Capítulo 1062
Esto no estaba funcionando...El fuego de Liora alcanzó la zona de solape y chocó contra el hielo de la Hidra; cuando el fuego y el hielo se encontraban sin un control milimétrico, se anulaban mutuamente, lo que significaba que la regeneración del enemigo se veía beneficiada exactamente por el margen que ambos efectos habían estado suprimiendo.Ren cambió de elemento sin alternativas.La Hidra disipó el hielo de la segunda cabeza y optó por algo que no interfiriera con las llamas: luz pura en la primera cabeza y rayos en la segunda, asumiendo un coste energético mayor. Al fin y al cabo, la luz y la electricidad no contrarrestaban el fuego, y el hielo estaba haciendo más mal que bien en aquel punto.La descarga eléctrica impactó con auténtica fuerza.La bestia que la recibió se tambaleó, apenas por un instante, pero un instante bastó para que la rotación del caparazón se retrasara una fracción y el rayo de luz alcanzara algo más blando en el interior. Daño real, del que la criatura registra, obligándola a reajustar su patrón de giro para que el siguiente ciclo fuera ligeramente más rápido.Sin embargo, el patrón había cambiado...La parálisis parcial provocada por la electricidad volvió a ambas bestias algo más torpes —no inútiles, pero sí torpes—; y torpeza en seres de tres toneladas seguía constituyendo una amenaza constante, algo capaz de liquidar a una persona sin esforzarse demasiado. No obstante, era la diferencia entre no avanzar y avanzar muy despacio.Ren comenzó a calcular cuánto maná le restaría al grupo para afrontar la décima cámara si el combate proseguía a ese ritmo. Lin llegó a la misma conclusión pocos segundos después de que él terminara sus cábalas.—A este paso llegaremos abajo agotados —señaló.No había nada que replicar, porque era una verdad inapelable.—Me fusionaré aquí; vosotros id bajando y ya volveréis a por mí para sacarme. —No sonaba a petición de opiniones—. Yo acabaré esto rápido y vosotros conservaréis energías para lo que venga después.Lin había tomado una decisión.—Seguid hacia la décima —añadió, dedicándoles esa sonrisa que ponía cuando algo se le antojava un problema interesante antes que grave; la expresión de alguien que se había pasado la vida buscando retos contra los que medirse y salir fortalecido.—Pero... —comenzó Ren, renuente a mantener su posición por no querer dejarla sola.Lin bajó la guardia un segundo para alborotarle el pelo con la mano, tal y como solía hacer cuando él era apenas el muchacho al que ella respaldaba desde los inicios del primer curso.Se la veía relajada, no porque no hubiera peligro, sino porque había decidido algo; y cuando Lin decidía algo, el cuerpo lo asumía antes de que llegara la instrucción consciente —del mismo modo que ocurría durante los entrenamientos diarios— y no oponía resistencia.Contempló a las dos bestias que giraban en espiral hacia ellos, luego miró a Ren, y en esa ojeada se encerraba toda la evaluación que precisaba: cuánto maná le quedaba al grupo, cuánto gastarían si aquello se alargaba diez minutos más, y con qué reservas se plantarían en la décima cámara.—Bajad ahora.Ren abrió la boca para replicar.—Bajad —repitió Lin, y esta vez el tono no dejaba lugar a sugerencias; era la voz de alguien que zanja una conversación sin segundas vueltas.Entonces sonrió; y era esa sonrisa que esbozaba cuando el problema ante ella tenía el tamaño perfecto: ni tan diminuto como para aburrirla, ni tan descomunal como para preocuparla, simplemente el ideal. Había algo genuinamente divertido en su rostro, como si las dos mole de trescientas toneladas rotando en su dirección fueran un rompecabezas fascinante en lugar de un peligro digno de respeto.Nadie replicó más.Ren echó un último vistazo a las bestias, luego a Lin, y adoptó la decisión propia de quien sabe distinguir entre una situación donde su presencia aporta algo y otra donde solo estorba.Los guardias lo siguieron.Liora fue la última en moverse, pues ella también era una Ashenway; y cuando Mayo le sostuvo la mirada, se dio media vuelta y marchó con los demás.El grupo comenzó a bordear los márgenes de la sala mientras Lin se abría el camino necesario hacia las escaleras.