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10. TENSIÓN

La Novia Sustituta 18+ — booknet.com · All chapters

10. TENSIÓN

Alice.

Ha pasado un día desde que encontré ese lugar escondido en el jardín y sigo sin saber qué pensar. Intenté convencerme de que no era importante pero siento que hay algo raro ahí.

He pensado que ese lugar podría ser de Christian, ya que cuando lo conocí parecía realmente interesado en el arte, pero ahora que estoy casada con él, lo dudo mucho.

También me pregunté si ese lugar podría ser de Madison, pero descarté la idea al instante. A ella nunca le gustaron esas cosas: ni dibujar, ni leer, ni nada parecido. Siempre fue todo lo contrario.

Entonces… ¿de quién es?

¿ De otra mujer?

La idea no me gusta, pero no sé me ocurre nada más.

Voy caminando hacia mi habitación, todavía metida en mis pensamientos, cuando choco contra algo duro. Retrocedo por el golpe y alzo la mirada, encontrándome con Christian.

Está frente a mí, mirándome hacia abajo con sus ojos azules están fijos en mí, pero su expresión es completamente ilegible.

Intento pasar por su lado sin decir nada, pero en cuanto doy un paso, me agarra del brazo.

—No recuerdo haberte dicho que podías irte.

Frunzo el ceño.

—¿Qué necesitas?

Da un paso y se coloca justo frente a mí, bloqueándome el paso.

—Fuiste a casa de tus padres.

—Sí.

—No te estoy preguntando —aclara.

Lo miro, molesta.

—Como sea.

Me cruzo de brazos, para mantener cierta distancia, él baja la mirada y se queda ahí, sin querer sigo su gesto. Y siento el calor subir a mis mejillas al instante.

La postura acentúa mi pecho más de lo normal, y eso solo hace que el rubor se intensifique.

Descruzo los brazos de inmediato y bajo un poco los hombros.

—¿Vas a decir algo o…? —le suelto.

Parpadea, como si se diera cuenta de que se distrajo, y cierra los ojos un segundo antes de volver a mirarme.

Sin decir nada más, mete la mano en el bolsillo de su pantalón y saca una black card.

Me la extiende.

—Toma.

Lo miro sin moverme.

—¿Eso para qué?

—Para que compres lo que necesites.

Tardo un segundo en reaccionar.

—No hace falta.

Da otro paso, toma mi mano sin pedir permiso y coloca la tarjeta en mi palma. Intento devolverla, pero me cierra los dedos con la suya.

—No hay discusión —dice tranquilo—. Sabes que lo necesitas.

Aprieto los labios, pero no digo nada.

Se aparta.

—Y cómprate algo decente —añade—. Hay varios eventos en estos días.

Le doy vueltas a la tarjeta entre los dedos, no quiero aceptarla. Pero tampoco tengo otra opción.

—Gracias… supongo —murmuro más para mí que para él.

Aunque no responde porque ya se ha ido.

Un rato después ya estoy lista, bajo para salir y en la entrada están los guardias de siempre.

—Señora, ¿ya está lista? —pregunta uno.

Asiento.

—Sí, ¿Dónde está Patrick?

—El señor Sterling indicó que nosotros la acompañaremos.

Los miro.

—¿Nosotros?

—Sí, señora. —se señala y a los hombres a su lado —Los tres, Scott se quedará aquí en la propiedad.

Frunzo el entrecejo.

—¿Scott?

—Si, Patrick Scott —aclara.

Ah, que tonta

—Vale —digo—. Entonces voy con Scott.

—Señora, el señor Sterling dio una orden.

Paso entre ellos sin detenerme.

—Sí, sí, ya escuché —respondo, restándole importancia

Empiezo a buscarlo por el pasillo y lo encuentro cerca del estacionamiento.

—Te estaba buscando —le hablo.

Me mira confundido.

—Necesito que me lleves de compras.

—Creí que habían dicho que la llevarían stone y los demás —dice, frunciendo el ceño.

—Cambio de planes, ahora me llevarás tú.

Su expresión me demuestra lo poco convencido que se encuentra.

—¿Alguna vez te he mentido?—ladeo la cabeza hacia un lado y me hace una cara que dice;

« Sabes que sí.»

Hago una pequeña mueca.

