Capítulo 7 — El pasado
Capítulo 7 — El pasado
Narrador
El apretón de manos entre Xander Draven y Samuel Ferreti se prolongó un segundo más de lo normal. Era una batalla silenciosa de fuerzas, un choque de miradas tenso entre el hombre que representaba el presente de Seraphine y aquel que, alguna vez, había sido el dueño absoluto de su corazón.
—Xander Draven —repitió Samuel con una sonrisa ligera, sin romper el contacto visual mientras liberaba su agarre con suma lentitud—. Un placer finalmente conocer al hombre del que tanto se habla en los círculos financieros. Aunque debo admitir que no esperaba verte por aquí esta noche.
A escasos metros, Seraphine sonrió para sus adentros. Ella tampoco lo esperaba. Sabía que estaba previsto que su esposo asistiera a la cena, pero a juzgar por su apretada agenda, asumió que no encontraría el tiempo de ir.
—Donde está mi esposa, estoy yo —respondió Xander con una voz baja, firme y marcadamente territorial, acomodándose la chaqueta del traje antes de tomar asiento en la silla contigua a Seraphine, adueñándose de todo el espacio a su alrededor.
La cena continuó, pero el ambiente relajado que se respiraba minutos antes se evaporó por completo. Mientras los demás ejecutivos intentaban retomar los temas corporativos de la distribuidora, Samuel no perdió la oportunidad de mantener la atención centrada en Seraphine. Con gestos sutiles pero deliberados, sirviéndole agua, inclinándose para comentarle detalles de los informes con una voz cálida o recordando anécdotas de su juventud, Samuel desafió cada segundo de la paciencia de Xander.
—Recuerdo que antes no tolerabas el vino tinto tan seco, Phine —comentó Samuel con elegancia, mirándola a los ojos con una cercanía que hizo que a Xander se le tensaran las mandíbulas hasta marcar los músculos del rostro—. Veo que los años y las responsabilidades te han cambiado los gustos.
Draven contuvo el aire, deseando detener la escena de una buena vez. Le resultaba insoportable ver al mequetrefe de Ferreti rondando a su esposa; sin embargo, sabía que no era el escenario adecuado para armar un espectáculo.
—Las personas cambian, Samuel —intervino Xander poco después, apoyando un brazo en el respaldo de la silla de Seraphine en un gesto claro de posesión—. Mi esposa ha aprendido a apreciar las cosas de mayor categoría. Aunque me sorprende la familiaridad con la que hablas de su pasado.
Samuel dejó escapar una risita baja, llevando su copa a los labios antes de soltar la bomba con total serenidad.
—Bueno, es difícil olvidar cuando fuiste el primer amor de alguien, Draven. El pasado deja huellas... sobre todo cuando se compartió tanto.
Las palabras cayeron como un balde de agua helada sobre el. A Xander le ardió la sangre en las venas. Los celos amenazaron con hacerlo ponerse de pie y moler a golpes al hombre frente a él. Sin embargo, apretando los puños por debajo del mantel hasta que los nudillos se le tornaron blancuzcos, contuvo la rabia por puro respeto al entorno corporativo.
En su lugar, pasó su mano por la espalda baja de Seraphine, pegándola sutilmente a su costado, y le dedicó a Samuel una sonrisa forzada.
—El pasado es solo eso, Ferreti, un recuerdo frente a un presente donde Seraphine es mi esposa. Que no se te olvide.
Seraphine, por su parte, permaneció en un silencio absoluto, disfrutando internamente del espectáculo. Ver a Xander debatirse en su propia furia le producía una extraña satisfacción.
—¿Qué les parece si brindamos por una magnífica noche? Por que sigamos haciendo negocios tan fructíferos como el de hoy —intervino el señor Berro, uno de los ejecutivos presentes, al notar la guerra silenciosa entre el par de hombres.
Seraphine fue la primera en elevar la copa. Al hacer lo mismo, Samuel y Xander no se quitaron la mirada de encima en ningún momento. Sinceramente, Samuel desconocía que Xander asistiría a la cena; sin embargo, al verlo, recordó todo lo que se decía en sus círculos sobre la pareja y el bache profundo por el que atravesaba su matrimonio. Aunque había salido de la vida de Seraphine hacía años, eso no quitaba el profundo aprecio que le tenía: Phine había sido su compañera de vida y una mujer a la que valoraba demasiado.
Se había mantenido alejado durante mucho tiempo porque supo por fuentes cercanas que construían un matrimonio hermoso donde, con el pasar de los años, habían nacido verdaderos sentimientos. También supo en su momento de la dulce espera de su exnovia, lo que lo hizo alegrarse sinceramente por ella. No obstante, enterarse recientemente de que Seraphine no la estaba pasando bien lo motivó a reaparecer en su radar comercial.
El trayecto de regreso a la mansión fue un infierno en llamas contenido en absoluto silencio. Xander conducía con una rigidez peligrosa, apretando el volante con tal fuerza que parecía a punto de partirlo en dos. Seraphine, recostada contra la ventanilla, contemplaba las luces de la ciudad sin dirigirle la palabra. Ella no tenía nada que decir; le parecía un absurdo ver a su esposo actuar así de un momento a otro cuando, durante meses, no había hecho más que ignorarla.
Por su parte, Xander sentía deseos de prenderle fuego a la ciudad entera por el simple hecho de ver a un idiota como Ferreti insinuársele a su esposa. Porque sí, aunque no lo hubiera hecho de forma abierta, la intención estaba en el aire: la forma de mirarla y de acercarse a ella le provocaban unas ganas feroces de regresar y ponerlo en su lugar.
