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16. La única

El Precio Del Amor 18+ — booknet.com · All chapters

16. La única

Danilo se quedó mirando la pantalla de su teléfono, con el nombre de Rebeca brillando frente a sus ojos. Estaba parado, inmóvil. Aún ver el nombre de su exesposa cada vez que lo llamaba le provocaba nervios y una rabia que le hacía recordar todo lo que él sufrió para arrancarla de su corazón ante semejante traición. Ahora ya no sentía ningún tipo de afecto hacia ella. Pero sí un profundo resentimiento.

Finalmente, con un suspiro resignado, decidió ignorar la llamada y colgó.

—¿Todo bien? —preguntó Juliette, con una voz suave que rompía la tensión que se había formado en Danilo. Estaba sentada en la cama, envuelta en la sábana, sus hermosos ojos fijos en él, llenos de curiosidad y una pizca de preocupación al ver el rostro tenso de Danilo.

Él giró hacia ella, dejando que la imagen de Rebeca se desvaneciera de su mente. —Está todo bien —contestó, intentando transmitir una tranquilidad que no sentía, mientras caminaba unos pasos y colocaba su teléfono sobre la mesita de noche.

Juliette sonrió, aunque sabía que no era cierto; se le notaba el cambio en el semblante de Danilo. —¿Seguro? —volvió a preguntar.

Él asintió. —Sí. No hay nada de qué preocuparse.

—Vamos a darnos una ducha, ven —le dijo Danilo con un movimiento de su cabeza, invitándola a acercarse. Juliette, aún envuelta en la sábana, apretó la tela contra su cuerpo mientras se levantaba, aún nerviosa por lo que había ocurrido hace apenas algunos minutos. Su cuerpo aún vibraba recordando las grandes manos de Danilo tomarla de la forma en la que quiso, explorándola, haciéndola sentir mujer.

Danilo enarcó una ceja, mirándola con diversión con una pequeña sonrisa en sus labios. —¿Para qué te cubres? Sí, ya conozco cada parte de ti —declaró con una sonrisa traviesa.

Juliette sintió que su rostro ardía de vergüenza. No podía evitar recordar sus besos, sus ojos recorriendo cada parte de ella, sus dedos acariciando y tocando su sexo como le dio la gana y su boca succionando su sensible carne. Toda ella le pertenecía ahora.

—Solo… —Tartamudeó, buscando las palabras mientras su corazón latía con fuerza.

—¿Solo qué? —preguntó él, acercándose un paso más. Su tono era juguetón.

Finalmente, Juliette soltó la sábana. La tela cayó al suelo, y ella se enfrentó a la mirada penetrante y devoradora de Danilo, sintiendo el aire acariciar su piel expuesta. Su mirada era un reto, una invitación tácita.

—Tú primero —dijo Danilo invitándola a caminar delante de él para así él ver, admirar y disfrutar de su pequeño cuerpo.

Danilo sonrió un poco más, y su miembro nuevamente se endureció al ver la diminuta cintura de Juliette que acababa en unas exquisitas montañas de carne que formaban sus nalgas y se unía a unos gruesos y suaves muslos.

Danilo caminó detrás de ella entrando al baño, cerró la puerta detrás de él y, pegándose al pequeño cuerpo de Juliette, inclinó su cabeza para susurrarle justo en el oído. —Voy a darte un buen motivo para que nunca más sientas la necesidad de cubrirte —declaró mientras le acariciaba su vientre y ella sentía que sus piernas iban a flaquear en cualquier momento y caería al suelo.

Danilo abrió la ducha, se puso debajo e invitó a Juliette a entrar con él.

La lluvia caliente del agua caía sobre ellos. Danilo, con su estatura imponente, rodeó a Juliette con sus brazos, guiándola hacia él. La sensación del agua deslizándose por sus cuerpos desnudos intensificaba el momento.

—Tiemblas —le dijo mientras le tocaba sus labios.

—¿Tienes frío? —le volvió a preguntar y ella solo agitó la cabeza lentamente.

—No, no es frío —Danilo sonrió al saber todo lo que provocaba en su hermosa secretaria.

La tomó del rostro con ambas manos y comenzó a besarla con deseo y pasión, sus labios atrapando los de Juliette de una forma que hacía temblar el suelo bajo los pies de Juliette. Ella se sentía pequeña y frágil ante su presencia, atrapada entre la fuerza de su cuerpo y la intensidad de sus besos. Pero, en ese momento, estaba más dispuesta que nunca a entregarse a las emociones que sentía.

Juliette sintió que cada beso encendía el fuego dentro de ella, un deseo que había crecido dentro durante tanto tiempo.

—Danilo… —Susurró entre besos, sus manos exploraban la musculatura de su torso, sintiendo su piel mojada.

—Shhh… —respondió él, llevándola contra la pared. —Solo déjate llevar —susurró. A Danilo comenzaba a gustarle la forma en la que sonaba su nombre en los labios de ella.

Ella cerró los ojos, entregándose a lo que él le hacía sentir. Se aferró a él, dejándose guiar por el ritmo de sus besos, el sonido del agua y la conexión entre sus cuerpos. Los nervios se desvanecieron y, en su lugar, había solo un deseo ardiente entre los dos.

