LTC - Capítulo 615
## Capítulo 615 — Un largo viaje \[2\]La Dimensión Espejo era un lugar traicionero.Las condiciones de vida eran casi imposibles, con monstruos acechando por todas partes y aquella distante esfera blanca abrasándolo todo bajo su luz.Y aun así…A pesar de aquellas brutales condiciones, civilizaciones e imperios seguían siendo capaces de existir.Incluso de prosperar.Pero, naturalmente…La misma brutalidad que les permitía crecer con rapidez también garantizaba que su caída llegara igual de rápido.Virith-Anash, sin embargo, era diferente.Situada en el borde del Mar Carmesí, uno de los siete grandes mares de la Dimensión Espejo, la ciudad era uno de los principales puntos de conexión con el Remanente Sur, donde se encontraba la Fauce Eclipsada.Construida incluso antes de la Era del Mundo Fragmentado…La ciudad era tan antigua como podía serlo.Un olor seco y metálico flotaba sobre la pequeña ciudad situada entre acantilados escarpados y las interminables aguas rojas.Era un olor a óxido y sal.Mezclado con la sangre de todas las bestias y humanos que habían muerto en el mar.…Aunque, por supuesto, esa no era la principal razón de su color rojo.Aquello se debía principalmente al tipo de alga que descansaba bajo el agua.Barcos construidos con madera oscura y reluciente cristal de espejo se encontraban atracados en el puerto mientras el agua carmesí golpeaba suavemente contra sus costados.Cerca de allí se extendía un enorme bazar.Sus coloridos puestos estaban encajados entre edificios de mármol blanco descolorido que parecían fundirse perfectamente con la intensa luz del sol blanco sobre ellos.—¡Compre uno y llévese otro gratis! ¡Compre en nuestro puesto para conseguir los productos más frescos y de mayor calidad!—¡Carne fresca de Orkney! ¡Vengan por su carne!—…¡Papel rúnico recién hecho! ¡Aquí tenemos papel rúnico de primera!—¡Ropa recién confeccionada por aquí!El bazar estaba lleno de vida.Las voces resonaban sin parar mientras los comerciantes intentaban vender sus mercancías.No había mejor lugar que Virith-Anash para vender productos.…Al menos por fuera todo parecía ir bien.Sin embargo…Nada estaba realmente bien.Una mirada más cercana revelaba la desesperación marcada en los rostros de algunos comerciantes mientras intentaban vender sus productos.Sus rostros pálidos y sus frentes cubiertas de sudor traicionaban la tensión oculta detrás de aquellas sonrisas forzadas.—¡Cincuenta por ciento de descuento! ¡Cómprelo ahora!—¡Compre uno y llévese otro gratis! ¡Compre un producto y reciba otro completamente gratis!—¡Sesenta por ciento de descuento!Sus voces se volvían cada vez más fuertes con el paso del tiempo.Sus rostros palidecían.Y la tensión en sus expresiones aumentaba.—¡Vengan! ¡Llévense sus productos!—…¡Solo me faltan 100 Solas! ¡Si alguien puede darme esa cantidad, puede llevarse lo que quiera del puesto!—¡Alguien!A pesar de los gritos de algunos comerciantes…Nadie les prestaba demasiada atención.Aquellas súplicas eran algo habitual en Virith-Anash.Y entonces…¡Dong! ¡Dong—!El profundo y resonante sonido de una campana atravesó el aire.Retumbó por toda la ciudad mientras la gigantesca iglesia negra situada en su centro parecía temblar con cada campanada.Los comerciantes entraron en desesperación.Las ventanas de varias casas se cerraron.Entonces llegaron los Emisarios.Vestidos con capas negras.Sus máscaras con pico parecían buitres descendiendo sobre los moribundos.Irradiaban un aura de terror y miedo mientras caminaban por el bazar.Al frente del grupo iba un hombre vestido con una túnica gris.Su máscara era similar a la de los demás.Pero su presencia era distinta.Una abrumadora presión emanaba de él, haciendo que el aire a su alrededor se sintiera pesado.Sus pasos parecían drenar el propio aire del entorno.Un silencio asfixiante cayó sobre el bazar.Los hombres vestidos de negro se movían de puesto en puesto.Y en cada parada…Los comerciantes les entregaban nerviosamente sacos que parecían estar llenos de oro.