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Capítulo 1045

El Domador De Bestias Más Débil Obtiene Todos Los Dragones Sss — www.skynovels.net · All chapters

Capítulo 1045

La larga mesa volvió a llenarse al mediodía.Anuar había cocinado lo suficiente para el número de personas presentes más un margen razonable, una cantidad que Li había calculado de forma independiente y que resultó ser exactamente la misma que Anuar había estimado, a pesar de que ambos se pasaban el día discutiendo y habían llegado al mismo resultado por caminos completamente distintos.—No puedo creer que todos tengan ya dieciocho años —repitió Liu, con el mismo tono monótono.—Ya dijiste eso esta mañana —apuntó Taro.—Lo digo otra vez porque me parece relevante. —Liu contempló al grupo al completo con la expresión de alguien que tiene algo que decir y lo va construyendo a medida que habla—. Hace ocho años ninguno de nosotros imaginaba estar donde estamos, y todo gracias a Ren.Un breve silencio.—Y en tres días estaremos defendiendo el muro —continuó Liu—. Lo cual también es relevante...—Eso también lo dijiste esta mañana —le recordó Taro.—Igualmente relevante.Ren miró a Liu.Liu le devolvió la mirada con la expresión de alguien que sabía exactamente lo que hacía y no necesitaba que nadie se lo explicara.Ren alzó su copa.Sin discursos ni florituras... Solo el gesto que Liu estaba buscando.El grupo le siguió el paso; una serie de personas que compartían un instante sin exigirle al momento que se describiera a sí mismo para poder existir.Li levantó la suya también —la suya contenía zumo mientras que la mayoría prefería otra cosa—, haciéndolo con el entusiasmo de quien no considera que la diferencia en el contenido altere la naturaleza del gesto.Anuar alzó la suya con ambas manos y con la reverencia que aplicaba a los momentos que consideraba históricos —que para él eran bastantes más de los que la mayoría habría clasificado como tales—, aunque el argumento de Anuar era precisamente que ese era el punto.Tao alzó la suya en absoluto silencio, siendo esa su manera de decir con más palabras lo que Liu ya había expresado.Afuera, el jardín de Reed seguía siendo el jardín de Reed.La mansión seguía siendo pequeña y la favorita de todos.Y, en tres días, el muro los aguardaría con la indiferencia de las cosas que ignoran que están esperando, pero que permanecen allí de todas formas en cuanto uno llega.♢♢♢♢El tiempo transcurrió sin ceder terreno, y los días de calma llegaron a su fin. La mansión albergaba a muchos visitantes, pero llegó la hora de que los instructores volvieran a la enseñanza y los graduados se dispusieran a defender la ciudad.Selphira fue la última en pasar a visitarlos.No porque le faltara tiempo o no quisiera acudir, sino porque Selphira rara vez hacía las cosas en el orden que la lógica sugería si no había una emergencia, y porque había querido darles el espacio necesario para disfrutar de lo que tenían antes de que concluyera. La charla de aquella última tarde con Ren tuvo la trascendencia que poseen las conversaciones importantes cuando quedan pocas oportunidades para mantenerlas y ambos lo saben, por lo que cada pequeño detalle se sopesaba antes de ser pronunciado.Ella se lo había contado todo en clave, como solía hacer cuando guardaba algo que decir y apenas disponía del tiempo preciso para expresarlo correctamente: el muro era otra escuela; el muro enseñaba cosas que ninguna academia impartía; y la única forma de convertirse en lo que Ren necesitaba ser para lo que vendría después de ser soldado —y para poder liderarlos a todos— consistía en dejar que sucediera sin intentar acelerarlo. Estar dentro en lugar de por encima.Ren había escuchado con la atención que le reservaba a Selphira, distinta a la que le otorgaba a cualquier otra persona, pues había pasado el tiempo suficiente a su lado para saber que aquellas cosas que ella decía sin explicaciones adicionales eran las que más reflexión previa acumulaban.Luego, Selphira se marchó.Y la mansión se quedó con el silencio propio de los espacios que han albergado a mucha gente y han dejado marchar a la mayoría.♢♢♢♢El ciclo que nutría la defensa de Yano era casi tan antiguo como la propia ciudad en su configuración actual.Quienes completaban su servicio abandonaban el muro. Los graduados de la academia ingresaban para relevarlos.No se trataba de un sistema elegante en términos de recursos humanos; la rotación generaba inevitablemente un periodo de transición donde las dos generaciones más distantes no llegaban a coincidir, impidiendo que la experiencia acumulada de los que se marchaban pudiera transferirse a tiempo a los recién llegados. Los nuevos debían aprender de quienes tenían más cerca, aquellos que apenas sabían un poco más que ellos, lo cual constituía lo opuesto al modelo académico. Sin embargo, era un sistema que funcionaba de algún modo en esos niveles de conocimiento superpuestos... tal vez porque la cercanía con personas que apenas poseían un ápice más de experiencia propiciaba un aprendizaje distinto al que imponía la distancia de la instrucción formal. En el último bastión libre de maná de este mundo hostil, en la única defensa final y funcional que quedaba, impedir el avance de los mutantes constituía el único criterio que realmente importaba.Aquellos que ese año habían decidido no seguir una carrera militar conformaban la mayoría; como ocurría siempre, la mayor parte de los graduados tomaba lo aprendido y lo orientaba hacia el comercio, la administración, la academia o la vida corriente. Las vías productivas, las sendas civiles, los caminos que edificaban la ciudad desde dentro en lugar de defenderla desde fuera.Pero unos pocos se quedaban.Algunos de los mejores domadores en la historia de Yano no habían seguido esa ruta y habían generado aportes que el muro por sí solo jamás habría producido: descubrimientos, avances y esa clase de conocimiento práctico derivado de aplicar la preparación a diferentes estilos de vida. Abandonar el muro no constituía una opción menor.Simplemente era otra alternativa.Aun así, quienes se quedaban también resultaban necesarios...Por lo tanto, incluso con los que decidían quedarse, la defensa siempre requería más efectivos cuando una generación partía. La estructura albergaba un apetito constante que la graduación suplía cada año con un flujo de sangre nueva que reemplazaba al número, ligeramente menor, de soldados experimentados que retiraba.Los que acudían a relevarlos eran los que estaban llegando en ese preciso instante.El protocolo establecía que los nuevos soldados cubrían los huecos al azar.No en función de sus capacidades, ni de sus preferencias, ni de ningún sistema de asignación optimizado. Dependía exclusivamente de dónde necesitara la estructura a alguien en el momento de su llegada. El método más antiguo para integrar a un individuo en algo más grande: colocarlo allá donde la estructura lo precisara y dejar que esta le enseñara lo que debía aprender. La fricción como plan de estudios.Para la mayoría de los graduados de cualquier promoción, esto se traducía en vivir en sectores apartados de sus amigos más cercanos, bajo las órdenes de comandantes que no los conocían y en unidades consolidadas que mantenían sus propias dinámicas internas; sistemas que absorbían a los recién llegados con la eficacia ligeramente impersonal de los procesos que ya habían gestionado innumerables veces lo mismo y sabían exactamente dónde encajar a la siguiente pieza.No obstante, para el grupo de Ren, la situación sería técnicamente distinta.