LTC - Capítulo 646
## Capítulo 646 — Estrecho del Pecado \[1\]El entrenamiento de Lazarus y An’as continuó durante los días siguientes.Ninguno de los dos se saltó un solo día. Principalmente porque Lazarus no le concedía a An’as ni una jornada de descanso, pero sus esfuerzos empezaban a dar frutos.Ahora An’as se desenvolvía mucho mejor en el agua.Era casi como una persona completamente distinta.Podía entrar y salir del agua y permanecer en ella sin ninguna dificultad. También podía luchar sin problemas.Si el monstruo con el que se había encontrado en las profundidades volvía a aparecer, aunque An’as no podía garantizar la victoria, ahora se sentía mucho más seguro de poder escapar. Su velocidad en el agua había aumentado considerablemente.Lo mismo ocurría con Lazarus, aunque seguía siendo más lento que An’as.Simplemente no tenía demasiado talento en aquel aspecto.Pero lo que había conseguido era suficiente.—No tardaremos en llegar a tierra. Por ahora, los dos deberían abstenerse de entrar en el agua.Anne tenía el rostro serio mientras miraba al frente.Las aguas seguían tranquilas, pero no continuarían así por mucho tiempo.Se encontraban aproximadamente a mitad del trayecto hacia el Sur Remanente y pronto tendrían que atravesar el Estrecho del Pecado.A lo largo de su ruta había numerosas islas dispersas por el mar. Aquellas tierras eran peligrosas, no solo por las enormes olas, sino porque ofrecían escondites perfectos para que los otros Señores prepararan una emboscada.De hecho, muchas de las islas servían como bases para ellos.Anne también tenía una isla propia, pero se encontraba un poco más adelante.Para llegar a aquellas islas, tenían que navegar por el Estrecho del Pecado, un paso tan angosto que apenas tenía anchura suficiente para su barco y que constituía un lugar ideal para una emboscada.Era una ruta peligrosa, pero no podían permitirse evitarla.—Este es el camino más rápido para llegar al Sur Remanente. Si nos desviamos, hay muchas posibilidades de que entremos en el territorio de las sirenas, y me gustaría evitarlo.Las sirenas eran poderosos monstruos de tipo **\[Mente\]**.Su fuerza variaba enormemente. Sin embargo, entre ellas había varias de rango Terror e incluso una de rango Destructor.Lo que las hacía verdaderamente aterradoras era su música: una melodía inquietante, sobrenatural, capaz de hipnotizar a todos los que se encontraban a bordo. En el pasado se habían producido incidentes escalofriantes. Barcos encontrados a la deriva, deslizándose silenciosamente por el mar, completamente intactos… pero sin un solo tripulante que pudiera contar lo ocurrido.Eran los monstruos más enigmáticos y aterradores de la zona.Si era posible, Anne quería evitarlos.Aunque el comerciante estuviera con ellos y se especializara en la senda de **\[Mente\]**, no se sentía cómoda ante la posibilidad de encontrarse con las sirenas.Creía que tendrían muchas más posibilidades de sobrevivir si atravesaban directamente el estrecho.Lazarus se acercó a ella mientras se secaba el cabello con una toalla y miraba hacia el mar lejano.Por el momento estaba en calma, pero él también percibía un cambio evidente en el ambiente.Mientras el barco avanzaba por el mar, cierta tensión comenzó a acumularse en el aire.Se dirigió a la proa, entrecerró los ojos y extendió una mano. A lo lejos apareció la figura de un búho, que terminó posándose en ella.Anne observó la escena con sorpresa.¿Cuándo…?—¿Encontraste algo?—…No, nada.Owl-Mighty negó con la cabeza y entrecerró los ojos.—Hay un estrecho a lo lejos, pero no pude percibir nada mientras examinaba la zona. Todo parecía estar en orden e, incluso cuando oculté por completo mi presencia, no sentí nada. Humano… La situación es muy extraña.—¿Por qué? ¿No acabas de decir que no sentiste nada?—Ese es el problema.Owl-Mighty respondió con tono sombrío.—Ni humanos, ni monstruos, ni ninguna otra criatura viva. Nada. No percibí absolutamente nada. Es casi como si… hubieran exterminado a todos los seres vivos de esa zona. La situación es extremadamente peligrosa. Te aconsejo que seas prudente, humano.—…Lazarus se cubrió la boca y bajó la cabeza, sumido en sus pensamientos.Anne ya lo había informado sobre la situación. Comprendía, más o menos, que necesitaban atravesar aquella zona para llegar al Sur Remanente.Sin embargo, por lo que parecía, el camino que tenían por delante no era tan sencillo.Ir… o no ir.Lazarus reflexionó durante un rato antes de soltar un largo suspiro.—Iré a comprobarlo.—¿Qué?La voz sorprendida de Anne resonó detrás de él.—¿Vas a ir? Es extremadamente peligroso.—Lo sé, pero tampoco parece que tenga muchas opciones. Es para reducir los riesgos al mínimo. Ahora me desenvuelvo lo bastante bien en el agua como para escapar de cualquier peligro.—Sí, pero…—Y tampoco voy a ir solo.Lazarus giró lentamente la cabeza hacia una figura que se encontraba a cierta distancia, secándose el cabello con una toalla.Al sentir la mirada del comerciante, An’as dejó caer la toalla y la desesperación comenzó a dibujarse en su rostro.—No…—Sí, vienes conmigo.No era que Lazarus lo hiciera para fastidiar a An’as ni nada por el estilo. De hecho, era todo lo contrario. Principalmente se debía a que An’as era bastante competente.Aunque no era fuerte, se movía más rápido que él en el agua y también era extremadamente observador.Llevarlo consigo le facilitaría mucho las cosas.