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14. CONTRADICCIÓN

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14. CONTRADICCIÓN

Christian.

El trabajo no avanza hoy. Llevo más de una hora con el mismo documento abierto y no he pasado de la segunda página. Leo, vuelvo a leer, y no retengo nada. Cada vez que intento concentrarme, mi cabeza se va a otro lado.

A mi abuelo y a las cosas que pasan en casa.

Apoyo los codos sobre el escritorio y me paso una mano por la cara. No debería estar así. Tengo cosas que hacer, decisiones que tomar, pero no estoy aquí del todo.

Lo de mi abuelo no me deja tranquilo. Sé que está estable, eso es lo que dicen todos, pero no es suficiente. No después de verlo así. No después de cómo estaba hace apenas unos días.

Y luego está todo lo demás.

Alice.

No hemos hablado en cuatro días. Ni una sola palabra. Y no es que no hayamos coincidido, es que yo me he encargado de no estar. Salgo temprano, vuelvo tarde. Evito cualquier momento en el que tengamos que cruzarnos.

Es más fácil así.

O eso me digo.

Miro el reloj y son las nueve en punto. Exhalo despacio y me recuesto en la silla, pasando una mano por mi cabello, desordenándolo un poco.

No voy a sacar nada más hoy.

Me levanto sin pensarlo demasiado. Tomo el saco de la silla y salgo de la oficina. Mi secretaria levanta la vista en cuanto me ve.

—Organiza el cronograma de mañana —Ordeno.

—Claro, señor.

No espero más. Sigo caminando hacia el ascensor y presiono el botón. El trayecto hacia abajo se me hace más largo de lo normal. Cuando llego al estacionamiento subterráneo, saco las llaves y camino hasta el auto. Me subo, enciendo el motor y salgo sin pensarlo demasiado.

Pero no voy a casa. Voy al lugar de siempre cuando no quiero pensar: el club. No tiene nada de especial, solo es donde me distraigo lo suficiente con alcohol como para que mi cabeza se calme.

Hoy son dos razones, la primera para no sobrepensar y la segunda...

Al entrar, la música golpea de inmediato.

Y es donde los veo de inmediato.

Garreth y Axel están en una de las mesas de siempre. Me acerco y Axel es el primero en notarlo.

—Mira quién decidió aparecer —dice, levantando la mano.

—Ya era hora —añade Garreth.

Me siento con ellos sin darle mucha vuelta.

—Tenía cosas que hacer.

—Sí, claro —dice Axel con una sonrisa —. Siempre ocupado.

No respondo. Una mesera se acerca y pedimos de beber sin pensarlo demasiado.

Garreth y Axel han sido mis mejores amigos y socios de trabajo, sé que puedo contar con ellos.

La misma mesera vuelve con las bebidas y se inclina un poco más de la cuenta cuando deja el vaso frente a Axel, y no es precisamente discreta.

—¿Algo más? —le pregunta, sonriendo.

Axel le devuelve la mirada y le guiña el ojo.

—Por ahora no, cariño.

Ella sonríe un poco más antes de irse y contonear las caderas. Movimiento que no se pierde Axel, supongo que gustoso de ver un gran culo.

Niego apenas con la cabeza.

Garreth ni siquiera la mira. Está concentrado en nosotros, completamente ajeno a la escena.

No me sorprende. El desde que conoce a su esposa no mira a la dirección de otra.Ni loco le sería infiel.

Está completamente jodido.

Me recuesto un poco en la silla mientras Axel juega con el vaso entre los dedos y Garreth revisa algo en su celular.

—¿Cómo sigue tu abuelo? —pregunta el último al levantar la vista.

Aprieto un poco la mandíbula.

—No quiero hablar de eso.

—¿Como van las cosas con tu esposa? —pregunta mi otro mejor amigo.

—Ese es otro tema del que no quiero hablar.

Garreth suelta un “bien” por lo bajo, como dando el tema por cerrado, pero Axel no es de los que se quedan quietos.