—Bueno, esta vez no.

Sin darle más vueltas, engancho mi brazo con el suyo y empiezo a caminar.

—Vamos.

Suspira, resignado.

Cuando llegamos al centro comercial, bajo del auto con más entusiasmo del que esperaba tener.

Siempre había querido ser de esas chicas que salen de compras, pero nunca tuve la oportunidad. Mi madre y Madison se encargaban de llenar mi armario y repetían que yo no era de ese estilo de chica.

Avanzo por mi cuenta hasta que siento un jalón en mi brazo.

—No te separes —me regaña.

—No soy una niña.

—¿No?

Lo miro mal y hace caso omiso, me dirijo hacia una tienda.

« Chanel »

Entramos y aunque insiste en quedarse afuera, lo obligo a estar a mi lado.

Agarro cualquier cosa que me llame la atención.

No soy tan tonta para desaprovechar está oportunidad.

—Puedes sentarte —le digo cuando tiene sus brazos llenos de ropa.

—Gracias, pensé que nunca lo dirías —responde con claro sarcasmo.

Ruedo los ojos y sigo a lo mío.

Después de unos minutos, salgo del probador con un vestido sencillo.

—¿Qué tal? —le pregunto.

Levanta la vista, me mira unos segundos y se encoge de hombros.

—Wow, siempre tan útil.

—¿Qué quieres que diga?

—No sé ¿Un cumplido quizás?

—Te queda bien —dice finalmente.

Lo miro.

Sonrío sin poder evitarlo. Finalmente alguien no decía que no me quedaba por mi tipo de cuerpo.

En la siguiente tienda, la cosa empeora para él.

—Necesito zapatos —digo.

Patrick suspira.

—Claro que sí.

Después de probarme como diez pares, estoy entre dos.

—¿Blancos o beige? —le pregunto.

—Los dos se ven iguales.

—No se ven iguales.

Se acerca un poco, como si de verdad fuera a analizar.

—Si, son idénticos.

Lo miro en silencio.

—Eres inútil.

—Estoy fuera de mi área de conocimiento.

—Literalmente solo tienes que elegir.

Se queda pensando un segundo.

—Los beige.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—Gran argumento.

Termino por llevarme los blancos.

Un rato después, ya tengo varias bolsas en las manos… bueno, en las suyas.

Nos la pasamos de tienda en tienda y el siguiéndome a donde vaya porque no tiene opción.

—No entiendo por qué estoy cargando todo —dice.

—Porque eres caballeroso.

—Se supone que debo estar vigilando la propiedad o escoltando al jefe, no yendo de comprar con su mujer —protesta.

—Deja de quejarte, pareces un bebé.

—No soy un b...—pero se calla cuando lo jalo a otra tienda, en la cuál agarro varias carteras y vestidos, llenando sus brazos aún más.

Cuando por fin salimos, Patrick parece al borde del colapso.

Deja las bolsas en el maletero como si fueran toneladas.

—Nunca más —murmura.

—Ni que te hubiera obligado.

Me mira.

—Literalmente me obligaste.

—Detalles.

Subo al auto y él hace lo mismo.

—¿A dónde ahora? —pregunta.

—A la mansión.

Suelta un suspiro de alivio y escucho como murmura un « por fin» en voz baja. Por mi parte decido no molestarlo las por hoy.

Lo miro y sonrío un poco.

—¿Ves? No fue tan terrible.

Niega con la cabeza, en desacuerdo.

***

El auto se detiene frente a la casa y bajo. Patrick empieza a sacar las bolsas y lo ayudo para que no se le olvide ninguna. Caminamos hacia la puerta y apenas cruzamos el umbral siento su presencia aún sin verlo.

Christian.

Aparece frente a nosotros con una postura tensa y mandíbula endurecida, viéndonos con intensidad.

—Señor —saluda Patrick detrás de mí.

Christian ni siquiera lo mira.

—Alice —dice—. A mi habitación —me ordena.

Aprieto un poco las bolsas que tengo en mi manos.

Doy unos paso cuando vuelvo a escuchar su voz.

—Scott, luego arreglo contigo.

Asiente incómodo y yo frunzo el ceño. No me da oportunidad de hablar porque me insiste en subir y lo hago con él pisándome los talones.

