22. JURAMENTO
Narrador omnisciente.Hace once años, el apellido Sterling apenas era conocido.
La empresa familiar ocupaba un edificio modesto en el centro de la ciudad, muy diferente a las enormes torres que llevaban el nombre Baker en cada revista de negocios. Todo lo que tenían los Sterling había sido construido por el abuelo de la familia, un hombre que dedicó su vida a levantar una pequeña compañía con trabajo, paciencia y más sacrificios de los que alguna vez contó.
Cuando él se retiró, los padres de Evangeline y Christian tomaron el mando. Contra todo pronóstico, las cosas comenzaron a cambiar. Cerraron nuevos contratos, consiguieron inversores y poco a poco la empresa empezó a crecer. Todavía estaban lejos del imperio de los Baker, pero por primera vez podían imaginar un futuro mucho más grande.
Y gran parte de ese futuro tenía nombre y apellido:
Evangeline Sterling.Con apenas veintidós años, ya había terminado sus estudios de Administración de Empresas y Economía. Desde adolescente asistía a cursos, seminarios y conferencias porque los negocios siempre le habían interesado.
Evangeline era una mujer de una belleza difícil de ignorar. Su largo cabello negro y sus impresionantes ojos azules llamaban la atención de cualquiera, dándole un aspecto elegante y cautivador. Muchos la consideraban una mujer de ensueño, pero quienes realmente la conocían sabían que su mayor atractivo no era su apariencia.
Lo que más destacaba de ella era su inteligencia.
Tenía una mente brillante, aprendía con rapidez y poseía una capacidad excepcional para los negocios. Siempre encontraba soluciones donde otros solo veían problemas y, a pesar de su juventud, transmitía una seguridad y madurez que inspiraban confianza en quienes la rodeaban.
Pero en casa nunca la veían solo como la heredera de la empresa.
Era la hija mayor, la persona que siempre recordaba los cumpleaños, la que preparaba café todas las mañanas y la que encontraba tiempo para escuchar a su hermano menor cada vez que él tenía un problema.
Christian era completamente distinto a ella.
Mientras Evangeline organizaba reuniones y analizaba inversiones, él prefería las fiestas, los viajes improvisados y vivir sin demasiadas preocupaciones. Aun así, eran inseparables. Ella era la primera persona a la que él llamaba cuando necesitaba un consejo, y él era quien lograba hacerla reír después de un día agotador.
—Algún día vas a trabajar tanto que te vas a olvidar de dormir —le decía él.
—Y algún día tú vas a tomarte algo en serio —respondía ella entre risas.
Después terminaban cenando juntos, hablando de cualquier cosa.
Esa era su relación.
Eran hermanos, pero también mejores amigos.
Fuera de la empresa, Evangeline tenía otra gran pasión: la pintura. Su familia lo sabía y, cuando los negocios empezaron a ir mejor, acondicionaron una habitación de la casa solo para ella. Era un espacio lleno de lienzos, pinceles y cuadros a medio terminar. Allí podía olvidarse de números y contratos por unas horas.
Los Sterling crecían cada vez más.
Su nombre empezaba a aparecer en revistas de negocios y varios inversores se interesaban en trabajar con ellos.
A quienes no les agradaba ese ascenso era a la familia Baker.
Los Baker eran la familia más poderosa del país y estaban acostumbrados a ocupar el primer lugar en todo. Para ellos, los Sterling no eran más que unos recién llegados.
Los padres de Evangeline intentaron acercarse en varias ocasiones. Solicitaron reuniones y enviaron propuestas de colaboración, pero todas fueron rechazadas.
Después de la tercera negativa, Evangeline cerró una carpeta sobre su escritorio y miró a sus padres.
—Ya es suficiente. No necesitamos su aprobación para seguir creciendo.
Su madre la observó en silencio.
—No todos ven con buenos ojos que avancemos tan rápido.
—Entonces que se acostumbren —contestó ella—. Nosotros vamos a seguir adelante.
Y así fue.
