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17. VERDAD

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17. VERDAD

Alice .

Había pasado un mes desde que empecé a pintar, desde que decidí hacerlo en serio y vender los cuadros de manera anónima usando un nombre artístico que nadie pudiera relacionar conmigo. También abrí una cuenta bancaria aparte. No quería seguir tocando la tarjeta que Christian me había dado para cada cosa que necesitara. Al principio pensé que sería imposible vivir de algo así, que probablemente vendería uno o dos cuadros y después todo se quedaría ahí, pero terminó siendo completamente distinto.

Me había ido bien. Mucho mejor de lo que esperaba.

No era famosa ni nada parecido, pero las personas comenzaban a compartir mis pinturas, a preguntar por encargos y a comprar algunas apenas las publicaba. Todo había ido creciendo despacio y creo que eso era lo que más me gustaba. Sentía que por primera vez algo era realmente mío.

Encontré también mi lugar favorito para pintar.

El jardín.

Nunca imaginé que terminaría pasando tanto tiempo ahí afuera. El calor suave del sol, el sonido de las hojas moviéndose con el viento, el olor de las flores y la tranquilidad de no escuchar absolutamente nada más que mis propios pensamientos se volvieron parte de mi rutina. Antes la soledad me asustaba muchísimo. Siempre pensé que estar sola significaba que nadie te quería o que simplemente no eras importante para nadie. Me costaba demasiado quedarme conmigo misma sin sentirme vacía.

Ahora era diferente.

Entendí que la soledad no siempre era abandono, a veces era paz. A veces era el único lugar donde podías escucharte de verdad. Y terminé amándola más de lo que pensé posible. Me gustaba pasar tiempo sola, hacer cosas para mí, dedicarme horas enteras a algo que realmente disfrutaba sin sentir culpa por eso.

Le di otro retoque pequeño al lienzo frente a mí mientras inclinaba un poco la cabeza observándolo mejor. Muchas veces pintaba lo que veía a mi alrededor y otras simplemente cómo me sentía, aunque nunca lo decía de manera literal. Supongo que cada cuadro terminaba diciendo algo.

El de hoy era una mujer flotando sobre el agua mientras el cielo detrás de ella se teñía de naranja y rosado por el atardecer. No parecía estar ahogándose ni luchando por salir. Solo estaba ahí, dejándose llevar.

Cuando terminé los últimos detalles dejé el pincel a un lado y me alejé unos pasos para observarlo completo. Todavía faltaba que secara, así que lo acomodé con cuidado en uno de los soportes que tenía para eso. Después solté una pequeña risa al mirarme las manos.

Siempre terminaba hecha un desastre.

Tenía pintura hasta en los dedos, un poco en el brazo y seguramente también en la mejilla. Pintaba bien, sí, pero era exageradamente desordenada haciéndolo.

Entré a la casa y fui directo al baño para darme una ducha larga. El agua caliente ayudó a relajarme mientras intentaba dejar de pensar tanto. Después me puse ropa limpia y cómoda antes de sentarme un momento al borde de la cama pensando en todo el dinero que estaba empezando a ganar.

Todo había empezado casi por impulso. Después de comprarme un celular nuevo usando la tarjeta de Christian, empecé a moverme más por mi cuenta.

Algo que me pareció raro desde el inicio fue que los guardaespaldas dejaran de cuestionarme tantas cosas. Antes preguntaban demasiado o tenía que pedir autorización autorización para todo. Ahora solo preguntaban a dónde quería ir y me llevan.

Pero no le di demasiadas vueltas.

Con el celular nuevo abrí cuentas en varias redes sociales bajo mi nombre artístico.

« Astra »

Me lo puse porque gusta mucho su significado, de esa idea de algo celestial o de otro mundo, y también que esté relacionado con las estrellas.

Y bueno al principio fue horrible. Subía cuadros y apenas los veía un par de personas. No tenía seguidores, ni comentarios, ni ventas. Llegué a pensar que tal vez había sido una idea ridícula. Pero poco a poco algunas publicaciones empezaron a tener más alcance, luego llegaron mensajes, después encargos y finalmente personas esperando nuevos cuadros.

Todo había avanzado lento, pero estaba avanzando.