—¿Acaso tengo alguna opción? ¿Por qué me haces esto?—Échale la culpa a tu propia competencia.Lazarus señaló el agua con un movimiento de cabeza. An’as abrió la boca para decir algo, pero terminó cerrándola y suspirando.A esas alturas, ya se había acostumbrado al maltrato.Su mirada se apagó un poco más._Oh, Diosa, si pudieras apiadarte de este humilde servidor…_Sus plegarias también parecían fallar siempre. Se dirigió a la proa del barco y saltó.Empezaba a arrepentirse.Empezaba a arrepentirse de haber aceptado dinero de aquel tipo._Ojalá nunca lo hubiera conocido._Lazarus negó con la cabeza mientras observaba la expresión deprimida de An’as.Estaba exagerando.Quizá fuera por todo lo que había sufrido, pero parecía que An’as todavía no se había dado cuenta de lo mucho más fuerte que se había vuelto desde su primer encuentro.Lazarus también podía ver que no tardaría demasiado en desarrollar su propio concepto.Para entonces, estaba seguro de que dejaría de quejarse.Después de todo, aquel era uno de los mayores objetivos de An’as. Necesitaba conseguirlo para convertirse en un Luminarch.—¿Estás seguro de que puedes ir? ¿Quieres que vaya también?Al escuchar la oferta de Anne, el comerciante negó con la cabeza.—No, está bien. Tienes que quedarte aquí y vigilar el barco. Si ocurre algo, al menos estarás aquí para mantener la situación bajo control. Por ahora puedes reducir la velocidad. Volveré lo antes posible.—…De acuerdo.Hacía tiempo que Anne había dejado de considerar a Lazarus y An’as como extraños.Aunque sabía que no formaban parte de su tripulación, casi sentía que sí.Ahora todos estaban en el mismo barco, así que no había razón para tratarlos como desconocidos.Incluso los tripulantes que quedaban se llevaban bien con ambos. An’as era el favorito por la lástima que despertaba.—Ve, pero ten cuidado. Si ocurre algo, utiliza esto.Anne le lanzó a Lazarus un pequeño objeto cilíndrico, y él lo atrapó.Lo miró con desconcierto.—Es una bengala. Si pasa algo, puedes utilizarla y acudiremos en tu ayuda.—…Ya veo.Lazarus guardó la bengala en el bolsillo antes de mirar el agua que había debajo.No perdió ni un segundo más y saltó directamente. Su pie se apoyó sobre la superficie, que onduló bajo él.An’as se encontraba a poca distancia, con la cabeza gacha.Los labios de Lazarus se curvaron apenas un poco antes de que empezara a correr hacia delante. Mantenía la mirada fija en la dirección de la que había venido Owl-Mighty, mientras se formaban ondas bajo cada uno de sus pasos.An’as lo siguió poco después, sin quedarse atrás._De verdad que me arrepiento de haber aceptado su dinero._El Estrecho del Pecado, antiguamente conocido como el estrecho de Sunda, era un paso angosto y traicionero a través del archipiélago indonesio. Se había ganado una reputación infame a lo largo de los años, no solo por sus violentas mareas, sino también por los innumerables barcos que habían desaparecido en sus aguas y los numerosos piratas que lo frecuentaban.Con el tiempo, el terreno había cambiado radicalmente. El estrecho se había vuelto más angosto y sus aguas discurrían ahora entre acantilados cada vez más altos y escarpados, como las mandíbulas de una boca que se cerraba.An’as y Lazarus no tardaron en llegar. Pero, en cuanto lo hicieron, ambos se detuvieron y sus expresiones se tornaron graves mientras contemplaban las enormes olas carmesíes, que se estrellaban contra las paredes de los acantilados con un rugido ensordecedor.Los acantilados se alzaban imponentes a ambos lados mientras el agua salpicaba por todas partes. Más adelante, una extraña niebla cubría el estrecho y les impedía ver hacia su interior.¡BOOM! ¡BOOM!Las olas continuaban golpeando los acantilados cuando An’as se volvió hacia el comerciante con expresión sombría.—No vamos a meternos ahí, ¿verdad?Había un leve temblor en su voz.Cuanto más observaba el estrecho, más inquieto se sentía.Lazarus sentía lo mismo y apretó los labios. Su mente le decía que no entrara, pero, al mismo tiempo, tampoco percibía un solo ser vivo dentro del estrecho.Ni vida, ni… nada.Algo no encajaba, pero no lograba identificar qué era.¡BOOOM!Cuando otra ola estalló junto a los acantilados, Lazarus miró hacia atrás.Finalmente, movió una mano y lanzó **\[Lamento de las Mentiras\]** sobre ambos, ocultando sus figuras por completo.—Vamos.Señaló el distante estrecho con la cabeza y avanzó hacia él.Aunque comprendía que había algo extraño allí, no tenía otra opción que investigarlo.Para llegar al Sur Remanente, aquel era el mejor lugar por el que podían pasar.No podía permitirse retrasarlo.Así que, una vez tomada la decisión, aceleró el paso hacia el estrecho.—Si no quieres ir, puedes volver —dijo el comerciante sin mirar atrás, acercándose cada vez más.An’as abrió la boca, pero, al mirar hacia atrás y contemplar el mar vacío, su expresión se hundió.Ni siquiera sabía cómo regresar…Además, por alguna razón, volver solo le daba aún más miedo.Al final, solo pudo mirar al comerciante con una expresión de derrota.—¡Ah, mieeerda!Se mordió el labio y lo siguió.Se arrepentía… muchísimo.