—Entonces… —dice mirándome —. ¿Vas a seguir con esa cara toda la noche o en algún momento vas a decir qué te pasa?

—No me pasa nada.

—Sí, claro —responde con clara sorna.

—Déjalo. Si quiere hablar, va a hablar.—dice Garreth.

—O no —añade Axel—, y se queda ahí amargado.

No digo nada. Tomo un trago.

—Mi matrimonio es un desastre —digo de repente, sin mirarlos—. Y la mayor parte es culpa mía.

Ambos se quedan en silencio un segundo.

—Bueno… —empieza Axel—, tu matrimonio no es precisamente uno normal.

—Sí, pero sigo siendo un idiota.

—Tal vez —dice, encogiéndose de hombros—, pero tienes tus razones para serlo.

Garreth niega con la cabeza antes de que yo diga algo.

—No.

Axel lo mira.

—¿Ah, no?

—No —repite, más firme—. Ninguna mujer merece que la traten mal… a menos que sea una zorra desgraciada.

No dice más, pero sé perfectamente de quién habla. Conocí a esa mujer en su momento y entiendo por qué le dejó esa idea.

Garreth se inclina un poco hacia adelante.

—Yo con mi mujer tuve problemas al inicio, como cualquiera. Malentendidos y discusioneo, pero nunca pasó de ahí. Nunca fue una excusa para tratarla mal —hace una pausa breve—. Y te lo digo claro, tú tratas muy mal a la tuya.

Axel resopla.

—No compares. Son situaciones completamente diferentes.

—Sí, lo son —responde Garreth—, pero hay cosas que no cambian. Y siendo honestos, Alice no parece alguien que merezca eso.

No digo nada. Solo los escucho.

Axel vuelve a mirarme.

—¿No eres tú el que la estaba mirando mal en la gala?

Aprieto la mandíbula.

—Si pero eso fue antes de que mi mujer me reprendiera y me dijo que no lo volviera a hacer, además que me habló bien de ella.

—Idiota dominado —suelta Axel, negando con la cabeza.

Garreth se encoge de hombros.

—No me apena serlo.

Escuchar a Garreth hablar de esa manera de su esposa me hace cuestionarme.

—Soy un idiota —digo al final.

Ambos me miran, extrañados.

No explico nada más.

Me quedo en silencio, mirando el vaso, mientras en mi cabeza todo empieza a girar otra vez.

No sé qué me pasa.

Nunca me detengo a pensar en esto. Nunca. Pero ahora… no puedo evitarlo. Porque sé que lo que hago no está bien.

Y aun así, lo sigo haciendo.

Aquella noche todo había estado bien. Tranquilo y sin tensión.

Y luego… todo volvió a lo mismo.

Después de ver a mis padres y después de que me recordaran cuál era mi verdadero objetivo. Volví a ser el mismo imbécil de siempre.

Aprieto el vaso entre los dedos.

Y lo peor es que ni siquiera sé explicarlo.

Ni a ellos… ni a mí mismo.

No he vuelto a pensar en Madison como antes. Por obvias razones tengo detectives tratando de hallar su paradero, pero ahora lo único que se me viene a la cabeza es Alice.

En su cara cuando angelical, sus labios carnosos y forma en la que me mira con sus grandes ojos verdes.

Y también otras cosas que me vuelven loco

Su cuerpo.

Paso la lengua por mis labios, desviando la mirada un segundo. Es imposible no pensar en eso. En cómo se ve, en cómo se siente cuando está cerca. En su piel, sus increíbles pechos y caderas.

Aprieto la mandíbula.

—¿Qué te pasa, idiota? Te quedaste callado—dice Axel, sacándome de golpe.

Parpadeo.

—No es nada.

Tomo otro trago.

Es deseo. No puede ser otra cosa. No tiene sentido que lo sea.

No puedo estar sintiendo algo por ella.

No.

Eso es imposible.

Esto es otra cosa. Es lujuria y deseo. Ya está.

