Capítulo 1068
Era joven, más de lo que Ren había previsto. Tenía el rostro de alguien que había sopesado las condiciones del trato y llegado a la conclusión de que constituían la mejor salida disponible en su situación: sobrevivir a la cristalización —que Ren se encargaría de revertir después— y conseguir que las sanciones restantes de su familia quedaran reducidas a la mitad.Las tristes matemáticas de quien comprende que no está en posición de negociar y que, aun así, ha recibido más de lo que su situación estrictamente justificaba.Podría decirse que era un acuerdo generoso.Se ajustaba con precisión a lo que habían hecho y a lo que estaban en condiciones de ofrecer.El domador del clan Astor contemplaba el portal con la fijeza propia de quien no puede apartar los ojos de algo que desea con toda el alma no ver, la mirada clavada de quien aplica toda la fuerza de su voluntad a mantenerse inmóvil.Era un argumento de peso para no moverse.Ren lo miró. Examinó el núcleo de tierra que latía en su sistema, perceptible para cualquiera provisto de la sensibilidad necesaria para hallarlo. Después dirigió la vista hacia la puerta, hacia el núcleo de Sirio incrustado en su superficie, y comenzó a calcular los pasos siguientes.No pudo evitar sentir algo parecido a la culpa, pero aquello era necesario.Hasta que una voz brotó de todas partes a la vez.—No hace falta que seáis tan crueles, teniendo al apuesto elegido de la nauseabunda luz devoradora justo aquí.A nadie del grupo le tomó más de un segundo reconocerla.Selthia de nuevo... Sin cuerpo, sin proyección, desprovista de la presencia física que había exhibido minutos antes, pero habitando el espacio de la cámara de todos modos. Lo hacía de un modo que costaba ubicar porque no procedía de ningún punto concreto, sino de todos simultáneamente; cada sílaba llegaba desde una dirección ligeramente distinta, diseminada la voz a través de la propia arquitectura.—Tu tumor ha ardido bastante bien a juzgar por el tufo —soltó Mayo desde su posición—. ¿Sigues aquí por algún motivo o simplemente disfrutas enrareciendo el ambiente con tu pestilencia?—Venga, admitiré que el sesgado foco del rayo de esa preciosa Hidra dolió un poco, sobre todo viniendo del chico tan interesante que comparte conmigo una bestia afín. Aquel impacto me dejó calladita un instante —reconoció Selthia, con el tono de quien concede un punto que, a fin de cuentas, tampoco le afecta demasiado.—Me quedé en silencio cuando comprendí que ya no tenía sentido pediros que pararais. Pero sigo aburriéndome estando sola, y esta cámara está conectada a mi red. Puedo ver y oír todo lo que pasa en ella, incluso sin poder proyectarme ni atacar. Ambas facultades las perdí con el guardián... —Hizo una pausa que transmitía la sensación de alguien que se acomoda en lugar de terminar la frase—. Sin embargo, existir aquí ya no me cuesta nada. Así que aquí me tenéis.Ren escrutó los muros con una fuerte tentación de reventar las runas y finiquitar la charla, aunque ignoraba cómo reaccionarían ante una agresión contra la estructura de la sala o si le quedaba la energía suficiente como para afectar a unas paredes virtualmente indestructibles.De momento, decidió dejarlas en paz...La voz cambiaba de dirección con cada sílaba; no de forma aleatoria, sino siguiendo un patrón, activando distintas runas en secuencia dentro de un circuito simple para generar la ilusión acústica de algo que brotaba de todas partes a la vez.Aquel diseño lograba que cada centímetro de la cámara participara en la transmisión de lo que una única zona emitía, conformando un gran sistema distribuido que venía a funcionar como un altavoz antiquísimo y de lo más estrafalario.Las runas también estaban rastreando su posición. Y algo más... Se sentía observado de un modo que nada tenía que ver con unos ojos físicos.—Lo que os propongo, guapo —continuó Selthia—, es muy simple. Podéis colocar vuestro propio núcleo ahí. No os cristalizaréis por completo; solo la bestia que elijáis, de forma momentánea. Podríais abrir la puerta incluso solos con dos núcleos. Vuestro sistema difiere del de la gente corriente, y estas puertas fueron diseñadas para entidades como nosotros. Y tú eres una de ellas.Una breve pausa cargada de intencionalidad.—Como yo...—Una trampa de lo más evidente para alguien que supuestamente iba de callado y reflexivo —intervino Mayo—. ¿Nos crees idiotas?—No es una trampa —replicó Selthia. Y lo dijo con tal ausencia de urgencia que no sonaba en absoluto a como sonaría un ardid—. Vosotros y yo fuimos construidos para interactuar con estos sistemas de un modo que los demás no pueden. Ellos están pagando el precio del error; su cristalización completa no es más que un efecto secundario por intentar acarrear una tarea demasiado grande para sus fuerzas. Esto es información gratuita... Haced con ella lo que os plazca.—No hace falta que confirmes nada de eso, Ren —terció Liora, con la firmeza de quien ha tomado una resolución y no piensa apearse de ella. Clavó los ojos en el joven domador de los Astor—. Ya tenemos lo que necesitamos. Y si acabas cristalizado, todos nos quedamos sin la única persona capaz de hacer algo al respecto, que es exactamente lo que ella pretende.Ren asintió.En ese instante, las runas púrpuras situadas sobre el dintel se movieron.No todas; únicamente las del tramo superior del marco, unas líneas desprovistas de color púrpura que se volvieron visibles cuando las corrompidas se reorganizaron de otro modo mientras Selthia operaba la red a su antojo.El patrón resultante era más diáfano que el de los muros, más legible; una clase de estructura que Ren podía intentar descifrar, incluso si el esfuerzo conllevaba un coste.—Si sois capaces de comprender tan solo una fracción de esto —susurró Selthia—, a eso me refería exactamente.Ren las estudió.Le llevó un tiempo... Las runas albergaban capas superpuestas de complejidad, y cada estrato contradecía o matizaba al superior o inferior de un modo que reducía la lectura de la superficie a algo totalmente distinto de lo escrito en realidad. No obstante, entre las trazas que Selthia había limpiado y ordenado afloraba algo más accesible, como si alguien hubiera tomado un texto enrevesado y resaltado los pasajes comprensibles al margen del contexto global.Lo que aquello indicaba —o lo que Ren creía leer tras un largo rato de examinarlas— era que la puerta admitía otros modos de activación. Uno alternativo reservado para aquellos a quienes el sistema ya reconocía como parte de sí mismo.Ahora lo creía.No estaba seguro... La brecha entre creer que uno descifra algo y leerlo con certeza absoluta era precisamente lo que convertía aquello en un peligro a sopesar, y él era plenamente consciente de ese abismo mientras permanecía al borde.Aun así, no podía descartarlo del todo.—Ren. —La voz de Liora adoptó ese tono en el que mentar un nombre equivale a dar una orden inapelable.Él la miró.Ella le devolvía la mirada con esa expresión propia de quien ha detectado en el rostro ajeno algo que le disgusta y necesita cerciorarse de que su lectura ha sido errónea.No se había equivocado.Mayo también lo observó. Luego miró a Liora. Y devolvió la vista a Ren con el rictus de quien acaba de reevaluar una situación en una dirección que ni por asomo había previsto.—No estará pensando de verdad en considerarlo, ¿o sí? —soltó Mayo.