Con el tiempo, algunas empresas comenzaron a abandonar a los Baker para trabajar con los Sterling. El mercado hablaba de ellos, los periódicos mencionaban su crecimiento y cada vez más personas apostaban por la compañía familiar.
Entonces empezaron los problemas.
Un inversor canceló un contrato de manera inesperada.
Luego otro.
Y después otro más.
Algunos proveedores dejaron de responder llamadas y ciertos acuerdos que parecían cerrados se cayeron de la noche a la mañana.
A Evangeline todo aquello le pareció extraño.
Demasiado extraño.
Comenzó a investigar por su cuenta.
Revisó correos, contratos y movimientos financieros. Habló con personas que conocía desde hacía años y descubrió algo que no esperaba: alguien estaba ofreciendo dinero y beneficios a varias empresas para que dejaran de trabajar con los Sterling.
Y junto a su detective y su interés por proteger a su empresa encontró lo inesperado.
Los Baker intentaban sabotearlos.
Durante tres meses reunió pruebas en silencio. Guardó documentos, grabó conversaciones y copió información en una memoria que siempre llevaba consigo.
Hasta que una tarde, al salir de una clase de marketing, algo ocurrió.
Iba caminando hacia su automóvil cuando una mano la sujetó por detrás y un pañuelo cubrió su boca.
Intentó soltarse, pero todo se volvió oscuro.
Cuando abrió los ojos, estaba en la parte trasera de una camioneta.
Frente a ella se encontraban Robert y Eleanor Baker.
Los dos vestían con la misma elegancia de siempre y la observaban con una calma que la hizo estremecerse.
—Sabemos lo que estás haciendo —dijo Robert.
Evangeline levantó la mirada.
—¿Investigar cómo intentan destruir a mi familia?
Eleanor cruzó los brazos.
—Entrégalo todo y olvida este asunto.
Ella soltó una pequeña risa, incrédula.
—¿Tanto miedo les damos?
Los dos la miraron en silencio.
—Nadie está por encima de los Baker —respondió Robert con frialdad.
—Entonces sí tienen miedo.
El hombre endureció el gesto.
—Te estamos dando una oportunidad.
—No la quiero.
Eleanor dio un paso hacia ella.
—Piensa bien las cosas, Evangeline. Tu vida sería mucho más sencilla si dejaras esto atrás.
Ella los miró uno por uno.
—Voy a exponerlos y voy a demostrar lo que son.
Nadie se inmuta.
Durante unos segundos nadie habló.
—Los voy a destruir.
Durante unos segundos nadie habló.
Hasta que finalmente, Robert asintió lentamente.
—Entonces esa ha sido tu decisión.
La dejaron ir poco después.
Evangeline regresó a casa asustada, pero también más decidida que nunca.
No pensaba rendirse.
No imaginaba que apenas unas semanas después, cuando estaba lista para contarle toda la verdad a su familia, un accidente automovilístico acabaría con su vida a los veinticuatro años.
Y tampoco imaginaba que la pequeña memoria que había escondido entre sus pertenencias se convertiría en el inicio de una guerra.
El funeral de Evangeline fue el día más silencioso en la vida de los Sterling.
La casa estaba llena de personas, pero para ellos todo parecía vacío.
Su madre no soltaba la fotografía de su hija. Su padre apenas había hablado desde que recibió la noticia y Christian permanecía de pie, inmóvil, mirando el ataúd como si en cualquier momento su hermana fuera a abrir los ojos y decir que todo había sido un error.
No lloró delante de nadie.
Ni siquiera cuando los últimos invitados se marcharon.
Entró al estudio de pintura de Evangeline y cerró la puerta detrás de él. Todo seguía exactamente igual: los pinceles sobre la mesa, un cuadro sin terminar apoyado en un caballete y una taza de café ya seca.
Se sentó en la silla de ella.
Por primera vez desde el accidente, se derrumbó.
—¿Qué voy a hacer sin ti? —murmuró con la voz rota.
Su hermana había sido su mejor amiga, la persona que siempre estaba de su lado, incluso cuando él cometía errores. Nunca imaginó que tendría que despedirse de ella tan pronto.
