concentres en esto. No necesitas llevar la expresión que tienes ahora mismo cuando estemos en la ceremonia y alguien suelte un comentario estúpido.Ren la miró.Larissa le devolvió la mirada con la calma de alguien que había decidido no moverse de esa postura.—Séptimo paso —ordenó.Ren ejecutó el séptimo paso.Larissa lo observó completar la secuencia entera. Luego dejó el documento sobre la mesa y se cruzó de brazos con el gesto de alguien que llega a una conclusión.—Cuando hagas esto a la perfección el día de la ceremonia —dijo—, las dos van a entender por qué les pedí que me dejaran enseñarte a solas. Y ningún ruido externo les va a importar.Ren la miró.—Eso suena a que tienes expectativas muy positivas. Pero se me ocurre que Liu podría ayudar en lo que respecta a esos "comentarios estúpido" —dijo mientras se acercaba y la tomaba por la cintura.—Tenerlo allí será útil, sin duda —respondió Larissa—. Pero no solo hablaba de ruido. —Una pausa—. Las expectativas se pueden quedar cortas... es mejor no anticipar la perfección, porque hay cosas que son inevitables.Ren no contestó de inmediato.La abrazó con más fuerza y, desde su hombro, contempló por un momento el documento sobre el intercambio de sellos.—¿Tu madre va a estar en la ceremonia?Larissa no se movió.—Probablemente.Ren puso una expresión complicada que ella no podía ver, pero que probablemente sintió en su maná.—¿No ayudó en nada mostrarle los materiales del Dragón de Diamante? Si el rey Dragarión hubiera tenido tiempo de visitarla antes de eso, tal vez mi apellido no... —Ren se detuvo.No porque no supiera cómo terminar la frase, sino porque no había forma de acabarla que no sonara a lo que era: el reconocimiento de que existían cosas como un linaje importante que él simplemente no poseía, y que ninguna cantidad de territorios o derechos sobre ruinas podía reemplazar en la mente de aquella mujer.No era una cuestión de carácter, ni de capacidad; era una clase específica de moneda antigua con la que no había nacido y que ninguna acumulación en otras categorías lograba replicar.—Tenía que ser posible si hago algo tan significativo como lo que hizo tu padre —dijo, cambiando de rumbo—. Es solo que el tiempo es más corto de lo que esperaba y...—No te preocupes por eso tampoco. —Larissa lo dijo, pero sin la firmeza del límite anterior. Algo más suave—. Ella no entiende las cosas correctamente... Nunca salió de esa pequeña sección del castillo, no ha visto lo suficiente en su vida como para mirar las cosas desde fuera. Incluso yo aprendí a ignorarla la mayor parte del tiempo...Ren finalmente asintió.Pero la espina seguía ahí, con la persistencia específica de aquello que uno comprende de forma racional, mientras el sistema emocional decide que esa comprensión racional no basta para ignorarlo.Si Dragarión hubiera podido hablar. Si hubiera habido tiempo antes de esta ceremonia para que alguien como él —que portaba tanta relevancia y peso— le hubiera hablado a aquella mujer sobre este chico en particular.Si...Los tíos de Liora también habrían guardado silencio si hubiera existido algo lo suficientemente grande que pudiera demostrarse con claridad y facilidad frente a todos. Incluso la facción Starweaver antireforma, que seguía buscando un escándalo para arruinar el día de las chicas; el ruido que podían producir era inversamente proporcional a la magnitud de lo que Ren ya había hecho públicamente y de lo que haría a continuación.Tal vez había otras maneras de lidiar con esas cosas de forma más directa, pero...Sirius seguía cristalizado.Ren lo sabía. También sabía lo que eso implicaba: que la única forma de que ciertas puertas se abrieran por completo no era acumulando más territorio, más accesos, más cristales, ni más victorias contra dragones elementales. Esas cosas eran reales y contaban, pero se medían en una moneda distinta a la que importaba allí.Lo que importaba allí era una demostración de que podía superar sus propios muros autoimpuestos y traer de vuelta a leyendas con sangre más antigua que los críticos no pudieran descartar.La cristalización seguía pendiente.Larissa se separó un poco de él para poder mirarle la cara y lo examinó con la atención que dedicaba cuando procesaba algo y quería saber si la otra persona había llegado al mismo punto.—Desde el primer paso otra vez —indicó.Ren apartó los pensamientos por el momento.La Mantis lo ayudó a relajar el cuerpo de vuelta a su estado de trabajo.Repitió la secuencia desde el principio, con la precisión de algo que ya no requería que la mente consciente lo supervisara; los movimientos fluyeron en el orden correcto y con el ángulo exacto, mientras afuera el sol de la tarde seguía avanzando sobre la academia en dirección al día siguiente.Apenas quedaban tres semanas.♢♢♢♢Quedaban dos semanas...La agenda del día era la más vacía que se recordaba: una sesión de protocolo por la mañana que Larissa había cancelado debido a una reunión de la casa Dravenholm, los informes de Goldcrest que, siendo honestos, podían esperar hasta mañana, y una tarde sin nada escrito en ella.Ren había estado buscando exactamente esto desde que derrotó al cuarto dragón.No con entusiasmo... Sino con la resignación de alguien que comprende que la única forma de saber si está preparado para algo es intentarlo, y que intentarlo tiene un coste que la procrastinación no elimina, sino que solo aplaza para una fecha posterior, con intereses; porque las cosas que uno evita tienen la manía de volverse más grandes en la espera de lo que habrían sido si se las hubiera enfrentado directamente.Había volado hacia el norte de su —todavía perceptiblemente enorme— territorio.Las ruinas donde descansaban las estatuas de agua y fuego guardaban el silencio del misterio; no solo el silencio de la antigüedad, sino de peso, de cosas que habían sucedido allí y no se habían disipado del todo. Piedra que recordaba.Los guardias de alto nivel en la entrada lo reconocieron antes de que alcanzara la distancia en la que el protocolo de identificación habría sido relevante; su densidad de maná era reconocible a muy larga distancia, algo que también se había vuelto mucho más pronunciado en los últimos meses: esa clase de firma que se anunciaba a sí misma sin requerir confirmación.El capitán de guardia hizo el gesto que repetía cada vez que Ren aparecía sin previo aviso: un híbrido entre un saludo militar y la pregunta implícita de si quería que alguien lo acompañara.Ren negó con la cabeza, como siempre.El capitán asintió y le abrió el paso, haciendo una seña a su compañero para que notificara al interior. Estaban a punto de sentir de nuevo esa intensa energía procedente de las profundidades de la ruina aquel día.