LTC - Capítulo 411
## Capítulo 411: Reencuentro \[1\]De pie frente a los miembros reunidos y vestido con túnicas de un profundo color índigo, el Cardenal Hamsia alzó un Cáliz en el aire.—En su nombre, buscamos no solo el regalo de la inmortalidad, sino también la sabiduría necesaria para aceptar nuestro viaje eterno.Su voz resonó por toda la habitación tenuemente iluminada.Al unísono, los cadetes y sacerdotes comenzaron a recitar suavemente, sus voces armonizando entre sí.—Mortum, concédenos vida más allá de la tumba, en sombras y luz, nuestras almas resguardas. A través del tejido interminable del tiempo, nos alzamos y cedemos, con tu poder sin límites, nuestros espíritus trascienden.Leon y Evelyn permanecían uno junto al otro mientras recitaban los versos que les habían enseñado desde pequeños.Como habían aprendido todo el cántico durante su infancia, conocían cada línea de memoria.No era la primera misa a la que asistían.…Y lo mismo ocurría con la mayoría de los cadetes presentes, ya que ninguno parecía tener dificultades para repetir las palabras del Cardenal, quien levantó todavía más el Cáliz.—Con cada ofrenda, reafirmamos nuestro vínculo con lo eterno. Abracen el regalo de la inmortalidad, no como una carga, sino como un viaje sagrado.—Mortum, guardián de la puerta invisible, guía nuestros pasos por esta orilla eterna. Con cada aliento, buscamos tu abrazo, en la danza del cosmos, encontramos nuestro lugar.Evelyn y Leon volvieron a recitar.Fue entonces cuando el Cardenal bajó el Cáliz y bebió un sorbo del líquido.—Ofrezco este primer sorbo al propio dios, Mortum. Que nos conceda el regalo de la salud y la vida eterna.Tras sus palabras, la habitación comenzó a moverse.Los cadetes se levantaron y formaron una única y larga fila que conducía hasta el Cardenal.Ahora era su turno de beber del líquido.—No sé qué pensar de esto…Murmuró Evelyn en voz baja mientras permanecía delante de Leon y la fila frente a ella comenzaba a acortarse.Leon parpadeó un par de veces e inclinó la cabeza.—¿Qué pasa?—No siento que esto sea muy higiénico.—Ya lo hemos hecho muchas veces.—Sí, pero cuando éramos niños. Ahora que somos mayores… no sé. Se siente un poco raro beber de la misma copa que todos los demás.—Si lo dices así…Leon también frunció el ceño.Pero no podía hacer demasiado al respecto.No era como si pudiera simplemente apartarse y negarse a beber del Cáliz.Era algo que se hacía en cada misa y representaba uno de los muchos murales relacionados con Mortum.—Que pase la siguiente persona.Antes de que se dieran cuenta, ya había llegado su turno.Aunque Evelyn seguía teniendo sus dudas, terminó bebiendo un sorbo del líquido y se marchó.Leon avanzó inmediatamente después.Quedó frente a frente con el Cardenal, quien le sonrió suavemente y acercó el Cáliz.—Que seas bendecido con la gracia de Mortum.Leon asintió ligeramente y dirigió la mirada hacia el Cáliz.No le había prestado demasiada atención desde el principio.Pero ahora que estaba tan cerca…Su expresión cambió ligeramente.‘¿No es esto…?’Aunque no era una réplica exacta…El Cáliz era claramente una imitación del que él poseía.Esto…Los ojos de Leon temblaron mientras levantaba la cabeza hacia el Cardenal.