LTC - Capítulo 687
## Capítulo 687 — Ha pasado tiempo \[7\]—…—…Entre el ruido de los mercaderes y los clientes que regateaban, un silencio singular se cernía sobre cierto puesto.—…—…Como si todos estuvieran poseídos, tenían la misma expresión impasible y miraban a una persona cuyo rostro parecía todavía más inexpresivo.En aquel momento…Leon se estaba muriendo por dentro.El estómago se le retorcía y estaba a un paso de vomitar. Sin embargo, contuvo el asco y miró hacia su objetivo. Como este le daba la espalda, no podía verle el rostro.Pero eso no le importaba.Si era la misma persona que conocía, daría igual.Sin embargo…Nada.Seguía concentrado en lo que estaba haciendo. ¿Se había equivocado…? Las dudas comenzaron a acumularse en la cabeza de Leon.—¿Qué… coño ha sido eso?Una voz cortante rompió por fin el silencio. Todas las miradas se dirigieron hacia quien había hablado, que contemplaba a Leon con una expresión de puro asco.Justo cuando estaba a punto de añadir algo, otra voz intervino.—Espera, espera… ¿La «Kiera aburrida» acaba de soltar una palabrota? ¿Estoy oyendo cosas?—…Lo ha hecho.Varios asintieron y todos miraron a Kiera con una mezcla de sorpresa y alivio.Verla sin decir palabrotas les resultaba extraño. Aquello les parecía mucho más normal.El ceño de Kiera se frunció todavía más al oír sus palabras. Abrió la boca, pero volvió a cerrarla mientras apretaba los puños con fuerza.Aoife se colocó rápidamente al lado de Evelyn y murmuró:—Me va a dar una bofetada, ¿verdad? Lo noto. Está a punto de darme una bofetada.—Sí. Sí que lo está.Evelyn asintió a su lado, echando más leña al fuego. Era evidente que las dos estaban provocando a Kiera, y lo hacían muy bien, pues esta comenzaba a perder el control.Sin embargo, respiró hondo varias veces y logró calmarse. Bajó el puño y cerró los ojos._Calma. Tengo que mantener la calma._Últimamente lo había hecho muy bien intentando ser más madura y no dejarse provocar con facilidad.—Tsk.—…Tsk.Su ceja se crispó al oír aquellos chasquidos de lengua, pero se mantuvo firme y decidida.Al contemplar la escena, Leon sintió que aquello se parecía mucho más a cómo eran las cosas antes. Por alguna razón, lo hizo relajarse un poco mientras volvía a dirigir la atención hacia el mercader.Sus dudas aumentaron al verlo soplar sobre otro hueso.—Eh… ¿cliente?Al oír que lo llamaban de nuevo, Leon se volvió hacia la mercader, que forzó una sonrisa.—…¿Has… encontrado algo que quieras comprar?—Si has visto algo que te interese, no dudes en decírnoslo.An’as forzó una sonrisa junto a ella. El chiste lo había desconcertado un poco, pero no dejaba de ser un chiste. Era raro, aunque tampoco tenía nada de malo._Quizá no esté muy bien de la cabeza, pero, mientras pague, da igual._Además, el chiste era francamente terrible.No se le ocurría una sola persona a la que pudiera hacerle la más mínima gracia.—Ah, sí.Leon miró a los mercaderes con una expresión de disculpa y dirigió la atención hacia el catálogo que tenía delante. Lo hojeó antes de elegir al azar un hueso de rango Terror. La verdad era que ni siquiera estaba prestando atención al hueso que escogía. Tenía la cabeza en otras cosas.—Me gustaría ver este, por favor.—¿Este?An’as miró el hueso que Leon había elegido y alzó una ceja.—Ballena coronada. Ya veo. No es una mala elección.Asintió y dirigió la mirada hacia Lazarus, que levantó la mano y mostró un hueso negro. Una poderosa presión emanaba de él y recorría los alrededores.—Gracias.An’as asintió y extendió la mano hacia el hueso. Sin embargo, justo cuando lo hizo, Leon volvió a abrir la boca.—¿Por qué se sonrojó la ballena?—¿…?—¡…!Los rostros de varias personas cambiaron al mismo tiempo y todas giraron bruscamente la cabeza hacia Leon.—Porque vio el trasero del océano.—…—…—Una vez leí un libro sobre pegamento.—…—…—No pude soltarlo.El silencio que antes había llenado los alrededores regresó. Esta vez fue todavía más profundo. Todos los presentes adoptaron una expresión impasible y clavaron los ojos en Leon, cuyo rostro era igual de inexpresivo.Pero, al mirar con más atención, podía verse que no quedaba luz en sus ojos.Tenía… la cara de alguien que había renunciado a su orgullo y a su vergüenza.—¿Cómo ganó el peluquero la carrera?—Sabía cómo cortar camino.—…—…A aquellas alturas, no solo los cadetes, Anne y An’as guardaban silencio. Como si los demás clientes y mercaderes hubieran oído las palabras de Leon, también se detuvieron y lo miraron con rostros impasibles. Él parecía completamente imperturbable, como si hubiera arrojado su vergüenza lo más lejos posible.Mientras contaba los chistes, mantuvo la mirada fija en el mercader, que seguía moviendo los huesos como si nada de aquello le importara. Leon frunció más el ceño al no ver ninguna reacción. Fue entonces cuando recordó algo de repente.