Después de unos minutos bajé nuevamente al jardín para revisar el lienzo. Ya estaba lo suficientemente seco para moverlo, así que lo llevé al cuarto donde guardaba todos mis materiales y pinturas terminadas. Cuando regresé a mi habitación, no me sorprendió encontrar un ramo de tulipanes rosados sobre la cama junto a una pequeña tarjeta.

Digo no me sorprendían porque sabía perfectamente de quién eran.

Christian .

Todo seguía complicado entre nosotros. Y sí, todavía removía cosas en mi corazón. Sería mentira decir que no. Pero ya no iba a permitir que lo supiera para que pueda humillarme otra vez. Había empezado a resistirme a todos sus intentos de acercarse, incluso cuando intentaba entablar una conversación estábamos en un mismo lugar.

Una noche había llegado temprano a la cena con un ramo enorme de rosas en las manos. Recuerdo perfectamente la cara de aparicio mirando la escena sin saber ni cómo reaccionar. Christian me pidió que habláramos y lo hizo con un tono extraño, uno que jamás le había escuchado antes. No sonaba molesto ni arrogante. Sonaba desesperado.

Yo lo detuve antes de que siguiera insistiendo y le dije que no quería hablar, también le dije que las rosas no me gustaban.

Entonces empezó a preguntarme cuáles eran mis flores favoritas. Al principio no respondí, pero siguió insistiendo cada vez más hasta que terminé diciéndole que lo averiguara él mismo y que quizás, solo quizás, si acertaba aceptaría hablar con él.

Por suerte mi flor favorita no es una común.

Tomo la tarjeta entre mis dedos y leí la pequeña frase escrita con la letra de Christian.

« Me da la sensación de que esta vez acerté. Hablemos .»

Ruedo los ojos automáticamente.

Agarro el ramo y salgo de la habitación caminando hacia su oficina. Sabía perfectamente que estaba ahí porque había escuchado cuándo llegó a la casa. Últimamente eso se había vuelto normal. Llegaba temprano casi todos los días.

No me molesto en tocar antes de entrar.

Christian levantó la mirada claramente fastidiado por la falta de educación, pero apenas se dio cuenta de que era yo, algo cambió en su expresión. Fue apenas un segundo, un pequeño atisbo de emoción.

No dije nada.

Solo caminé hasta la papelera que estaba cerca del escritorio y dejé caer el ramo dentro.

—No.

La emoción desapareció de sus ojos casi al instante. Apretó la mandíbula fuerte antes de levantarse un poco de la silla.

—Alice, por favor…

Lo ignoré por completo y salí de la oficina antes de que pudiera seguir insistiendo.

Suspiro cansada mientras me pasaba una mano por el cabello caminando por el pasillo. Ya no sabía qué hacer con toda esa situación. Todo se había vuelto demasiado tenso entre nosotros y nada se parecía a cómo eran las cosas al principio.

Pensé que en algún momento Christian se cansaría de insistir.

Pero pasó exactamente lo contrario.

Con el tiempo se volvió peor.

Más insistente, más difícil de ignorar.

Y honestamente no sabía cuánto tiempo iba a poder seguir soportándolo, pero iba a intentarlo, al menos hasta ahorrar suficiente dinero.

Lo necesario para divorciarme e irme del país.

Porque había algo que tenía completamente claro.

No pensaba quedarme en un lugar donde sentía que no encajaba.

Y ese lugar no era aquí.

Ni con Christian, ni mucho menos con mis padres.

***

Es miércoles y esta tarde Daphne me invitó a tomar café en una cafetería elegante cerca del centro.

Hacía frío afuera, de esos insoportables, pero dentro del lugar estaba cálido. Daphne estaba frente a mí con una taza entre las manos mientras hablábamos de cualquier cosa. Sinceramente me gustaba estar con ella.

Daphne era esa clase de persona que hacía sentir cómoda a la gente sin intentarlo demasiado. Es muy amable y las conversaciones surgen de manera natural.

También me enteré hace poco de quién era realmente. O mejor dicho, de lo enorme que era ella en el mundo empresarial. Daphne era la dueña de la firma de joyería más exclusiva del país. Su marca había diseñado piezas para familias reales, celebridades y coleccionistas absurdamente ricos. Incluso creó uno de los collares más caros y famosos del mundo, uno que había sido comprado en una subasta privada por una cifra ridícula que apareció en todos los periódicos durante semanas.