—¿Ocurre algo?El Cardenal parpadeó e inclinó ligeramente la cabeza mientras volvía a acercarle el Cáliz.Leon reaccionó rápidamente.Bajó la cabeza y bebió un sorbo.Era vino normal.Y aun así…Algo dentro de su pecho se agitó en cuanto el líquido pasó por su garganta.No podía explicar exactamente qué era.Pero se sentía cálido.Leon contuvo aquella sensación y retrocedió hacia el fondo de la habitación, donde se encontraba Evelyn.La cálida sensación que recorría su cuerpo se hizo cada vez más intensa con cada segundo que pasaba.El sudor comenzó a descender por los lados de su rostro.Aunque por fuera no mostraba demasiado, por dentro Leon estaba empezando a entrar en pánico.‘Necesito encontrar una forma de salir de aquí. Algo está…’Crack—Un fuerte crujido resonó por toda la habitación.Todas las cabezas se giraron hacia la fuente del sonido.El Cáliz.—¡Ah!—¡Miren!Uno de los cadetes señaló el Cáliz.Fue entonces cuando todos se dieron cuenta de las enormes grietas que habían aparecido por toda su superficie.—¡¿Cómo puede ser?!La expresión del Cardenal cambió por completo al ver las grietas.Su anterior tranquilidad había desaparecido.Ahora mostraba una expresión completamente alterada mientras apartaba el Cáliz y lo colocaba sobre una mesa cercana.Crack— Crack—Con cada segundo que pasaba aparecían más grietas.Todos observaban horrorizados mientras el Cardenal intentaba hacer algo para salvar el Cáliz.Pero, por mucho que lo intentaba, las grietas continuaban extendiéndose con cada uno de sus esfuerzos.Girando rápidamente la cabeza hacia uno de los sacerdotes, el Cardenal gritó:—¡Alguien traiga el…!Pero ya era demasiado tarde.¡Bang!El Cáliz estalló en cientos de fragmentos y el vino se derramó por todas partes.—¡No, no…!Con el rostro pálido, el Cardenal contempló horrorizado los restos del Cáliz y comenzó rápidamente a recoger los fragmentos rotos.—¡¿Cómo puede ser?! ¡Este artefacto ha pasado de generación en generación…! ¡¿Cómo pudo romperse de repente?! ¡¿Cómo es posible?!Su voz, cargada de desesperación, resonó por todo el lugar.Los sacerdotes a su lado mostraban la misma expresión de conmoción.Solo ellos sabían lo importante que era aquel Cáliz.Leon contemplaba toda la situación con expresión perdida.La sensación cálida alrededor de su pecho se había intensificado todavía más.Y aun así…Seguía sin comprender qué había ocurrido.Sin embargo, si había algo que entendía perfectamente, era que…‘Yo provoqué esto.’Él…Era la causa del caos que se había apoderado del lugar.—Ukh…Una repentina punzada en el pecho sacó a Leon de sus pensamientos.Se llevó rápidamente una mano a la boca y se encorvó ligeramente.Su rostro se volvió todavía más pálido y su cuerpo perdió un poco de fuerza.—¿Leon?Evelyn, que era la persona más cercana, detectó inmediatamente que algo iba mal y comenzó a preocuparse.Leon levantó una mano para impedir que se acercara.—Kh… Estoy bien.No lo estaba.Pero tenía que estarlo.No podía hacer ningún movimiento sospechoso.¿Quién sabía qué ocurriría si descubrían que él había provocado todo aquel desastre?—¿Nos vamos?La sugerencia de Evelyn consiguió ayudarlo a tranquilizarse.Leon miró a su alrededor.Varios cadetes ya estaban marchándose.Los sacerdotes estaban demasiado ocupados con el Cáliz y los profesores presentes también comenzaban a salir.Leon asintió ligeramente.Tenía que alejarse de allí.—Vamos.Y eso hicieron.—Urkh…—¿Seguro que estás bien?Incluso mientras se alejaban del lugar donde se había celebrado la misa, el dolor en el pecho de Leon no desaparecía.De hecho, continuaba aumentando.Su rostro se volvió todavía más pálido.Evelyn obligó a Leon a detenerse y observó su rostro con mayor atención.