Capítulo 3—Seraphine, su Seraphine
Capítulo 3—Seraphine, su Seraphine
Narrador
—Debe haber algo que se pueda hacer, Seraphine... No te puedes dar por vencida tan fácilmente... Debes luchar por mantenerte con vida.
Sentada en el sofá de la oficina, Claudia seguía insistiéndole a Seraphine, quien había tomado una decisión. Sabían que tal vez estaba siendo un poco egoísta al solo pensar en su dolor, pero en su defensa no estaba preparada para luchar, mucho menos para ser el ratón de laboratorio de un doctor loco como Santiago.
Un poco cansada de lo mismo, y tras secar un par de lágrimas derramadas aún con los ojos sonrojados, Seraphine se colocó de pie y, liberando un poco de aire, continuó reacia a ceder.
—Clau... Mi decisión seguirá siendo la misma... No tomaré ningún tratamiento, y nada de lo que me digan me hará cambiar de opinión.
Apretando los labios, conociéndola tan bien como para saber que no daría un paso atrás, Claudia se colocó de pie y, dando un paso hasta ella, soltó en un último intento, en un intento de hacerla entender que con su fin arrastraría a más de uno, incluso a ella que la amaba como una hermana.
—Hazlo entonces por Genaro... —Seraphine, quien hasta el momento se había visto firme se tensó —Por mí, Seraphine... Sé que ahora Xander y tú no están en un buen momento en su matrimonio, pero debes entender que hay un mundo más allá... Tu padre y yo te amamos, no nos hagas esto.
Llenando sus pulmones de aire lo suficiente como para contener las lágrimas que clamaban por salir, Seraphine elevó su mentón y, abriendo su boca, soltó lo que al parecer para Claudia era un pensamiento insensible.
—Mi respuesta es la misma... No lo haré. Mi padre ahora tiene una vida, y tú también. Puede que al inicio les duela que yo no esté, sin embargo, con el tiempo se acostumbrarán a mi ausencia.
Abriendo su boca en un intento de responder, las palabras de Claudia quedaron atascadas en su garganta cuando de la nada la puerta de la oficina se abrió y, ingresando por esta Xander sin previo aviso, ambos permanecieron en silencio.
—¿Podemos hablar?
Centrando la mirada únicamente en su esposa, pues por ella estaba allí, Xander, con su imponente porte, cabellos rubios y ojos azules, dejó a las dos féminas sin palabras, y entendiendo que debía salir de allí, tras sorber por la nariz y disculparse, la asistente los dejó solos.
—¿Qué necesitas?
Con una máscara de hielo solido puesta, tratando de ocultar las lágrimas silenciosas que habían rodado por sus mejillas segundos atrás, Seraphine preguntó, y ladeando la cabeza sin saber exactamente por qué la había ido a ver tras la visita de Santiago este solo improvisó.
—Mi madre está de cumpleaños, y hay una fiesta como todos los años... —Dijo lo primero que se le ocurrio — Sabes muy bien que debemos asistir así que nos iremos a casa temprano para prepararnos.
Soltando una risa por lo bajo por lo ingenua que fue al creer que podría existir una razón más por la que Xander fue a verle, Seraphine solo negó repitiéndose mentalmente que era una estúpida, y empezando a caminar a su escritorio sabiendo que no tenía sentido negarse, ella solo respondió.
—Como quieras... Ahora vete, tengo cosas que hacer.
Tomando asiento en su lugar, Seraphine agarró un par de documentos que tenía que revisar un poco agotada tras conversar con su médico y su mejor amiga, y permaneciendo en el mismo punto descolocado por sus últimas palabras, Xander murmuró.
—¿Qué fue lo que dijiste, Seraphine?
La pregunta salió no porque no la hubiese escuchado, pues lo dijo lo suficientemente alto como para hacerlo, sino por que esto no era algo típico de ella. Seraphine siempre era la mujer perfecta, la brillante, la hermosa, la educada, y escucharla hablar de esa manera sí que lo había descolocado.
Cruzando los dedos sobre el escritorio, en los labios de su esposa se curvó una ligera sonrisa, y asintiendo volvió a decir.
—Que te vayas por donde has venido... Como ves soy una mujer tan ocupada como tú, así que no me molestes, Xander.
Aun inmóvil, sin poder creer que esa mujer ante él fuera Seraphine, su Seraphine, Xander abrió la boca como un pez en busca de aire y, titubeando, soltó lo primero que se le ocurrió.
—¿Acaso estás molesta porque no llegué anoche a dormir? Esto es un berrinche, o algo parecido, porque si lo es Seraphine dej...
