5.
El automóvil se detuvo frente a la pequeña casa de Alma pocos minutos antes del mediodía. El chófer descendió para abrirle la puerta, pero ella salió por su cuenta sin mirarlo. Tenía los ojos enrojecidos y una presión en el pecho que le dificultaba respirar.
—Gracias —murmuró.
Entró deprisa y cerró la puerta. Solo entonces perdió las fuerzas.
El bolso cayó al suelo. Alma apoyó la espalda contra la madera y se deslizó hasta quedar sentada, con el vestido extendido alrededor de sus piernas. Las lágrimas regresaron sin control.
Había soportado desprecios desde el día en que firmó aquel matrimonio, pero ninguno le había dolido tanto como escuchar a Adrián decirle, mirándola a los ojos, que nunca sería su esposa.
Ella ya lo sabía. Él lo había dejado claro desde el principio. Aun así, oírlo de su boca terminó de destruir la pequeña esperanza que Alma había conservado en secreto.
El teléfono comenzó a sonar dentro del bolso.
Alma se limpió las mejillas y buscó el aparato. La pantalla mostraba el nombre de su madre. Cerró los ojos, respiró hondo varias veces y contestó.
—Hola, mamá.
—¿Cómo te fue, hija? ¿Pudiste asistir a esa reunión tan importante?
—Sí. Ya terminó.
—¿Y todo salió bien?
Alma miró la sala vacía. Mentir comenzaba a resultar demasiado fácil.
—Sí, mamá. No ocurrió nada grave.
Su madre suspiró con alivio.
—Me alegra escucharlo. Últimamente te noto muy cansada y eso me preocupa.
—Solo he tenido mucho trabajo.
—Ese esposo tuyo debería estar más pendiente de ti. Un matrimonio no puede sostenerse si cada uno vive por su lado.
Alma presionó los labios para contener otro sollozo.
—Adrián tiene muchas responsabilidades.
—Y tú siempre encuentras una excusa para defenderlo —la reprendió con cariño—. Algún día se dará cuenta de la mujer que tiene y aprenderá a cuidarte como mereces.
Las lágrimas volvieron a humedecerle los ojos.
—Ojalá tengas razón.
—La tengo. Los hombres pueden ser muy torpes, pero no todos son malos.
Alma no tuvo valor para contarle que Adrián no necesitaba tiempo para enamorarse de ella. Ya había elegido a la mujer que quería a su lado y esa mujer era Valeria.
—Debo dejarte descansar, mamá.
—Llámame esta noche.
—Lo haré. Te quiero mucho.
—Y yo a ti, Almita.
Tras despedirse, dejó el teléfono sobre la mesa. Fue a la cocina y preparó café, aunque solo consiguió beber dos sorbos.
«Nunca serás mi esposa», recordó esas palabras de nuevo y sacudió la cabeza.
Alma dejó la taza y regresó a la sala. El bolso seguía en el suelo. Al agacharse para recogerlo, recordó el sobre que Lorenzo Bianchi le había entregado.
Lo sacó con cuidado.
Su nombre aparecía escrito con la letra firme de Vittorio. Alma pasó el dedo por la tinta, rompió el sello y extrajo varias hojas dobladas.
Comenzó a leer.
"Mi querida Alma:Si esta carta ha llegado a tus manos, significa que ya conoces las condiciones de mi testamento. También significa que he dejado sobre tus hombros un peso que nunca debió pertenecerte.Perdóname"Alma tuvo que detenerse. La voz de Vittorio surgió en su memoria con la misma claridad de aquellas tardes en el jardín.
Continuó.
"Cuando te conocí, vi en ti una bondad que el dinero todavía no había corrompido. Con los años confirmé que no me había equivocado. Te vi renunciar a tus estudios, vender tus pertenencias y trabajar hasta el agotamiento para mantener con vida a tu madre. Debí ayudarte sin exigirte nada. En lugar de hacerlo, aproveché tu desesperación para solucionar un problema de mi familia.Te convertí en la esposa de Adrián porque confiaba en ti. Sabía que protegerías nuestro apellido con más lealtad que muchas de las personas que nacieron llevándolo. Eso no vuelve justo lo que hice"La vista de Alma se nubló. Se secó las lágrimas y bajó la mirada hacia la siguiente página.
"Quiero que tengas la tranquilidad que no te di mientras vivía. Todos los tratamientos de tu madre han quedado cubiertos mediante un fondo médico independiente. Hospitalizaciones, especialistas, medicamentos, terapias, asistencia domiciliaria y cualquier procedimiento que llegue a necesitar serán pagados sin límite de tiempo.Adrián no controla ese fondo. Tampoco podrá cancelarlo si discuten, si te marchas de su casa o si decides no cumplir mi última petición. Cuando necesites algo, comunícate con Lorenzo Bianchi. Él tiene instrucciones de proporcionarte todo lo necesario y proteger tus derechos"Alma se llevó una mano a la boca.
Su madre estaba a salvo.
Ya no tendría que despertar con miedo a que Adrián suspendiera los pagos. No volvería a escoger entre su propia dignidad y la vida de la mujer que más amaba. El alivio la hizo llorar con mayor fuerza, pero aún quedaba otra hoja.