Apenas cruzaron el umbral de la casa y la puerta principal se cerró a sus espaldas, la tormenta contenida en el interior de Xander finalmente estalló.
—¡¿Tu primer amor?! —murmuró con una risa amarga y cargada de frustración que hizo eco en el silencioso vestíbulo, mientras se quitaba la corbata de un tirón y la arrojaba al suelo—. ¡¿Me puedes decir cómo carajos es que Ferreti era tu ex, Seraphine?! ¡¿Por qué ese infeliz se atribuye el derecho de llamarte "Phine" y tocarte como si todavía le pertenecieras?!
Seraphine se detuvo a mitad de camino hacia las escaleras. Se giró despacio, despojándose de sus tacones con una calma que desesperó aún más a su esposo, quien sentía que moriría lentamente si ella no hablaba.
—No tengo nada que explicarte, Xander —respondió con una voz tan helada que cortaba el aire, haciendo que él liberara un suspiro de profunda frustración —Samuel es un cliente más. Lo que haya sido en mi pasado no es de tu incumbencia.
Draven se mordió el labio inferior para contener la maldición que amenazaba con salir de su boca. ¿Cómo que no era de su incumbencia? ¡Por supuesto que lo era! Era su esposa, su mujer, la madre de su hijo... todo lo que tuviera que ver con ella tenía que importarle.
—¡Es mi puta incumbencia desde el momento en que eres mi esposa! —exclamó dando zancadas rápidas hasta quedar a escasos centímetros de ella, respirando con agitación—. Todo lo que te suceda me importa, Seraphine. ¡Todo!
Seraphine lo miró fijamente a los ojos. En la profunda mirada azul de Xander no solo había furia: había una preocupación sincera y un miedo visceral que él mismo no lograba comprender. Y fue en ese preciso instante, viendo la ironía de un hombre reclamando amor y pertenencia en un matrimonio agonizante, cuando Seraphine sintió que el momento al fin había llegado.
Ya no había tiempo que perder. No le quedaban meses de vida para seguir jugando a la esposa abnegada ni para soportar escenas de celos absurdas de alguien que la había dejado completamente sola durante el peor dolor de su existencia.
Llenando sus pulmones de aire, Seraphine dio un paso al frente, acortando la distancia que los separaba. Sostuvo la mirada de Xander con una firmeza impecable, dejando escapar una sonrisa triste y amarga.
—¿De verdad vas a reclamarme por eso, Xander? ¿Por no hablarte de mi pasado? —murmuró con una serenidad estremecedora—. Cuando tú llevas meses frío, distante, ignorando mi existencia y refugiándote en los brazos de cualquiera... ¿Ahora sí te acuerdas de que soy tu esposa?
—Seraphine, no cambies el tema...
—No lo cambio, lo cierro —lo interrumpió con voz clara, cortante y definitiva—. Ya basta de esta farsa. No voy a seguir perdiendo el tiempo en escenas absurdas.
Girándose sobre sus talones, Seraphine pretendía dar por terminada la discusión. Había tenido un día demasiado agotador como para seguir malgastando sus energías. Al fin haría lo que deseaba desde la tarde, cuando Clau la llamó: irse a descansar.
Sintiéndose ignorado de manera monumental, Xander la vio comenzar a subir los escalones y, apoyando los brazos en jarra, sentenció.
—No te quiero cerca de él, Seraphine. —Ella se detuvo en seco ante sus palabras, pensando en lo ridículo que se veía comportándose como un niño en medio de un berrinche—. Todo lo que tenga que ver con los Ferreti lo atenderé yo personalmente, y no lo voy a discutir.
Descolocada por la medida tan radical y autoritaria de su esposo, Seraphine se giró lentamente y, apretando las manos hasta formar puños, preguntó.
—¿Qué mierdas dices, Xander?
Había trabajado demasiado duro como para dejar todo tirado por un capricho suyo. Habían sido incontables horas de sueño perdidas que no tiraría a la basura por un cliente de esa magnitud. Estaba a solo un paso de cerrar un trato millonario y no permitiría que él se lo arruinara.
—Lo que has escuchado. De tu ex me encargo yo —aseguró él con firmeza—. Eres mi esposa, y como tu esposo tengo el derecho de protegerte de idiotas como él, que solo porque compartieron años contigo se creen tus dueños.
Y en ese preciso instante, sus palabras se convirtieron en la gota que derramó el vaso. Seraphine supo que tenía que soltarlo de una buena vez: debía salvarlo de permanecer atado a una mujer moribunda a la que el tiempo se le estaba agotando.
Descendiendo los escalones que había subido, Seraphine elevó el mentón y, sosteniéndole la mirada con una frialdad fulminante, soltó.
—Pues eso no será por mucho tiempo.
Xander frunció el ceño, desconcertado por la rigidez de sus palabras.
—¿De qué estás hablando?
—Quiero el divorcio, Xander —sentenció ella sin un solo temblor en la voz—. Firma los papeles. Esto se acabó.
El silencio en el vestíbulo se volvió ensordecedor. Xander se quedó petrificado, con la boca entreabierta y la mirada perdida, sintiendo literalmente cómo el suelo desaparecía bajo sus pies.
****************************************************************Creo que eso Xander no se lo vio venir ¿Sera que se lo dara tan facilmente, o Seraphine tendra que luchar por su libertad con uñas y dientes? Por otra parte ¿Sera Ferreti un oponente digno para pelear por el amor de Phine, como le dice el? Esta historia espero que sea corta, sino es que me da la locura y empiezo a darles cap largos.Gracias a las personas que me leen y no olviden darle amor a la historia comentando, y siguiendome. En redes me encuentran como Antonela Perez