DOBE - Capítulo 283
Ren fue demasiado rápido. Conectó un puñetazo preciso en la cara del chico más cercano. Vern cayó inconsciente, su centauro desapareciendo con el impacto. Pero la victoria fue efímera. Héctor, al ver caer a su compañero, rugió de furia. Canceló instantáneamente la lucha del minotauro contra el escarabajo y se fusionó con el rayo de luz que era su bestia, transformando su cuerpo en una versión humana más pequeña con varios rasgos de la criatura. Se lanzó contra Ren, quien apenas había aterrizado tras su ataque a Vern. "¡Te tengo!", gritó, con su puño transformado dirigiéndose directamente al costado de Ren. El golpe impactó con un fuerte crujido. Héctor sonrió, seguro de su victoria, hasta que notó la expresión de Ren al girar. No había dolor, solo calma. Y entonces… Héctor se sorprendió al ver su propio puño. La hidra de Ren había regresado a su cuerpo en un destello de luz justo a tiempo, completamente fusionada, cubriendo su torso con una armadura similar al diamante. Las escamas translúcidas, potenciadas por el anillo, le otorgaban un 140% de defensa adicional y habían absorbido el impacto por completo. Pero lo más alarmante para Héctor no era la incapacidad de atacar… sino el dolor que ahora le subía por el brazo. Tenía los nudillos dislocados y algunos huesos fracturados por el impacto contra algo mucho más duro de lo esperado. “Mi turno”, dijo Ren, ejecutando ya su preciso y devastador contraataque. Giró, canalizando el impulso del golpe de Héctor en su propio movimiento, y conectó una patada giratoria que impactó de lleno en la mandíbula del joven minotauro fusionado. Héctor se desplomó, inconsciente incluso antes de tocar el suelo. Rosalind, la última en pie, evaluó la situación con la frialdad característica de su educación en la batalla. Su caballo seguía atrapado por Taro, Min había reaparecido tras ella y ahora dirigía su serpiente hacia su espalda, y Ren se giraba hacia ella con una calma más intimidante que cualquier grito de guerra. Pero lo que finalmente la convenció fue ver al enorme escarabajo, libre ya de su enfrentamiento con el minotauro, acercándose a su caballo para atraparlo en formaciones minerales que emergían del suelo. Con un suspiro de resignación, Rosalind alzó las manos. “Me rindo”. Lin observó un instante más, asegurándose de que el combate había terminado definitivamente, antes de alzar el brazo. “¡Victoria para el equipo de Ren!”, anunció, con su voz profesional apenas disimulando un tono de satisfacción. Las gradas estallaron en vítores y exclamaciones de asombro. Lo que muchos habían anticipado como un combate más complicado había terminado de nuevo en menos de un minuto, una demostración de eficacia que pocos habían visto en estudiantes de primer año. Desde su posición privilegiada, Selphira Ashenway aplaudió con elegancia, con los ojos brillantes de orgullo, aunque nadie sabía exactamente por qué. Klein, observando desde un rincón apartado, apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se le clavaron en las palmas. La facilidad con la que el equipo Ala Gris había eliminado a sus compañeros de su círculo íntimo era más que humillante; era una amenaza directa a su honor. “Impresionante coordinación”, comentó Luna sin dirigirse a nadie en particular, aunque su tono sugería que estaba comparando mentalmente sus propias estrategias con lo que acababa de presenciar. En la arena, mientras los auxiliares médicos atendían a Héctor y Vern, Ren y sus amigos se reunieron en un círculo cerrado. “Funcionó mejor de lo que esperaba”, admitió Taro, flexionando los dedos para aliviar la tensión de resistir la carga. “Aunque casi pierdo el agarre cuando el caballo cargó”. “Ren dijo que sus cuernos no podrían atravesar la sinergia defensiva de vuestras bestias ni aunque las soltarais, no seas tan quejica...” Min sonrió ampliamente. “¿Visteis sus caras cuando desaparecimos? Impagables”. Ren, sin embargo, mantuvo su expresión analítica mientras observaba las marcas de batalla en sus compañeros.” Hay que mejorar la sincronización con el anfibio” señaló. “Perdí la invisibilidad demasiado pronto al saltar. Taro podría haber dañado al caballo con las garras minerales y… “No seas tan perfeccionista, fuiste tú quien dijo que no planeáramos demasiado para aprender a reaccionar” suspiró Min con dramatismo, aunque su sonrisa no se desvaneció. “El equipo de Klein, el de Larissa o el de Luna serán diferentes” comentó Ren mientras se dirigían a la salida. “Recuerda que necesitaremos algo más que trucos de invisibilidad contra ellos. “Un problema para otro día” respondió Taro, sorprendiendo a sus compañeros con su indiferencia. “¿Qué tal si por hoy disfrutamos un poco de esta victoria? Imagina la cara de Klein…” Min soltó una carcajada, rodeándolos con un brazo. “¡Esa es la actitud! Espera… ¿Quién eres y qué has hecho con nuestro preocupado Taro? Los tres se alejaron riendo, dejando tras de sí una arena llena de especulaciones sobre si aquellos chicos con bestias supuestamente mediocres podrían llegar al final del torneo. ♢♢♢♢ Ren y su equipo observaron otras batallas del día, ya que no necesitaban curación. El equipo de Han ganó la suya, y Min hizo un gesto de disgusto, al igual que Taro, que mostró una profunda decepción, cuando el equipo de Klein ganó fácilmente. Pero la siguiente batalla... El murmullo en las gradas alcanzó un nuevo nivel cuando anunciaron a los siguientes dos equipos. No se trataba de un simple encuentro entre novatos; era una batalla que enfrentaba a tres de las familias más poderosas de Yano, protagonizada por jóvenes herederas que, además, eran primas y amigas íntimas. “¡Equipo Luna contra Equipo Larissa!”, anunció Yang, con su voz resonando por toda la arena. “Prepárense para entrar”. “Esto será interesante”, comentó Ren, inclinándose ligeramente hacia adelante. “Los tres tienen estilos de combate similares y conocen las debilidades del otro”. Min arqueó una ceja.” ¿Quién crees que ganará? “Ren no respondió de inmediato, observando a los dos equipos que entraban a la arena desde extremos opuestos. Luna caminaba con su gracia característica, flanqueada por Mayo y Matilda, ambas irradiando serenidad. Desde el otro lado, Larissa avanzaba con la elegancia casi innata de la más alta nobleza, seguida de Liora y Maria. “Depende de cuánto estén dispuestas a revelar” respondió finalmente. En el centro de la arena, las primas se miraron fijamente, con una tensión casi palpable flotando entre ellas. “No esperaba vernos tan pronto” comentó Larissa, manteniendo su voz una compostura aristocrática a pesar de la situación. Luna esbozó una leve sonrisa.” Considéralo una oportunidad para demostrar quién ha progresado más desde nuestros días de entrenamiento. “Supongo que sí” respondió Larissa, y por un instante, un destello de nostalgia cruzó su rostro antes de que la máscara de competidora volviera a su lugar.