Nada más.

Sigo bebiendo con ellos, escuchando a medias lo que dicen, respondiendo lo justo.

Y aun así, no termino de desconectarme.

Pero tampoco llego a ese punto en el que dejo de pensar por completo. No me emborracho.

Y casi preferiría hacerlo.

***

Hoy me despierto tarde y La cabeza no me duele, pero tengo esa sensación pesada detrás de los ojos que no se quita fácil. Me quedo unos segundos mirando el techo, tratando de ordenar mi mente.

Al final me levanto.

Camino directo al comedor y es ahí cuando la veo.

Alice ya está sentada, tiene una taza frente a ella. Ni siquiera levanta la vista cuando entro.

Me detengo un segundo.

—Buenos días.

No responde.

Sigo caminando y tomo asiento frente a ella. El sonido de la silla al arrastrarse es lo único que rompe el silencio.

—Alice.

No sé ni porque demonios la llamo pero ella sigue viendo la revista mientras toma el líquido de su taza.

Y noto por fin algo.

Antes, a esta hora o incluso más temprano ya habría algo en la mesa. Un café listo y es curioso porque nunca le presté atención a ese detalle hasta hoy

—Nora no está —por fin habla—. Salió a comprar unas cosas que necesitaba.

Asiento, despacio.

—Ya veo.

El silencio vuelve a instalarse entre los dos.

Ella baja la mirada otra vez y sigue a lo suyo. Como si yo no estuviera ahí.

Me apoyo un poco en la mesa.

—¿No vas a desayunar?

—Ya lo hice.

La observo un segundo más de lo necesario.

—Alice.

No responde de inmediato.

—¿Que?

—¿Podemos hablar?

Esta vez sí levanta la vista del todo. Me sostiene la mirada, pero no hay emoción ahí.

—Tengo que salir.

Miro alrededor.

—¿Qué?

—Tengo cosas que hacer —dice y se levanta .—Y para que lo sepas. Te estoy avisando, no pidiendo permiso

Y en su tono de voz hay una clara indiferencia que me molesta más de lo que me gustaría admitir.

Aprieto un poco la mandíbula.

—Alice.

No se detiene y me ignora llevándose la taza con ella, caminando hacia la cocina.

Respiro hondo.

Antes no era así.

Antes insistía, preguntaba el intentaba. Ahora no.

Se le pasará.

Me paso una mano por el cabello y me levanto también. Camino hasta la cocina y la encuentro de espaldas, lavando la taza como si nada.

—¿Estás enojada porqué no llegar a casa temprano?

—No.

—¿Ah, no?

—No —Su negación me irrita.

—¿No tienes nada que decirme?

—¿Qué más quieres que diga?

Aprieto la mandíbula otra vez.

—Podrías al menos…

Me callo.

Ni siquiera sé qué esperaba.

Que preguntara. Que reclamara. Que hiciera algo.

Pero no.Nada.Dejo escapar el aire por la nariz.

—Bien.

Ella termina de lavar la taza, la deja en su sitio y por fin se gira.

—¿Algo más?

La miro.

No sé qué decir.

Así que niego con la cabeza.

—No.

Asiente apenas.

—Entonces me voy.

Pasa a mi lado otra vez, esta vez aún más distante. La veo salir de la cocina sin mirar atrás.Me quedo ahí, de pie en silencio, no es que esté haciendo algo malo, no está gritando ni discutiendo.

Y eso es lo que exactamente le pedí.

Y eso pesa más de lo que debería.

Me apoyo en la encimera, mirando al vacío unos segundos. Podría ir tras ella, decir algo más, forzar una conversación.

Pero no lo hago.

Al final solo me quedo ahí, quieto.

***

No tengo ganas de nada, mucho menos de otra cena de mi madre, que últimamente no deja de organizarlas.

Pero esta vez es diferente porque es con mi familia y la de Alice. Y no sé porque tengo la sensación de que algo va a pasar esta noche.