—Nunca lo haces ¿por qué tendría que molestarme por ello? —Colocándose de pie enseguida, Seraphine no le dejó terminar, y señalando la puerta a sus espaldas volvió a decir —Ahora ¿te puedes ir?
Escudriñando su rostro meticulosamente, Xander notó sus ojos rojizos lo que le hizo saber que había estado llorando, y deseando no molestarla más, dijo dándose por vencido elevando sus manos en son de paz.
—Como digas, pero estaré aquí a las cinco para irnos juntos.
Cruzando los brazos sobre su pecho, Seraphine permaneció inmóvil hasta verlo cruzar la puerta, y dejándose caer en la silla, negó al ver que su día apenas iniciaba y ya se había convertido en una mierda.
Caída la tarde, como lo prometió, Xander fue por ella a su oficina, y abordando el auto en completo silencio, ninguno dijo ni una sola palabra.
Era increíble cómo su matrimonio se había desmoronado de un momento a otro tras la pérdida de su pequeño. Aunque Ethan murió al nacer, ambos se habían ilusionado con el pequeño, y a pesar de que su matrimonio fue arreglado, una treta entre familias, con el tiempo los sentimientos habían surgido, sentimientos que al parecer fueron enterrados junto a su hijo.
Saliendo de la ducha, Seraphine caminó hacia su armario y buscando el vestido blanco que tenía pensado ponerse esa noche para la mencionada fiesta. Al recorrer las prendas con su dedo, su mano se detuvo de pronto sobre una prenda roja que jamás había usado, una prenda muy atrevida a su parecer, pero que le encantaba y que había comprado tras la insistencia de Claudia.
—Habia olvidado que existias...
Ladeando la cabeza de un lado al otro tras sacar el vestido, Seraphine se cuestionó si usarlo o no mientras lo observaba, y mordiendo su labio inferior, no supo qué hacer. Colocarse el vestido aseguraba que Sonia, la madre de Xander, pegaría el grito al cielo. Esa mujer era una puta bruja con un ego descomunal. Para Sonia, nadie podía verse mejor que ella, y lo que sí tenía por seguro Seraphine era que, con este, robaría miradas de todos. Sin embargo, se sentiría un poco incómoda al usarlo, descubierta, usando un color muy llamativo. Por lo que más bien, negó pensando que estaba loca.
Por otra parte mientras esperaba a su esposa enfundado en un esmoquin negro, Xander revisaba la agenda digital de su esposa. Al salir de su oficina, se la solicitó a Claudia de manera confidencial quien a pesar de oponerse se la entrego ya que se trataba del jefe ¿De cuándo acá Santiago visitaba a sus pacientes en sus horas de trabajo? Pasando uno a uno los días, en ninguna de estos se reflejaba un chequeo de rutina, y soltando una maldición, pensando que estaba un poco paranoico, guardó su teléfono tras negar un par de veces.
Escuchando el resonar de los tacones descender por las escaleras, Xander desvió la mirada a la fuente en un gesto distraído, sin saber bien qué esperaba encontrar. Y entonces, la vio. Y para eso, sí que no estaba preparado. Seraphine caminaba con una lentitud casi cinematográfica avanzando hacia él mientras su cabello rojizo revotaba, moviendose como si tuviera vida propia. No caminaba, flotaba o eso pareció. Vestida de rojo, con un escote en forma que desafiaba la lógica como si abrazara sus pechos, y una falda que se abría con cada paso como si el viento la acariciara, parecía una maldita visión salida de la fantasía más indecente de un hombre en abstinencia. El corazón de Xander se detuvo un segundo y algo más se despertó de golpe, feroz, entre sus piernas.
—Mierda —murmuró entre dientes, apenas audible.
Menos mal que usaría un abrigo largo sobre el esmoquin que se colocó enseguida, porque la erección fue inmediata, brutal y sin aviso. Se acomodó la solapa con disimulo y extendió su codo para que se colgara de él antes de salir.
—¿Nos vamos?
Pasando su mirada del rostro de Xander, quien por más que quería odiar se veía cada vez más atractivo, al brazo que se le extendía, Seraphine sopesó si aceptarlo o no, y ladeando la cabeza los entrelazó, dispuesta a disfrutar por al menos una vez una fiesta Draven sin tener que aparentar, solo siendo Seraphine Carter.
***********************************************¿Ahora Xander parece interesado en su esposa? ¿Ustedes que creen? ¿Será que Seraphine podrá resistirse a él? Si te gusta la historia no dudes en comentar y darle amor.Apenas iniciamos por lo que muchas cosas pueden pasar, la historia espero que sea corta.