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Capitulo 5—El pequeño Luca

La Esposa Ignorada Del Ceo 18+ — booknet.com · All chapters

Capitulo 5—El pequeño Luca

Capitulo 5—El pequeño Luca

Las palabras de Seraphine hicieron que Xander no pudiera quitarle la mirada de encima pues precisamente eso queria saber ¿Que era lo que le sucedia? Desafortunadamente, no logró continuar la frase. ya que Ximena, la hermana menor de Xander, llegó a su lado sosteniendo al pequeño Luca entre sus brazos, quien no paraba de llorar en un berrinche desconsolado.

—Perdón si los interrumpo, pero Luca no deja de llorar... Lo traje para que tomara un poco de aire fresco.

Meciendo al pequeño entre sus brazos, Ximena de manera torpe trataba de calmarlo, y deteniendo de golpe la discusión que sostenía con Xander, la expresión de Seraphine se suavizó al instante. Ximena era la única de los Draven que parecía apreciarla de verdad; con ella podía sostener una conversación amena sin terminar envuelta en veneno.

—Permiteme ayudarte.

Extendiendo los brazos con una dulzura natural, Seraphine se ofreció a auxiliarla, y pasándole al pequeño, Ximena se lo permitió. La joven era novata en los menesteres de la maternidad, pues hacía menos de un mes que había logrado adoptar al pequeño Luca y aún había demasiadas cosas que la desbordaban.

Apoyándolo en su hombro con delicadeza, Seraphine empezó a golpetear ligeramente la espalda de Luca, y sintiendo el calor materno, el llanto del bebé cesó por un momento a lo que Ximena sonrió aliviada. Leonardo, su esposo, era el único que lograba calmarlo durante sus crisis, pero al encontrarse ocupado en el salón cerrado concretando un importante trato comercial, la había dejado sola con el pequeño.

Sin dejar de moverse con gracia para consolar a Luca, Seraphine recorrió el balcón de barandales de cristal, y manteniendo la mirada fija en ella, Xander juró para sus adentros que no se movería de ese lugar hasta descubrir qué demonios pasaba con su esposa.

—Xander, justo a ti te estaba buscando, necesito mostrarte algo —irrumpió Sonia un par de segundos después. Al ver a su hijo recargado sobre el barandal, tiró de su mano con una desesperación ansiosa.

—¿Qué sucede, madre? —preguntó él, molesto por la interrupción.

Colocándose firme, Sonia le sonrió con aire victorioso y, señalando hacia la entrada del salón, repitió.

—Nada malo. Solo que hay alguien que acaba de llegar de un largo viaje y muere por verte...

Desviando la mirada hacia Seraphine, y al verla sumergida en el cuidado de Luca junto a Ximena, Xander calculó que tardaría en desocuparse. Elevando la mano en su dirección, señaló.

—En un momento regreso. Aún no hemos terminado.

Elevando su mentón sin dejar de mecer al adorable bebé, Seraphine vio marcharse a su esposo, siendo arrastrado por su madre, y sonriéndole a Ximena, se ofreció.

—Creo que era el ruido lo que lo estaba aturdiendo. ¿Por qué no lo llevas a su habitación a descansar, lejos de toda esta gente indeseable?

Cambiando su tono a una calidez infinita para dirigirse al pequeño de nueve meses, Seraphine observó a Luca, quien ya lucía mucho más calmado, y desviando la mirada al interior del bullicioso salón, Ximena murmuró apenada.

—Es que Leonardo parece no querer terminar la conversación con esos hombres, y solo él logra que se duerma... Contigo se queda tan tranquilo, Seraphine. De verdad eres maravillosa con los bebés.

Las palabras de Ximena le clavaron una espina amarga en el centro del pecho. ¿De qué le servía ser tan buena cuidando niños si ni siquiera había podido salvar a su propio hijo? Liberando el aire que empezaba a oprimirle el esternón, Seraphine contempló una vez más la carita del pequeño, y deseando no apartarse de él pues le reconfortaba el alma, propuso.

—¿Y si me ofrezco a ayudarte? Déjalo en mis manos, yo me encargo de dormir a este príncipe. ¿Qué dices, pequeño Luca, vamos a dormir?

Sonriendo en respuesta, en las mejillas regordetas de Luca se formaron dos adorables hoyuelos, y asintiendo agradecida, Ximena dejó que Seraphine se marchara con el bebé hacia la zona residencial de la mansión.