Le di un sorbo a mi té mientras ella hablaba de una gala a la que no quería asistir cuando su teléfono sonó sobre la mesa.

—Lo siento —dijo con una pequeña sonrisa antes de contestar—. Hola, estoy bien, no te preocupes… Cariño, estás exagerando otra vez.

Escuché la voz masculina apenas como un murmullo del otro lado y daphne rodó los ojos divertida.

—Sí, sí… también te amo.

Colgó la llamada y me sonrió como si nada.

—Mi marido es un poco sobreprotector.

Solté una pequeña risa.

—Ya me di cuenta.

—Es que no le avisé que iba a salir y entró en pánico —comentó mientras dejaba el teléfono a un lado—. Normalmente es así de dramático.

—¿Siempre es tan pegajoso?

—Todo el tiempo —dijo divertida—. Pero no es tanto por controlarme. Le preocupa más que esté bien… sobre todo con este clima.

Fruncí un poco el ceño.

—¿Clima? ¿Por qué?

—Tengo asma —explicó con naturalidad—. Bastante fuerte, de hecho. Entonces el frío puede ponerme mal si no me cuido.

Mis ojos recorrieron su ropa casi de inmediato. Recién ahí noté lo exageradamente abrigada que estaba comparada conmigo. Llevaba un abrigo blanco grueso, una bufanda envolviendo completamente su cuello y un suéter debajo. Yo, en cambio, solo tenía un abrigo que me llegaba hasta los tobillos encima de mi vestido negro.

—Ahora entiendo por qué estás tan cubierta.

Ella soltó una pequeña risa.

—Créeme, esto sigue siendo poco para Garreth. Siempre antes de salir prácticamente quiere envolverme en mantas.

Sonreí negando con la cabeza.

—¿Tan grave es?

Daphne asintió un poco más seria.

—Los ataques fuertes sí. A veces no puedo respirar bien durante horas, el último realmente feo me hizo terminar en urgencias.

La miré con sorpresa.

—¿En serio?

—Sí. Me desmayé y todo. Mis pulmones casi colapsan según el médico, garreth casi pierde la cabeza ese día.

—Eso debió ser horrible.

—Lo fue más para él que para mí —dijo encogiéndose de hombros—. Después de eso estaba dispuesto a mudarnos a otro país solo para que estuviera en un lugar más cálido.

—¿Y por qué no lo hicieron?

—Porque aquí está toda nuestra vida, nuestro trabajo y nuestra familia.

Asentí de acuerdo.

—Y lo sigue haciendo todavía, cada vez que enfermo.

La observé unos segundos. Me sorprendía la facilidad con la que habla de su enfermedad.

—¿Y te acostumbras a vivir con esa preocupación?

Daphne pensó un momento.

—Supongo que sí y no. Hay días normales y otros donde cualquier cosa te asusta un poco. Pero no quiero vivir sintiéndome enferma todo el tiempo.

Asentí lentamente.

—Tiene sentido.

Ella me sonrió antes de inclinarse un poco hacia adelante.

—Bueno, ya hablamos demasiado de mí. ¿Qué hay de ti? ¿Qué te gusta hacer realmente?

Bajé la mirada a mi taza unos segundos antes de responder.

—Me gusta el arte.

—¿La pintura?

Asentí.

—Mucho, siempre me ha gustado.

—¿Y pintas?

Dudé apenas un segundo.

—Sí.

Decírselo salió tan natural que por primera vez siento que realmente tenía una amiga.

—¿Ahora lo haces?

Solté una pequeña risa.

—Si, de hecho he pintado bastantes.

Ella sonrió divertida.

—Entonces quiero ver uno algún día.

—Tal vez.

Seguimos hablando tanto tiempo que ninguna se dio cuenta de lo tarde que era hasta que escuchamos la campana de la puerta abrirse.

Levanto la vista y veo entrar a un hombre de figura imponente.

Garreth avanza hacia nuestra mesa con tranquilidad. Daphne entrecerró los ojos apenas lo vio.

—Te dije que ya iba.

—Eso fue hace cuarenta minutos —respondió él con calma—. Además pasaba por aquí y preferí recogerte.

