Capítulo 1054
Los procedimientos de ausencia por emergencia resultaban lo suficientemente diáfanos como para que la rúbrica de Julius Dravenholm en el mensaje aligerara la burocracia por encima de lo habitual.Lo verdaderamente anómalo radicaba en que el aviso hubiera llegado directamente al nuevo recluta en lugar de a Vehn, contraviniendo el cauce reglamentario previsto, un detalle que el sargento advirtió en silencio, sin emitir juicio alguno._¿Acaso el muchacho maneja el papeleo con tanta soltura que el castillo lo considera más fiable?_, rumió Vehn, asaltado por la súbita inquietud de verse relevado de su puesto en breve.—¿Cuántos?—Los que puedan marchar ahora.Vehn repasó mentalmente el inventario que siempre sopesaba al calcular qué margen podía ceder el sector sin comprometer el umbral mínimo de cobertura defensiva.—Doce —sentenció.—Doce —convino Ren.Fue a reclutarlos.Afuera, la torre de reciente factura seguía extrayendo el escaso maná de la llanura; y el territorio continuaba envuelto en ese mutismo expectante, la quietud propia de lo que aguarda sin urgencias aparentes, con la absoluta certeza de que los mutantes harían acto de presencia tarde o temprano.Ren lo advirtió camino de la salida: la concordancia entre la vacuidad del entorno y la misiva del castillo resultaba demasiado idónea como para achacarla al azar. Acumulaba la experiencia suficiente con los hilos que se alineaban con tal precisión como para saber que dicha sospecha merecía crédito.♢♢♢♢El búho de Carver poseía la envergadura de una bestia de rango Oro —treinta metros de punta a punta—, lo bastante colosal como para que el volumen dejara de ser un factor secundario ante los pasajeros y pasara a constituir un problema de aerodinámica incómoda.Como Ren carecía de impedimenta reseñable más allá de su espacio interno, tomó asiento en el lomo con la leve incomodidad de los primeros minutos a bordo de una cabalgura ajena, mientras su organismo se acoplaba al compás rítmico de otra criatura. El suelo desfilaba bajo ellos a la velocidad que dictaba la urgencia, sin llegar al desdibujamiento que provocaba la marcha al límite.Dividió su atención entre el paisaje y el hilo de pensamiento inaugurado por la misiva, el cual había permanecido latente desde el instante de su lectura.Una citación en el castillo.Si la crisis obedecía a otro tramo del muro bajo asedio, la respuesta lógica habría consistido en desviarle directamente al sector afectado. El frente contaba con protocolos diseñados para tal fin; los efectivos idóneos eran integrados raudamente en la zona que los requería, y la coordinación local resolvía el resto sobre el terreno.No existía motivo alguno para el paso intermedio del castillo, a menos que el propósito de la convocatoria trascendiera el ámbito del muro.Lo cual significaba que la verdadera emergencia tal vez residiera en otra parte.O bien atañía al muro, pero exigía una información previa de la que este carecía, planteando un dilema de naturaleza muy distinta.Carver escrutaba el horizonte con la concentración propia de quien pilota una bestia de vuelo a régimen de tránsito urgente. Sin volverse, inquirió:—¿Sabes para qué nos llaman?—Aún no —replicó Ren.Carver asintió con la mansedumbre de quien acepta esa contestación como definitiva, habiendo aprendido que el «aún no» de _Red Explorador_ solía venir seguido de un «ya lo he averiguado» en cuanto transcurría un margen razonable.Sin embargo, en esta ocasión la espera no le reportó ningún alivio a Carver.El castillo segregó a los doce soldados de la compañía de Ren con la eficacia quirúrgica de un protocolo diseñado para fraccionamientos tácticos; cada individuo fue conducido hacia una sala de espera diferente en el ala de coordinación militar, mientras que Red Explorador fue guiado en dirección contraria por una ruta que su escolta omitió describir.Ren avanzó sin inquirir el rumbo, pues la disposición arquitectónica resultaba familiar para cualquiera versado en la estructura del alcázar.Las cámaras de audiencia privada.El corredor exhalaba el silencio característico de aquellos espacios reservados a tratos exentos de testigos; no tanto por secretismo riguroso, sino porque ciertas deliberaciones discurren con mayor fluidez cuando se prescinde del trasfondo ambiental que generan las idas y venidas por los pasillos colindantes.