—…El silencio continuó acompañando cada transacción mientras los hombres de negro seguían cobrando a cada comerciante.Todo parecía avanzar sin problemas.Hasta que…—Esto no es suficiente.Una voz ronca resonó repentinamente.Todas las miradas cayeron sobre un comerciante que temblaba.—No… ¿cómo que no…? Yo había…—…Te faltan un total de 75 Solas.—Ah, déjeme revisar… Tal vez tenga…Temblando, el comerciante comenzó a buscar por todo su puesto intentando encontrar algo de cambio.Al mismo tiempo, miraba a su alrededor con una expresión de absoluta desesperación.Y entonces…—¿Tienes el dinero?—Yo…—Bien.Asintiendo, los hombres vestidos de negro comenzaron a rodear el puesto.No dejaron al comerciante ningún espacio para escapar.Su rostro palideció por completo.—¡No, esperen! ¡Esperen! ¡Denme algo de tiempo! ¡Conseguiré el dinero! ¡Solo denme un poco de tiempo! ¡Siempre he pagado a tiempo! ¡Por favor!Los gritos del comerciante atravesaron el silencio del bazar mientras los hombres vestidos de negro se acercaban a él.Lo agarraron desde todas las direcciones.Sin dudarlo, siguieron al hombre vestido de gris.Lo levantaron.Y se lo llevaron.—¡¡Nooooo!! ¡¡Puedo pagar! ¡¡Puedo pagar!!Sus gritos continuaron resonando por los alrededores.Pero solo recibieron miradas de lástima mientras se lo llevaban.Aquella escena era algo común en Virith-Anash.Cualquiera que no consiguiera pagar a los Emisarios de la Diosa de la Luz, Panthea…Terminaba de aquella manera.…Después de todo, solo gracias a su protección la ciudad podía seguir en pie.Por eso…Las donaciones eran necesarias.Aquellos que no podían contribuir con la ciudad…No tenían ninguna razón para permanecer en ella.—¡Ayuda! ¡Puedo pagar!—¡Esperen, solo me faltan unos cuantos Solas! ¿¡No pueden perdonarme esta vez!?—¡Por favor!—¡No!Mientras se llevaban a los comerciantes…Nuevos rostros comenzaron rápidamente a ocupar sus puestos.Como si hubieran estado esperando entre bastidores.Preparados de antemano.Así era la brutal vida de quienes vivían al borde del Mar Carmesí.Poco después…Los Emisarios llegaron frente a un puesto en particular.Era bastante modesto.Estaba cubierto por una tela blanca.Y sobre él descansaban ordenadamente varias decenas de libros.En medio de todo aquel caos…Un hombre permanecía sentado tranquilamente dentro del puesto cubierto de blanco.Sostenía un libro entre las manos y tenía una pierna cruzada despreocupadamente sobre la otra.Con cejas afiladas…Gafas de montura plateada…Y una presencia serena…Parecía menos un comerciante y más un noble que se había perdido.Como si finalmente hubiera percibido a los Emisarios…Levantó la cabeza.Una cálida sonrisa apareció en sus labios.—Ah. Buenas tardes —dijo con amabilidad—. ¿Quizá estén interesados en algún libro?—…Los alrededores quedaron completamente en silencio.De repente…Susurros comenzaron a extenderse por el bazar.—¿Está loco?—…¿De verdad acaba de decir eso? ¿Está intentando que lo maten?Nadie podía creer lo que acababa de escuchar.¿Alguien podía ser tan atrevido como para decir algo semejante?Pero rápidamente…La gente empezó a comprender la situación.—Parece que es uno de los comerciantes nuevos que llegó recientemente. Probablemente no consiguió alcanzar la cuota y está intentando salir del problema engañándolos.Algunos soltaron una sonrisa burlona al escucharlo.—…Más le vale rendirse.