LNCrawler

Capítulo 1063

El Domador De Bestias Más Débil Obtiene Todos Los Dragones Sss — www.skynovels.net · All chapters

Capítulo 1063

El fuego comenzó siendo rojo. No había razón para que fuera de otra manera; las llamas de Lin siempre arrancaban con ese tono.Las patadas lo alimentaban, y cada impacto añadía al ciclo un estímulo que hacía que el fuego consumiera más energía en menos tiempo y liberara más de la que recibía. El rojo viró primero hacia el naranja y después, cuando los golpes acumulados cruzaron el umbral, hacia el azul: el tono que producía Lin cuando confluían las condiciones idóneas para ello.Las dos bestias no podían atacar porque hacerlo requería movimiento, y los frenéticos golpes de Lin no les daban tregua.Sus intentos de apretarse la una contra la otra para atraparla en medio solo incrementaban el daño, ya que Lin convertía el desplazamiento de sus cuerpos en parte de su propia inercia.El grupo contemplaba la escena desde el primer peldaño del descenso.Ren observaba a ambos colosos, prácticamente inmóviles salvo por los constantes estremecimientos que les provocaban los impactos, y a Lin rebotando entre ellos envuelta en aquel fuego azul que iluminaba la cámara de tal modo que las runas púrpuras de las paredes parecían apagarse en comparación.Liora fue la primera en darse la vuelta.No porque dudara del desenlace, sino todo lo contrario; mirar resultaba innecesario cuando el resultado ya era evidente, y la décima cámara los aguardaba.El eco de los golpes de Lin siguió resonando a sus espaldas durante los primeros tramos de la escalinata: constante y regular, desprovisto de esas largas pausas que habrían indicado un cambio de rumbo, limitándose a ser el ritmo de alguien que concluye lo que había empezado.Descendieron.♢♢♢♢La escalinata llegó a su fin y la estancia se abrió ante ellos.Ninguna bestia.Fue lo primero que registraron sus sentidos: la ausencia donde debería haber presencia. El vacío en un lugar que hasta ese momento siempre había estado atiborrado de algo provocó una reacción que distaba mucho del alivio. Más bien despertó esa clase de atención suspicaz, la alerta que se enciende cuando un patrón se quiebra, puesto que los patrones rotos siempre obedecen a motivos concretos, y dichos motivos casi nunca resultan reconfortantes.Ren se detuvo en el último escalón.Había algo...No eran bestias, ni la densa presencia palpada en las salas anteriores, sino algo inaprensible; como percibir un sonido difuso que uno no consigue ubicar porque procede de todas partes y de ninguna al mismo tiempo.Su percepción de maná —lo bastante afinada como para leer la estructura microscópica del cristal en las estatuas con las que había trabajado— no hallaba ninguna fuente identificable. La señal existía, pero carecía de un origen al que atenerse.—¿Lo sentís? —inquirió en voz baja.Liora asintió. Los guardias y Mayo hicieron lo propio, aunque su capacidad para discernir la procedencia era incluso inferior a la suya.Avanzaron despacio, adoptando esa economía de movimientos que caracteriza a los grupos cuando el terreno no les ha dado motivos para correr, pero tampoco para bajar la guardia; el ritmo intermedio de la alerta sostenida.La cámara era la más vasta de todas, con el cielo raso más elevado y los muros más distantes. Al fondo, en el extremo opuesto a la escalinata, la puerta se alzaba visible a lo lejos.Aquella puerta final de las ruinas, antigua y colosal, diseñada para sobrevivir a todo lo que la construcción ordinaria era capaz de erigir, exhibía en su superficie esa cualidad atemporal de lo que fue concebido para seguir en pie mucho después de que sus creadores hubieran desaparecido.Liora desplegó a sus bestias para cubrir los flancos.Ren cubrió la vanguardia y la retaguardia.El espacio entre ellos y la puerta quedó atrás metro a metro, sin que la extraña sensación que Ren seguía rastreando adoptara una forma tangible contra la que actuar; y en algún punto entre el centro de la sala y los últimos veinte metros, el instinto comenzó a ceder ante la evidencia de que, si algo iba a suceder, ya habría ocurrido.Nada salió a su encuentro al final del trayecto...No se relajaron del todo, pero lo suficiente.Alcanzaron el radio exterior de la puerta y se detuvieron.Ren conocía el alcance del haz cristalizador. Había estudiado suficientes puertas de esta clase, y sus patrones rúnicos le resultaban lo bastante familiares como para identificar la configuración que activaba el mecanismo y calcular el límite de proximidad seguro, lo bastante cerca para ver sin ser considerado un blanco.El lugar donde se hallaban era el correcto: dentro del rango visual, pero fuera del radio de respuesta; el cálculo meticuloso de alguien que había aprendido gracias a su libre acceso a instalaciones similares a esta.Entonces lo vieron.Sirio...♢♢♢♢Sirio Starweaver había generado un cristal de viento para la puerta.No de luz.Ren había dado por sentado que sería luz, dado que el tigre celestial portaba dicho elemento como su firma principal, y la suposición parecía sólida; sin embargo, la estatua ante ellos había perdido el elemento secundario en algún momento, y el núcleo exhibía la traslucidez propia de un cristal eólico: algo más gris que blanco, con esa particular textura de lo que aún conserva movimiento congelado en su interior, transmitiendo la extraña impresión de una cinética apresada a mitad de expresión.Viento y tierra...Como el tigre celestial que constituía su bestia principal también manejaba el viento, la puerta lo había reconocido como apto sin mayores problemas.Aun así, lo que más atrajo la atención de Ren fue la postura de la estatua.No se trataba de la actitud de heroica entrega que exhibía Dragarion, aquella imponente estampa de quien lo ha entregado todo y encara el frente con el brazo sosteniendo el peso íntegro de su decisión.Sirio mantenía un brazo extendido a medias hacia adelante, en dirección a la puerta; adoptaba el ángulo de quien avanza con cautela y urgencia a la vez, con la palma abierta y la inclinación corporal propia de una persona dispuesta a tocar algo que anhela tocar desesperadamente.Conocía el peligro de la puerta y, aun así, se había plantado frente a ella... Como si algo en el umbral, o en el espacio inmediato que lo precedía, le hubiera revelado una visión que lo impulsó a moverse sin pararse a sopesar las consecuencias, arrastrado por lo que hubiese contemplado antes de que la cautela —que debió detenerle— tuviera oportunidad de frenarlo.Esa era la estatua. Eso era lo que Sirio había sido durante años.Pero el núcleo incrustado en la puerta representaba lo peor de todo aquello.No solo se había desprendido del cuerpo de la estatua para integrarse en la superficie del portal, sino que yacía injertado en la vieja piedra como si la puerta siempre lo hubiera tenido, como si formara parte de la construcción original y el hombre del que procedía fuera un mero detalle accesorio, y no al revés.El aspecto más alarmante era el color.Dentro de la masa cristalina de aquel núcleo, donde solo debería haberse vislumbrado el verde translúcido del elemento viento, cerca de la mitad era de color púrpura.