LNCrawler

SS - Capítulo 1608

Esclavo De Las Sombras — www.skynovels.net · All chapters

SS - Capítulo 1608

Nephis estudió la inmaculada llanura de hueso blanco que tenía frente a ella durante unos instantes, luego se dio la vuelta y miró a los Guardianes del Fuego. Estaban despatarrados por el suelo de mala manera, con expresiones de dolor en sus rostros. Incluso con sus poderosos cuerpos de Ascendidos, no había sido fácil permanecer completamente inmóviles durante tres largos días.

Si había un consuelo, era que las Criaturas de Pesadilla contra las que habían estado luchando cuando los cielos despiadados se revelaron no eran más que ceniza ahora. Los Guardianes del Fuego, mientras tanto, habían sobrevivido todos.

Había una razón por la que había elegido a esta cohorte en particular para seguirla a Tumba de Dioses.

Los Guardianes del Fuego eran una fuerza temible incluso ahora, cuando el número de Despertados, Maestros y Santos había aumentado enormemente. Eso se debía a que cada uno de ellos era un Ascendido, y nadie podía ignorar una unidad de batalla cohesiva que constaba de cerca de cincuenta Maestros experimentados.

Por no mencionar que los Guardianes del Fuego eran los supervivientes de la Costa Olvidada y, como tales, podían ser calificados fácilmente como los guerreros Despertados más talentosos de su generación... de todas las generaciones, tal vez.

Estos guerreros eran su ejército personal y, bajo su liderazgo, su brillante gloria y fama habían crecido de forma explosiva en los últimos cuatro años. La Torre de Marfil, el Rompecadenas, el emblema de los Guardianes del Fuego y su propio nombre, Estrella Cambiante, se habían convertido en símbolos de virtud, valor y excelencia inigualables.

Sus nombres eran conocidos por doquier, todo de acuerdo con su voluntad e intención conscientes.

Los Guardianes del Fuego eran sus heraldos y emisarios, pero cada uno era también una figura heroica por derecho propio... aun así, algunos tenían más renombre que otros. Los siete Maestros que tenía delante habían sido en su día la propia cohorte de Cassie y, por lo tanto, estaban un nivel por encima del resto.

Sin embargo, esa no era la razón por la que Nephis los había elegido para esta misión. La verdadera razón era que uno de los miembros de la cohorte, Erlas, poseía un Aspecto que podía aumentar la resistencia y el aguante de sus aliados. Sabiendo lo que les esperaba en Tumba de Dioses, quería tener sus poderes a mano para cuando se revelara el vacío blanco del cielo sobre el antiguo cadáver.

Como resultó, su consideración no había sido en vano. Si no fuera por su apoyo, los últimos tres días habrían sido mucho más tortuosos, y potencialmente fatales para los miembros de su séquito.

Incluso Nephis había sentido la fatiga. No obstante, no había tiempo que perder. Mirando a los Guardianes del Fuego, dijo con voz uniforme:

—Tenemos cinco minutos para recuperarnos. Cinco más para beber agua y comer. Después, continuaremos hacia el sur.

Un espacio de tiempo tan corto no era suficiente para que descansaran sus fatigados cuerpos, pero era mejor aliviar el cansancio sobre la marcha. Al fin y al cabo, el cielo no era el único peligro en esta desolada extensión de huesos.

—Sí, Lady Nephis.

Los Guardianes del Fuego gruñeron mientras empezaban a moverse. Se invocaron Memorias de Almacenamiento y se consumieron a toda prisa agua y raciones de campaña. Shim, el líder de la cohorte, usó sus poderes curativos para ayudar a los miembros menos resistentes a recuperarse más rápido. Eran veteranos curtidos y no necesitaban que ella les dijera qué hacer.

Nephis también aprovechó el breve descanso para saciar su sed.

Para cuando se agotaron los diez minutos que había dado a sus subordinados, la llanura de huesos ya empezaba a moverse.

—¡Preparad vuestras armas! ¡Adelante!

Mientras ella empezaba a caminar, los Guardianes del Fuego la siguieron.

Aunque los huesos blanqueados por el sol del dios muerto — o lo que quiera que hubiera sido una vez el antiguo esqueleto — parecían una superficie continua de blanco sólido, en realidad estaban plagados de grietas y fisuras. Las más profundas de esas grietas conducían a los grandes huecos dentro de los huesos titánicos y al infierno interior oculto en su horrible extensión.

Apenas diez minutos después de que el velo de nubes se hubiera reparado, esas grietas estallaron de vida. Zarcillos de musgo rojo vibrante y hierba bermellón se extendieron desde ellas, devorando la superficie impecablemente blanca de los antiguos huesos. Enjambres de diminutas Criaturas de Pesadilla nacieron al instante, cazándose unas a otras mientras se movían entre los tallos de hierba.

Eso no era más que el principio.

Dado que todo lo que se movía bajo la mirada implacable del cielo blanco era incinerado al instante, la abominable vida que prosperaba en Tumba de Dioses se había adaptado a sus caprichos. No había forma de predecir cuándo se rasgaría el velo de nubes, ni cuánto tardaría la barrera tormentosa en repararse. Por lo tanto, todo aquí vivía a una velocidad increíble.

El musgo rojo, la hierba bermellón, las diminutas Criaturas de Pesadilla y las abominaciones más grandes que aún estaban por nacer... todos tenían prisa por nacer, crecer, consumir y propagarse antes de convertirse en ceniza. La llanura de huesos estaba desnuda y sin rasgos distintivos hace unos minutos, pero en una hora o dos estaría repleta de una vida horrible.

Si el velo de nubes no se rompía durante los días siguientes, Tumba de Dioses llegaría a parecer como si la infernal jungla subterránea hubiera escapado de los grandes huecos. Para entonces, los cazadores de superficie más desgarradores habrían nacido y alcanzado la madurez, haciendo que la superficie de los huesos fuera casi tan peligrosa como su extensión interior.

Pero incluso ahora, Nephis y los Guardianes del Fuego ya estaban en peligro. La vegetación depredadora y los enjambres de diminutos bichos eran suficientes para envolver y devorar a una legión de Maestros.

Esto… era la Zona de la Muerte.

Viendo cómo un mar de color rojo los rodeaba lentamente, arrastrándose más cerca a cada momento, Nephis levantó su espada en silencio.

—Preparaos.

Mientras blandía la espada plateada, una oleada de chispas estalló desde donde su punta rozó la superficie del hueso blanco.

Un momento después, cada una de las chispas explotó con un rugido atronador y un torrente de llamas blancas se desató en el mundo. La ola de fuego avanzó y envolvió una amplia franja de la hierba roja, incinerando a innumerables alimañas en un instante.

Sin embargo, no se detuvo ahí.

Siguiendo la voluntad de Neph, las llamas se movieron, convirtiéndose en un amplio anillo alrededor de los Guardianes del Fuego. Luego, se extendió en todas direcciones como un incendio repentino, inundando el aire con calor y ceniza.

Pronto, la vasta llanura de huesos se había convertido en un terrible infierno blanco.