13. ILUSIÓN
Alice.Hace unas horas Christian llegó a la propiedad con prisa, pasó a mi lado sin detenerse y sin mirarme, directo hacia su oficina. Desde donde estaba alcancé a verlo tomar unos papeles con movimientos rápidos, sin perder tiempo en nada más. No dijo una sola palabra. Apenas unos minutos después, salió otra vez igual de apresurado y se fue sin darme ninguna explicación, ni siquiera algo breve que me ayudara a entender qué estaba pasando.
En ese momento no entendí nada. Pensé que luego me diría algo, que volvería o que al menos enviaría un mensaje.
Luego recordé que no tengo teléfono.
Fue Nora la que tiempo después, me explicó la situación. El señor George, el abuelo de Christian, está en el hospital. Le dio un paro cardíaco. Me dijo que no es la primera vez, que ya tiene problemas del corazón desde hace tiempo, pero que esta vez fue algo más serio. Aun así, lo alcanzaron a llevar a tiempo y ahora está estable. Eso fue lo importante, según ella. Que reaccionaron rápido y que dentro de todo, está controlado.
Desde que me lo dijo, no he podido dejar de pensar en lo mismo.
Si se supone que soy su esposa, lo normal sería estar allá, acompañando, aunque sea en silencio. No es algo complicado de entender. Pero no estoy. Nadie me llamó, nadie me dijo que fuera, nadie siquiera me tuvo en cuenta cuando todo estaba pasando. Me enteré después, por Nora. Si no fuera por ella, seguiría igual de perdida, sin saber qué fue lo que pasó.
Y eso es lo que más pesa.
Porque no es solo la situación, es lo que deja ver. Es esa sensación constante de que no encajo del todo en su vida, de que hay una parte a la que no tengo acceso. Como si fuera alguien que está, pero no es realmente importante.
A veces siento que solo parecemos esposos en momentos muy específicos. Cuando todo es físico, cuando estamos a solas y no hay nada más alrededor, ahí sí. Pero fuera de eso, en lo que realmente importa, no estoy incluida.
Y hoy se notó más que nunca.
He caminado por la casa sin un rumbo claro, solo para no quedarme quieta pensando en lo mismo. Paso de una habitación a otra como si en algún punto fuera a encontrar algo distinto, alguna señal de que estoy exagerando, pero todo sigue igual. La casa está en silencio pero en mi mente hay mucho ruido.
En algún momento terminé en el lado del jardín que lleva al jardín oculto. Caminé hasta la puerta con la idea de despejarme aunque fuera unos minutos, pero cuando intenté abrir, no se movió.
Estaba cerrada.
Probé otra vez, más por insistencia que por lógica, y nada. Y tampoco había una llave. Me quedé unos segundos ahí, con la mano aún sobre la manija, sin hacer nada más. Luego solté el aire, sin ganas de insistir, y me di la vuelta.
Ni siquiera eso.
Regresé a la habitación despacio, sintiendo que no había realmente nada esperándome en ningún lado. Me senté en la cama, mirando alrededor como si fuera la primera vez que noto lo vacía que puede sentirse, incluso estando completamente en orden.
Y es en esos momentos cuando todo se mezcla un poco más.
No solo esto con Christian, ni lo del hospital. Es más general. Es darme cuenta de que no sé muy bien qué estoy haciendo con mi vida. No tengo algo propio, algo que realmente me mueva o me haga sentir que voy hacia algún lado. Todo lo que tengo parece depender de alguien más, de una situación que ni siquiera controlo.
Y si esto sigue así… no sé cómo se va a ver el futuro.
No tengo una respuesta clara, ni un plan, ni siquiera una idea que suene firme. Solo sé que hoy, en medio de todo esto, me di cuenta de lo fácil que es quedarse en un lugar donde no estás completamente incluida, sin cuestionarlo demasiado.
Y eso me frustra.
Cuando era más pequeña, a esta edad me imaginaba siendo alguien, pero no soy absolutamente nada.
Me dejo caer en el sofá solo un momento, cierro los ojos intentandodejar de sobrepensar. No sé en qué momento me quedo dormida sin darme cuenta, lo único que tengo claro es como me despierta el sonido de la puerta al abrirse.