♢♢♢♢La fusión de Lin había tenido la ventaja de ser una de las pioneras en existir, pero jamás fue de las que acaparaban miradas en una ciudad repleta de domadores dobles potenciados con la misma capacidad gracias a Ren.Ostentaba una de las combinaciones de fusión más discretas entre los dobles con esa destreza, y el inconveniente siempre había sido el mismo: su grulla y su pantera no compartían rango, y las fusiones extraían el máximo partido cuando ambas bestias estaban sincronizadas. Por lo tanto, el resultado se quedaba en un punto intermedio entre lo que habría sido solo con la pantera y lo que habría sido de estar ambas al mismo nivel; algo más modesto de lo esperable en alguien de su posición, con un tamaño más cercano al de un Plata avanzado que a un Oro 3 completo.Incluso físicamente se notaba, ya que la forma fusionada era más pequeña que la base de la pantera en rango Oro alto.La gente solía subestimar ese tamaño.Solo una vez.Lin invocó la primera copia —esa segunda instancia que la fusión generaba como efecto secundario al completarse de forma correcta—, dejó que se estabilizara mientras el maná adquiría su forma, y luego se fundió con la otra en un movimiento que había ensayado tantas veces que el cuerpo lo ejecutaba sin directrices externas.Las marcas afloraron primero en sus brazos, el calor que irradiaba alteró su temperatura, y canalizó el flujo de maná hacia las piernas —ya de por sí largas, definidas y endurecidas por décadas de práctica—. Con aquel aporte extra, se transformaron en algo distinto; algo que las dos bestias ante ella habrían reconocido como una amenaza de poseer el vocabulario adecuado: más densas, más vivas, cargadas con la tensión característica de un resorte comprimido a punto de dispararse.Las bestias mutantes prosiguieron su avance en espiral.La formación que habían desarrollado entre ambas en aquella sala era simple y eficaz: una cubría los puntos ciegos de la otra y luego se relevaban, avanzando en el proceso; y la masa combinada implicaba que atacar desde fuera siempre equivalía a golpear justo la parte que ellas deseaban. No era inteligencia en el sentido complejo, sino ese instinto básico que los seres supervivientes en sistemas de selección desarrollaban para garantizar su propia pervivencia.Lin calculó el ángulo con ayuda de su copia de bestia adicional.Entonces, sus piernas —de por sí potentes y colosales— se ensancharon aún más, adoptando un aspecto temible, y dio un salto.La copia saltó un latido después para girar en consonancia con ella; lo justo para que ambas trayectorias no fueran idénticas, sino convergentes. Ese desfase preciso que, al ejecutarse bien, hace que dos vectores converjan en un mismo punto al mismo tiempo; y al ejecutarse mal, provoca que dos masas colisionen entre sí en lugar de alcanzar el blanco.Lin lo había ejecutado correctamente las veces suficientes como para que el margen de error dejara de ser una preocupación mientras surcaba el aire.La rotación alcanzó su fuerza máxima en el punto más alto del arco."Grácil" no habría sido el adjetivo que un espectador en el suelo escogiera en primera instancia para definir aquel ataque devastador, pero el movimiento poseía de todos modos esa cualidad; la misma que exhibían los mutantes en su espiral, pero invertida. El cuerpo giraba en dirección opuesta a todo lo que se le venía encima, con la velocidad justa para que la física obrara a favor en lugar de en contra.En el instante previo al impacto, Lin disipó la copia con la que se hallaba combinada.Los dos golpes detuvieron la espiral.No de forma pulcra... Seiscientas toneladas de inercia rotacional no se frenan con delicadeza; lo hacen con el estruendo de la masa chocando contra la masa, amplificado por el eco de los muros subterráneos, absorbiendo ambas bestias un impacto desde el ángulo preciso que convirtió su propio movimiento de giro en parte del problema y no en la solución.Los colosales cuerpos que venían avanzando se quedaron sin una dirección clara por donde continuar, puesto que el impulso que arrastraban ya no operaba del mismo modo.Lin aterrizó entre ambas.Volvió a fundirse con la copia antes de tocar el suelo.La domadora resultante junto a su bestia —reducida para los estándares de lo que la flanqueaba, pero imponente bajo cualquier otro parámetro— cabía perfectamente en el hueco; y al irrumpir en el espacio entre ambas masas —aún procesando qué había sido de su inercia—, la diferencia de tamaño dejó de importar del mismo modo que deja de importar cuando sabes exactamente dónde aplicar la fuerza.La primera patada partió del flanco izquierdo del monstruo más cercano y conectó de lleno contra el costado derecho del otro; y el rebote resultante en la física del cuerpo de Lin le proporcionó el impulso exacto para que la segunda patada saliera con mayor velocidad que la primera desde el ángulo que esta última acababa de abrir.Las dos bestias mutantes se hallaban codo con codo, lo que significaba que sus flancos constituían muros paralelos; y entre dos paredes paralelas con espacio para moverse pero sin vía de escape, cada impacto realimentaba al siguiente gracias a la energía acumulada que el rebote transfería.Lin y su bestia se desplazaban a gran velocidad envueltas en llamas, combinando el viento y el fuego en aquel recinto cerrado entre ambos colosos.