8. Categoría Oro
Juliette estaba sentada en su pequeña cama, una simple estructura de madera desgastada, decorada con una colcha de tonos suaves que había visto tiempos mejores.
Con el corazón latiendo rápidamente, Juliette abrió la app en su teléfono. Se mordía la uña, un hábito nervioso que había desarrollado en momentos de incertidumbre, mientras su mano temblorosa mantenía firme el teléfono.
Los mensajes comenzaron a llegar, cada uno más llamativo que el anterior, lleno de propuestas sexuales y directas. Su dedo se movía nerviosamente sobre la pantalla, deslizándose entre ofertas que jamás había imaginado recibir. Algunos eran directos, otros más sutiles, pero todos tenían un objetivo claro: poseer algo que ella valoraba profundamente.
“¿Realmente quiero hacer esto?”, se preguntó en un susurro casi inaudible. La duda la envolvía.
Mientras continuaba revisando los mensajes, un escalofrío recorrió su espalda. Los nervios y el miedo se entrelazaban en un torbellino. Cada propuesta era un espejo de su propia inseguridad, un recordatorio de lo que estaba dispuesta a sacrificar.
Con un suspiro profundo, miró el número de mensajes. Pero también supo que debía ser cuidadosa; después de todo, ella no sabía quién estaba detrás de esa pantalla. Cerró los ojos un momento, deseando despertar de esa pesadilla. Luego se puso a seguir leyendo la cantidad de mensajes que habían llegado.
Juliette leía cada oferta con una mezcla de asco y desesperación. Muchas la hacían sentir náuseas, acrecentando el nudo en su estómago, y el brillo en sus ojos se desvanecía con cada mensaje que leía. Se dejó caer hacia atrás en la cama, sintiendo el crujir de las tablas de madera bajo su peso.
Con un largo suspiro, levantó la vista para observar a su madre, postrada en la cama, con los ojos cerrados y el rostro demacrado. La imagen de su madre enferma era un constante recordatorio de la fragilidad de su situación. A su lado, su hermana pequeña, ajena a los problemas que la envolvían, estaba sentada frente a la televisión, riendo a carcajadas con un dibujo animado que parecía traerle pura felicidad.
—Debo hacerlo por ellas. Ellas merecen un futuro mejor. Ellas merecen más que esto —susurró Juliette en voz baja, sintiendo cómo las palabras se deslizaban por sus labios como si fueran un mantra. Su corazón se llenó de una mezcla de determinación y tristeza.
La realidad de su vida se hacía palpable. La constante lucha contra el alcoholismo y maltrato de su padre había dejado cicatrices profundas en su hogar. Las discusiones, el ambiente tenso, los golpes, todo eso la había hecho más fuerte, pero también más ansiosa. Ella sabía que el sacrificio que estaba considerando podría abrirles un camino hacia algo mejor, un refugio donde su madre pudiera sanar y su hermana pudiera crecer sin el peso de la miseria que las rodeaba.
Mientras observaba la risa inocente de su hermanita, la ternura la invadió. Por ella sería capaz de todo. Amaba inmensamente a su hermana.
Parpadeó para ahuyentar las lágrimas y volvió a mirar su teléfono, contemplando las ofertas incesantes.
Sabía que no había un camino sencillo, pero su amor por su familia la empujaba a actuar. Se sentó erguida en su cama, lista para tomar una decisión que podría cambiarlo todo. Aceptar esas ofertas significaba tomar el control de su vida y, quizás, abrir una puerta hacia un futuro que solo había soñado.
Cuando estuvo a punto de cerrar la app, un último mensaje apareció en su bandeja de entrada.
Juliette exhaló pesado. —De seguro es una de las asquerosas propuestas que me ofrecen —susurró, recordando las decenas de ofertas que ya había desechado. Eran promesas vacías disfrazadas de oportunidad, atravesadas por un aire de explotación que la nauseaba.