"Sé que ahora te preguntarás por qué condicioné mi herencia al nacimiento de un hijo.El imperio De Luca tiene demasiados enemigos y muy pocas personas dignas de protegerlo. La familia Montes lleva años acercándose a Adrián. No buscan únicamente un vínculo con él; quieren nuestras acciones, nuestros contactos y el control del consejo. Adrián está demasiado involucrado con Valeria para reconocerlo.Si ella se convierte en su esposa y le da un heredero, los Montes terminarán poniendo las manos sobre todo lo que construí. No permitiré que mi patrimonio sea utilizado para alimentar la ambición de otra familia. El futuro de las empresas debe quedar en manos de un descendiente de mi sangre, criado por una madre que comprenda el valor de la lealtad. Esa mujer eres tú, Alma"Ella negó mientras las lágrimas caían sobre el papel. Vittorio parecía estar pidiéndole algo imposible.
"No tengo derecho a decidir sobre tu cuerpo ni sobre tu vida. Mi testamento obliga a Adrián a tomar una decisión; no le concede ningún derecho sobre ti. Si intenta amenazarte, presionarte o tocarte contra tu voluntad, debes acudir a Lorenzo. Una conducta semejante anularía de inmediato su derecho a la herencia.Sin embargo, te pido que consideres darme ese último regalo: un niño que una el apellido De Luca con la bondad que encontré en ti. Un heredero que proteja nuestro imperio y evite que la familia Montes se apodere de él.No lo hagas por Adrián. No lo hagas por dinero. Hazlo únicamente si tu corazón y tu conciencia te permiten aceptar esta petición.Gracias por cuidar a tu madre con tanta entrega. Gracias por haber cumplido un acuerdo que te costó mucho más de lo que recibiste. Y gracias por las conversaciones que hicieron menos solitarios mis últimos años.Con afecto y arrepentimiento,Vittorio De Luca"Alma terminó de leer entre lágrimas. Apretó las hojas contra su pecho y cerró los ojos.
Vittorio había asegurado el futuro de su madre, pero también le pedía que entregara una parte de sí misma para proteger un imperio que nunca le había pertenecido. No sabía si debía agradecerle, odiarlo o perdonarlo.
Solo sabía que, incluso muerto, había confiado en ella más de lo que Adrián lo había hecho en dos años.
***
En la residencia De Luca, el ambiente continuaba igual de tenso. El abogado, el notario y Enzo ya se habían marchado. Valeria permanecía junto al enorme ventanal del antiguo despacho de Vittorio. Había dejado de llorar, pero su expresión seguía dominada por la rabia.
Adrián se quitó la corbata y la arrojó sobre el escritorio.
—Entonces piensas seguir casado con ella —dijo Valeria.
Él levantó la mirada.
—El matrimonio no puede terminar.
—No es lo mismo.
—Si se disuelve, pierdo todos los derechos sobre la herencia.
Valeria cruzó los brazos.
—Renuncia a ella.
Adrián soltó una risa seca.
—Es muy fácil decirlo cuando no se trata del patrimonio de tu familia.
—¿Eso es lo único que te importa?
—He dedicado mi vida a esas empresas. No voy a entregar el control al consejo ni permitir que dividan el grupo porque mi abuelo decidió castigarme desde la tumba.
—Entonces el dinero sí importa más que nosotros.
—No es solo dinero.
—Para mí tampoco. —Valeria caminó hacia él—. Llevamos tres años juntos y jamás confiaste lo suficiente en mí para contarme que estabas casado.
Adrián apartó la vista. No tenía una respuesta capaz de justificar dos años de mentiras.
—Lo siento.
—No basta. —La voz de Valeria volvió a quebrarse—. ¿Sabes cuántas veces me preguntaron por nuestra boda? Elegí vestidos, hablé con organizadores y concedí entrevistas imaginando una vida contigo. Mientras yo hacía planes, tú sabías que legalmente ya eras el marido de otra mujer.
—Ese matrimonio nunca significó nada para mí.
—Pero existe.
Adrián guardó silencio.
Valeria se limpió una lágrima y lo observó con detenimiento.
—Respóndeme algo.
—¿Qué quieres saber?
—¿La amas?
—No.
La firmeza de la respuesta alivió parte de la tensión en el rostro de Valeria.
—¿La has amado alguna vez?
—Jamás.
—¿Has vivido con ella?
—No.
—¿Te has acostado con ella?
Adrián negó.
—Nunca. Cada uno ha llevado su propia vida desde que firmamos el contrato.
Valeria dejó escapar el aire que retenía. Se acercó y tomó sus manos.
—Entonces todavía podemos solucionar esto.
Él la miró en silencio.
—Buscaremos otros abogados —continuó ella—. Revisaremos el fideicomiso, investigaremos cada firma y encontraremos una forma de anular esa cláusula. No pienso perderte por un matrimonio que ninguno de los dos quería.
Adrián estudió el rostro de la mujer que había considerado el amor de su vida. Deseaba creerle. Quería pensar que todo podía regresar a la normalidad una vez que sus abogados destruyeran la última maniobra de Vittorio.
Pero las palabras de Lorenzo seguían golpeándole la cabeza:
«Si el matrimonio se disuelve sin que se cumpla la condición, perderá definitivamente sus derechos sobre la fortuna».
Su abuelo había previsto el divorcio, una impugnación y cada intento de escapar.
La sensación resultaba intolerable. Vittorio le había arrebatado el control de su propia vida y lo había dejado en manos de la mujer a la que acababa de echar de su casa.