La espalda de Juliette se golpeó contra la fría baldosa, sintiendo el contraste del frío azulejo con el calor de la piel de Danilo. Él, firme, apoyó sus manos abiertas en la pared a cada lado de la cabeza de Juliette, creando un espacio solo para ellos dos.

Los besos de Danilo eran fervientes, llenos de pasión y deseo, como si quisiera devorar cada fragmento de su ser. A ella se le escapaban gemidos involuntarios que provocaban gruñidos en Danilo.

Juliette respiraba entrecortado, por la forma en que él la mantenía atrapada entre la pared y su gran cuerpo, y cada uno de sus besos hacía que su corazón latiera con más fuerza.

Juliette levantó las manos y, entrelazando sus dedos en el cabello de Danilo, lo acercó incluso más, deseando que la distancia entre ellos se volviera inexistente.

—Fóllame —murmuró ella con un suspiro entre besos, sintiendo cómo la pasión crecía cada segundo.

—Pídemelo otra vez —susurró él mientras le besaba cada parte de su cuello.

—Fóllame otra vez, lo necesito —replicó.

Danilo la tomó de las nalgas y la levantó. Ella, sin pensarlo, le rodeó su cintura con las piernas, sintiendo la seguridad de su agarre mientras él la sostenía con firmeza.

El agua caía sobre ellos, creando una escena realmente erótica donde cada gota parecía aumentar el deseo entre ellos. El sonido del agua chocando contra el suelo se mezclaba con el eco de sus respiraciones entrecortadas, mientras los besos de Danilo se volvían cada vez más profundos y apasionados.

Juliette se entregaba completamente a ese momento, sintiendo cómo su cuerpo respondía al calor de Danilo.

De pronto un grito ahogado salió de sus labios cuando Danilo la penetró sin preámbulos. Este era el verdadero Danilo, bruto, brusco, sin delicadeza, y Juliette debía acostumbrarse a él.

—Estás completamente lista para mí —jadeó mordiéndole la oreja, antes de comenzar el vaivén de su cadera contra el sexo de Juliette, quien sentía dolor, pero también una profunda excitación que no podía negar.

Con cada beso, con cada embestida bestial de Danilo, la llevaban al éxtasis las manos de Danilo que exploraban su piel, mientras sus piernas se aferraban a él.

Juliette cada vez gemía más alto al sentir cómo Danilo la abría, cómo extendía sus paredes con el grosor de su miembro duro y caliente.

Danilo sonrió contra sus labios, como si entendiera la magnitud de lo que estaban experimentando. Hasta que ninguno de los dos pudo contenerse y se corrieron al mismo tiempo como si estuvieran conectados. Juliette descansaba su frente en el hombro derecho de Danilo, mientras él intentaba controlar su respiración y, poco a poco, al sentir que el cuerpo de Juliette dejaba de temblar, la bajó al suelo. La miró directamente a los ojos sin decirle absolutamente nada; ella aún respiraba descontrolada. Danilo terminó de ducharse; ambos en completo silencio.

—Termina de bañarte —le dijo a Juliette antes de salir del baño y dejarla sola.

Ella lo observó salir del baño y cerrar la puerta tras él; el agua caía sobre ella y, aunque acababa de vivir uno de los momentos más intensos de su vida, le quedó un sabor amargo en la boca.

Aunque Juliette intentaba imaginarse un escenario ficticio, nada era real y ella lo sabía. Sabía lo que ella estaba haciendo, lo que significaba para Danilo, un simple contrato en donde ella se vendía por dinero.

Juliette frotó su rostro mientras se terminaba de duchar, usó el exquisito jabón de vainilla y el costoso champú cuyo aroma la embriagó por completo.

Cerró la ducha, tomó una toalla limpia, comenzó a secarse, escurriendo el agua de su largo cabello y cubriéndose su cuerpo con la toalla; salió del baño. Esperó encontrar a Danilo allí, pero la habitación estaba vacía. Buscó ropa en la maleta dispuesta para ella y, luego de peinar su largo pelo mojado, bajó las escaleras; en cada peldaño que bajaba, escuchaba que Danilo hablaba con alguien totalmente molesto.

Hasta que llegó al final de la escalera y se quedó allí de pie mirando a Danilo, quien permanecía de espalda hablando con alguien y no amistosamente.

—Voy a comprobarlo yo mismo, no me andaré con rumores —dijo y colgó la llamada para luego apretar el teléfono en la mano.

Sintiendo la presencia de Juliette, giró a mirarla, encontrándola al pie de la escalera recién bañada, descalza, con el pelo mojado y un vestido negro que realzaba su figura.

Danilo se acercó a ella en unos cuantos largos pasos, quedando frente a frente.

—¿Está todo bien? —le preguntó Juliette y él, sin decir nada, le devoró la boca con intensidad.

—Eres la única capaz de hacerme olvidar todo —susurró, pero Juliette no entendía a qué se refería con eso y tampoco quiso pensar mucho; solo se entregó al apasionado beso.