11. CONFUSIÓN
AliceLa música suena suave de fondo, mezclándose con el murmullo constante de conversaciones y el tintinear de las copas. El lugar está lleno de gente importante.
Sostengo la copa de champagne entre los dedos mientras escucho a Daphne hablar. Está a mi lado, impecable como siempre, con una sonrisa tranquila que parece no forzada.
Debo admitir que Daphne me cayó muy bien, es muy simpática y amable, que no me mira de reojo ni me trata con desdén.
—¿Y entonces? —dice, inclinándose un poco hacia mí—. ¿Cómo te va en el matrimonio?
La pregunta es casual, pero igual siento ese pequeño nudo en el estómago.
—Bien —respondo, casi automático, antes de darle un pequeño sorbo a la copa—. Todo… bien.
Ella asiente.
—Me alegra —dice con sinceridad—. No siempre es fácil adaptarse a este mundo.
No respondo de inmediato, solo hago un gesto leve con la cabeza.
—O bueno por mi parte lo fue, vengo de una familia de bajos recursos y puede que la suerte estuvo de mi lado cuando Garreth se enamoró de mi e hizo lo imposible para casarse conmigo —somríe con nostalgia.
¿Así se sentira que te amen en verdad?—Gracias a él todo fue mucho más fácil, es maravilloso. No pude tener un mejor esposo.
A unos metros de nosotras los veo. Christian está con Garrett y otros más, todos hablando de negocios o lo que sea que hablen.
—Supongo que es bueno —murmuro
Hay un pequeño silencio, pero no es incómodo.
—Por cierto —dice de repente, mirándome mejor—. Estás muy bonita hoy.
Parpadeo, un poco sorprendida.
—¿En serio?
—Sí —sonríe—. Ese vestido te queda perfecto.
Bajo la mirada por un segundo, alisando la tela.
—Gracias.
Y aunque intento que suene normal, por dentro algo se enciende.
Porque no es lo mismo cuando lo dicen por compromiso a cuando lo dicen con sinceridad. Y las palabras de Daphne parecen reales.
Ella no está forzada a decirme eso y menos a estar conmigo, y me hace sentir bien que quiera hablarme alguien como ella.
Vuelvo a mirarla y le devuelvo una pequeña sonrisa.
—Esta canción me encanta—murmura Daphne cuando empieza a sonar
Fade Into You de Mazzy Star.Se balancea de un lado a otro cuando se repente los pelos se me erizan y siento su presencia.
Garrett se acerca primero.
—¿Me concedes este baile? —le dice a Daphne, inclinando un poco la cabeza.
—Claro —responde ella sin dudar, tomando su mano y se la lleva a la pista.
Pero me bloquean la vista cuando una figura se detiene frente a mi. No dice nada al principio, solo me mira. Luego deja su copa a un lado y me extiende la mano.
Lo miro unos segundos, dudando.No porque no entienda, sino porque no estoy segura de si hacerlo.
Pero al final, dejo mi copa también y pongo mi mano en la suya.
No responde, solo tira suavemente de mí hacia la pista.
Su mano se desliza hasta mi cintura en cuanto nos detenemos y las mías terminan alrededor de su cuello. Empieza a moverse con naturalidad. La música suena de fondo y el me guía.
Damos un par de giros suaves y vuelvo a quedar frente a él.
Al principio estoy un poco rígida, lo noto en mis hombros, pero poco a poco me voy soltando.
—Relájate —murmura en voz baja.
—Lo estoy.
No me cree.
Su pulgar se mueve apenas sobre mi cintura y eso me distrae más de lo que debería. Intento concentrarme en otra cosa, en la música, en la gente alrededor, pero es difícil ignorarlo estando tan cerca.
Levanto un poco la mirada y me encuentro con sus ojos. Esta vez no aparto la vista de inmediato.
Admiro nuevamente el color de sus ojos y la forma de su mirada.
La forma en la que me mira es muy diferente a la mirada que me dio el día de la boda. Y eso me inquieta.
