26. PROPÓSITO
Christian.He tomado la decisión más difícil de toda mi vida.
No exagero cuando lo pienso de esa manera, porque jamás me había costado tanto hacer algo que, visto desde afuera, parecía tan sencillo como firmar unos documentos.
Durante una semana completa esos papeles permanecieron sobre mi escritorio sin que fuera capaz de estampar mi firma. Cada mañana llegaba decidido a hacerlo y cuando tenía la pluma entre los dedos, encontraba una excusa para dejarlo para después. Me iba a una reunión, revisaba contratos, respondía llamadas o simplemente cerraba la carpeta y la guardaba otra vez en el cajón.
No era porque no quisiera divorciarme de Alice; era porque sabía lo que significaba hacerlo. Durante este tiempo pensé que mantener ese matrimonio era la única manera de no perderla por completo, pero terminé comprendiendo que también era la forma más egoísta de seguir atándola a una vida que nunca eligió.
Esos siete días fueron suficientes para hacerme cuestionar todo. Incluso dejé de enviarle los regalos que acostumbraba hacerle porque mi cabeza estaba completamente ocupada intentando convencerme de que aquello era lo correcto. Sé que ella habrá notado mi silencio, y probablemente fue uno de los errores más grandes que cometí en todo este proceso, pero en ese momento simplemente no tenía espacio para pensar en nada más.
Al final firmé. Lo hice con una sensación extraña, como si estuviera renunciando a algo que todavía quería conservar, aunque en realidad estaba intentando darle la oportunidad de empezar de nuevo. Le envié los papeles esperando que ella también los firmara, no porque desee terminar nuestra historia,
sino porque quiero construir una distinta .
El matrimonio que tenemos hoy jamás podrá convertirse en el matrimonio que ella merece. Nació de una obligación, de decisiones equivocadas y de un hombre que hizo prácticamente todo mal desde el principio. No quiero recuperar esa versión de nosotros. No quiero que el recuerdo de nuestra boda siga siendo el de una ceremonia sin ilusión, una luna de miel que nunca hubo y un esposo incapaz de darle la seguridad, el cariño y el respeto que una mujer espera recibir en una etapa tan importante de su vida.
Quiero empezar desde cero. Quiero conocerla otra vez sin que exista un compromiso firmado de por medio. Invitarla a salir, escucharla hablar durante horas sin tener prisa por terminar la conversación, conquistarla poco a poco y volver a enamorarla siendo completamente honesto con ella. Si algún día acepta darme otra oportunidad, quiero pedirle matrimonio cuando realmente exista una historia de amor detrás de ese anillo. Quiero verla elegir el vestido con el que siempre soñó casarse, acompañarla a organizar cada detalle de la boda que nunca pudo tener y verla caminar hacia mí porque esa vez será su decisión y de nadie más
También quiero bailar con ella el vals que le robé sin siquiera darme cuenta de que se lo estaba quitando. Ese es el futuro que imagino cuando pienso en nosotros, y aunque todavía parece demasiado lejano, por primera vez en muchos años tengo claro hacia dónde quiero dirigir todos mis esfuerzos.
Lo que no pensé con suficiente calma fue la manera en que ella podía interpretar mis acciones. Dejé de enviarle regalos durante varios días y poco después, recibió los papeles del divorcio. Si yo estuviera en su lugar, seguramente llegaría a la conclusión de que me cansé de insistir, de que finalmente acepté que no había nada más por hacer y decidí seguir con mi vida. La realidad está muy lejos de eso.
Nunca me rendí . Lo único que hice fue darle la libertad que debí darle desde el principio, pero entiendo perfectamente que desde su perspectiva pueda parecer otra cosa. Por eso retomé los regalos. No quiero que piense que desaparecí o que todo este tiempo fue únicamente un capricho. Cada detalle que vuelve a recibir tiene un propósito muy claro: hacerle saber que sigo aquí, que sigo creyendo que existe una posibilidad para nosotros y que el divorcio no significa que haya dejado de amarla. Al contrario, si fui capaz de firmar esos documentos fue precisamente porque entendí que amar también implica dejar que la otra persona elija, aunque esa elección no siempre juegue a tu favor. Prefiero correr el riesgo de que Alice me rechace siendo completamente libre a conservarla a mi lado únicamente porque un papel dice que sigue siendo mi esposa.
Hay recuerdos que aparecen sin que pueda evitarlos, y uno de ellos siempre termina golpeándome de la misma manera. Todavía puedo verla con lágrimas en sus ojos cada vez que la hacía llorar. Durante mucho tiempo intenté convencerme de que había actuado con frialdad porque era necesario, porque no podía permitir que los sentimientos interfirieran con mis objetivos, pero hoy soy incapaz de justificar al hombre que era entonces. Nunca debí ponerla en esa posición. Nunca debí hacer que sintiera tanta desesperación por alguien que no estaba dispuesto a ofrecerle ni un poco de compasión. Lo irónico es que terminé entendiendo exactamente lo que ella sintió ese día cuando fui yo quien acabó rogándole que me perdonará.