Levanté la mirada todavía medio desubicada y lo vi entrar. Christian cruzó la sala mientras se aflojaba la corbata con una mano.Tenía el gesto cansado, más serio de lo normal. No se había dado cuenta de que yo estaba ahí hasta que levantó la vista y nos encontramos.
Nos quedamos mirándonos unos segundos. Sin decir nada.
Él pasó la mano por su cabello, despeinándolo un poco, y caminó hacia mí. Se detuvo justo enfrente y me extendió la mano. Yo la miré confundida. No entendía qué quería. Él insistió, moviéndola levemente, como si no fuera a decir nada más hasta que reaccionara.
—Ven —dijo finalmente.
Dudé un segundo, pero al final tomé su mano. Me levantó del sofá y empezó a guiarme sin soltarme. Caminamos en silencio hasta su habitación. Justo antes de entrar, me detuve en seco.
En mi cabeza todo empezó a girar más rápido de lo normal. ¿Por qué me traía aquí? ¿Qué estaba pensando? Y sobre todo… esto no iba a ir por donde yo creía, ¿verdad?
—¿Qué haces? —pregunté, frenándolo.
No respondió. Solo tiró un poco de mi mano, haciendo que entrara de todos modos. Cerró la puerta detrás de nosotros y, sin mirarme, empezó a quitarse la camisa.
Me quedé ahí de pie, sin saber muy bien dónde mirar. Cuando levanté la vista otra vez, ya no la tenía puesta. Se notaban los músculos de su abdomen marcados, y por un segundo me distraje más de lo que quería admitir. Sacudí la cabeza, intentando volver a centrarme.
—No vamos a tener sexo —solté, más directo de lo que pensaba.
Él me miró entonces, con una expresión que no era molesta.
—¿Quién dijo algo sobre sexo? —respondió—. Duerme conmigo.
Parpadeé. No era lo que esperaba.
Christian terminó de quedarse en boxers y se metió en la cama. Se acomodó bajo las sábanas y luego dio unas palmaditas en el lado izquierdo, indicándome que me acercara.
Me quedé quieta.
—No sé… esto no es muy correcto —dije, sin moverme del sitio.
Él suspiró, pasando una mano por su cara.
—Por favor, Alice… ven y acuéstate a mi lado, joder… solo eso.
Bajé la mirada un segundo. Ni siquiera tenía pijama. Iba a decir algo, pero cuando levanté la vista otra vez, él me estaba mirando distinto. No dominante ni enojado.
Y eso fue lo que me hizo ceder.
Me quité los zapatos despacio y me acerqué a la cama. Me acosté con cierta distancia, rígida al principio. Él no dijo nada, solo acomodó la sábana sobre mí. Intenté mantener ese espacio entre los dos, pero no duró mucho.
Sentí su brazo rodear mi cintura y me acercó más hacia él. Su rostro se hundió en el hueco de mi cuello, respirando lento.
Me tensé un poco.
—¿Qué estás haciendo, Christian? —pregunté en voz baja.
No respondió de inmediato. Hubo un silencio breve, y luego empezó a hablar, sin apartarse.
—Mi abuelo… —dijo en voz baja—. Siempre ha sido el pilar de la familia y ha sido como un segundo padre, ¿sabes?
Su respiración se mantenía constante contra mi cuello.
—Es de esas personas que siempre están. Que pase lo que pase, él está ahí para todos.
Hizo una pequeña pausa.
—Siempre ha sido el más fuerte, el que resuelve, el que cuida, el que mantiene todo en orden. Es como si nada pudiera con él.
Tragué saliva, sin decir nada.
—Y ahora… verlo así… en una camilla… —exhaló despacio— es muy doloroso.
Se acercó un poco más.
—Hace nada estaba bien, como siempre… y de un momento a otro está en un hospital.
Guardó silencio un segundo antes de seguir.
—No sé qué va a ser de mi familia si empeora, él es una de las principales razones por las que seguimos unidos.
Me muerdo el labio, escuchándolo atentamente.
