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7. Cliente o vendedor

El Precio Del Amor 18+ — booknet.com · All chapters

7. Cliente o vendedor

Juliette estaba sentada detrás de su escritorio; la luz de la pantalla iluminaba su rostro mientras sus dedos danzaban sobre el teclado. Había creado un perfil en una app de citas, una decisión que había evocado tanto nerviosismo como emoción. Su foto, en la que sonreía despreocupada, enmarcaba perfectamente la imagen que deseaba proyectar.

Mientras completaba los campos de su perfil, pensaba en las posibilidades que se abrían ante ella. ¿Qué estoy haciendo, oh Dios? Por favor, no me castigues por esto que haré. Tú sabes que es por una buena causa.

Decía ella hablando con Dios en susurros.

De repente volvió su vista a la pantalla y una pregunta brilló frente a sus ojos, casi como un destello que requería su atención.

— ¿Qué buscas y qué ofreces?

Juliette se detuvo por un momento, mientras su mente buscó la respuesta adecuada, tragó el nudo que se formó en su garganta, dio un largo suspiro, consciente de que estaba en una encrucijada emocional. Con el corazón acelerado , comenzó a escribir.

—Vendo mi virginidad.

No era solo una declaración, sino una proposición de lo que estaba dispuesta a dar. Después de enviarlo, se recostó en su silla, sintiendo demasiada ansiedad. Sabía que había dado un paso audaz hacia lo desconocido, y el sentimiento de inquietud comenzó a invadirla. ¿Quién estará del otro lado, y si no me gusta lo que encuentro? Oh, madre mía —dijo apretándose la cabeza con ambas manos mientras sus codos descansaban sobre su escritorio.

Juliette sintió que la tensión en su pecho aumentaba mientras luchaba con sus pensamientos. La necesidad de dinero la presionaba, y cada vez que pensaba en la salud de su madre y en la vida que deseaba para ella y su hermana menor, su resolución se fortalecía. La casa en la que vivían, con su padre alcohólico y maltratador, se había vuelto una prisión, y ella ansiaba liberar a su familia de esa sombra oscura.

En su mente, un eco resonaba: “Lo haré por ellas”. Las imágenes de su madre en un lugar mejor y su hermana jugando en un entorno seguro la llenaron de determinación.

—Nadie lo sabrá más que yo —susurró, como si al verbalizarlo pudiera sellar su compromiso.

Con cada palabra, su corazón latía con mayor fuerza, pero esta vez, la ansiedad se entrelazaba con un nuevo propósito. Por ellas, estaba dispuesta a atravesar el abismo, a arriesgar su propia paz con tal de lograr un futuro más luminoso. Cerró los ojos, respiró profundamente y, al abrirlos, una chispa de valor centelleaba en su mirada. Sabiendo que todo se reducía a un acto de amor.

El sonido del teléfono resonó de pronto como una alarma, haciendo que Juliette saltara de su silla con el corazón en la garganta. Temía que alguien hubiera descubierto su secreto, pero al reconocer la voz de su jefe a través del intercomunicador, sintió una mezcla de alivio y nerviosismo.

—Señor —respondió rápidamente, tratando de mantener la calma.

Danilo, con su tono habitual de urgencia, le pidió que le entregara los informes de contabilidad que había llevado esa mañana. Su mente voló entre la imagen de su madre y la decisión que había tomado, mientras Danilo continuaba hablando.

—Necesito que verifiques que el contador ya lo haya corregido y tráemelo —ordenó.

—Sí, señor, ahora mismo —dijo Juliette, apretando los labios y levantándose de un salto. El orden y la rutina del trabajo eran un respiro momentáneo de la tormenta emocional que enfrentaba.

Mientras bajaba las escaleras hacia el departamento de contabilidad, cada paso parecía amplificar la presión en su pecho y su mente se debatía entre dos mundos: el de las responsabilidades laborales y el de su vida personal que la impulsaba a actuar.

El nerviosismo de Danilo aumentaba con cada segundo que pasaba sin noticias de Juliette. Decidido a averiguar qué estaba sucediendo, salió de su oficina y se dirigió al escritorio de su secretaria, solo para encontrarlo vacío. Con una mano desesperada se pasó el cabello hacia atrás, mientras que la otra se aferraba a su cintura, tratando de calmar la inquietud que lo invadía.

Fue entonces cuando notó un detalle: el pañuelo de Juliette, un tejido delicado, colgaba del respaldo de su silla. Sin pensar dos veces, se acercó y lo tomó en sus manos. Aspiró profundamente su dulce aroma y, por un momento, solo pensó en ella, en su dulce secretaria, esa mujer que hacía tiempo era su tormento y su tortura.

Deseaba a Juliette con la misma intensidad en la que deseaba tenerla lejos para cuidarla de él mismo. No quería destruir a un bello ángel.

Pero su atención de pronto quedó atrapada por algo inusual en la pantalla del ordenador de Juliette, que permanecía abierta. Sus ojos se fijaron en la aplicación de citas que ella había dejado abierta en la pantalla. No pudo evitar una ligera sorpresa que se transformó en curiosidad.

—¿Qué es esto? —susurró con una curiosidad extrema.

El corazón de Danilo latía un poco más rápido mientras se inclinaba para mirar de qué se trataba.