Su cabeza se inclina hacia mi, sus ojos bajan a mis labios y luego vuelven a subir, y esa simple acción hace que mi respiración se desacomode sin que pueda evitarlo. El aire se vuelve más pesado.
Se acerca un poco más y por un segundo absurdo y ridículo, pienso que va a besarme, pero entonces la música se acaba y el momento se rompe en ese mismo instante. Christian parpadea, como si acabara de salir de un trance, y la tensión en su rostro cambia al instante. Traga saliva, aparta la mirada y se va sin alguna explicación.
Siento cómo la confusión se instala en mi pecho con más fuerza que antes. No entendiendo muy bien que fue lo que acaba de ocurrir.
***
Más tarde regreso a la mansión yo sola, porque ni siquiera volvió conmigo. Prefirió quedarse, no sé con quién ni hasta qué hora, y ese simple hecho me deja una sensación incómoda que no logro sacarme de encima.
¿Lo mismo de la vez pasada?Además también cambió de chófer, no despidió a Patrick, pero lo movió a otro puesto.
Mi cabeza no encuentra el silencio y no para de pensar. Intento distraerme, sentarme, hacer cualquier cosa que no implique pensar en él, pero es inútil. Siento que estoy atrapada en un bucle, repitiendo lo mismo una y otra vez, como si en algún punto fuera a encontrar una respuesta distinta.
Pero un ruido interrumpe todos mis pensamientos.
Levanto la cabeza, frunciendo el ceño. Un ruido así no es algo que se escuche normalmente aquí. Me levanto y camino hacia la entrada con cierta cautela. Cuando me acerco lo suficiente, escucho otro golpe, seguido de un arrastre.
Bajo las escaleras y mis ojos lo captan en la entrada.
Christian está apoyado contra la pared, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, como si apenas pudiera sostenerse. Su respiración es pesada y desordenada, no necesito acercarme mucho para darme cuenta de que ha bebido. El olor a alcohol llega hasta mí.
—¿Qué te pasó? —pregunto, acercándome rápido, sujetándolo antes de que pierda el equilibrio.
—Nada —murmura, con voz pastosa—. Estoy bien.
Está claro que no lo esta.
Intenta dar un paso y falla. Paso su brazo por mis hombros y lo sostengo con más firmeza.
—Ya pueden irse —digo, al notar a un par de empleados cerca, observando la escena—. Yo me encargo.
Dudan, pero finalmente se retiran.
Caminar con él hasta la sala no es fácil. Apenas colabora y su peso cae casi por completo sobre mí. Cuando por fin logro dejarlo en el sofá, él se desploma sin ningún cuidado.
—De verdad hueles horrible —murmuro, más para mí que para él, intentando mantener algo de normalidad en medio de la situación.
Odio el olor al alcohol.Me acerco para desabotonar su camisa.
Empiezo con los primeros botones, pero antes de que pueda avanzar más, sus manos se cierran alrededor de mis muñecas.
—¿Qué haces? —pregunta, mirándome con los ojos entrecerrados.
—Ayudarte —respondo, tratando de mantener la calma—. Estás borracho.
—Claro —dice, con una mueca que pretende ser una sonrisa—Aunque suena más a que quieres aprovecharte de la situación.
Me quedo en silencio un segundo, procesando lo que acaba de decir.
—¿Perdón?
—Conozco a las mujeres como tú —añade, sin soltarme.
—¿Y cómo se supone que soy?.
Él ladea apenas la cabeza, como si evaluara la respuesta antes de darla, y aprieta un poco más el agarre.
—Conveniente —dice al final—. Sabes exactamente cuándo acercarte y cuándo hacerte la inocente.
La molestia sube rápido.
—Entonces no me conoces en lo absoluto —respondo, mirándolo directo.
—Lo hago, Alice. Sé la clase de corderito que eres.
—No tienes idea de lo que estás hablando—replico, intentando soltarme—.Y no soy ningún corderito.
—Lo eres—enreda un mechón de mi cabello en su dedo índice —Te acercas al depredador y lo tientas, pero luego actúas como si no supieras en lo que te estás metiendo.
—No sabes...