Nunca imaginé que lloraría por una mujer. La única vez que recuerdo haberlo hecho antes de conocer a Alice fue por mi hermana, y estaba convencido de que jamás volvería a pasar. Me equivoqué. Cuando comprendí que realmente podía perderla, todo el orgullo que había construido durante años dejó de tener importancia. Le rogué sin pensar en cómo me veía, sin preocuparme por mi imagen o por la dignidad que tanto me esforcé en proteger durante toda mi vida. En ese momento solo existía una certeza: la amaba demasiado como para dejarla ir así nada más.
Creo que entendí la dimensión de lo que siento por Alice el día en que estuve dispuesto a poner en riesgo aquello por lo que luché durante tantos años. Mi venganza siempre fue lo más importante para mí. Construí mi vida alrededor de ese objetivo y durante mucho tiempo pensé que nada sería capaz de hacerme cambiar de dirección. Había invertido años planeándolo todo, esperando el momento indicado y soportando situaciones que cualquier otra persona habría abandonado mucho antes. Sin embargo, después de ella todo empezó a perder sentido. Si alguien me hubiera dicho hace unos años que terminaría dispuesto a abandonar ese plan por una mujer, probablemente me habría reído en su cara. Hoy sé que habría estado equivocado.
Alice vale mucho más que cualquier satisfacción que pudiera darme una venganza. Pero si hay algo que terminó de hacerme enamorarme todavía más de ella, fue descubrir que incluso después de todo el daño que le hice seguía siendo capaz de pensar en mí. Cuando entendió que estaba dispuesto a dejar atrás aquello que me había acompañado durante tantos años, intentó impedirlo. No lo hizo porque quisiera alejarme de ella, sino porque fue capaz de ponerse en mi lugar y comprender lo que esa decisión significaba para mí.
Después de todo lo que vivió a mi lado, todavía conservaba la empatía suficiente para preocuparse por alguien que no siempre la trató como merecía. Hay personas que, cuando sufren, solo piensan en ellas mismas. Alice no. Ella sigue preocupándose por los demás incluso cuando tiene razones de sobra para dejar de hacerlo. Esa forma de ser es una de las cosas que más admiro de ella.
Mi mujer es un ángel.También me hizo bien verla tranquila otra vez. No porque su felicidad no dependa de mí, sino porque durante demasiado tiempo fui yo quien apagó esa luz que siempre tuvo. La última vez que la vi parecía mucho más serena. Había encontrado una manera de volver a hacer aquello que tanto disfruta y eso fue suficiente para darme cuenta de que, poco a poco, está recuperando partes de sí misma que yo ayudé a romper. Me alegró verla ocupada en algo que realmente le apasiona, porque nunca quise que toda su vida terminara girando alrededor del daño que le hizo su familia y yo.
Recuerdo perfectamente cómo brillaba su cabello rubio bajo la luz y la manera en que sus ojos habían recuperado ese brillo que hacía meses no veía. No estaba sonriendo para mí ni tenía por qué hacerlo, pero verla bien fue suficiente para sentir una tranquilidad que hacía mucho tiempo no experimentaba. Supongo que amar a alguien también consiste en eso, en alegrarte cuando descubres que esa persona vuelve a encontrar motivos para sentirse bien, aunque tú todavía no formes parte de esa nueva etapa.
Yo también tuve que empezar a reconstruirme. Regresé al trabajo porque entendí que encerrarme a lamentar mis errores no iba a cambiar absolutamente nada. Volví a involucrarme en los proyectos de la empresa, retomé reuniones que llevaba semanas delegando y empecé a exigirme otra vez, no para distraerme de Alice, sino porque quiero convertirme en el hombre que ella merecía encontrar desde el principio. También dejé de beber. Durante un tiempo pensé que una botella podía ayudarme a dormir o a dejar de pensar durante unas horas, pero rápidamente comprendí que solo estaba buscando una forma cobarde de escapar de mis propios errores.
No pienso convertirme en un hombre que pase los días ahogando sus problemas en alcohol mientras espera que la vida los resuelva por él. Si voy a sufrir la ausencia de Alice, prefiero hacerlo creciendo, aprendiendo y trabajando en mí mismo.
Últimamente también he estado reuniéndome con un arquitecto porque quiero remodelar una parte de la mansión .