—¿No los estoy contando bien…?En efecto, ese podía ser el problema.Por desgracia, todos oyeron sus palabras y el rostro de An’as adoptó una expresión sumamente extraña. ¿Contarlos bien? ¡¿Qué importaba cómo los contara?!Los chistes eran horribles de por sí. ¿De qué iba a servir la forma de contarlos?A An’as le entraron ganas de llorar. ¿Por qué parecía que últimamente solo conocía a gente extraña?Primero había sido el mercader. Después, la pirata. Y ahora… aquel desconocido estaba obsesionado con los chistes. Como si alguien fuera a reír…—Kuk…¿Kuk?An’as se detuvo un momento y parpadeó lentamente antes de mirar detrás de él. Allí vio a Lazarus limpiando con diligencia los huesos que tenía delante.Frunció todavía más el ceño._Juraría que el sonido ha venido de aquí… ¿Me lo estoy imaginando? Sí, puede que sea eso._Estaba a punto de volverse cuando Leon abrió la boca de nuevo.—¿Cómo se llama cuando a una vaca le sale pelo en la cara?Leon entrecerró los ojos mientras miraba a su objetivo.Después de un breve silencio, dijo:—Un muu-stacho.—…—…El silencio parecía ensordecedor.Pero, en medio de él, Leon oyó otro sonido.—…Euk.¿Euk?La expresión de muchos cambió. El rostro de Leon también comenzó a transformarse. Entrecerró todavía más los ojos y empezó a hablar en voz baja.—…Últimamente he estado aprendiendo muchos chistes. Cierta persona me dio hace tiempo un libro lleno de ellos.Su expresión distaba mucho de ser normal. Al verlo, An’as se quedó desconcertado. Parecía… alguien a quien el mundo entero hubiera agraviado, mientras mantenía los ojos fijos en Lazarus.Un momento…¿Lazarus?An’as se volvió y se sorprendió al ver que el cuerpo del mercader temblaba.—También… he mejorado muchísimo mi forma de contarlos. No creo que haya nadie tan bueno como yo ahora.El cuerpo de Lazarus tembló todavía más y la expresión de An’as se volvió aún más extraña.No podía ser…Justo cuando las cosas estaban a punto de ir a más, Leon apoyó la mano sobre la mesa y señaló cierto hueso.—Me llevaré este.—¿Eh…?—¿Qué?La repentina decisión de Leon tomó a todos por sorpresa. ¿Era esquizofrénico? ¿Qué le pasaba aquel día? Mientras todos se hacían la misma pregunta, An’as reaccionó con rapidez, sacó el hueso solicitado y se lo entregó. Leon le dio una bolsa grande de monedas.—Aquí tienes.—…Ha sido un placer tratar contigo.Después de aquello, Leon sonrió y se volvió, jugueteando con el hueso mientras pasaba junto a los cadetes estupefactos.Todos parecían tener mucho que decirle, pero él se limitó a sonreírles.Había conseguido lo que quería.También había confirmado lo que necesitaba. Eso era todo lo que pretendía hacer. No tenía intención de desenmascarar a Julien._Si mantiene su identidad en secreto, debe de tener sus motivos. No veo razón para descubrirlo._Lo único que Leon quería era confirmar que estaba vivo y bien.Era su deber como caballero.Ahora que estaba seguro, podía sentirse mucho más tranquilo.—Oye, ¿qué te pasa?—…¿Te has golpeado la cabeza o algo?Leon ignoró a los demás mientras se alejaba y sonrió en silencio._Ha pasado tiempo.__Sin duda ha descubierto algo._Pese a todos mis esfuerzos, me había delatado._…Este cabrón. Ni siquiera los contaba bien._Al menos, no tan bien como yo. El problema era que sus chistes eran buenos. Había cometido un error al darle aquel libro.Por suerte, Leon no insistió y se marchó.Probablemente había comprendido que no estaba en condiciones de revelar mi identidad. Bueno… ya no estaba tan seguro de eso.Sabía que Sithrus probablemente estaba a punto de descubrir la situación, y Leon seguía siendo el dueño del Cáliz. Siendo realistas, ya no había necesidad de ocultar que estaba vivo.Era solo que…Todavía no estaba preparado. Al menos, no para enfrentarme a «ella».Sinceramente, tenía miedo.Sabía que ella sabía que yo estaba vivo. Había dejado algunas pistas a propósito para conseguir que viniera. La idea era que pudiera ayudarme en caso de que me perdiera en Lazarus, pero, por suerte, aquello no había sucedido.Al final, sí había terminado ayudándome al acabar con Xa’ruhl.Sabía que, tarde o temprano, las cosas llegarían a aquel punto.Pero…_¿Cómo demonios va a reaccionar?_Toda clase de pensamientos se arremolinaban en mi mente y me costaba pensar con claridad. Sin embargo, una voz no tardó en interrumpirlos.—Hemos ganado una buena cantidad.Era An’as. Estaba agitando la bolsa de dinero.Lo miré y forcé una sonrisa.—Bien… Con esto podremos pagar los daños.—Sí. Es mucho más de lo que necesitamos.An’as parecía verdaderamente feliz. Pero la sonrisa se borró de su rostro cuando miró en la dirección por la que se había marchado Leon.—Aunque… nunca había conocido a nadie tan raro como ese tipo. ¿Qué le pasaba con esos chistes extraños?—Sí.Anne asintió a su lado.Pero…—Bueno… eran buenos chistes.Bastante buenos, de hecho.Lo suficiente para darme envidia.—…—…An’as y Anne se quedaron inmóviles y sus rostros se volvieron impasibles al mismo tiempo.Durante un instante, casi creí ver unas líneas descendiendo por los lados de sus caras. Era como si una sombra les cubriera la mitad del rostro.Qué extraño…Pero los chistes eran buenos.