—Como esto —me interrumpe y seguido a eso, tengo sus labios sobre los míos, sin que lo vea venir.
Por un segundo no reacciono, el intenta abrirse paso a mi boca pero no lo logra y de un momento a otro lo empujo, apartándolo.
—Estás borracho —le digo, respirando más rápido—. No sabes lo que haces.
Su expresión cambia y su mano se cierra en mi nuca.
—Te odio tanto como te deseo.
Las palabras quedan flotando entre nosotros. Lo peor es que algo dentro de mí reacciona a eso. Algo se enciende y mi corazón late frenético.
Sacudo la cabeza, como si pudiera deshacer esa sensación, y aparto la mirada. Él cierra los ojos, dejando caer la cabeza hacia atrás.
Esto está mal.Aprovecho para terminar de abrir su camisa. La tela cede y deja al descubierto su pecho. Me humedezco los labios al ver sus abdominales bien marcados, la tensión en sus músculos y el calor de su piel cuando sin pensar demasiado, dejo que mis dedos rocen apenas su abdomen.
La sensación me toma por sorpresa.
Y eso basta para que me aparte de inmediato.
¿
Qué estoy haciendo ?
¿Que me pasa?Él murmura algo.
—¿Qué? —me acerco un poco, intentando entender.
—Los viste… ¿cierto? —dice, arrastrando las palabras.
Frunzo el ceño.
—¿De qué hablas?
—Lo viste —insiste, con los ojos medio cerrados.
Pienso rápido. Lo único que tiene sentido de lo que vi es el jardín secreto.
Esta podría ser la oportunidad para saber la verdad.
—Sí… ese lugar...
—La silla… la del árbol… —interrumpe—. Esta casa… ha pasado por generaciones… todas las parejas… una noche… ahí…
El recuerdo llega de golpe. Habla de aquella silla colgada en el árbol que vi cuando camine con nora. Se veía descuidada.
—Menos yo… —añade, casi en un susurro.
Aprieto los labios, sintiendo cómo algo incómodo se instala en mi pecho.
No lo dice directamente, pero lo entiendo. Aunque no haya dicho nada coherente creo saber lo que quiso decir, o al menos, eso creo. Y no puedo evitar pensar en Madison. En lo que pudo haber sido y no fue
Por su culpa, pero todos creen lo contrario.
Mis ojos se llenan de lágrimas sin que lo note a tiempo.
Él deja de hablar y su cuerpo se relaja por completo.
Trago saliva y sigo con lo que estaba haciendo. Termino de quitarle la camisa, aunque me cueste más de lo esperado. Una lágrima se me escapa, pero no me detengo.
Llevarlo hasta su habitación es complicado. Apenas puede sostenerse, y en varios momentos siento que vamos a caer los dos, pero lo logro. Lo dejo en la cama, termino de quitarle la ropa hasta dejarlo en bóxer, evitando mirar más de la cuenta, y lo acomodo lo mejor que puedo para que esté cómodo.
Bajo a la cocina por una botella de agua y cuando vuelvo la dejo sobre la mesa de noche con una pastilla.
Cuando estoy por irme, su mano se cierra alrededor de la mía.
—Quédate.
Me detengo.
—No deberia...
—Quédate —repite, tirando suavemente de mí.
No es correcto, Alice.Vete. Hazlo. No cedas.Pero mi pelea interna se disuelve en cuanto pierdo el equilibrio y termino cayendo a su lado. No me suelta. Su brazo me rodea, acercándome más de lo que debería permitir.
Siento su calor, su respiración cerca, el peso de su cuerpo relajado contra el mío.
Esto es demasiado.Mi cara queda apoyada contra su pecho y, casi sin darme cuenta, también lo rodeo con los brazos, dejándome llevar por ese momento breve que no debería sentirse tan bien. Me quedo así, en silencio, escuchando su respiración y sintiendo el calor que desprende, hasta que después de unos minutos, vuelve a hablar.
—No llores más por mí —murmura.
Mi garganta se cierra.
—No puedo evitarlo —respondo con sinceridad.