Será un espacio muy especial para ella, pensado alrededor de las cosas que más disfruta y de todo aquello que siempre quise darle pero nunca hice a tiempo.
No sé si alguna vez volverá a entrar en esa casa. No sé si algún día aceptará regresar a mi lado. Puede que ese lugar nunca llegue a usarlo, y aun así quiero construirlo. Porque ya no hago las cosas esperando recibir algo a cambio. Esta vez simplemente quiero hacerlas porque sé que es lo correcto y porque, aunque el futuro siga siendo incierto, quiero poder mirarme al espejo sabiendo que por fin estoy intentando convertirme en el hombre que Alice siempre mereció tener a su lado.
Volver a la rutina también me ha obligado a enfrentar cosas que llevaba demasiado tiempo dejando en manos de otras personas. Antes podía pasar días enteros sin pisar la empresa porque mi cabeza estaba en cualquier lugar menos aquí. Ahora intento recuperar el control de todo.
Llego temprano, reviso personalmente los informes, vuelvo a reunirme con los directivos y tomo decisiones que hace unos meses habría delegado sin pensarlo. No lo hago porque el trabajo haya vuelto a convertirse en mi prioridad; simplemente necesito dejar de utilizar a Alice como una excusa para detener mi vida.
Si realmente quiero cambiar, tengo que empezar por recuperar la disciplina que siempre me caracterizó, pero esta vez sin convertirme en alguien frío o incapaz de mirar más allá de un balance financiero. Las cosas marchan mejor de lo esperado. Algunos proyectos importantes volvieron a tomar fuerza y la empresa recuperó la estabilidad que había perdido durante mi ausencia emocional. Es extraño descubrir que el mundo sigue avanzando incluso cuando uno siente que todo se detuvo, pero supongo que así funciona la vida. Nadie espera a que termines de recomponerte.
Dejo la carpeta de la última reunión sobre el escritorio y me aflojo ligeramente el nudo de la corbata antes de sentarme. Apenas llevo unos minutos solo cuando mi mirada se detiene en uno de los informes que dejó mi asistente para que lo revisara. Lo abro casi por costumbre, convencido de que será otro reporte financiero, pero el nombre que aparece en la primera página hace que vuelva inmediatamente a concentrarme.
Los padres de Alice .
Continúo leyendo mientras mi expresión cambia poco a poco. Hace meses me aseguré personalmente de que sus negocios cayeran. No dejé nada al azar. Cada movimiento fue calculado para impedir que pudieran recuperarse con facilidad. Sin embargo, los números cuentan una historia completamente distinta. Han conseguido nuevos inversionistas, varias de sus empresas volvieron a registrar ganancias y algunos contratos que parecían perdidos fueron reactivados durante las últimas semanas. No es un crecimiento espectacular, pero sí lo suficientemente sólido como para demostrar que alguien está detrás de esa recuperación. Lo que más me inquieta no es que hayan logrado levantarse, sino la rapidez con la que lo están haciendo. Conozco demasiado bien el mundo empresarial para saber que nadie sale de una caída como esa por simple suerte.
Cierro el informe y apoyo los codos sobre el escritorio mientras intento encontrar una explicación lógica. Las personas que antes trabajaban con ellos desaparecieron cuando comenzaron los problemas. Los bancos les cerraron las puertas, varios socios decidieron retirarse y la reputación de sus empresas quedó seriamente afectada. No tendrían por qué haber conseguido recuperarse tan pronto. Alguien está inyectando dinero, contactos o ambas cosas. La pregunta es quién tendría interés en ayudarlos después de todo lo ocurrido. Durante unos segundos pienso en revisar personalmente cada uno de esos movimientos, pero el sonido de la puerta interrumpe mis pensamientos.
—Señor Sterling —dice mi secretaria asomándose apenas por la puerta—. El detective Harris ya llegó.
Levanto la vista hacia ella y asiento.
—Hazlo pasar.
Ella cierra la puerta unos segundos y enseguida vuelve a abrirla para dejar entrar al detective. Harris lleva varios meses trabajando para mí y el el único que confío para esto. Si pidió reunirse conmigo en persona en lugar de enviar un informe, significa que encontró algo que considera importante. Entra con una carpeta bastante gruesa bajo el brazo y, después de saludar con un movimiento de cabeza, toma asiento frente a mi escritorio.
—Buenos días, señor Sterling.
—Por la expresión que trae, imagino que encontró algo interesante.
El detective deja la carpeta sobre la mesa y acomoda varios documentos antes de responder.
—Encontré bastante más de lo que esperaba.
—Lo escucho.