Las dos sabíamos que estaba mintiendo descaradamente, pero Daphne no dijo nada.

Él extendió una mano hacia ella.

—Vamos. Tengo algo en casa que te va a gustar.

Su esposa rodó los ojos aunque terminó tomando su mano.

—Eres insoportable.

—Y aun así me amas.

Ella sonrió apenas antes de girarse hacia mí.

—¿Quieres que te acerquemos a tu casa?

Negué con la cabeza.

—No hace falta, mi chofer está afuera.

—Está bien.

Se inclinó para abrazarme y correspondí el gesto.

—Nos vemos otro día, Alice.

—Claro.

Garreth me miró apenas.

—Que tenga buena noche, señora Sterling.

Le devolví el asentimiento, no muy gustosa ante la manera de llamarme.

Los vi alejarse juntos mientras él prácticamente le acomodaba su enorme abrigo sobre los hombros y Daphne se quejaba porque, según ella, ya estaba suficientemente cubierta.

Y aun así él siguió acomodándoselo.

No podía evitar notarlo.

El amor se veía demasiado claro entre ellos. En la manera en que él la observaba todo el tiempo. En cómo siempre estaba al pendiente de ella.

Era evidente que la adoraba.

Y por un segundo me pregunté cómo debía sentirse tener algo así.

Me quedo unos cinco minutos más antes de decidir irme. Cuando me acerco a pagar, la cajera me informa que la cuenta ya estaba cubierta.

Suspiro sacando mi celular.

« No tenías que pagar, a la próxima invito yo.»

Daphne respondió casi al instante con un corazón.

Cuando salí, el frío me golpeó de inmediato. Mi chofer ya esperaba afuera junto a la camioneta. Entré rápidamente mientras me frotaba las manos.

La calefacción encendida fue prácticamente una bendición.

***

Tres días después .

Desde aquella cena había intentado convencerme de que no me importaba nada relacionado con mis padres. Que ya no quería saber de ellos. Que después de tantos años siendo menospreciada finalmente había dejado de afectarme.

Pero claramente era mentira.

Porque apenas mi madre me llamó diciendo que mi padre estaba en el hospital porque se le alteró la tensión, salí corriendo hacia allá sin siquiera pensarlo.

Mis tacones resonaban contra el suelo brillante del hospital mientras caminaba rápido siguiendo las indicaciones de la recepcionista.

Abrí la puerta de la habitación agitada.

Mi madre estaba sentada en el sofá junto a la ventana mientras mi padre permanecía acostado en la camilla con los ojos cerrados.

—¿Qué pasó? —pregunté apenas entré.

Mi madre levantó la mirada hacia mí, y bastó una sola expresión para hacerme entender que algo estaba mal.

—Qué lindo que preguntes eso.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Qué fue lo que provocó esto? —reformule la pregunta.

Ella soltó una risa seca.

—¿De verdad lo preguntas?

Tragué saliva.

—No entiendo.

Mi madre se puso de pie lentamente.

—¿Tienes la desfachatez de preguntar eso cuando eres la principal culpable de que tu padre esté así?

—¿Y qué culpa tengo yo de que se le haya alterado la tensión a papá? Eso no tiene ningún sentido.

Suelta una risa.

—¿En serio estás preguntando eso?

Trago saliva.

—Después del espectáculo que hiciste en esa cena las acciones de la empresa cayeron en picada. Los inversionistas empezaron a retirarse y Christian decidió quitarnos completamente su apoyo financiero.

La miré sorprendida.

—Yo no le pedí que hiciera eso.

—Pero abriste la boca como una idiota —espetó acercándose más—¡Nos hicistes quedar como los peores padres!

—No dije ninguna mentira.—murmuro.

El impacto de su mano contra mi mejilla me toma totalmente desprevenida. Mi rostro gira hacia un lado por el golpe y el ardor aparece casi de inmediato.

—Todo esto es tu culpa —continuó mi madre—. Si te hubieras quedado callada como siempre, nada de esto estaría pasando.

Mis ojos ardieron mientras llevaba una mano a mi rostro.

—¡Eres una inservible, la peor decepción de esta familia!

La miro y está vez no me contengo.

—Pues de malas, estoy cansada de ser el saco de boxeo de esta familia —solté finalmente mirándola de frente—. Y no pienso volver a quedarme callada solo para protegerlos.

