DOBE - Capítulo 333
En la tienda provisional de los Crestas Doradas, Kharzan se incorporó de repente de su lecho. Su cuerpo aún no se había recuperado del todo del esfuerzo de la manifestación abisal, pero sus sentidos permanecían agudos, especialmente para detectar fluctuaciones en el maná circundante. “¿Lo sientes?” preguntó al guardia a su lado. “¿Los líderes de Tejedor de Estrellas y Camino de Ceniza? Kharzan asintió, su rostro contraído por una mueca de disgusto.” Selphira y Sirius están manifestando a sus bestias de nuevo.” Sus ojos se entrecerraron, el tinte púrpura en ellos se hizo más pronunciado. “Pero hay algo más... algo extraño... ¿Quizás el tercer anillo estaba con la anciana después de todo? Amplió su percepción, intentando identificar aquella presencia desconocida que se entrelazaba con las energías familiares. Era pequeña, increíblemente extraña y, además... desagradable de alguna manera. La sensación le provocó náuseas. “Es desagradable”, murmuró, llevándose una mano al pecho, donde la corrupción abisal palpitaba rítmicamente. “Como si algo... amenazara mi energía”. El guardia frunció el ceño, incapaz de percibir lo que su líder detectaba. “¿Deberíamos preocuparnos?” . Kharzan reflexionó un instante antes de tomar una decisión. “Envía a Nieth”, ordenó, refiriéndose a uno de los mejores espías de Yino que acompañaba a su séquito. “Que observe desde la distancia e informe de lo que vea”. El guardia asintió y desapareció en silencio para cumplir la orden. Kharzan permaneció inmóvil, contemplando las implicaciones de esta nueva variable en una ecuación ya de por sí compleja. ¿Qué tramaban ahora los antiguos guardianes? ♢♢♢♢ El pequeño hongo no pudo contener su excitación. El segundo anillo estaba allí, a escasos centímetros, brillando con una energía que solo él podía apreciar plenamente. Su pequeña boca se abría y cerraba involuntariamente, un hilo de baba luminiscente goteaba de su labio inferior mientras sus ojos permanecían fijos en su objetivo. ¡Mío! ¡Mío! ¡Mío! Con una tenacidad que habría sido cómica en cualquier otra circunstancia, el hongo tensó sus diminutas extremidades y saltó de las manos de Luna, trazando un arco perfecto hacia la mano de Sirius. Todo su ser se concentraba en ese único propósito, cada receptor alineado con la meta de alcanzar el anillo. El tiempo pareció ralentizarse mientras se elevaba por el aire… Sin embargo, todo sucedió en fracciones de segundo. Un hilo casi invisible cortó el aire, enredándose alrededor del pequeño cuerpo del hongo en pleno vuelo. Con un tirón casi experto, la trayectoria se interrumpió bruscamente, enviando al hongo hacia atrás como un yoyó al final de su cuerda. Simultáneamente, una figura se materializó parcialmente en el pasillo, con la mano extendida para atrapar al pequeño fugitivo. “¡Te tengo!”“ ¡Cálmate, pequeño demonio!” exclamó Ren, atrapando al hongo en el aire y apretándolo firmemente entre sus dedos. El hongo se retorció, intentando liberarse, pero la presión era demasiada para su pequeño cuerpo. Con un último gesto de rebeldía, miró hacia el anillo con anhelo antes de verse obligado a fusionarse de nuevo con su domador. Dentro de su cuerpo, la pequeña bestia intentó escapar otra vez, pero Ren ya no estaba distraído como la primera vez. Lo obligó a permanecer dentro con la ayuda de la hidra y su pura fuerza de voluntad. “Cálmate, pequeño demonio travieso, vas a empezar una guerra. Ren sintió cómo la oleada de conocimiento y percepción regresaba a su mente como una inundación, junto con las mejoras que el hongo había adquirido. Su comprensión de las energías circundantes se agudizó instantáneamente, permitiéndole percibir detalles que habían permanecido ocultos durante su breve separación. El pequeño hongo también conectó con la nueva información que Ren tenía