09. CAMBIOS
Alice.Estoy frente al espejo del baño observándome en silencio. Inclino un poco la cabeza hacia un lado y aparto el cabello del cuello, con la mirada fija en uno de los chupones. Paso los dedos por él y un escalofrío me recorre la espalda, no sé si por el recuerdo o por la vergüenza. Cierro los ojos un momento y respiro hondo.
Aún no me lo creo, pensé que todo era un sueño. Pero no es así, todo pasó y recordarlo me pone los pelos de punta.
Nadie me había besado de esa manera y nunca un hombre me había tocado así. Todo fue intenso, confuso y demasiado nuevo para mí. Lo peor de todo es que me gustó. Me gustó más de lo que debería admitir. Durante un momento todo fue maravilloso, sus caricias, sus besos, la forma en que me miraba, y por primera vez me sentí vista y deseada. Todo era perfecto hasta que abrió la boca y lo arruinó todo. Se comportó como un imbécil y dijo cosas que todavía retumban en mi cabeza.
Abro los ojos y vuelvo a mirarme en el espejo. Intento convencerme de que no me importa, de que sus palabras no me afectan, pero es mentira. Sí me dolió. Me dolió mucho que me tratara como si fuera una puta, una cualquiera. Aprieto los labios y bajo la mirada. Ahora tengo que soportar que me humillen y me rebajen aquí también. En mi casa ya lo hacían, pensé que aquí sería diferente. Pensé que al menos tendría un respiro. Qué estúpida fui.
Abro el cajón del baño, saco el corrector y empiezo a cubrir los chupetones con cuidado, difuminando bien para que no se noten. Me maquillo un poco más de lo normal, solo para asegurarme de que nadie pueda ver las marcas. Cuando termino, me quedo mirándome unos segundos más.
Tomo aire, me arreglo el cabello y salgo del baño.
Bajo al comedor y en cuánto lo veo sentado desayunando, me detengo en seco.
—¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes?—dice mientras sigue comiendo sin mirarme—. ¿Temes que te muerda?
No respondo, pero siento cómo se me seca la garganta.
—Eso ya lo hice anoche —añade con total tranquilidad.
Trago saliva y con valentía camino hasta la mesa. El plato ya está servido, así que me siento frente a él y empiezo a comer en silencio. El sonido de los cubiertos contra el plato es lo único que se escucha durante varios minutos. El ambiente es incómodo y como si el aire estuviera más denso de lo normal.
De repente deja los cubiertos y habla.
—Lo que hiciste ayer espero que no se vuelva a repetir.
Levanto la mirada.
—¿Qué cosa?
Me mira.
—Que me abofetearas.
—No lo habría hecho si tú no me hubieras tratado de esa manera.
—¿De qué manera? —pregunta con calma, como si de verdad no supiera.
Abro la boca, sin poder creer su descaro.
—Sabes perfectamente de qué manera.
—Quiero escucharlo de tu boca —dice apoyándose en el respaldo de la silla.
Respiro hondo antes de hablar.
—Me trataste como a una cualquiera sin el menor remordimiento y ahora actúas con normalidad como si hablara de cualquier cosa.
—Te dije desde el principio que no esperes un esposo amoroso. Te lo advertí.
—Sí, lo sé —respondo—, pero eso no es motivo para que me faltes el respeto.
—Estoy cumpliendo la parte de mis votos, Alice. Soy un hombre de palabra.
¿Cumpliendo qué...?
Recuerdo nuestros votos, las palabras que dijimos fueron de respeto, apoyo, y cuidado. De las cuáles hace todo lo contrario.
Lo miro y sus ojos me trasmiten el mensaje de lo que quiere decir, entonces finalmente lo comprendo.
«Voy a divertirme mucho haciéndote pagar las consecuencias en honor a la familia Baker.»Recuerdo sus palabras a la hora del baile y él sonríe al darse cuenta que lo entendí.
Eso no era parte de los votos.—Déjame hacerte una pregunta —le digo.
—Habla.
Dudo unos segundos antes de continuar.
—Si todo hubiera salido como estaba planeado y te hubieras casado con mi hermana ¿todo habría sido diferente?
Toma la servilleta y se limpia la boca con calma.
—Ya le habría dado la mitad de mis bienes —dice —. ¿Eso responde tu pregunta?
