LTC - Capítulo 695
## Capítulo 695 — Regreso al Imperio \[3\]_Está bien, no es demasiado alto._Retrocedí un paso y miré detrás de mí. Estaba junto al borde de un acantilado, con el sonido de las olas a mi espalda, mientras calculaba cuidadosamente la distancia hasta el agua.Eran unos treinta metros.Aquello era… bastante alto._Sobreviviré de todos modos. Puedo ralentizar la caída y, una vez en el agua, no importará demasiado, porque ahora puedo respirar bajo ella gracias a las enseñanzas de Anne._El plan estaba decidido y yo estaba listo para llevarlo a cabo.Pero había un problema.Al contemplar a la mujer que tenía delante y sentir lo poderosa que era, sabía que, aunque siguiera adelante, me resultaría imposible escapar de ella.Le bastaría con chasquear los dedos y yo volvería a aparecer ante ella._En ese caso, ¿debería utilizar el ojo de Oracleus?_Negué para mis adentros. Eso sería demasiado peligroso. Además, las cosas no estaban tan mal.Entonces… ¿qué podía hacer?—¿Estás pensando en saltar?—Lo estoy considera…Me detuve a mitad de la frase y giré la cabeza hacia Delilah.¿Podía hablar?Ella alzó lentamente una ceja al ver mi expresión.—Ejem.Tosí e hice todo lo posible por relajar el rostro.—…No.Di un paso adelante para demostrarlo.—¿Ves?—…Delilah se limitó a observarme en silencio, con la misma expresión de antes. Cuanto más tiempo soportaba su mirada, más incómodo me sentía.Las preguntas comenzaron a inundarme la mente._¿Qué quiere? ¿Por qué me ha detenido de repente y ha enviado a los demás? Creía que ya habíamos hablado. ¿Tiene algo más que decir? …¿O va a preguntarme por qué hice todo lo que hice? Si es eso, ¿cómo debería responder?_Mis pensamientos se dispersaban en todas las direcciones. Me absorbían tanto que no advertí que Delilah se acercaba lentamente.Para cuando me di cuenta, ya estaba delante de mí.—…Ah.Sus ojos estaban ahora a la misma altura que los míos. Era algo en lo que acababa de reparar.Antes tenía que alzar la mirada para verla.Pero ahora medíamos prácticamente lo mismo. Había crecido un poco desde la primera vez que la conocí y, al contemplarla, me resultó imposible apartar los ojos de ella.Era tan…—Hermo…Cuando me di cuenta de que lo había murmurado en voz alta, ya era demasiado tarde. Me llevé una mano a la boca.Al comprender mi error, miré a Delilah, pero ella parecía completamente impasible.El ambiente se volvió incómodo a partir de aquel momento.Al menos, hasta que volvió a hablar.—Termina la palabra.—¿Hm?Un momento, ¿qué?Delilah me miraba ahora con el ceño fruncido y una evidente expresión de descontento.Parecía… algo enfadada.—Termínala.—¿Terminar qué…?—Dilo.Apreté los labios y la miré con desconcierto.Sin embargo, al sentir su mirada y contemplar sus ojos, solo pude suspirar antes de decir:—Hermosa.—¿Qué es hermoso?—¿¿¿…???Qué demo…Me detuve en cuanto advertí el sutil cambio en su expresión. Ahora que lo pensaba, no era la primera vez que me hacía hacer algo así.Al recordar aquellos momentos, una sonrisa se formó involuntariamente en mis labios y cedí.—Tú.—¿Yo qué?—Necesitas mucha atención, ¿verdad?—¿…? Dilo.—Eres hermosa.—Otra vez.—…¿En se…? Eres hermosa.—Otra vez.—Eres hermosa.—Otra vez.—Eres hermosa.No sabía cuántas veces me había obligado a repetir lo mismo. También estaba seguro de que Delilah había escuchado aquellas dos palabras muchas veces. Su belleza era innegable.Y, aun así, aunque probablemente las hubiera oído más veces de las que yo podía contar, seguía insistiendo en que las dijera.Así que lo hice.—Otra vez.—Eres hermosa.Que quisiera oírmelas decir significaba algo.Aquello me gustaba.Ella… me gustaba.Por eso no me importaba decirlo.—Eres…—Basta.Al final, Delilah me detuvo, con el rostro tan indiferente como siempre. Sin embargo, sabía que detrás de aquella expresión había satisfacción.La sutil curva de sus labios me decía todo lo que necesitaba saber.—Deduzco que estás satisfecha, ¿verdad?—Hm, un poco.Respondió despacio.—¿Un poco?—Un poco.Lo reafirmó y me hizo reír suavemente.Aquello…¿Qué se suponía que hiciera con aquella mujer? Cuanto más tiempo pasaba con ella, más me costaba comprenderla.Pero…No era como si me desagradara.—Está bien. En ese caso, si necesitas que vuelva a decirlo, aquí estaré.—Por supuesto.Delilah asintió como si diera por hecho que lo repetiría. Solo pude sonreírle con resignación._Por supuesto. Sí… Por supuesto._Al parecer satisfecha, Delilah se volvió. Su cabello negro se agitó suavemente bajo la brisa y ella levantó una mano para sujetarlo.Me quedé absorto en aquella imagen.Pero solo durante un breve instante, porque su voz volvió a llegar a mis oídos.—Me he comprometido hace poco.—¿Eh…?Sus palabras me golpearon como un rayo y me arrancaron de mis pensamientos. Clavé la mirada en Delilah mientras una punzada repentina me oprimía el pecho.