de Han y pareció calmarse un poco, aunque seguía reacio. Ren también se sorprendió por las mejoras, pero... no tenía tiempo para procesar esta nueva información. Sirius, recuperándose del trance en el que lo había sumido la presencia del hongo, reaccionó instintivamente. Un destello de luz emanó de su cuerpo, una onda expansiva que reveló cualquier presencia oculta. La invisibilidad que cubría a Ren y Han se disipó como niebla bajo el sol, dejándolos completamente expuestos. El anfibio sobre el hombro de Ren se replegó asustado hacia su domador. Luna, finalmente comprendiendo lo sucedido, se sonrojó intensamente al darse cuenta de la situación. Su mirada se cruzó brevemente con la de Ren antes de desviarla, mortificada por su papel en todo aquel desastre. Sirius entrecerró los ojos, su mirada pasando de Luna a Ren, ahora visible, con una expresión que oscilaba entre la sorpresa y una clara aversión. Su rostro se endureció al notar el rubor en las mejillas de su hija. Una tensión casi palpable emanó de él mientras su poder aumentaba sutilmente. “Tú”, pronunció, con voz gélida. “Debí haber imaginado que estarías involucrada en todo esto”. Su atención se desvió brevemente hacia Han, a quien no reconoció de inmediato, antes de volver a Ren. La comprensión iluminó su rostro al atar cabos. “La criatura es tuya”, afirmó, no como una pregunta, sino como una confirmación. “Y nosotros solo…” Selphira, que había permanecido observando la situación con su habitual calma, asintió levemente. “Lo sospechaba”, murmuró, evaluando a Ren con mayor interés. Pero entonces… por el rabillo del ojo, Selphira detectó movimiento entre las sombras al final del pasillo. Una presencia los observaba, inmóvil pero atenta. El espía de Yino ya estaba en posición. Con un movimiento deliberadamente lento, Selphira posó la mano en el hombro de Sirius. “Recuerda dónde estamos, tenemos visitas”, murmuró, con la voz apenas audible. “Son solo niños pequeños y traviesos. Déjame encargarme de ellos”. Sus ojos se dirigieron sutilmente hacia las sombras donde se ocultaba el observador. El mensaje era claro: los estaban vigilando y la precaución era esencial. Sirius lo captó al instante. Su expresión se suavizó ligeramente, aunque la tensión en su mandíbula delataba el esfuerzo que le costaba contenerse. La sombra a sus pies se alargó un instante, y su Serpiente Negra desapareció de ella como si se partiera en dos. “Entonces, también me ocuparé de los chicos Cresta Dorada” declaró con voz perfectamente controlada. “Llévenlos a sus habitaciones. Selphira asintió, volviéndose hacia los tres jóvenes con una expresión severa, pero no hostil. “Luna, Ren y... Han, ¿correcto?” preguntó, señalando el pasillo opuesto con un gesto elegante. “Por favor, acompáñenme. Tenemos asuntos que tratar en privado. Su tono no dejaba lugar a dudas, aunque la leve inclinación de su cabeza sugería que no estaba tan enfadada como su actitud oficial pretendía. Mientras seguían a Selphira por el pasillo, alejándose de Sirius, Luna seguía sonrojada, evitando mirar directamente a Ren. Han mantenía una expresión neutral, aunque la tensión en sus hombros delataba su preocupación por las posibles consecuencias de haber sido descubierto. Ren, por su parte, estaba demasiado ocupado procesando la avalancha de información que su hongo le transmitía: no solo las nuevas mejoras en sus capacidades, sino algo mucho más significativo relacionado con el anillo que acababa de intentar robar y su conexión con los antiguos poderes que parecían despertar gradualmente en su interior. Desde las sombras del pasillo, Nieth, el espía de Yino, observaba la escena con atención, memorizando cada detalle para su informe posterior. Había algo en el chico hongo que le resultaba... inquietante. Pero no se había percatado de la sombra tras él.