Hace unos días contacté al detective Harris. La aparición de Madison después de tantos meses de silencio me dejó demasiadas preguntas sin respuesta. No me interesa únicamente saber dónde estuvo todo ese tiempo; quiero entender por qué volvió precisamente ahora, qué ha estado haciendo durante su ausencia y, sobre todo, qué pretende.
Harris abre la carpeta lentamente y saca varias fotografías.
—Cuando usted me contrató quería saber exactamente qué hizo Madison durante todos estos meses, por qué desapareció y cuál era el verdadero motivo de su regreso. Al principio pensé que sería una investigación relativamente sencilla. Según la información oficial, pasó la mayor parte del tiempo en Nueva York.
—¿Y no fue así?
Niega con la cabeza.
—No, señor. Nueva York fue solo uno de muchos destinos.
Empuja hacia mí una hoja donde aparecen varias fechas acompañadas por nombres de ciudades.
—Durante los últimos meses viajó constantemente. París, Milán, Dubái, Singapur, Mónaco... La lista sigue. Nunca permanecía demasiado tiempo en un mismo lugar y los viajes eran mucho más frecuentes de lo que cualquiera imaginaría.
Frunzo ligeramente el ceño mientras reviso las fechas.
—¿Vacaciones?
—Eso pensamos al principio, pero hay algo más.
Levanto la mirada.
—¿Que cosa?
—Que nunca estaba sola.
Madison aparecía saliendo de un hotel junto a un hombre alto, vestido completamente de negro. Llevaba gafas oscuras y una gorra que ocultaba buena parte de su rostro.
—¿Quién es?
—Eso es precisamente lo extraño. No hemos logrado identificarlo.
Tomé la fotografía entre mis dedos.
—¿No existe ningún registro?
—Ninguno que podamos confirmar. Utiliza distintas identidades para viajar, cambia constantemente de vehículos y evita cualquier lugar donde pueda quedar demasiado expuesto. Es un hombre que sabe cómo desaparecer.
Harris colocó varias fotografías más sobre el escritorio.
Un aeropuerto.
La entrada de un hotel.
Un puerto.
Un vehículo esperando en una calle poco transitada.
Siempre el mismo hombre. Siempre al lado de Madison.
—¿Su pareja? —pregunté sin apartar la vista de las imágenes.
—No encontramos pruebas que indiquen una relación sentimental.
—Pero tampoco pruebas de que no exista.
—Exactamente.
Guardé silencio unos segundos.
—¿Qué función cumple?
—Todavía no podemos asegurarlo. Podría ser un guardaespaldas, un socio o alguien con un papel mucho más importante. Lo único que sabemos es que Madison no da un solo paso sin él. Siempre aparece antes que ella y siempre desaparece después.
Levanté nuevamente la vista.
—¿Y saben qué estaba haciendo en cada ciudad?
Harris negó despacio.
—Eso es justamente lo que seguimos intentando descubrir. Eran extremadamente cuidadosos. Entraban a lugares privados, permanecían allí durante horas y salían sin dejar prácticamente ningún rastro. Hasta ahora no hemos podido establecer qué hacía exactamente Madison en esos sitios.
No me gustó escuchar eso.
Madison nunca hacía algo porque sí. Si había pasado meses moviéndose de un país a otro con ese nivel de discreción, era porque llevaba demasiado tiempo preparando algo.
—Hay otra cosa que me preocupa, señor Sterling —continuó Harris mientras cerraba parcialmente la carpeta—. Llevo más de veinte años trabajando como detective. He seguido políticos, empresarios, estafadores y personas vinculadas al crimen organizado. Uno aprende a distinguir cuándo alguien simplemente quiere pasar desapercibido... y cuándo alguien está haciendo todo lo posible para que nadie descubra qué está preparando.
Lo miré sin decir una palabra.
—¿Está diciéndome que cree que Madison planea algo?
—Le estoy diciendo que todavía no tengo pruebas para afirmarlo. Pero si me pregunta mi opinión profesional... sí. Y tengo la impresión de que nos estamos acercando a algo mucho más grande de lo que imaginábamos.
La oficina quedó en silencio durante unos segundos. Harris volvió a abrir la carpeta y respiró hondo.
—Pensé que esa sería la parte más importante de la investigación... hasta que apareció esto.
Sacó una fotografía diferente y la deslizó lentamente sobre mi escritorio.
Bastó un segundo para reconocer los rostros.
Los padres de Alice, abrazando a Madison.
—Y no fue la primera reunión. Hemos podido confirmar que Madison y los padres de la señora Alice llevan viéndose desde hace semanas.
***
1) ¿Que piensan sobre el cambio de Christian? ¿Lo perdonarían?2) ¿Que teoría tienen sobre Madison y el hombre misterioso? 👀Esta semana vuelvo a actualizar, no quiero tenerlas tan abandonadas 😭