—No lo hagas. —me aprieta más.
—Ojalá pudiera —musito—, pero todo se vuelve complicado cuando se trata de ti—ni siquiera entiendo por qué estoy siendo tan sincera.
No responde y el silencio se alarga lo suficiente como para hacerme sentir expuesta.
—¿Algún día cambiarás la perspectiva que tienes sobre mi?
Levanto un poco la cabeza para mirarlo pero ya tiene los ojos cerrados.
Se quedó dormido.Me quedo así, sintiendo algo extraño en el pecho, dejándome llevar por lo que siento más que por lo que me dice el instinto.
***
A la mañana siguiente, no puedo dormir más. Me levanto temprano, antes de que el lo haga y decido hacer algo útil.
—Vete a descansar—le digo a Nora cuando la veo preparar las verduras—. Yo me encargo.
—Pero...
—Lo haz hecho durante muchos años, ahora sigue mi turno.
Y sin más, la saco de su propia cocina sin darle oportunidad de replicar.
Al terminar de hacer la sopa, subo a su habitación y entro sin hacer ruido. Pero para mi sorpresa él ya está despierto, sentado en el borde de la cama. Mi sonrisa cae ante la forma en que me mira.
—¿Qué haces aquí? —pregunta—. ¿Y quién te dio la autorización de entrar?
Parpadeo, confundida por el cambio.
Hace unas horas estaba abrazándome y pidiendo que me quedará.
—Te traje algo para la resaca.—cambio de tema.
—No te lo pedí —responde, seco—. Nora puede hacerlo.
Bajo la cabeza.
—Además, tienes prohibida la entrada aquí, a menos que yo lo permita.
—No sabía… como anoche me pediste que me quedara.
Frunce el ceño.
—¿Te pedí qué?
—Que durmiera contigo—repito, más insegura.
Su expresión cambia, pero no de la forma que esperaba.
—¿Y te aprovechaste? ¿No es así?
Siento el golpe directo.
—¿Qué? No.
—Entonces explícame por qué estoy así.
—Porque te quité la ropa sucia —respondo, conteniendo la molestia—. Estabas muy borracho.
Niega con la cabeza, con una sonrisa que no llega a serlo.
—No te creo.
—No tienes que hacerlo —digo, sintiendo cómo la voz se me quiebra un poco—. Pero es la verdad.
—Eres una trepadora —lanza, sin cuidado—. Buscando cualquier oportunidad.
Eso me duele.
—Jamás haría algo así —replico, mirándolo directo, aunque los ojos me arda —. Menos en ese estado.
Mira a su alrededor, buscando no sé qué.
—¿Donde está el condón?
—¿Qué?
—¿O no utilizaste?¿Para quedar embarazada no?
—¡Ya te dije que no hice nada! No miento.
Sigue mirando pero luego su mirada se detiene en mí.
—lo creo únicamente porque no veo mi semen ni ninguna señal —dice, incorporándose —. Pero no porque tú lo digas.
Pasa por mi lado.
—Debí estar muy borracho como para quererte en mi cama sin que tuviera que ver con sexo.
Se me forma un nudo en la garganta.
—Y ya vete —dice— No quiero nada que venga de ti, así que llévate eso contigo —suelta cuando intento dejar el tazón de sopa.
Asiento. No confía en mí y no importa lo que diga.
Me doy la vuelta y salgo de la habitación.
Bajo a la cocina, dejo el plato sobre la mesa y en cuanto estoy sola, el control que estaba manteniendo se rompe. Suelto un sollozo que no logro contener.
Nora aparece casi de inmediato y me frota la espalda en silencio.
No entiendo.
No entiendo por qué me odia así. Ni qué hice para que me vea de esa manera. Y menos entiendo cómo puede ser una persona completamente distinta en cuestión de horas.
Me limpio las lágrimas, pero no logro calmar del todo lo que siento.
***
Más tarde me preparo para la cena con sus padres, y honestamente ya no sé qué esperar de todo esto.
***
No se desesperen o critiquen a Alice, confíen en su proceso y confíen en mi.