Fue el mayor golpe de su vida.Dos días después, un empleado de la empresa llevó una caja con las pertenencias que habían recuperado del vehículo.
Entre ellas había una memoria USB y tenía una pequeña etiqueta escrita a mano.
"
Ruina B."Christian frunció el ceño, curiosos de que se trata su padre conectó la memoria al ordenador, donde encontraron documentos, grabaciones, fotografías y una carpeta con una nota.
La abrió con las manos temblorosas.
«Si están viendo esto sin que yo misma se los diga, significa que algo me pasó. Si estoy equivocada, me reiré de haber sido tan paranoica. Pero si no... no fue un accidente .»
El silencio llenó la habitación.
La nota continuaba.
«
He reunido pruebas durante meses. Los Baker están saboteando la empresa y sé que descubrieron que los estaba investigando. Si me ocurre algo, quiero que sepan la verdad. »
La madre de Evangeline rompió a llorar y christian se quedó inmóvil.
Luego abrió las demás carpetas.
Había transferencias bancarias, correos electrónicos, grabaciones y nombres. Eran demasiadas pruebas.
Convencido de que por fin obtendrían justicia para su hija, acudieron nuevamente a la policía y presentaron toda la información que habían encontrado. La investigación se reabrió y, durante unos días, los Sterling recuperaron un poco de esperanza.
Pero esa esperanza no duró mucho.
Las semanas pasaron y el caso volvió a estancarse. No hubo detenidos, no aparecieron nuevos testigos y ninguna de las pruebas pareció ser suficiente para señalar a un responsable.
Al final, una vez más, no encontraron culpables.
No encontraron respuestas.
No encontraron nada.
Y cuando el caso volvió a cerrarse, Christian sintió algo que nunca había experimentado.
Rabia .
Una rabia tan grande que apenas podía respirar.
—La mataron —dijo en voz baja.
Su madre levantó la vista.
—Christian...
—La mataron y nadie va a hacer nada.
Porque, en el fondo, él también lo sabía.
Los frenos habían sido cortados. La muerte de Evangeline no había sido una tragedia causada por el destino, sino algo planeado.
Aquella noche, los Sterling permanecieron reunidos en el despacho de la empresa hasta la madrugada. Por primera vez en muchos años, las cifras, los contratos y los proyectos quedaron en un segundo plano. La conversación giró en torno a una sola cosa: la persona que habían perdido y las represalias que tomarían.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó su madre.
Christian levantó la mirada.
Sus ojos estaban enrojecidos.
—Vamos a destruirlos.
Nadie respondió de inmediato.
Pero tampoco se opusieron.
No quedaba nada de la familia que había intentado acercarse a los Baker con respeto.
Ahora solo quedaba una familia rota.
Y una promesa.
Un juramento que Christian hizo frente a la lápida de Evangeline.
Así que Christian terminó sus estudios, empezó a prepararse para ocupar un lugar en la empresa y dedicó cada año de su vida a reunir información sobre los Baker.
Aprendió cómo funcionaban sus negocios, quiénes eran sus aliados y cuáles eran sus puntos débiles.
Entonces apareció la oportunidad.
Una gala benéfica.
Toda la familia Baker estaría allí.
Christian observó a la familia Baker desde el otro lado del salón. Entre los invitados estaban las dos hermanas. Madison, la hija favorita, la que atraía todas las miradas y recibía toda la atención de sus padres. Y luego estaba Alice, más discreta y tímida.
Por un instante, la mirada de Christian se detuvo en ella. Su belleza era innegable y, al escucharla hablar sobre arte con él, sintió una extraña sensación de comodidad. Le recordó a alguien que había perdido hacía mucho tiempo. Sin embargo, apartó ese pensamiento de inmediato. No había asistido a esa gala para dejarse llevar por impresiones pasajeras.
Su objetivo era Madison .
Acercarse a la hija favorita de los Baker era la manera más sencilla de entrar en aquella familia y destruirla desde dentro. Por eso, sin dudarlo, puso en marcha su plan.