♢♢♢♢El grupo congregado en el interior duplicaba en volumen sus previsiones.Selphira ocupaba el sitial reservado a quien ya ha asumido la batuta de una reunión antes de que esta dé comienzo de forma oficial. Julius permanecía recostado contra un muro, con la prestancia de quien ya ha vertido los datos pertinentes sobre los presentes y aguarda a que los asimilen para pasar al siguiente movimiento.Liora, al reparar en su entrada, le dirigió una mirada cargada de esa contención que preferiría no ejercer, pero que juzgaba ineludible en aquel momento preciso.Lin irradiaba la placidez de quien ha aceptado una encomienda y la asume con la serena resignación de lo ya decidido, donde el acto mismo de elegir ha disipado cualquier rescoldo de incertidumbre.Mayo alzó una mano a modo de saludo, con el brío de quien lo ejecuta como manifestación de lo que ella denominaba "presencia positiva".Los seis guardias habituales.Ren los escaneó por puro reflejo, ejecutando la lectura de maná en segundo plano con su habitual automatismo. Rango Oro 3, los seis. No eran domadores de doble vínculo —una brecha notable si se los comparaba con especialistas en combate del mismo nivel, como Víctor o la propia Selphira—, pero ostentaban un Oro 3 irreprochable, lo cual distaba mucho de ser baladí.Los pendientes diseñados para Liora seguían prendidos en sus orejas, con las runas operando a pleno rendimiento con idéntica precisión.La única bestia en la sala por debajo del rango Oro 2 era su propia Mantis, que acababa de alcanzar el Oro 1 esa misma semana. El resto se escalonaba en Oro 2 o superior, a excepción de la grulla de Lin —la cual, impulsada por el método de los mil días, había saltado desde el Bronce hasta un equivalente práctico de Plata alto en rendimiento—, si bien Lin, dotada o no de sus bestias, seguía siendo Lin, una categoría exenta de mayores matizaciones.Selphira eludió los prolegómenos.—La corrupción se está replegando en todos los frentes, retirándose hacia las ruinas —anunció con el tono de quien aporta una evidencia definitiva que exime de contextualización—. No presiona el muro... El repliegue se produce hacia el exterior, en dirección contraria. —Hizo una pausa—. Estimamos que ha alcanzado la masa crítica precisa para su siguiente acometida, y el epicentro de ese movimiento serán las ruinas.Ren procesó el dato.—Sirio —concluyó.—Sirio —corroboró Selphira con un leve movimiento de cabeza.No añadió nada más, pues el nombre por sí solo ya lo abarcaba todo.Los corazones corrompidos procedentes del alijo de Orión acudieron a su memoria. El recuento que apuntaba a una séptima puerta, una ruina inexplorada. Una línea temporal orientada hacia un destino inexorable, incluso cuando este aún se perfilaba difuso.Julius adoptó la postura de quien efectúa la transición entre escuchar y tomar la palabra.—No podemos desplegar al contingente principal como hicimos la última vez —argumentó—. Si se trata de una trampa y vaciamos el perímetro defensivo, el muro podría sufrir una embestida mientras el grueso de las fuerzas se halla en el exterior... La última expedición por poco no regresa a tiempo; ahora mismo no disponemos de mejores bazas.Ren asintió. La lógica resultaba irrefutable, erigiéndose en el método idóneo para salvaguardar lo prioritario.—Sin embargo, lo que tenéis aquí —prosiguió Julius— constituye un núcleo reducido y veloz, disciplinado ante tus órdenes, dotado de la movilidad y veteranía precisas para extraer personal de cualquier escenario, incluidos los subterráneos.Ren barrió con la mirada al grupo.Liora, flanqueada por el fuego espiritual y la Bashe, capacitada para fundirse y generar una potencia equiparable a la suya de manera transitoria, templada bajo presión y curtida en la fina coordinación que exigían las extracciones subterráneas.Lin: veloz, letal, de doble vínculo. La pantera aportando pegada ofensiva; la grulla, agilidad y recursos de repliegue; y la propia Lin guiando a ambas con una firmeza que nadie osaba disputar en las situaciones límite.Los seis guardias de rango Oro 3, respaldados por años de compenetración mutua; esa sintonía que prescinde de ensayos sobre el terreno porque ya opera de memoria.Mayo, acompañada de su Ave de Nube Celestial, ideal para tránsitos y fugas, dotada además de ese don innato para personarse allí donde hacía falta antes de que nadie lo solicitara.Un equipo de extracción compacto, concebido con una misión única: introducir a Ren, Liora y Lin en las ruinas y rescatar a Sirio antes de que la intuición de Selphira sobre los plazos se cumpliera por las malas.—Estamos relevando a otros soldados de vuestro sector —añadió Julius— para no comprometer vuestra cobertura mediante ausencias sospechosas. Los trámites de destino se demorarán para ellos —lo cual es peor de lo habitual—, pero se agilizarán como receptores en vuestra zona. Así pues, nadie en vuestro destacamento advertirá nada extraño de inmediato.Ren comprendió la maniobra.Aun así, abrió los labios con ademán de intervenir.Selphira se le adelantó.—Luna lo ignora —terció, no a modo de disculpa, sino como mera constatación—. Lo hemos hablado con Larissa. Todas estuvimos de acuerdo.Ren cerró la boca.Julius aportó la matización que Selphira había dejado implícita.—La crisis atañe directamente a su progenitor. De saber que partieses y el motivo real, pretendería unirse a la expedición. Y su participación dispararía el riesgo de que, en el instante crítico, no adopte la retirada cuando esta sea imperativa. Conviene más que canalice su poder hacia la defensa del muro.