Eso lo responde todo.Miro hacia otro lado y asiento despacio. Se levanta de la mesa y se acomoda el saco.
—Hoy regreso tarde, para que no te preocupes, esposa.—suelta con sarcasmo y abandona el comedor. Me quedo ahí, mirando a la nada mientras aprieto los cubiertos en mis manos.
***
Más tarde decido salir. Necesito ropa y no pienso seguir usando la de Madison. Me cambio, tomo mi bolso y camino hacia la salida, pero apenas cruzo la puerta principal, uno de los guardias se interpone.
—¿Va a salir, señora?
—Sí.
—¿El señor Sterling ya lo sabe?
Frunzo el ceño.
—No sabía que debia informarle al
señor Sterling cada uno de mis movimientos.
Lo mismo paso ayer, no sé qué le pasa. Si para él soy un cero a la izquierda.
Él asiente sin inmutarse.
—Ahora lo sabe.
—Pues déjenme aclararles algo —miro a los cuatro hombres que no me intimidan con sus imponentes alturas y cuerpos corpulentos —El no es mi dueño, por ende no me dice que hacer —digo —Así que si quiero salir, lo hago, les guste o no.—Intento avanzar entre ellos, pero uno me obliga a volver a mi lugar.
—No es algo que esté en discusión señora. Son órdenes directas del señor Sterling —responde el jefe—Y estamos obligados a cumplirlas.
Suelto una risa corta.
—Puede decirle que se meta sus órdenes por donde le quepa.
Incluso yo me sorprendo de mis propias palabras.
—Pero está bien, ya está decidido —pongo las manos sobre mi cintura —Patrick me va a llevar.
El jefe de seguridad mira a Patrick y él mencionado levanta las manos en señal de inocencia.
No les doy oportunidad de hablar y lo sujeto del brazo, llevándomelo conmigo.
—Señora, ya me metí en problemas ayer por su culpa—dice en voz baja, pasándose la mano por la cara. —Casi me sancionan.
—No te va a pasar nada —le digo agarrándolo del brazo—. Solo necesito que me lleves a la casa de mis padres.
Suspira resignado.
—Algún día me van a despedir por su culpa.
—Pero hoy no será—respondo.
***
Cuando entro a la casa, mis padres me miran sorprendidos.
—Alice, ¿qué haces aquí? —pregunta mi madre, levantándose del sofa—. ¿Todo está bien con Christian?
—Si, solo vine por unas cosas
Ambos suspiran aliviados.
—Ven y siéntate un momento, hija —dice mi madre antes de que pueda dirigirme a lo que era mi habitación. —Queremos hablar contigo —sonrie de una forma que me hace dudar, pero terminó haciendo lo que me dicen.
—¿Y cómo te ha ido? —cuestiona mi padre.
—Bien —miento sin pensarlo.
Se miran el uno al otro y sonríe satisfechos.
Me bombardean con preguntas sobre mi matrimonio, Christian, nuestra luna de miel, las galas y los lugares a los que me ha llevado. Y mentir se convierte en mi única salida..
—Dínos hija ¿Christian ha mencionado algo sobre los inversionistas? —inquiere—. ¿Y sobre las propiedades que nos prometió?
Los miro extrañada. No tengo ni idea de lo que habla.
Sacudo la cabeza en negación, aún sin comprender del todo.
—Ehh… no… todavía no hemos hablado de eso.
Mi padre se acerca y me toma por los brazos.
—Es muy importante que hables con él, Alice. La compañía no atraviesa un buen momento y necesitamos esos inversionistas. Él tiene los contactos e influencia para ayudarla a prosperar.
—Voy a hablar con él —respondo, aunque no tengo idea de cómo voy a hacerlo.
Sonríe.
—Si me disculpan necesito ir por mis cosas a mi habitación. —me levanto huyendo de allí.
A ellos no les interesa como me va, les interesa que los salve.
—¡Espera, Alice! —grita uno de ellos.
Los ignoro y subo hasta mi habitación para empacar pero me quedo inmóvil ante lo que veo.
—¿Dónde están mis cosas? —indago de inmediato cuando siento a mis padres detrás de mi.
Mi madre se pone seria.
—De eso queríamos hablarte.
—¿Qué pasa? ¿Por qué rayos mi habitación está completamente vacía?
—Vendimos tus cosas.—responde directa.
La miro sin entender.
—¿Qué?