Al llegar al aposento decorado en tonos azules y osos de peluche pintados en la pared, Seraphine caminó con cuidado de no pisar el dobladillo de su vestido rojo, y tomando asiento en una mecedora de madera en la esquina de la habitación, acomodo al pequeño sobre su regazo antes de murmurar en un susurro melodioso.

—La hora de dormir llegó... Así que dejemos las travesuras y cerremos esos hermosos ojos azules.

Sosteniéndole la mirada como si entendiera cada palabra, Luca sonrió de nuevo, y llegando a la mente de Seraphine el recuerdo de su propio hijo, preguntándose si hubiera heredado esos hermosos ojos azules de Xander, como lo había hecho su sobrino continúo. Seraphine remojó sus labios, y empezando a mecerse suavemente, trató de dormirlo.

Tranquilo y arrullado, un par de minutos después el pequeño comenzó a frotarse los puños contra los ojos. Afortunadamente, el murmullo de la fiesta no llegaba hasta allí, y vencido por el sueño, Luca cayó rendido en sus brazos. Se veia tan indefenso y hermoso que a Seraphine se le hizo imposible no sonreír, aunque una lágrima traicionera amenazaba con brotar.

No pudo evitar preguntarse si así se habría visto su bebé, ya que si Ethan estuviera con vida, tendría justamente nueve meses. Sintiendo el escozor quemarle las pestañas, Seraphine elevó la mirada al techo y tragó saliva duro.

—Vamos, Seraphine... Tienes que parar —se repitió como un mantra, obligándose a enterrar esa etapa desgarradora.

Pese a sus esfuerzos, sabía que una parte de su hijo jamás abandonaría su corazón, y deseando parar se puso de pie con extrema delicadeza, antes de caminar hacia la cuna y recostar al niño sobre la misma.

—Siempre será un placer verte, pequeño Luca —murmuró cerca de su frente antes de depositar un casto beso sobre la misma, yarroparlo.

Poco despues salió de la habitación a pasos lentos tras confirmar que el bebé dormía profundamente. Al descender nuevamente al salón principal, localizó a Ximena para avisarle que todo estaba en orden, y tras recibir los efusivos agradecimientos de su cuñada y de Leonardo, Seraphine comenzó a buscar a Xander con la mirada. Encontrandolo rápidamente en la barra de tragos, estaba ridículamente bien acompañado por Yasmín, su exnovia, quien vestía un deslumbrante atuendo plateado y no dejaba de tocarle el brazo con familiaridad.

—Demasiado ocupado...

Murmuró para sí misma mientras que una ola de amargura le quemó la garganta, pero esta vez no sintió dolor, sino un profundo y definitivo desprecio. Negando con la cabeza Seraphine dio media vuelta dispuesta a salir de alli pues ya tenía suficiente con la sombra de la muerte acechándola como para perder el tiempo lidlando con Xander y el fantasma de su pasado.

Por su parte, Xander, percatándose de que su esposa había tardado demasiado, se zafó con frialdad de Yasmín, quien había estado pegada a él como una sanguijuela desde que llegó. Al preguntarle a su hermana por Seraphine, Ximena le informó que ella se acababa de marchar tras hacer dormir al bebé.

Xander soltó una maldición entre dientes. Sabía perfectamente cómo se debía haber visto la escena desde afuera y que ella podia haber malinterpretado todo si lo habia visto con su ex. Lleno de una ansiedad, Xander ignoró un par de llamados de su madre y caminando hacia el estacionamiento privado de la mansión, queria encontrarla.

Al salir a la noche fresca, el rugido de un motor lo hizo detenerse en seco, y desviando la mirada a la fuente ahí estaba su auto arracando, no iba despacio. Los neumáticos chispearon contra el pavimento al acelerar hacia la salida de la propiedad.

—¡Seraphine! —solto en un grito Xander el cual fue ignorado

A través del cristal del conductor, bajo la tenue luz de los faros, Xander pudo verla. Seraphine no estaba llorando. Tenía las manos firmes en el volante, la mirada clavada en la carretera nocturna y una sonrisa serena, casi espectral en los labios. No miró por el retrovisor. No dudó.

Apretó el acelerador a fondo y desapareció en la penumbra de la autopista, dejándolo atrás en medio de la noche.

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