No eran solo propuestas inapropiadas, sino que la mayoría de ellas la dejaban sintiéndose sucia y utilizada. Aquello que le ofrecían era una miseria, un insulto a su integridad. Si debía tomar ese camino, si vendía lo más preciado que tenía, lo haría solo por una suma que le permitiera escapar de su vida actual; un monto que le garantizara tranquilidad para su madre y una infancia sana para su hermana.
Con un movimiento lento, deslizó el dedo sobre la pantalla para abrir el mensaje. Tenía que ver de qué se trataba.
Para Kitty KatDe: LoboAmericanoCategoría: OroBuenas tardes, señorita Kity. Estoy muy interesado en su ofrecimiento. Estoy dispuesto a pagar la suma que usted solicite.También es libre de indicar la hora y el día. Si no le importa, podría poner yo el lugar. Por favor, considere mi propuesta antes de declinarla. Prometo que no se arrepentirá.Estaré ansioso esperando su respuesta .
Juliette se acomodó en su cama doblando las piernas. La pantalla de su teléfono iluminaba su rostro mientras leía el mensaje por tercera vez. La claridad y seriedad de las palabras contrastaban con las conversaciones superficiales que había tenido hasta ahora en esa app de citas. La promesa de una propuesta intrigante y, por un extraño giro del destino, hasta lucrativa, la mantenía en vilo.
Cerró los ojos, dejando que su imaginación la llevara a un lugar donde todo era posible. En su mente, apareció la imagen de un hombre joven, similar a Danilo, su jefe. Con su cabello oscuro ligeramente desordenado y esos ojos que parecían destilar confianza. Ella suspiró, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
—¿Quién será realmente? —se preguntó en voz baja, como si el simple acto de formular la pregunta le acercara a la respuesta.
En su mente, lo imaginó vestido de manera elegante pero casual, quizás una camisa blanca bien ajustada y jeans oscuros que realzaban su figura. Su sonrisa, profundamente encantadora, iluminaba el espacio a su alrededor. Juliette se imaginó riendo con él, mientras él, con una mirada penetrante, le decía que ella era el amor de su vida.
Pero inmediatamente, Juliette se obligó a aterrizar. Abrir los ojos y enfrentar la realidad era un recordatorio de que esa imagen era solo una ilusión. Nadie sabía quién estaba detrás de esa pantalla y no podía idealizar a un hombre desconocido.
Juliette finalmente decidió responder. Con dedos temblorosos, buscó las palabras que equilibraran su curiosidad y su prudencia. Tendría que ser cautelosa. Hizo una pequeña pausa antes de escribir, centrándose en lo que realmente quería lograr con ese intercambio.
Para LoboAmericanoDe Kity katConsideraré su oferta. Pero quiero que decida usted el lugar, la hora y el día. Sería lo justoJuliette envió el mensaje sin dudar y luego salió de la app con prisa, tiró su teléfono a un costado de su cama y se apretó la cabeza.
—Dios mío, en verdad lo voy a hacer —dijo y, mientras su corazón latía con fuerza, decidió que era momento de intentar descansar.
La mañana se presentó gris y nublada, así como su corazón, pero eso no lograba opacar el pequeño eco de esperanza que ansiaba con todo su ser. Irse lejos con su madre y su hermana.
Después de despedirse de su madre, con un pequeño beso en la frente y susurrarle cuánto la amaba, un ritual lleno de ternura y tristeza, se dirigió a la parada del autobús. Su mente seguía dando vueltas al mensaje de la noche anterior, recordando la emoción que había sentido al leerlo.
El trayecto fue una mezcla de pensamientos sobre el futuro y preocupaciones cotidianas
Unos minutos después de su llegada, Danilo entró en la oficina, su presencia siempre imponente, lo que hacía que el corazón de Juliette se acelerara como cada vez que lo veía. Llevaba un elegante traje azul marino que acentuaba su porte, y su cabello oscuro rígido por la mañana aún parecía perfecto. Juliette se sintió un poco más nerviosa de lo habitual. Mientras lograba concentrarse en su tarea, disimuló la forma en que su estómago hizo un pequeño salto al verlo.