¿Qué acababa de decir?¿Se había comprometido? ¿Cuándo? No, probablemente había ocurrido durante mi desaparición.¿Por qué?¿Por qué se había comprometido?Toda clase de preguntas inundaron mi mente mientras examinaba su rostro. Sin embargo, no conseguí descubrir nada. Su expresión se había vuelto seria.—Mi padre insistió en que me casara.—Eso…Recordé la conversación que había tenido con su padre en la residencia de la familia Evenus. Era cierto que quería que se casara, pero no había forma de que pudiera obligarla.¿Cómo la había convencido?No, ¿por qué había aceptado ella?—Yo…—Dijo que casarme me ayudaría a librarme de los pretendientes.Sentí que me faltaba el aire al escucharla. Comprendía lo que decía. Lo más probable era que Orson hubiera insistido en que se casara, dada la cantidad de familias y personas que intentaban conseguir su mano.Como yo había muerto, seguramente había terminado aceptando una de las propuestas.Aquello…—Acepté.Como esperaba.El corazón se me hundió todavía más. Al mirarla, vi que levantaba lentamente la mano para mostrar el anillo que llevaba en un dedo.—Este es el anillo de mi prometido.—…Ah.Ni siquiera tenía ganas de mirarlo. Seguramente sería bonito.—Míralo.Sin embargo, por alguna razón, Delilah insistió, y lo hice.En lugar del anillo elegante que esperaba ver, era bastante sencillo. Completamente negro y vagamente familiar.—Le dije a mi padre que estaba comprometida y se lo enseñé como prueba.Cuanto más lo miraba, más familiar me resultaba.Muchísimo más familiar.Y entonces…Bajé lentamente la cabeza hacia mi propia mano y lo vi.El anillo que llevaba en el dedo.Era exactamente igual._Qué… ¿Qué?_Alcé despacio la cabeza para mirarla y vi que sus labios se curvaban lentamente en una sonrisa burlona que me resultó completamente desconocida.—Hola, prometido.La cabeza me estalló.—Ugkh.—…¡Si vas a vomitar, hazlo por allí! ¡No vomites cerca de mí!Después de otra ronda de teleportación, los cadetes más débiles se doblaron y vomitaron donde estaban. Los desorientados caminaban tambaleándose como borrachos. Por suerte, habían llegado a lo que parecía ser un bosque, así que había espacio de sobra para hacerlo.—¡Leon, asegúrate de estar alerta!Por supuesto, mientras los más débiles vomitaban, quienes se encontraban mejor se distribuyeron de inmediato por el perímetro y examinaron cuidadosamente los alrededores.Gracias a su entrenamiento, comprendían lo peligrosa que era la Dimensión del Espejo.No podían permitirse bajar la guardia ni un segundo, así que Aoife se puso manos a la obra y ordenó que vigilaran la zona mientras los demás se recuperaban.—Si ven algo, avisen enseguida. Háganlo como antes.Varios gruñidos respondieron a sus palabras mientras Leon inspeccionaba los alrededores con el ceño fruncido.Al mirar a su alrededor, no pudo evitar preguntarse algo._¿Dónde está Julien?_Se suponía que todos debían haber llegado al mismo tiempo.Y, aun así, él no aparecía por ninguna parte. ¿Dónde podía haberse metido?_No es solo él. La canciller tampoco está aquí. ¿Habrá pasado algo?_Leon entrecerró los ojos y sus pensamientos se detuvieron en aquella idea. ¿Podía…?¡Fuuuush!Sus pensamientos se interrumpieron de golpe cuando dos figuras aparecieron en medio del grupo.—¡Canciller!—¡Es la canciller!En cuanto apareció Delilah, todos se relajaron. Con ella presente, ya no había necesidad de mantenerse en guardia.Leon, por su parte, centró la mirada en Julien.Había algo extraño en él. Parecía aturdido._No, casi parece que ha perdido la razón._Tanto sus ojos como su rostro estaban vacíos y se limitaba a contemplar el cielo. Sin duda ocurría algo.Leon miró a su alrededor, se acercó discretamente a él y lo llevó a un lado.—…¿Está todo bien?Pese a la pregunta, Julien no respondió.—¿Eh? ¿Hm? ¿Qué?Solo emitía sonidos extraños y parecía completamente ausente.—¡Oye, eh!Leon volvió a sacudirlo, intentando hacerlo reaccionar. Solo después de un minuto entero, los ojos de Julien recuperaron algo de claridad y se posaron en él.—Ah, eres tú.Su voz sonó algo pastosa.—Sí, soy yo. ¿Qué te pasa? ¿Ha ocurrido algo? ¿Estás enfer…?—No, nada de eso.Julien lo descartó en voz baja y levantó la mano para enseñársela.—Mira esto.Señaló el anillo de su dedo, haciendo que Leon alzara una ceja. Le resultaba extrañamente familiar.Pero las siguientes palabras de Julien lo dejaron inmóvil.—Al parecer, estoy comprometido.Leon parpadeó lentamente y su mente se quedó paralizada durante un instante.Después…Como si por fin recordara dónde había visto aquel anillo, giró lentamente la cabeza hacia la canciller.Fue entonces cuando lo vio.El mismo anillo en su dedo.Su rostro se volvió impasible de inmediato.