—¿Engañar a los Emisarios? Pff.Una oleada de miradas compasivas recorrió a la multitud.Todas estaban dirigidas hacia el comerciante de libros.A lo largo de la extensa historia de Virith-Anash…Solo unos pocos habían logrado escapar de las manos de los Emisarios.Y todos aquellos pocos eran figuras legendarias que ahora se encontraban en la cima de la Dimensión Espejo.¿Cómo podía un hombre como él compararse con semejantes figuras?—¿No tienes el dinero?La voz ronca del Emisario principal rompió el silencio.Su túnica gris ondeó suavemente mientras los ojos bajo la máscara se afilaban.Una presión aterradora cayó repentinamente sobre los alrededores.Varias runas rojas comenzaron a manifestarse sobre la máscara del Emisario vestido de gris.—Te informaron de las reglas —continuó—. Quedarte por debajo de la cuota significa desafiar a la Diosa de la Luz.Su luz no ilumina a los indignos.Los hombres vestidos de negro comenzaron a rodear al comerciante.Él permaneció tranquilo durante todo el intercambio.La tensión comenzó a aumentar.Y justo cuando la situación estaba a punto de volverse peligrosa…El comerciante dejó el libro.Y se puso las gafas.Fue entonces cuando su rostro cambió.—¿¡Qué es esto!?Una expresión de sorpresa apareció en su rostro mientras miraba a su alrededor.—¿Emisarios? ¡Oh, vaya…!Se levantó rápidamente.Metió una mano bajo el puesto y sacó un pesado saco de monedas.—Mis más sinceras disculpas —dijo mientras se inclinaba ligeramente y ofrecía el saco al Emisario vestido de gris—. Soy terriblemente miope sin estas gafas, y estaba tan concentrado en mi lectura que no los vi llegar.La multitud permaneció observando en completo silencio.Luego señaló sus gafas.—Eso… y realmente no puedo ver nada sin ellas.De verdad me disculpo.—…El silencio llenó todo el lugar al escuchar las palabras del comerciante.¿En serio?Nadie sabía cómo reaccionar.Especialmente porque sus palabras resultaban extremadamente convincentes.Además…Había entregado el dinero necesario.Y, después de todo…¿Quién en su sano juicio haría algo así simplemente para provocar a los Emisarios?—¿Un error?El Emisario no se movió.Miró el saco.Luego al comerciante.Permaneció tan silencioso como la muerte.Entonces…Mientras observaba al comerciante…Las runas de su máscara comenzaron a desvanecerse.—Paga un quince por ciento adicional —dijo fríamente el Emisario—. Y tu ofensa será perdonada.Los ojos de varias personas se abrieron al escuchar aquello.¿¡Quince por ciento!?Era una cantidad ridícula.Ya era bastante difícil para muchos alcanzar la cuota normal.Y aun así…—Oh, está bien.—¿Eh?—¿Qué?Los ojos de todos se abrieron de golpe cuando vieron al comerciante sacar otro saco y entregárselo al Emisario.—Realmente me disculpo por lo que hice.Espero sinceramente que esto sea suficiente para que perdonen mis acciones.Durante todo ese tiempo…El comerciante mantuvo una actitud elegante y refinada.Manejaba toda la situación con cuidado y precisión.—…El Emisario observó el dinero.Parecía estar perdido en sus pensamientos.Pero entonces…Su mano rozó la del comerciante.Tomó el dinero.Y se dio la vuelta.—Tus crímenes han sido perdonados.No habrá una próxima vez.—Ah, sí.Por supuesto.El comerciante inclinó la cabeza y volvió a disculparse.El Emisario se detuvo otra vez.—Tú…Su voz resonó suavemente.—Tu nombre.El comerciante levantó la cabeza.Sus ojos brillaron ligeramente detrás de los cristales.—Lazarus —respondió con suavidad.—Un comerciante viajero de tierras lejanas.Entonces…Con una educada inclinación de cabeza…La sonrisa en sus labios se ensanchó todavía más.—…Quédense tranquilos.Un incidente como este nunca volverá a ocurrir.Eso…Se los prometo.