—Mi abuelo es esa persona que sabes que va a estar ahí si te caes. El que te levanta, el que te cura cuando algo te duele… —negó apenas con la cabeza—. Y de repente ya no sabes si va a poder hacerlo.
El silencio se quedó un momento.
—¿Alguna vez te has sentido así por alguien?
La pregunta me tomó desprevenida.
Me quedé mirando al frente, pensando. Pasaron varios segundos. Quizá más de los que eran necesarios.
No estaba segura de qué responder.
—No lo sé… —dije al final—. Creo que no.
Sentí cómo él asentía ligeramente, sin decir nada más.
Se quedó ahí, abrazándome, en silencio. Y por primera vez desde que entramos en la habitación, todo se sintio simple. No algo físico ni sexual. Solo dos personas deprimidas por razones completamente distintas.
***
A la mañana siguiente.Me desperté antes que él y aún siento el peso de su brazo alrededor de mi cintura. Me quedo quieta unos segundos, mirando el techo, tratando de ubicarme. Christian seguía dormido detrás de mí, respirando lento, con la cara medio escondida en la almohada.
Por un momento dudé.
Luego con cuidado, aparto su brazo. Lo hago despacio, intentando no despertarlo, aunque una parte de mí sabía que no era solo por no hacer ruido, era más bien por evitar lo que podía venir después. La última vez no había terminado bien. Y no tenía ganas de repetirlo.
Cuando logré soltarme, me levanté de la cama en silencio y salí de la habitación sin mirar atrás.
Me duché, me cambié y traté de ordenar un poco mi cabeza. Todo lo de anoche, había sido raro. Diferente. Pero no sabía si significaba algo o si solo había sido un momento.
Estaba terminando de arreglarme cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Me giré de inmediato.
—¿Por qué te fuiste? —dijo Christian desde la puerta, con el ceño fruncido.
Parpadeé, sorprendida por el tono.
—Pensé que eso era lo que querías —respondí, cruzándome de brazos—. Como la última vez.
Se quedó en silencio un segundo. Tragó saliva y apartó la mirada, como si esa respuesta no le hubiera gustado.
—Olvídalo —responde al final, más bajo—. Baja a comer.
No esperó respuesta. Se dio la vuelta y salió.
Me quedé ahí unos segundos, sin entender del todo qué acababa de pasar, antes de seguirlo.
En la cocina ya estaba Nora. Nos recibió con una sonrisa suave, mientras pone nuestros platos en el comedor.
—Buenos días.
—Buenos días, Nora —respondí.
Nora mira a Christian con cierta preocupación.
—¿Cómo sigue tu abuelo?
Él bajó la mirada un segundo.
—Mejor
—Va a salir adelante —dijo ella con calma—. Es fuerte.
Él asintió otra vez, sin decir mucho más.
Durante el desayuno, el ambiente fue tranquilo, no hablamos, todo se mantuvo en silencio, pero lo extraño es que Christian no dejaba de mirarme, y no se si sintirme incómoda o halagada. Cada vez que levantaba la vista, él ya me estaba mirando.
No entendía por qué.
Cuando Nora terminó, recogió algunas cosas y salió
—Gracias —dijo de repente.
Lo miré.
—¿Por qué?
—Por anoche. Por escucharme y quedarte.
No supe qué decir. No esperaba eso.
—No es nada —respondí, un poco torpe.
Él asintió, pero se notaba incómodo. Apartó la mirada, se levantó de la mesa y tomó su chaqueta.
—Nos vemos más tarde.
—Sí… claro.
Salió sin decir más.
Me quedé sentada unos segundos, procesando. Había sido distinto. Muy distinto. Y sin darme cuenta, sonreí un poco.
Tal vez… tal vez algo había cambiado esa noche.
***
Pasé gran parte de la tarde dándole vueltas a lo de la mañana. Y no podía evitar pensar que, tal vez algo había cambiado, aunque fuera un poco.
Cuando me encuentro a Nora en la cocina, me apoyo en el marco de la puerta.
—Nora… ¿puedo preguntarte algo?
—Claro, dime.
—¿Hay algún postre que le guste mucho a Christian?
—¿Por qué? —responde casual.
—Me gustaría prepararle algo, para animarlo, ya sabes. Esta situación lo tiene muy estresado.