En cuanto entro a la habitación dejo las bolsas sobre el suelo y el cierra detrás de mí.

—¿Que fue eso? —pregunto, cruzándome de brazos.

Me desespera cuando no responde.

—No entiendo tu actitud, sabías que iba de comprar. Tú fuiste el de la idea.

—Lo sé.

Claro que lo sabe.

Da un paso hacia mí.

—Lo que no entiendo es por qué ignoraste la seguridad que dejé asignada.

—No la ignoré.

—Mandé tres hombres contigo.

—Y fui con Patrick.

—Scott —corrige.

—Patrick —repito.

Su expresión no cambia, pero algo en su mirada sí.

—No era una sugerencia, Alice.

—Solo elegí con quién ir.

—Elegiste mal.

Suelto una risa corta.

—¿Ahora también decides eso?

—Cuando afecta a mis órdenes, sí.

—No pasó nada.

—No tenía por qué pasar —responde—. Para eso estaba la seguridad.

Aprieto los labios.

—Exageras.

—No —dice—. Sé exactamente lo que hago.

Da otro paso.

—No es la primera vez que lo haces.

Lo miro.

—¿Qué quieres decir?

Se acerca más.

—Scott es el mismo que te llevó a casa de tus padres sin autorización.

—Yo le pedí que lo hiciera.

—Y él aceptó.

—Porque al parecer el es único de aquí con empatía alguna, incluyendo a Nora.

—Ni una mierda, el debe seguir mis órdenes.

Retrocedo un paso sin darme cuenta.

—No es para tanto.

—También fue el que te sacó de la gala.

—Porque yo quería irme.

—Siempre quieres algo —dice—. Y él siempre está ahí. Que curioso ¿No?

Frunzo el entrecejo.

—¿Qué estás insinuando?

Se acerca más a mi y de un momento a otro me acorrala contra la pared.

—¿Acaso te lo estás follando cuando no estoy?

El golpe de la pregunta me deja en blanco un segundo.

—¿Qué? —digo, incrédula.

—Responde.

—Estas siendo ridículo.

—Es una simple pregunta, responde.

—¡Claro que no! —contesto, molesta—El solo me ha ayudado, pero no tengo nada con el.

Me observa unos segundos más, como si buscara alguna señal.

—Espero que así sea, más por su bien que por el tuyo.

Me enderezo con su amenaza.

¿Como se atreve?

—Ni se te ocurra despedirlo, te lo advierto de una vez. El no ha hecho nada malo.

—No sabía que Scott habia contratado abogada.

—No soy ninguna abogada pero simplemente odio las injusticias.

—Una injusticia es que se follen a mi esposa en mi propia casa.

—¡Que no estamos follando! ¿Que parte no entiendes?

Siento su aliento contra mis labios y como su dedo roza mi barbilla

—Asegúrate de que sea así, porque un despido sería la última de sus preocupaciones.

—¿Qué...?

No responde, en su lugar se acerca mas, inclinándose a mi oído.

—Porque no tolero que toquen lo que es mío.

—No soy tu propiedad. —respondo con voz audible.

—Eres mi mujer, lo que significa que eres mía.

¿Suya?

¿Ahora a este que le pasa?

Se supone que me odia a morir ¿Porqué entonces me dice esto?

No tengo las palabras para responderle.

Su mirada baja a mis labios y se queda ahí un poco más. Su mano se mueve a mi cintura y pasa lo inesperado, me besa.

Por un segundo me quedo quieta.Debería apartarlo, pero no lo hago.

Y eso me molesta más que el beso en sí.

Mis dedos se tensan contra la pared mientras intento mantener la cabeza clara… pero es difícil.

Su beso es igual de dominante que en el club, no duda ni un segundo. Toma el control desde el inicio, y nuestras lenguas se encuentran en una lucha constante, sin que ninguno ceda del todo.

Cuando se separa, no se aleja del todo.

—Espero te haya quedado todo claro y no me hagas perder la paciencia— dice y se aparta como si nada, dejándome ahí, con la respiración desordenada.

***

Hola bebés, les pido mil disculpas por la demora con las actualizaciones, esta semana me he sentido un poco enferma así que por eso no pude subir ningún capítulo.

En breve les subo otro.