—Buenos días, Juliette —saludó él con una sonrisa que rara vez ella veía en su rostro.
—Buenos días, señor Danilo. —saludó nerviosa. A pesar de trabajar tanto tiempo para él, su presencia la alteraba de una manera inexplicable.
—Ya le llevo su café, señor —dijo ella y él asintió, pasando de largo, entrando a su oficina.
Como era costumbre, Juliette le preparó su café con esmero y caminó hacia la oficina de Danilo.
Juliette cruzó el umbral de la oficina con el café humeante en la mano. Al alzar la vista, su corazón se detuvo por un instante al encontrar a Danilo frente al ventanal, la luz de la mañana realzando su silueta imponente. La estructura de sus hombros y la forma en que su chaqueta bien entallada acentuaba su figura la hicieron tragar saliva.
Suspiró hondo, tratando de calmar las mariposas en su estómago.
—Con permiso, señor, aquí tiene su café —dijo, tratando de mantener la voz firme, pero reconoció que sonaba más suave de lo que pretendía.
Danilo giró lentamente su cabeza hacia ella; el misterio en su mirada intensificó la electricidad en el aire. Sin embargo, no pronunció una palabra. Juliette sintió como si el tiempo se detuviera; una tensión palpable crecía entre ellos. Dejó la taza sobre el escritorio de su jefe y luego giró sobre sus tacones de aguja, pero, en un giro inesperado del destino, chocó contra el fornido cuerpo de su jefe. Un instante de sorpresa la invadió y, casi sin poder reaccionar, sintió su mano firme sujetándola de la cintura, evitando que cayera al suelo.
—¡Oh! —exclamó, viendo en sus ojos una mezcla de sorpresa y preocupación.
—Ten cuidado —murmuró Danilo, su voz profunda y calmada. La proximidad era abrumadora, y Juliette sintió que su corazón latía con fuerza.
Ella se quedó inmóvil por un momento, atrapada entre la incredulidad y la confusión. El calor de su cuerpo era reconfortante y aterrador al mismo tiempo. Sin saber cómo reaccionar, finalmente logró liberar su mirada, sintiendo que el rubor ascendía por su cuello.
—Lo siento —tartamudeó, intentando mantener la compostura mientras Danilo la mantenía suavemente en su lugar.
El contacto se sentía eterno, una chispa flotando entre ellos que parecía querer encender algo más allá de un simple accidente. Finalmente, él la soltó, pero sus ojos encontraron los de ella por un segundo más.
—Gracias por el café —dijo él finalmente, su tono ligeramente más suave.
Juliette asintió, sintiendo una mezcla de nervios y anhelo. Sin más palabras, se alejó.
Juliette salió de la oficina de Danilo con prisa; sus piernas temblorosas apenas lograban sostenerla. Caminó rápidamente hasta su escritorio, donde se dejó caer en la silla como un costal de papas, tratando de recuperar el aliento. El corazón le latía desbocado, resonando en sus oídos.
A pesar de su profesionalismo, no podía negar que cada día que pasaba en la oficina, su enamoramiento por Danilo crecía, como una planta que se abría paso a través de las grietas del concreto.
Los momentos que compartían, aunque breves y mayormente de trabajo, se habían vuelto más significativos. Cada mirada, cada sonrisa que le dedicaba, se grababa en su memoria.
Tomó un sorbo de agua y se forzó a enfocarse en el documento frente a ella. Al final, tenía que ser realista: la diferencia de jerarquía, el estatus social, la línea entre lo profesional y lo personal, todo jugaba en su contra. Pero no podía quitarse de la cabeza la forma en que sus ojos se encontraron durante aquel breve instante.
Pero entonces Juliette dejó de pensar en Danilo y recordó una cosa; con prisa tomó su teléfono de su bolso y revisó la app de citas y, efectivamente, LoboAmericano había respondido a su último mensaje.
Para Kity katDe: LoboAmericanoEnviaré mañana un chófer por ti. Dime el lugar y la hora para recogerte. Antes de pasar al siguiente nivel, quiero que conversemos