—¿Protegernos? —rió con desprecio—. Eres una maldita carga, Alice.

Siento el nudo en mi garganta tensarse.

—Yo no obligué a Christian a hacer nada.

—Claro que sí. Bastó con que fueras a llorarle un poco para que decidiera destruir todo.

—No sabes de qué hablas.

—Sé perfectamente lo que hiciste.

Me empujó una vez. Luego otra.

Aprieto los labios intentando mantenerme firme aunque cada palabra dolía más de lo que quería admitir.

—Nunca te importó esta familia —continuó—. Siempre fuiste egoísta, problemática… debiste seguir siendo la sumisa inútil que eras antes.

Respiré hondo.

—¡Ya basta!

Aparto sus manos de mí antes de que volviera a tocarme.

—Estoy cansada de cómo me tratas. Nunca hice nada para merecer esto. También soy tu hija ¿Por qué no eres capaz de tratarme como tratas a Madi...?

—No te compares con Madison. —me interrumpe.

Y eso dolió más de lo que esperaba.

Porque incluso después de todo, seguía siendo así. Madison podía equivocarse mil veces y seguir siendo perfecta para ellos.

Yo no .

Sentí las lágrimas acumularse pero me negué a llorar frente a ella.

—¿Cómo es posible que después de todo esto sigas defendiéndola a ella y sigas tratándome a mí como si fuera una maldita basura?

Mi madre volvió a levantar la mano pero esta vez la detuve antes de que pudiera golpearme.

—No vuelvas a hacerlo.

Ella me miró con furia.

—¿Ahora te crees valiente?

—No, solo llegue a mi límite.

Mi madre apretó los dientes antes de soltar finalmente.

—Desde un principio sabía que debimos dejarte en la calle como estaba planeado.

Siento que mi cuerpo se congela.

—¿Qué?

—Nunca debimos acogerte como nuestra hija.

La habitación quedó en silencio y mi respiración empezo a sentirse extraña.

—¿Qué estás diciendo…?

Ella me mira directamente.

—¿Quieres saber la verdadera razón de porque no te queremos?

Asiento inconscientemente.

—Que no eres nuestra hija, no eres una baker—continuo con tono frío—. Eres el producto de una infidelidad que arruinó esta familia desde el principio.

La miré sin poder reaccionar y mi mente simplemente dejó de funcionar.

—Hija de una puta con la que tu padre se metió mientras yo me encargaba de criar a Madison —dijo y sin quererlo una lágrima se deslizó por mi mejilla—. El mayor error de nuestras vidas y deberías agradecer que al menos esa prostituta era rubia, porque de otro modo estarías pudriéndote en la calle, tal y como debió ser.

Su confesión me deja completamente paralizada, sin saber qué hacer ni qué decir. Siento como si todo lo que creía sobre mi vida acabara de romperse frente a mí.

Volteo lentamente hacia mi padre, que ahora esta sentando y lo único que hace es mirarme.

Y la verdad no espero nada, total siempre fue así.

—Entonces gracias a Dios no soy parte de esta familia —murmuro con la voz rota—Porque si eso es lo que significa ser una Baker, entonces prefiero no serlo.

Mi madre soltó una risa amarga, pero ya no quería escucharla.

Soy muy consciente de que, aunque soy una Baker de forma ilegítima, mi supuesta madre no lo ve asi y en el fondo prefiero que sea así .

Miro a mi padre una última vez antes de darme la vuelta y salir de la habitación. Las lágrimas corren por mi rostro mientras avanzo rápido por el hospital sin importarme quién me viera.

Necesitaba salir de ahí.

Necesitaba aire.

Bajo casi corriendo hasta la salida y fue entonces cuando una mano sujeta mi brazo antes de que siguiera avanzando.

Y al segundo siguiente me vi envuelta en unos brazos conocidos.

Sabía perfectamente quién era, pero por una vez no tenía fuerzas para pensar en por qué estaba ahí ni en la razón por la que no me aparto. Y solo por hoy, me permito llorar mientras él me sostiene.

***

Bueno, no les podía dejar sin capítulo esta semana. Entonces lo publiqué como pude :)

Espero les guste. ;D

Los amo.