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Capítulo 1039

El Domador De Bestias Más Débil Obtiene Todos Los Dragones Sss — www.skynovels.net · All chapters

Capítulo 1039

Aldric se percató sin que nadie tuviera que decirle nada.Seiya estaba haciendo el cálculo que uno hace al contemplar algo que podría haber sido distinto, descubriendo que responder a la pregunta de «por qué no fui yo» resultaba mucho más complejo de lo que parecía en un principio.No se trataba solo de Luna, sino de tres mujeres hermosas. Las tres dotadas de esa clase de presencia inconfundible, y las tres presentes allí por propia voluntad en algún sentido; porque si hubiesen sido meras piezas políticas, habrían tenido el poder de frenar aquello, y si él no hubiese sido de su agrado, no estarían mirando a Ren de la forma en que lo hacían._Algunas personas tienen demasiada suerte_, pensó Seiya.Luego se corrigió: lo más probable es que no fuera solo cuestión de suerte. Pero no encontraba un término adecuado para definir todo lo demás.Aldric le posó una mano en el hombro, con brevedad.El gesto universal para decir: _déjalo estar..._♢♢♢♢Algunos de los tíos de Luna, detractores que habían sobrevivido al desmantelamiento de la facción de Orión con lo justo para seguir existiendo como facción sobre el papel al no haber participado directamente en el golpe, se habían presentado en la ceremonia con una intención muy específica.El anuncio del compromiso era el momento propicio para hacer lo único que sus recursos actuales les permitían: ruido.No demasiado, pero sí el tipo de ruido que, en el lugar exacto y en el instante preciso, podía generar la incomodidad suficiente como para estropear al menos un poco algo que habrían preferido que no existiera.Abrieron la boca en el preciso instante en que Julius realizaba el anuncio.El sonido no llegó a ninguna parte.Liu no había dejado de sonreír ni un solo instante desde que Julius comenzara a hablar. Las bestias especializadas en sonido que conformaban su sistema poseían capacidades que nadie en aquella sala podía igualar, y el campo de supresión se desplegó con una precisión que no guardaba nada de coincidencia: correspondía exactamente a las dos secciones donde estaban sentados los tíos de Luna y los de Liora.Los tíos de Liora, que también habían acudido con el mismo propósito en el mismo momento, descubrieron de manera simultánea que tenían un problema en las inmediaciones de sus pantalones que nada tenía que ver con el sonido, pero muchísimo con la humedad; algo lo suficientemente urgente e incontrolable como para desplazar por completo cualquier otra intención.Min, en algún momento entre el inicio del anuncio de Julius y el instante en que los tíos de Liora cobraron conciencia de su situación con la urgencia de quienes necesitan encontrar a toda costa un modo de cubrirse los pantalones, había dejado de ser visible. La capacidad de ocultación total del combo de sus bestias era uno de esos recursos que Min rara vez necesitaba emplear, lo que significaba que cuando lo hacía, nadie en las inmediaciones —salvo que poseyera el nivel de percepción de Ren— sabía con exactitud qué había pasado ni cuándo, solo que algo en su ropa interior había cambiado de estado de forma imprevista y en el peor momento posible.El ánimo de los detractores se quedó en eso: un simple amago.Sin arruinar absolutamente nada.♢♢♢♢Lo que sí dejó cierto peso —y Ren lo percibió en el segundo en que la atención del salón se redistribuyó hacia las conversaciones y comentarios que siempre siguen a un anuncio de esta naturaleza— fue lo que brillaba por su ausencia.La madre de Larissa no se encontraba en el salón.No era una ausencia logística... Era una postura.Y una postura perduraba más allá de la ceremonia; no se disolvía al terminar el programa, ni podía ser silenciada por Liu ni amortiguada por Min, porque existía en un plano diferente al del ruido y los inconvenientes.Los padres de Luna no habían podido asistir por motivos de pura circunstancia más que de elección propia. Tampoco los de Liora.Aquello también entristecía, pero difería de optar voluntariamente por no estar allí.Aun así, Ren lo guardó en su interior.Y entonces las miró a las tres.A Larissa, quien había advertido exactamente lo mismo que Ren en el mismo milisegundo y mostraba esa expresión que adoptaba al procesar algo que prefería no exteriorizar, puesto que hacerlo no aportaba nada útil en aquel instante concreto.El rostro que volvía a cumplir con su deber.A Liora, cuyos ojos reflejaban esa cualidad particular que adquirían cuando algo la alcanzaba en lo más hondo, conteniéndose con la misma decisión con la que había refrenado las lágrimas al recibir los pendientes. Presente, pero refrenada.A Luna, con esa compostura que Ren conocía lo bastante bien como para leer lo que se ocultaba tras ella.Las tres se hallaban en el lugar correcto.Las tres llevaban puestos los vestidos que él había confeccionado.Las tres portaban los pendientes de cristal que les había diseñado específicamente; no para este anuncio, sino para lo que vendría tras el servicio militar, cuando la formalidad fuera real y no solo el prólogo de llegar a serlo. Objetos creados con ese futuro en mente.Ren se movió.La Mantis mantuvo su postura. Lo que le pertenecía hizo el resto.Se situó frente a ellas con la exactitud de quien ha calculado el ángulo perfecto y, a la vista de cientos de familias, de los tres hermanos Dravenholm y del maestro de ceremonias —quien llevaba los años suficientes en la profesión como para haberlo visto casi todo, pero jamás algo semejante—, extendió su mano hacia las tres.Las invitó a bailar un giro breve y ligero, la señal tradicional de aceptación y confort entre prometidos. El reconocimiento de la cercanía y la comodidad mutua.Aquel leve giro constituía por sí mismo una declaración: mostrarse íntegro, permitir la proximidad sin reservas. Algo parecido al beso que sella un contrato en una boda, pero mucho más liviano por ser un preludio.Y no solo como un protocolo.Sino como lo que era.Las tres lo miraron.Larissa fue la primera en responder, lo cual no pilló a Ren por sorpresa. Le tomó la mano con la exactitud de quien también había calculado este gesto y lo ejecutaba con la precisión de algo verificado.Sin embargo, sus ojos contenían algo que ningún cálculo matemático podía generar.Liora llegó con la calidez y la energía que le eran totalmente propias; de esa forma en la que irrumpía en los momentos sin medir el espacio que necesitaba, porque el espacio siempre terminaba resultando ser exactamente el suficiente.Más que irrumpir en el instante, parecía estar ya en él desde antes.Luna llegó última, con la compostura que reservaba para el mundo y careciendo de ella al mismo tiempo, ambas realidades coexistiendo simultáneamente en la forma en que convivían en ella las cosas que más le importaban.Tan caótica como era, contenida y desbordada a la vez, controlada y libre.