Durante los cuatro años siguientes interpretó su papel a la perfección. Se convirtió en el novio atento, el hombre considerado y el futuro esposo ideal. Siempre tenía las palabras correctas, los detalles adecuados y la sonrisa que todos esperaban de él.
Pero todo era una actuación.
Lo más conveniente fue que los Baker, con el paso de los años, habían olvidado a los Sterling y a la joven de veinticuatro años a la que le arrebataron la vida y todos sus sueños.
Aunque le atraía la belleza de Madison y disfrutaba del sexo con ella, nunca llegó a amarla. Jamás le entregó una parte de sí mismo, porque en su corazón no había espacio para ese tipo de sentimientos.
No cuando cada mañana despertaba recordando a su hermana.
No cuando la promesa que le había hecho seguía guiando cada una de sus decisiones.
Pero todo cambió el día de la boda.
Un giro inesperado terminó llevándolo al altar con Alice, algo que ninguno de los Sterling había previsto. En cuestión de horas, años de preparación y un plan cuidadosamente construido parecían venirse abajo.
La noticia dejó a su familia en estado de shock. Por primera vez en mucho tiempo, el miedo y la incertidumbre se apoderaron de ellos. Todo por lo que habían trabajado parecía pender de un hilo.
Sin embargo, Christian fue el único que mantuvo la calma.
—El plan no ha terminado —les aseguró con firmeza—. Solo ha tomado un rumbo diferente.
Los padres de Christian tampoco sentían ningún afecto por Madison. Durante años habían fingido aceptarla porque era una pieza importante del plan. Sonreían en las reuniones familiares, la invitaban a cenar y se comportaban como futuros suegros orgullosos, pero todo era una actuación.
La realidad era muy distinta.
Desde la muerte de Evangeline, habían llegado a odiar el apellido Baker. Para ellos, no existían inocentes en esa familia. Quizá algunos no habían participado directamente en lo que ocurrió, pero todos se habían beneficiado del poder y las influencias de los Baker, y eso era suficiente para guardarles rencor.
Christian había crecido con ese mismo resentimiento.
Por eso, cuando comenzó a sentir una extraña atracción por Alice, todo se volvió más complicado.
Con Madison las cosas habrían sido diferentes. Si ella sufría, probablemente no le habría importado. Siempre la había visto como parte del plan, nada más. Nunca logró conectar con ella de verdad y jamás se permitió conocerla más allá de lo necesario.
Pero con Alice era distinto.
Había algo en ella que lo desarmaba.
No sabía si era su forma de hablar, su tranquilidad o el hecho de que, a diferencia del resto de los Baker, no parecía interesada en las apariencias ni en el poder. Simplemente se sentía diferente.
Y eso lo frustraba.
Porque cada vez que ella mostraba amabilidad o se preocupaba por él, una parte de Christian quería bajar la guardia. Pero la otra parte, la que seguía llorando a su hermana en silencio, le recordaba que estaba frente a una Baker.
Esa lucha interna lo llevó a actuar de la peor manera.
Se volvió frío, distante y un patán con ella. La rechazaba, le hablaba con dureza y mantenía una barrera entre ambos porque estaba convencido de que, si empezaba a sentir lástima o cariño por Alice, todo por lo que su familia había trabajado durante años se derrumbaría.
Se repetía una y otra vez que debía mantenerla lejos.
Que no podía permitirse verla como una persona y mucho menos como una mujer de la que pudiera enamorarse.
Había jurado sobre la tumba de su hermana que jamás amaría a una Baker.
Sin embargo, la vida tenía una forma cruel de cambiar los planes de las personas.
Sin darse cuenta, terminó enamorándose de una de ellas. Y para cuando aceptó lo que sentía, ya había tomado demasiadas decisiones equivocadas, había dicho demasiadas palabras hirientes y había causado heridas que no serían fáciles de reparar.
Porque algunas acciones tienen consecuencias.
***
Tengo dos cosas que decir:1) Descansa en paz Evangeline, merecías mucho más <32) Christian llegó tu hora de arrastrarte por Alice :)