Capítulo 2— La salud como un juego.
Capítulo 2— La salud como un juego.
Narrador
Esa misma noche, al llegar a casa Xander no se encontraba, lo cual era completamente normal. Nunca estaba, nunca podía, siempre había algo más importante que hacer como para responder una llamada, como para pasar tiempo a su lado. Empezando a despojarse de los zapatos antes de subir las escaleras con destino a su habitación, Marcela, su ama de llaves, se acercó a recibirla y, regalándole una sonrisa, Seraphine la escuchó decir.
—El señor Xander llamó hace unos minutos, al parecer surgió algo y no llegará a cenar. ¿Quiere que le prepare la mesa, o comerá en su habitación como siempre?
Tomando un poco de aire mientras la opresión de su pecho no cesaba tras saber que estaba a punto de morir, Seraphine permaneció en silencio por un momento y, asintiendo frenéticamente poco después, le pidió al ama de llave:
—¿Sabes qué, Marcela? Hoy quiero cenar en el comedor... Trae toda la comida que hayas preparado, mientras iré a darme un baño, hoy tuve un día... ¿Cómo decirlo sin sonar grosera?—Seraphine se mantuvo en silencio por un momento mientras pensaba en una palabra que describiera todo lo sentido ese día—Un día de mierda, que espero que termine pronto.
Empezando a subir por las amplias escaleras, Seraphine se preparó para comer en el enorme comedor algo que solía evitar ya que la hacía sentir más sola, y llegando la hora de dormir al caer sobre la cama le rogó al cielo al menos pasar sus últimos días tranquila, justo como hubiese querido que fuese su vida.
Al otro día, al ponerse el sol en el cielo y repetirse mentalmente en más de una ocasión que debía seguir como si nada, Seraphine se preparaba para ir a Arakan, lugar en donde trabajaba desde que había contraído matrimonio con Xander por un arreglo entre familias. Por supuesto que la madre de su esposo nunca estuvo de acuerdo con esto, pero al ser los patriarcas los promotores de la unión entre familias, no tenía otra opción que aceptar sino sus dos hijos serían desheredados.
Empezando a caminar por el enorme lobby de pisos de granito y enormes paneles de cristal desde donde se veía transitar la gente de la calle, Seraphine, como todas las mañanas, saludó al personal a su paso y encontrando a su asistente antes de abordar el elevador, esta empezó a leerle el itinerario del día.
—Buenos días... Espero que hayas descansado. Hoy tendrás un día un poco pesado.
Abordando la caja metálica las dos, Claudia, su asistente y mejor amiga, empezó a revisar la tableta entre sus manos y pulsando el botón en el tablero del elevador empezó.
—A primera hora, revisión de algunos informes que a mi parecer están perfectos... Sí, los revisé por ti, después junta con los accionistas.—Escuchando cómo la voz de Claudia cada vez se hacía más lejana, los pensamientos y temores azotaron a Seraphine, quien solo apretó los labios y sintiendo como la mano de su amiga se posaba en su hombro, la escuchó decir—¿Seraphine? ¿Estás bien?
Agitando la cabeza regresando a la realidad, esta solo asintió un par de veces y, escuchando como el pitido del elevador anunciaba que habían llegado a su destino, esta solo dijo en un intento de calmar a Claudia:
—Sí... Discúlpame, solo me distraje un poco. ¿En qué quedamos?
Saliendo del elevador, Claudia siguió revisando la tableta y dirigiéndose a la oficina de Seraphine esta retomó:
—En la tarde reunión con el señor Draven y su equipo, trabajarán en el nuevo proyecto.
Siendo ese el nombre que menos deseaba escuchar, Seraphine se detuvo en seco sosteniendo el pomo de su puerta antes de ingresar y ladeando la cabeza ya que ella sabía que la relación tras la pérdida de su pequeño iba de mal en peor. Claudia soltó:
—No tengo culpa de que trabajes con tu esposo, así que no me mires de esa manera.
Liberando el aire, pues Clau estaba en lo cierto, ella no tenía la culpa del matrimonio caótico en el que se encontraba atrapada, Seraphine solo negó y estrechando el puente de su nariz, murmuró:
—Eso lo sé, y de verdad te agradezco lo mucho que me soportas. ¿Me podrías traer un café? Creo que me haría bien para iniciar el día.
Asintiendo un par de veces dispuesta a ir por este de inmediato, Claudia empezó a retroceder mientras abrazaba la tablet y ladeando la cabeza soltó:
—Tú me tienes que amar, soy tu ángel y lo sabes.
Negando ante las ocurrencias de Claudia, Seraphine pretendía entrar a la oficina para empezar de una buena vez y recordando que la estaban esperando antes de ingresar, la asistente le gritó:
—Por cierto, Santiago te está esperando... Dijo que necesitaba verte urgentemente.
Rodando los ojos sabiendo el motivo de la visita inesperada del médico, Seraphine llenó de aire sus pulmones y armándose de valor terminó de entrar, sabiendo que la conversación no sería para nada fácil:
—Buenos días, Santiago... Clau me dijo que me estabas esperando ¿En qué puedo ayudarte?
