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16. DESEQUILIBRIO

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16. DESEQUILIBRIO

Christian.

Llego más temprano de lo normal. Ni siquiera sé bien por qué, solo sentía la cabeza saturada y necesitaba salir de todo eso antes de que me explotara en la cara. Paso por el umbral de la puerta y apenas di unos pasos dentro de la casa cuando la veo.

Alice estaba en el jardín, sentada en una silla con un lienzo frente a ella. Tiene manchas de pintura en las manos, en el borde de la camisa, incluso en la mejilla. El sol le caía de frente, y aun asi seguía en su lugar pintando. completamente concentrada, como si nada más existiera.

Me quedé quieto sin darme cuenta.

No entiendo por qué mi corazón reacciona de esta forma cuando la veo. No tiene sentido. No debería importarme tanto, no debería ni siquiera detenerme a observarla de esa manera. Y sin embargo, ahí estoy, como un idiota, mirando cada detalle, tratando de entender en qué momento empezó esto.

Porque antes no era así.

Ahora veo todo de manera diferente.

Ahora hay algo que se me mete en el pecho cada vez que pienso en ella, algo incómodo, algo que no puedo ignorar.

Aprieto la mandíbula y aparto la mirada como si eso fuera suficiente para volver a la normalidad.

Camino directo hacia mi habitación sin decir nada.

Subo las escaleras con una sensación rara, cierro la puerta más fuerte de lo necesario. Me llevo la mano al cuello y me aflojo la corbata, sintiéndome sofocado, como si el aire no fuera suficiente.

Me paso una mano por la cara, tratando de ordenar mis pensamientos, pero es inútil. Todo termina en el mismo punto.

En ella.

Y ahí es donde todo se complica.

Porque si soy honesto… he sido un completo hijo de puta con Alice. No hay otra forma de decirlo. La forma en que la he tratado, las cosas que he dicho, la manera en la que la he usado para mis propios objetivos… nada de eso tiene justificación.

Y aun así, lo hice.

Lo sigo haciendo.

Y lo peor es que ella no se lo merece. Nunca se lo mereció.

Cierro los ojos un segundo, intentando sacar esa imagen de mi cabeza, pero lo único que consigo es verla otra vez.

En el fondo siempre supe que lo que estaba haciendo no estaba bien, pero elegí no prestarle atención. Era más fácil seguir adelante sin cuestionarme nada, sin detenerme a pensar en las consecuencias. Hasta esa noche. Esa noche en la que me habló distinto sin medir palabras, como nunca lo había hecho conmigo. Y después como me ignoró como nunca antes, y eso más que cualquier reclamo fue lo que realmente me descolocó

Respiro hondo, apoyando las manos en la pared , tratando de volver a lo importante, a lo que realmente importa.

No puedo distraerme.

No ahora.

No cuando todo esto tiene un propósito.

Tengo algo que cumplir. No es algo que pueda dejar a medias, no después de todo lo que ha pasado.

Esto no es un juego.

Y mucho menos es algo que pueda arruinar por… sentimientos.

Aprieto los puños sin darme cuenta.

Esto es por ella .

Me recuerda mi conciencia.

****

Una semana después.

Me bajo de la camioneta cuando el guardaespaldas abre la puerta y lo primero que me golpea es el ruido y los flashes. La gala está más concurrida de lo que esperaba, lo cual es bueno. Esta noche hay varios inversores importantes y necesito cerrar un par de conversaciones.

Rodeo el vehículo y, cuando Alice baja, enlaza su brazo con el mío y tengo muy claro que es por mera apariencia. Caminamos por la alfombra roja mientras los flashes revientan a nuestro alrededor, y cualquiera diría que somos exactamente lo que aparentamos.

El trayecto del camino aqui se me hizo más largo de lo normal. Fue un total silencio incómodo, intenté entablar una conversación en el auto con ella pero fue imposible.

— ¿Cómo te ha ido con los lienzos?