—Ya no las necesitabas, por eso la hicimos—abro la boca indignada —Tienes un esposo multimillonario, él puede comprarte todo lo que quieras y mucho mejores.
Aprieto los labios.
—No quería nada nuevo, quería mis cosas, necesitaba mi ropa.
—Esta bien, fue nuestro error, sabemos que no eres el tipo de mujer que es tu hermana
No me conoces para nada, madre.—Pero no te preocupes, madison tiene ropa guardada en el ático. Si quieres puedes usar esa.
La miro consternada, sin poder creer lo que me dice. Mi mirada se desvía hacia la habitación del otro lado y la de mi hermana permanece intacta
Increíble .
Niego la cabeza decepción.
—Da igual, mejor me voy.
Paso por su lado para irme.
—Alice —me llama mi padre y me doy la vuelta—. No olvides lo que hablamos.
No respondo y salgo de la casa.
Patrick abre la boca para preguntar pero con un gesto lo detengo.
De regreso en la mansión, camino por los jardines sin rumbo, tomando un respiro. Tuve que negarme a ayudar a Nora porque necesito estar sola en este momento.
No puedo dejar de pensar en lo que hicieron mis padres, en cómo vendieron mis cosas sin siquiera preguntarme o interesarse por mi opinión, mientras que todo lo de Madison sigue tal como lo dejó, a pesar de que ella los puso en estos aprietos.
Porque no importa lo que haga, Madison siempre será lo más importante para ellos.Y yo soy nada...Camino por el jardín, que es más grande de lo que parece, pensando en todo y en nada a la vez, mi cabeza es un lío, como mi vida. Durante varios minutos me muevo por inercia, con el sol calentándome la piel, hasta que me percato de que he llegado al final al momento que la luz me da directo en la cara, estoy por darme la vuelta cuando algo capta mi atención, un hilo fino de luz se filtra entre las hojas y además percibo como una parte de la gran hilera sobresale más que las demás. Entrecierro los ojos y me acerco por curiosidad, toco ese mismo lugar con la palma de la mano y la superficie vuelve a cerrarse, ladeo la cabeza confundida, y al sujetarla mejor y tirar de ella hacia mí, se vuelve a abrir.
Se trata de una puerta.
Agarro el picaporte oculto entre las hojas y dudo si seguir mi impulso de descubrir más o no indagar de más.
Así que tomo una decisión.
Empujo la puerta y ante mis ojos se revela un jardín pequeño, visiblemente descuidado, con un estanque atravesado por un puente de madera y un sendero de piedras que cruza el césped, conduciendo hacia un banco de piedra con apenas un rastro de pintura. A su lado se encuentra un árbol de cerezo casi desnudo que sostiene apenas unas pocas hojas secas, igual que las flores del lugar, que lucen marchitas.
Levanto la vista y al fondo distingo un pequeño estudio acristalado. Me acerco y en su interior, hay un diván empotrado junto a uno de los grandes ventanales, cubierto de cojines. A su lado hay un escritorio con su silla y varios objetos decoran el lugar como retratos en la pared, luces, un armario blanco y estantes llenos de libros. Todo está bastante bien amueblado. Abro la puerta la cuál cede con facilidad, al entrar el polvo me hace estornudar y la suciedad es evidente. Sin duda si todo estuviera limpio, se vería mucho mejor.
Me acerco al escritorio y mis ojos se posan en el cuaderno que descansa sobre él. Lo abro por curiosidad y encuentro un dibujo a lápiz de un cisne, es realmente precioso, con trazos delicados y detalles perfectos. Paso la página y aparece el dibujo de una mujer de espaldas; mis dedos recorren sus líneas. Prosigo a las siguientes y descubro nuevos bocetos, todos muy bien hechos. Quedo encantada ante ese hermoso arte.
Miro a mi alrededor una vez más, es un lugar bonito y tranquilo, pero parece que todo hubiera muerto aquí.
Completamente abandonado.
Las preguntas de formulan en mi cabeza.
¿
De quién será este lugar? ¿Por qué está oculto? ¿Cuál será la razón? ¿De quién son estos dibujos? ¿Por qué todo se encuentra en este estado?Quiero seguir averiguando, pero al escuchar el sonido del motor del auto de Christian, me veo obligada a abandonar el lugar. Cierro la puerta y camino de regreso al interior con mil dudas en la cabeza.
***