Empezando a caminar hacia su escritorio, el médico, que en ese momento mantenía la mirada fija en el móvil, se puso de pie para recibirla, y posándose en el otro extremo de la silla que ocupaba cada mañana al verla, este explicó:
—Así es, quería asegurarme de que estuvieras bien. Ayer, al salir de mi consultorio, me dejaste un poco preocupado.
Haciendo su bolsa a un lado, Seraphine tomó asiento, siendo eso lo que menos quería hablar en ese momento, y señalándole a Santiago que hiciera lo mismo que ella, comenzó:
—Estoy viva, así que se podría decir que estoy bien.
Abriendo las manos con la ironía marcada en cada una de sus palabras, Seraphine terminó, y un poco preocupado por la negación en la que se encontraba ella, Santiago dijo:
—Me estás preocupando, Seraphine. Te estás tomando tu salud como si fuera un juego y en tu estado eso es delicado.
Renuente a iniciar su mañana de esa manera, hablando de la enfermedad que prácticamente le quitaría la vida, Seraphine solo se puso de pie, y negando un par de veces por primera vez perdio la compostura:
—¿Y cómo carajos quieres que esté, Santiago? ¿Llorando a mares porque me voy a morir, gritando tirando de mis cabellos porque me quedan un par de meses de vida? ¿Acaso eso cambiará, me hará vivir un poco más?
Pasando las manos por su rostro tratando de controlarse, pues ella no solía ser así, Seraphine caminó hasta el enorme ventanal que le daba una espléndida vista de la ciudad, y manteniéndose en silencio por un momento cerró sus ojos, mientras Santiago en el mismo punto sintió algo de pena por ella.
—En ningún momento dije que hicieras eso, Seraphine. Es solo que... — Dando un paso al frente, Santiago pretendió acercarse en un intento de reconfortarla, y manteniéndose en el mismo lugar, ella solo le sostuvo la mirada con sus ojos ligeramente cristalizados. — Creo que deberías contarle a alguien, desahogarte. Estoy seguro de que Xander te escuchará.
Negando enseguida, tras soltar un bufido, pues eso ni pensarlo Seraphine solo regresó a su lugar, y apoyando ambas manos sobre el escritorio, seguía pensando que era lo más sensato.
—No lo haré. —dijo firme sin titubear— Nadie puede saber que me estoy muriendo ¿Entendido?
Escuchándose un ruido agudo y metálico, seguido de un click impactando contra el suelo, tanto Seraphine como Santiago, tras sobresaltarse, desviaron la mirada a la fuente, y encontrando a Claudia con los ojos cristalizados, la vieron murmurar:
—¿Cómo que vas a morir? ¿Cómo que te quedan meses de vida? — preguntó sin quitarle la mirada a Seraphine, que no tenía planeado contarle a nadie, ni siquiera a Clau, que era su única amiga. — Dime que eso es mentira, Santiago. Ustedes están bromeando ¿No? Santiago...
En estado de shock, observando al médico con la esperanza de que este le dijera que había escuchando mal, Claudia se negaba a aceptar esas palabras, y bajando su rostro, incapaz de mentir, Santiago guardó silencio.
—Yo creo que debería irme... Ustedes tienen mucho de qué hablar.
Empezando a caminar hacia la salida, Santiago pretendía dejar a Seraphine tras exponerla de esa manera, y caminando con algo de prisa tras él, ella soltó:
—¿Es en serio, Santiago? ¿Ahora sí te vas?
Centrando la mirada en ella, este asintió, pensando firmemente que no tenía nada que hacer en ese lugar, y murmurando un "Lo siento", la dejó sola con Claudia, que seguía descolocada por lo que había escuchado.
—Seraphine... Por favor, dime que eso fue una broma.
Viendo cómo Seraphine regresaba a su lugar, renuente a hablar del tema, Claudia empezó a seguirla, y pasando las manos por su rostro, deteniéndose de pronto al ver que no tenía otra salida, esta admitió:
—No, Clau... Santiago habla muy en serio. —Se giró para verla a la cara, asegurándose de que viera que o estaba mintiendo— Me quedan tres meses de vida, tal vez menos.
Brotando un par de lágrimas de los ojos de Claudia al escuchar esto de su propia boca, solo la abrazó, y un poco reacia a corresponder, Seraphine permaneció inmóvil con los brazos a los costados de su cuerpo.
Por otra parte, llegando al elevador tras salir de la oficina de Seraphine, Santiago pretendía ir a su consultorio. Había sido un poco impertinente al exponer a su paciente de esa manera, aunque en su defensa no lo hizo sin ninguna mala intención, además de que estaba verdaderamente preocupado por ella. Viendo cómo las puertas de la caja metálica se abrían de pronto, un par de empleados salieron de la misma, y siendo Xander Draven el último en hacerlo, al ver a Santiago, le habló.
—Santiago... No me digas qué venías a verme.
Estrechando su mano, los grandes amigos se saludaron, y señalando la oficina de Seraphine, este respondió con total honestidad.
—No. De hecho estoy aquí por tu esposa... Como sabes, soy su médico de cabecera.
Desviando la mirada también al lugar señalado, Xander solo frunció el entrecejo de su frente, y ladeando la cabeza no sabía por qué, pero esa visita de Santiago le inquietaba un poco.