—Bien —responde sin mirarme.

Asiento.

—¿Y los pinceles que te compré? ¿Te gustaron?

—Sí.

Nada más, sin interés en extender la conversación. Solo respuestas cortas y secas.

Intente encontrar otra cosa que decir, pero me quede en blanco. Y por más temas que tenga es no tiene ningún interés en hablar conmigo, y eso me incomoda más de lo que debería. No estoy acostumbrado a esto.

La miro de reojo mientras seguimos avanzando y ahí está otra problema.

Se ve… demasiado bien.

El vestido dorado le cae perfecto, como si estuviera hecho exactamente para ella. El cabello rubio le brilla con la luz de los flashes, y cuando gira un poco la cabeza, sus ojos verdes resaltan de una forma que no pasa desapercibida. Su belleza me deja asombrado y no entiendo como pasaba por desapercibido ante lo que tenía frente a mi.

O como lo hacía frente a todos.

Cuando esa mujer brilla como el maldito sol.

Desvío la mirada antes de quedarme demasiado tiempo observándola.

Entramos al salón principal y de inmediato ubico a Garreth. Está con su esposa, y ella le está dando un bocadillo mientras él lo recibe con una sonrisa. Es una escena simple, cotidiana incluso, pero por alguna razón me detengo un segundo más de lo necesario.

Siento cómo Alice afloja su agarre en mi brazo y, sin hacer mucho, se suelta. Es sutil, cualquiera diría que es un movimiento natural al entrar pero para mí no lo es.

Sigo su mirada y entiendo por qué.

Daphne.

Alice camina hacia ella sin dudarlo y en cuestión de segundos ya están hablando, como si yo no existiera. Me quedo donde estoy, observando cómo se aleja, y no puedo evitar que algo me moleste. Debería estar a mi lado. Debería cumplir su papel.

Pero sé perfectamente que, si puede elegir, va a preferir cualquier lugar antes que estar conmigo.

Y no la culpo.

Me acerco a Garreth y conversamos unos minutos. Le cuento que mi abuelo ya está fuera de peligro y que está recuperándose en casa, que todo quedó en un susto más grande de lo que realmente fue. Hablamos un poco de negocios, de cómo se está moviendo el mercado, de un par de inversiones que podrían interesarme. Es una conversación útil, pero no logro concentrarme del todo.

Después de eso me separo para hablar con otros inversores. Hago lo que vine a hacer.

Después de un tiempo decido buscar a Alice .

Y cuando la encuentro, todo en mí se tensa.

No está con Daphne.

Está con un hombre.

Él está hablando y ella… se ríe. No es una sonrisa educada, es una risa real, ligera, como si estuviera cómoda.

Aprieto la mandíbula sin darme cuenta.

Lo reconozco enseguida. James Cooper, heredero de una de las familias políticas más influyentes del país. Perfecto. Justo el tipo de persona que no necesito ver cerca de ella.

Ese hijo de puta.

No lo pienso demasiado. Simplemente camino hacia ellos.

—¿Interrumpo o la están pasando demasiado bien? —digo con una media sonrisa que no llega a ser amable.

Alice gira apenas la cabeza hacia mí, y antes de que diga algo, paso mi mano por su cintura y la acerco a mí. Es un movimiento firme. Le doy un beso en la mejilla como si fuera lo más natural del mundo.

—¿Se están divirtiendo? —añado.

Ninguno responde de inmediato.

—No, en serio —insisto, mirando a James—. Cuéntenme el chiste. Si la hace reír así, yo también quiero participar.

James carraspea un poco, incómodo pero tratando de mantener la compostura.

—Hablábamos de una exposición en París… Alice mencionó que le interesaba el arte contemporáneo y terminamos comentando algunas piezas...

Asiento lentamente, como si eso fuera lo más fascinante del mundo.

—Claro. Muy gracioso.

Suelto una risa corta, completamente falsa.