—Estás sudando muchísimo.Colocó una mano sobre su frente.—¡Dios! ¡Estás ardiendo!Evelyn retrocedió y su expresión se tensó.—¡Tienes fiebre! ¿Por qué no…?—Por fin los encuentro.Una voz tranquila interrumpió los pensamientos de Evelyn.Cuando giró la cabeza, vio a Julien acercándose desde la distancia.Leon también levantó la cabeza y miró hacia Julien, quien frunció el ceño al verlo.—¿Qué demonios te pasa?—Tiene fiebre.Respondió Evelyn por él.—Parece que sí.Julien no dudó de sus palabras.El rostro de Leon lo dejaba bastante claro.Evelyn volvió a mirar a Leon con preocupación antes de dirigirse hacia Julien.—¿Puedes llevarlo a la enfermería? Yo voy a…—En realidad, hay algo de lo que quiero hablar contigo primero.—¿Eh?Evelyn parpadeó, claramente sorprendida.—¿Quieres hablar conmigo de algo?—Sí.Julien respondió con un tono extremadamente serio.Fue suficiente para que Evelyn comprendiera que no estaba bromeando.Sin embargo, al volver a mirar a Leon y ver su estado, negó con la cabeza.—Sea lo que sea, podemos hablarlo después. Será mejor llevar primero a Leon a la…—No. Ve.Leon la interrumpió.—Pero…—Ve a hablar con Julien. Yo me quedaré aquí.—Eso…—Estaré bien. Si solo es fiebre, no pasa nada. Puedo tomar algunas pastillas y se me pasará.En realidad, Julien había aparecido en el momento perfecto.Leon no podía ir a la enfermería.Él sabía mejor que nadie que aquello no era algo que el médico supiera tratar.No estaba enfermo.Tampoco se estaba muriendo.…Su cuerpo simplemente estaba reaccionando de manera extraña después de haber bebido del Cáliz.La posibilidad de que el médico supiera qué le ocurría era prácticamente nula.Y, además, podría complicar todavía más las cosas.Leon no podía permitirse algo así.Por eso la aparición de Julien había sido prácticamente enviada por los dioses.‘Llévatela y vete.’Era lo que Leon intentaba transmitir con sus palabras.Julien no respondió.Simplemente agarró a Evelyn por la manga.—¡Oye, espera!—Vamos. Leon no quiere ir a la enfermería.—¡Pero está enfermo!—¿Y? Lo peor que puede pasar es que muera…La boca de Leon se contrajo al escuchar aquello.Esto…¿De verdad era tan difícil tratarlo bien?No.Olvídalo…—Ukh…Leon se sujetó la cabeza con ambas manos.Primero tenía que ocuparse de aquel problema.—¡Oye! ¿Adónde vamos? ¡No te alejes demasiado de Leon! Si nos vamos muy lejos y le pasa algo, será culpa tuya. Está claramente enfermo y…—Sí, sí, ya lo sé.Sentía que los oídos estaban a punto de sangrar mientras arrastraba a Evelyn conmigo.‘Una ametralladora…’‘De verdad es una ametralladora…’Extrañaba muchísimo, muchísimo, muchísimo, muchísimo a la antigua Evelyn evasiva.Esta Evelyn simplemente no se callaba.—¿No viste lo pálido que estaba? ¡Y el sudor! Dios, el sudor. Tenía toda la espalda de la camisa empapada y, si te fijabas bien, también podías notar que su cuerpo temblaba en ciertos mom…—Aquí está bien.Miré a mi alrededor antes de soltar finalmente a Evelyn.Por fin dejó de hablar y observó los alrededores.Nos encontrábamos en una zona más aislada de la Academia, detrás de uno de los edificios.Solo cuando estuve seguro de que no había ninguna presencia cerca hablé.—Necesito tu ayuda.—¿…?Evelyn me miró confundida.Su expresión parecía decir:‘¿Mi ayuda? ¿Para qué…?’Apreté los labios y respiré profundamente.Antes de que pudiera decir nada, hablé.—Necesito que entres en mi mente.Los ojos de Evelyn se abrieron al comprender lo que quería decir.—Hay alguien de quien necesito ocuparme…