DOBE - Capítulo 535
. La repentina ausencia de agonía fue tan drástica que casi le provocó una conmoción de otra índole. Por primera vez en lo que parecieron horas, podía pensar con claridad. Pero el silencio en su mente, donde la voz del hongo siempre había sido una presencia constante, era ensordecedor. Por primera vez en años, estaba verdaderamente solo en su propia consciencia.Julius notó el cambio de inmediato. “¿Estás bien?” gritó mientras lanzaba otro ataque devastador contra la quimera gigante. “Sí” respondió Ren, aunque su voz sonaba hueca. La criatura gigante se enfureció al darse cuenta de que su pulso sónico ya no surtía efecto. Sus múltiples cabezas rugieron de frustración y comenzó a prepararse para un ataque más directo. Pero justo cuando se lanzó hacia ellos, llegaron refuerzos. El ave había logrado llegar a la superficie a través del túnel que Julius había dejado sin ser eliminada por ninguna bestia. Las guardias de Ren emergieron de los túneles superiores, trayendo consigo a Selphira y a una docena de soldados especializados en combate subterráneo. Selphira evaluó la situación en segundos y ayudó a Julius a mantener a raya a las bestias. ♢♢♢♢ “¡Retirada!”, ordenó Selphira al darse cuenta, tras un rato, de que se encontraban en una situación muy similar a la que habían vivido aquel día en la cámara de Yino. Mientras siguieran llegando quimeras pequeñas, sería imposible alcanzar a la grande, y por la cantidad que percibían en las cercanías, estos monstruos no habían perdido el tiempo en los últimos años. Selphira lideró la retirada, comenzando a crear enormes estructuras de hielo que bloqueaban el avance de las quimeras. “¡No podemos seguir luchando en su terreno!”. La huida fue lenta pero coordinada. Los soldados de la Tierra también trabajaron para sellar los túneles tras ellos y alrededor de las estructuras de hielo, dificultando así el paso. Pero los monstruos los seguían, una marea de formas cambiantes que se adaptaban constantemente para superar cada obstáculo que se interponía en su camino. Finalmente, a 300 metros de profundidad, se unieron decenas de soldados más, y lograron crear una barrera combinada de roca reforzada, mineral vivo y hielo, lo suficientemente fuerte como para detener temporalmente el avance. Utilizaron túneles de nuevas excavaciones para trasladar y reforzar la estructura en una considerable extensión, creando una línea defensiva lo suficientemente resistente como para organizar una respuesta más completa. ♢♢♢♢ Los días siguientes fueron un caos de coordinación militar en toda la ciudad. Se organizó un esfuerzo conjunto con miles de guardias, soldados especializados en manipulación de la tierra e incluso voluntarios civiles con bestias de Rango Plata o superior. La barrera subterránea se reforzó hasta convertirse en una verdadera fortaleza, con múltiples capas defensivas y sistemas de alerta temprana, como una muralla pero en forma de placa y bajo la ciudad. La muralla común entre las dos ciudades terminó aportando dos tercios de su personal militar para la operación, pero las decenas de miles de bestias mutantes fueron contenidas con éxito. Durante todo este tiempo, Ren se movía como en un sueño. La ausencia de su hongo le hacía sentir como si hubiera perdido un sentido crucial. Las voces y sensaciones que lo habían acompañado durante poco más de tres años habían desaparecido, reemplazadas por un silencio casi físicamente doloroso. No sabía si el enquistamiento era permanente o temporal. No sabía si volvería a oír la voz que había sido su compañera más constante durante los años más formativos de su vida. Solo sabía que el sacrificio había sido necesario únicamente por sus errores. ♢♢♢♢ La pérdida no solo fue devastadora para la depresión de Ren... También lo fue para su poder. Ya no podía sentir el flujo de maná con la misma intensidad de antes. Los patrones que una vez fueron tan claros como palabras escritas ahora eran apenas susurros a lo lejos. Todo el conocimiento que había estado al alcance de sus pensamientos, la comprensión instantánea de las bestias y las técnicas de cultivo, las percepciones que lo habían convertido en un prodigio... todo había desaparecido. Solo le quedaba lo que había aprendido conscientemente, lo que había memorizado y practicado