—Bueno —continúo, ajustando mi agarre en la cintura de Alice—, me la voy a robar un momento. Justo estaban por empezar nuestra canción favorita.

No le doy tiempo a nadie de decir nada más. La guío hacia la pista de baile.

Cuando la música empieza, coloco una mano en su espalda y la otra toma la suya. Comenzamos a movernos con el ritmo, pero la forma en que me mira deja claro que esto no le gusta en lo absoluto.

—¿Qué fue eso? —me dice en voz baja, sin apartar la mirada.

—¿Qué cosa?

—Sabes perfectamente de qué hablo.

Sostengo su mirada.

—Le estaba coqueteando a mi esposa en mi cara. ¿Qué querías que hiciera?

—Nada —responde sin dudar—. Porque no es real.

Siento como si me clavara cinco puñales en el pecho.

Aprieto un poco más la mano en su espalda.

—Sea real o no —digo, bajando la voz—, hicimos unos votos. Y, hasta donde recuerdo, incluían ser fieles.

Ella suelta una pequeña risa sin humor.

—¿Ahora te importan los votos? —dice—. Qué conveniente.

Sigo moviéndome con la música, sin soltarla.

—No es conveniente. Es lo mínimo.

—¿Lo mínimo? —repite—. Porque hasta donde yo recuerdo, tú no has cumplido nada de eso.

No respondo de inmediato.

—No mezcles las cosas.

—No las estoy mezclando —dice, firme—. Solo estoy señalando lo obvio.

Damos un giro lento.

—Lo obvio es que ese tipo no tenía nada que hacer tan cerca de ti.

—Y tú no tienes nada que hacer decidiendo con quién hablo —responde sin levantar la voz—. Menos cuando esto es una farsa.

Aprieto la mandíbula.

—Puede no serlo.—siseo en voz baja.

—Pero lo es.

La música empieza a bajar y nos quedamos en silencio unos segundos.

—No tienes ningun derecho a reclamar —añade finalmente—. No después de todo.

La canción termina y se separa de mí sin esperar nada más.

—Espero que esto no se vuelva a repetir —sentencia antes de irse—. Porque esto no es real, ¿recuerdas?

La veo alejarse entre la gente y me enojo conmigo mismo por no saber que hacer.

***

Son las nueve de la noche y voy manejando sin prisa, pero tampoco con ganas de llegar a ningún lado. Llevo casi una hora dando vueltas antes de tomar la carretera correcta. No quiero volver todavía a casa. No quiero abrir la puerta y encontrarme con Alice o peor, con esta versión suya que no termino de entender.

Antes era distinta. Ahora es diferente. Ahora es como si hubiera puesto un límite claro, como si algo en ella hubiera cambiado de golpe y no tuviera intención de volver atrás. Es otra persona.

Exhalo por la nariz y giro el volante hacia la entrada de la casa de mi abuelo.

Las luces del jardín están encendidas como siempre. Todo se ve exactamente igual a como lo recuerdo. Apago el motor y me quedo un segundo dentro de la camioneta antes de bajar.

No he avisado que venía.

Toco la puerta una vez y no pasan ni cinco segundos cuando se abre.

—Mira quién apareció —dice mi abuelo, con esa sonrisa tranquila de siempre.

No se sorprende demasiado. Solo se hace a un lado para dejarme pasar, como si hubiera estado esperándome.

—¿Interrumpo algo? —pregunto mientras entro.

—A esta hora lo único que interrumpes es mi novela —responde—. Y no me molesta en lo absoluto.

Cierra la puerta detrás de mí y me da una palmada en el hombro. Es un gesto simple, pero suficiente para que baje un poco la tensión que traía encima.

Siempre ha sido así. Desde que era niño. Si hacía alguna estupidez, él era el que encontraba la forma de bajarle el peso a todo, de poner las cosas en perspectiva sin hacerme sentir peor. Nunca justificaba lo que hacía mal, pero tampoco me dejaba hundirme en eso.

Caminamos hacia la sala.