Tragó saliva, se relamió los labios y luego exhaló pesado al leer lo que decía allí.

Por un momento, se sintió dividido entre su papel como jefe y sus sentimientos personales.

Decidió curiosear y vio el nombre de usuario de Juliette en la app. KyttKat y la foto de Juliette al lado.

¿Qué buscas? ¿Qué ofreces?

Vendo mi virginidad.

—¿Qué carajos? —exclamó.

Esa frase se iluminó frente a los ojos de Danilo, quien sentía una fuerte atracción hacia ella cada día más.

Su pulso se aceleró. Algo dentro de él comenzó a arder. Se alejó del ordenador. Dejó todo como estaba y volvió a su oficina. Con la mente en Juliette y en lo que había visto

El nombre de usuario “Kytty kat” resonaba en la mente de Danilo mientras se alejaba del escritorio de Juliette. La imagen de su secretaria sonriendo, combinada con la sorprendente frase “Vendo mi virginidad”, encendió en él una mezcla de confusión y deseo.

—¿Por qué Juliette vendía su virginidad?

Danilo regresó a su oficina, su mente en un torbellino. Las palabras de Juliette resonaban como un eco, haciendo que su corazón latiera más rápido. ¿Qué buscaba realmente en esa app? La vulnerabilidad de ofrecer algo tan personal le parecía tanto intrigante como alarmante.

Intentando concentrarse en su trabajo, Danilo se acomodó en su silla, pero era incapaz de deshacerse de la imagen de Juliette.

Finalmente, Juliette entró a la oficina de Danilo con el informe en la mano, el sonido de sus tacones resonando suavemente en el suelo del lujoso mármol. La luz del sol se filtraba a través de la ventana, iluminando su figura y haciendo que su presencia pareciera aún más impactante.

—Lamento la tardanza, señor, pero el contador no estaba. Tuve que esperarlo —aclaró, buscando justificar su retraso. Su voz era firme, pero un leve nerviosismo se asomaba en su tono.

Danilo tomó el documento que ella le ofrecía; su mano rozó suavemente la de ella en el intercambio. Tragó grueso, sintiendo cómo la tensión del momento lo envolvía. No podía concentrarse en nada. Sus pensamientos divagaban entre el contenido del informe y lo que había visto hace un momento.

Miró el papel, pero las palabras comenzaron a desdibujarse. Alzó la vista lentamente y sus ojos se encontraron con los de Juliette. En ese instante, se hizo un silencio.

—¿Todo bien? —preguntó él, sintiéndose un poco fuera de lugar por el interés que había en su voz. Juliette se sorprendió ante su pregunta, su mente girando en torno a las posibles interpretaciones, y solo pudo asentir, mordiéndose el labio inferior involuntariamente.

Ese gesto no pasó desapercibido para Danilo. Su corazón se aceleró y, a pesar de su esfuerzo por mantener la compostura, un torrente de deseo lo invadió. Y una descarga en su hombría le provocó un ligero escalofrío.

Juliette, notando la intensidad de la mirada de Danilo, se sintió atrapada en ese momento, pero no sabía cómo proceder. Solo permaneció de pie. Juliette lo amaba en silencio. Lo deseaba con fervor. La imaginaba siendo suya allí mismo sobre su escritorio. Desvió la mirada hacia las grandes manos de Danilo e imaginó cómo sería si él la acariciaba con ellas. Ella tragó saliva, se relamió los labios y su respiración estaba descontrolada.

El aire se volvió denso y la distancia entre ellos pareció acortarse. Danilo, esforzándose por desviar su atención, rompió el trance:

—¿Pudiste incluir los datos de ventas del último trimestre en el informe? —preguntó, aunque en el fondo de su mente sabía que su verdadera inquietud no era el informe.

Juliette asintió con el corazón latiendo con fuerza.

—Es todo, puedes retirarte —dijo Danilo con un tono que, aunque profesional, contenía un gran deseo por ella. Que no sabía hasta cuándo podría ocultarlo.

Juliette asintió, sintiendo un ligero escalofrío al dejar la oficina. Al cerrar la puerta, la tensión del momento se disipó, pero quedó un eco en el aire que no pudo ignorar. Al caminar de vuelta hacia su escritorio, sus pensamientos estaban ocupados por la forma en que Danilo la miró.

Mientras tanto, Danilo se quedó solo en su oficina, sintiendo que el informe de contabilidad palidecía en comparación con lo que sentía. Se tomó un momento para recuperar la compostura, pero la imagen de Juliette siguió acechando su mente. Sin pensarlo dos veces, dejó a un lado el informe y buscó frenéticamente en el historial del navegador. Ahí estaba: la app de citas que había encontrado en el ordenador de Juliette.

Con determinación, navegó en el sitio; sus dedos se movían con rapidez sobre el teclado. Se creó un usuario, escaneando las opciones que le ofrecían. Era sencillo, pero la emoción de hacerlo lo mantenía alerta. La categoría solicitada apareció ante él: cliente o vendedor.

Danilo sabía lo que quería, y lo deseaba con intensidad. Sin dudarlo, marcó la opción de “Cliente”. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Una sonrisa malvada, morbosa y peligrosa.