hasta convertirlo en conocimiento personal. El poder de los anillos también había sido bloqueado por completo. Sin su hongo para facilitar las conexiones, las reliquias eran meros objetos ornamentales cuya profundidad era invisible para todos. Las bonificaciones de su bestia principal, junto con los anillos, que le habían proporcionado un aumento del 380% en casi todas sus características y un 50% adicional de control elemental gracias a la semilla, se habían esfumado. Tampoco podía fusionarse con la facilidad que había desarrollado en los últimos años. Ahora se veía limitado a las técnicas básicas que había enseñado a otros, métodos que requerían concentración consciente y un gasto energético mucho mayor. La fusión parcial, que le había permitido manifestar poderes específicos sin el coste de una transformación completa, era ahora completamente imposible. En teoría, tenía la mitad de su poder anterior. En la práctica, era aún más débil, pues también había perdido la sinergia entre sus habilidades, las sutiles conexiones que hacían que sus técnicas fueran más efectivas que la simple suma de sus partes. Solo podía contar con su hidra y su lobezno. Nada más. Paradójicamente, la intensidad emocional que había experimentado durante meses también había desaparecido. Las emociones negativas que lo habían estado consumiendo, la ira que surgió durante la confrontación con Leopold, o la arrogancia que lo llevó a correr riesgos innecesarios... todo se desvaneció junto con el poder. Ahora tenía menos claridad en sus sentidos, pero más en sus pensamientos. Sus sentimientos y sensaciones eran menos intensos y confusos, como si le hubieran quitado un filtro que distorsionaba su percepción emocional. A pesar de esta nueva claridad mental, Ren sentía un nudo constante en la garganta y un impulso abrumador de gritar, de llorar, de hacer cualquier cosa que pudiera aliviar el vacío que sentía en su mente. Se sentía completamente solo. No era porque no tuviera amigos o porque no lo apoyaran. De hecho, se encontraba en su habitación rodeado de gente que se preocupaba por él: Min, Taro, Liu, Lin, Zhao, Yang, Wei, sus compañeros de clase, las chicas e incluso algunos guardias habían venido a ver cómo estaba. Pero la ausencia de su pequeño amigo que le susurraba compañía constante era demasiado abrupta y cruel. Fue como haber perdido una extremidad que nunca había valorado del todo hasta que desapareció. La comprensión lo golpeó con una fuerza casi física: no supo lo que tenía hasta que lo perdió. Su relación con su bestia había sido menos cálida de lo que debería haber sido. Le debía demasiado al pequeño hongo y siempre lo había tratado con cierta apatía. Se dio cuenta demasiado tarde de lo mucho que realmente había significado esa presencia constante. Se odiaba a sí mismo por ello. “Oye”, intentó Min romper el pesado silencio que se había instalado en la habitación, “el "centímetro pequeño" probablemente solo esté durmiendo. Ya sabes, como... como cuando las ranas hibernan en invierno”. El efecto fue el contrario al deseado. Ren se tensó visiblemente, recordando cómo su hongo siempre se quejaba cuando lo llamaban así. La criatura tenía un complejo terrible con respecto a su tamaño, y cada rango solo lo hacía crecer un centímetro: 7 cm en Plata 1, 8 cm en Plata 2. Las medidas que había alcanzado eran una fuente constante de ira cuando se burlaban de él y les parecía gracioso. “No lo llames así” murmuró Ren, con una tristeza en la voz que incomodó a todos en la habitación. Min se rascó la cabeza, claramente arrepentido. “Lo siento, yo... no pensé... “Min es un idiota” declaró Liu secamente, recibiendo un asentimiento de Taro. Liu se dirigió a Ren con más cuidado. “Seguramente completar el cultivo te ayudará a comprender lo que sucedió. Ya conoces los requisitos para alcanzar el nivel Oro, ¿no? Ren suspiró profundamente, reflexionando sobre las palabras. “Puede que tengas razón” murmuró, aunque su voz sugería que no quería infundirle mucha esperanza. Taro, al notar que Ren parecía menos enojado que momentos antes, decidió cambiar de tema con cuidado hacia algo que los preocupaba a todos. “¿Qué va a pasar con las quimeras de las que hablaste?” preguntó con visible temor. “¿Crees que la barrera será suficiente para contenerlas?