—¿Ya cenaste? —pregunta.

—No.

—Perfecto, entonces comes conmigo.

No me da opción a decir que no. Va a la cocina y empieza a sacar cosas como si tuviera todo. Yo me apoyo en el marco de la puerta, observándolo.

—¿Y tú? —le pregunto—. ¿Cómo has estado?

—Vivo, que no es poco —responde sin dejar de moverse—. El médico dice que estoy bien, pero igual me regaña por todo.

—¿Y le haces caso?

—A veces —dice, encogiéndose de hombros—. Cuando me conviene.

No puedo evitar soltar una pequeña risa.

Nos sentamos a la mesa y empezamos a hablar de cosas simples. De un vecino que vendió su casa, de un amigo suyo que tuvo un problema con el negocio, de política, de cualquier cosa que no tenga que ver conmigo. Es fácil seguirle el ritmo. Con él siempre lo ha sido.

Pero sabía que no iba a durar.

—¿Y cómo va tu matrimonio? —pregunta de repente, como si fuera lo más normal del mundo.

Levanto la mirada hacia él y por un segundo considero responder con algo genérico.

—Bien —digo.

No me cree. Ni un poco.

Lo noto en cómo se queda mirándome.

—No tienes cara de “bien” —dice al final.

Paso la mano por la nuca, incómodo.

—Estamos… distantes.

No es mentira. Pero tampoco es toda la verdad.

Él asiente despacio, como si ya lo supiera.

—Eso pasa —dice—. De eso se trata el matrimonio.

No respondo.

—Pero no es algo trivial comoos matrimonios normales —respondo después de unos minutos.

El se rasca la barbilla.

—Te dije algo antes de que te casaras —continúa, apoyando los codos en la mesa—. ¿Lo recuerdas?

Claro que lo recuerdo.

—Que no dejara que la venganza me consumiera —respondo.

—Exacto.

Se queda en silencio un momento antes de seguir.

—Porque ya vi lo que eso le hizo a tus padres. Y no quiero verte en lo mismo.

Aprieto la mandíbula, pero no digo nada.

—Esa chica —añade—, Alice… ella no tiene nada que ver con eso. Es inocente en todo esto.

Bajo la mirada hacia el plato.

Lo sé.

—No deberías arrastrarla a algo que no le pertenece —dice con calma, sin levantar la voz—. Y mucho menos usarla para resolver cosas que vienen de antes.

Sus palabras no son duras, pero pesan igual.

Me quedo callado unos segundos.

—No es tan simple —murmuro.

—Nunca lo es —responde—. Pero eso no lo hace correcto.

Tiene razón. Y eso es lo que más molesta.

Me paso una mano por la cara, soltando el aire despacio.

En el fondo siempre supe que esto iba a llegar a este punto. Que no iba a poder sostener todo sin que algo se rompiera. Y ahora está pasando.

Y no sé cómo arreglarlo.

—Aún estás a tiempo —dice mi abuelo, como si pudiera leerme la cabeza—. Pero tienes que decidir qué pesa más.

No respondo.

Porque sé exactamente a qué se refiere.

Y no estoy seguro de querer aceptar la respuesta.

***

Hola mis queridos lectores, hoy tenemos punto de vista de christian y me gustaría saber su opinión respecto a esto.

También quería tomarme este espacio por agradecer por su paciencia con cada actualización, sé que les desespera lo lenta pero es lo que puedo hacer, créanme que quisiera darles capítulos toda la semana pero cuando no es el tiempo, es la creatividad, y creo que eso es peor, cuando no fluye. Y es mejor no presionarme para no tener un bloqueo, porque eso es lo peor. Pero en fin los amo, gracias por estar pendientes.

Aprecio demasiado todo.

Estuve leyendo los comentarios tanto buenos como malos y agradezco a quienes hacen comentarios de buena manera y no faltan el respeto <3

En fin quería agradecerles por todo su apoyo.

Los amo.