Ella sonrie sin dudar.
—El pastel de chocolate, cariño. Ese siempre ha sido su favorito.
Asiento.
—¿Me ayudarías a hacerlo?
—Por supuesto.
Nos pusimos manos a la obra casi de inmediato. Sacamos ingredientes, encendimos el horno, y en cuestión de minutos la cocina ya era un desastre. Harina en la encimera, un poco en mis manos en incluso en mi ropa.
Más por mi que por ella.
—Estás haciendo más desastre del necesario —dijo Nora, riéndose.
—Estoy un poco nerviosa, nunca me había pasado
—Lo sé—respondió con una sonrisa y le creo porque en todo este tiempo que llevamos cocinando juntas, nunca he hecho un desorden así.
Terminamos riéndonos por cualquier cosa y mientras mezclaba la masa, no podía evitar pensar en él. En cómo reaccionaría. En si le gustaría. En si notaría el gesto.
Tal vez era una tontería, pero me hacía ilusión.
Cuando el pastel estuvo listo, lo dejamos enfriar y luego lo llevé al comedor. Lo puse en el centro de la mesa y me senté frente a él, mirándolo como si en cualquier momento fuera a aparecer.
Las ocho pasaron, la hora de salida a la que acostumbraba llegar, pero nada.
Luego las nueve.
A las diez ya había dejado de mirar el reloj cada cinco minutos, pero el silencio empezaba a pesar.
A medianoche, la casa estaba completamente en silencio. Nora dijo que fuera a dormir pero hice caso omiso.
Yo seguía aquí.
Cuando finalmente escuché la puerta abrirse, eran casi las dos de la mañana. Me levanté de inmediato.
Christian entró con paso algo inestable. No hizo falta acercarme demasiado para notar el olor a licor.
—¿Por qué llegas a esta hora? —pregunté, sin rodeos.
Él me miró, claramente molesto.
—No te metas en mis asuntos. No es algo que te concierna.
Apreté los labios, sintiendo cómo se me tensaba la mandíbula.
—Soy tu esposa, claro que me concierne.
Soltó una risa corta, sin humor.
—Eso no es real. No actúes como si lo fuera....Por si no lo recuerdas, yo no quise casarme contigo.
Sentí el golpe y retrocedí antes el olor potente a licor.
No está en sus cinco sentidos. Pelear solo empeorará las cosas.—Deberías irte a dormir.
—Tú no me dices qué hacer.
Respiré hondo, cansada de discutir.
—Está bien. Haz lo que quieras.
Me di la vuelta y subí a la habitación. Cerré la puerta y me apoyé un segundo en ella, intentando bajar la tensión.
No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera otra vez.
Levanté la mirada.
—¿Qué quieres?
Se quedó de pie, mirándome.
—No quiero nada de ti. ¿Entiendes? Nada.
No dije nada.
—No necesito que me cocines ni que hagas cosas por mí —continuó—. No se te olvide cuál es tu papel aquí.
Mi mente se fue directo al pastel. A la mesa. A las horas esperando.
Sentí los ojos arder, pero no iba a llorar delante de él.
—Esto no es un matrimonio real —añadió—. No confundas las cosas. Si alguna vez parece otra cosa es solo cuando tenemos sexo. Es la única manera en que te quiero ¿entiendes?
El golpe fue más fuerte de lo que esperaba. Aun así, me quedé quieta, en silencio. La habitación estaba oscura y eso me ayudó. Porque no pudo ver cómo una lágrima rodaba por mi mejilla.
Dicho esto se dio la vuelta y salió azotando la puerta.
Me acuesto despacio, mirando al techo. No pude contenerlo más. Las lágrimas empezaron a salir solas, en silencio.
Había sido una estúpida.
Pensar que algo iba a cambiar… que esa noche había significado algo.
Al final, todo seguía igual.
Y lo de nosotros siempre iba a ser así.
***
Hola bebés, disculpa la demora por actualizar. He estado muy ocupada en mis cosas y aveces el tiempo no me da, pero prometo estar más juiciosa con las actualizaciones 🥲En unas horas les subo el siguiente capítulo y trataré de subir más esta semana.