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27. ACECHO

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27. ACECHO

Christian.

No dejo de seguirle el paso a Madison.

Los días siguen pasando y el detective no deja de enviarme informes. Al principio llegan cada tres o cuatro días, pero con el tiempo empiezan a ser más frecuentes. A veces son apenas un par de hojas con horarios, fotografías y nombres, otras veces incluyen conversaciones, registros de llamadas y movimientos financieros que él mismo considera relevantes. No todo resulta útil, pero aun así reviso cada documento con la misma atención.

Nunca he sido de los que dejan el trabajo a medias y mucho menos cuando se trata de personas como ellos. La familia de Madison ha demostrado demasiadas veces que siempre tiene un plan detrás de cada movimiento, así que no estoy dispuesto a confiarme solo porque durante unas semanas todo parezca tranquilo. Me tomo el tiempo de comparar informes antiguos con los nuevos, marco fechas, hago anotaciones y vuelvo a leer algunos detalles que al principio parecían insignificantes.

La mayoría de las personas espera encontrar un gran error para descubrir la verdad, pero yo sé que las mentiras empiezan a romperse por las grietas más pequeñas.

Mientras tanto, la empresa sigue funcionando con normalidad. Las reuniones ocupan casi todo mi día, aparecen nuevos proyectos y los inversionistas no dejan de pedir resultados, así que termino dividiendo mi tiempo entre el trabajo y los informes del detective.

Con Alice ocurre todo lo contrario. Pensar en ella se ha convertido en el único momento del día en el que dejo de analizar problemas. Continúo enviándole regalos y un arreglo de flores cada semana y ya es una costumbre escribirle alguna nota antes. Algunas veces son poemas cortos y otras cartas más largas. No busco impresionarla con palabras bonitas ni hacer que sienta algún tipo de compromiso conmigo. Solo quiero que, cuando reciba uno de esos detalles, sepa que hay alguien pensando en ella sin esperar nada a cambio.

También seguimos hablando por mensajes. No demasiado. Ambos estamos ocupados pero intento escribirle siempre. A veces le pregunto cómo estuvo su día, si ha seguido pintando o si ya encontró algún lugar nuevo para conocer. Ella responde cuando puede. Hay ocasiones en las que solo recibo un "todo bien" o una fotografía del paisaje que está viendo en ese momento. Puede parecer poca cosa, pero para mí es suficiente.

Las semanas pasan así, una detrás de otra, hasta que una noche termino la última reunión del día mucho más tarde de lo habitual. Cierro el portátil, aflojo un poco la corbata y me levanto para servirme una taza de café. La oficina está prácticamente vacía. Solo quedan algunos empleados en los últimos pisos y el silencio hace que todo se sienta extrañamente tranquilo. Me acerco al ventanal mientras espero que la cafetera termine de funcionar y observo las luces de la ciudad. Hacía mucho que no dedicaba un minuto simplemente a mirar sin pensar en trabajo.

El teléfono empieza a vibrar sobre el escritorio.

No le doy importancia al principio. Supongo que será algún correo o un mensaje de mi asistente, pero vuelve a sonar casi de inmediato. Después una tercera vez. Cuando finalmente camino hasta el escritorio y miro la pantalla, veo el nombre del detective acompañado de varios archivos enviados en menos de un minuto.

Frunzo el ceño.

Eso no es habitual.

Siempre organiza la información antes de enviármela. Si decidió hacerlo todo de golpe es porque encontró algo importante.

Dejo la taza de café a un lado y abro el chat.

Lo primero que aparece son fotografías.

Empiezo a deslizar una tras otra con calma.

Madison entrando a un restaurante.

Madison saliendo del mismo lugar dos horas después.

Madison subiéndose al vehículo de un hombre.

Otra fotografía muestra cómo él le abre la puerta antes de que ella entre.

En la siguiente están caminando juntos por una calle bastante apartada.

Después aparecen abrazados y otra besándose.

Amplío la imagen unos segundos para observar mejor el rostro del hombre. No logro reconocerlo de inmediato, pero basta con verlo para entender que no es una relación reciente. La forma en la que se miran y la confianza con la que actúan dejan claro que llevan tiempo viéndose.

Debajo de las fotografías encuentro un mensaje del detective.

«Le recomiendo leer el informe completo, hay información que le podría interesar»

Descargo el archivo y empiezo a leer.

Las primeras páginas contienen la identificación del hombre, sus empresas, antecedentes públicos y relaciones familiares. Conforme avanzo, noto que mi expresión cambia poco a poco.

No pasan ni cinco minutos antes de entender por qué la empresa de esa familia ha empezado a crecer de una manera que no tenía ningún sentido..

El hombre con el que Madison mantiene una relación no es un empresario cualquiera.

Es el heredero de uno de los clanes más poderosos y peligrosos de la ciudad. Un apellido que cualquiera reconoce apenas lo escucha porque durante décadas ha estado rodeado de dinero e influencia. Oficialmente administran compañías completamente legales, pero cualquier persona que lleve años moviéndose entre empresarios sabe que su poder va mucho más allá de los negocios.

Continúo leyendo sin apartar la vista del informe.

Descubro que el heredero tiene una reputación desastrosa dentro de su propia familia. Lleva años evitando asumir responsabilidades, vive rodeado de fiestas, consume drogas con frecuencia y gasta cantidades absurdas de dinero sin preocuparse por las consecuencias. Mientras su padre intenta convertirlo en el próximo líder del clan, él parece mucho más interesado en vivir como si nada pudiera alcanzarlo. Es impulsivo, inmaduro y demasiado confiado. Justo el tipo de hombre que alguien como Madison sabría manipular si se lo propusiera.

Deslizo y encuentro otro dato que llama mi atención.

Tiene pareja desde hace varios años .

No es una relación secreta ni reciente. Toda la gente cercana al clan sabe quién es ella y también conoce el carácter que tiene. Según el informe, es una mujer extremadamente posesiva y no tolera las infidelidades. Más de una vez ha protagonizado escándalos por celos, y no es un secreto que ha asesinado a mujeres por eso.

Nadie se atreve a desafiarla porque todos saben hasta dónde es capaz de llegar cuando siente que alguien intenta quitarle lo que considera suyo.

Si esa mujer llega a descubrir a Madison, el verdadero problema apenas comenzará.

El detective incluso organizó la información por fechas para que fuera más fácil entender cómo habían empezado las cosas. Al principio solo aparecían un par de encuentros en restaurantes y hoteles. Después comenzaron los viajes juntos, las compras y las reuniones privadas. Madison no solo se había ganado su confianza, prácticamente ya formaba parte de su rutina.

Paso otra página y encuentro el apartado que más me interesa.

Movimientos financieros.

Ahí está la verdadera razón de todo.

El detective no puede acceder a las cuentas del clan, pero sí logró seguir el recorrido de varias empresas que, de un momento a otro, empezaron a invertir cantidades importantes de dinero en negocios relacionados con la familia de Madison. A simple vista parecen inversiones completamente legales, pero mientras más avanzo en la lectura, más evidente resulta que esas operaciones no tienen ningún sentido.

Las empresas apenas generan ganancias y aun así, reciben capital constantemente.

Demasiada casualidad.

Sigo leyendo hasta encontrar la explicación.

Según el detective, el heredero comenzó a autorizar transferencias utilizando su propia posición dentro del grupo empresarial. No son cantidades exageradas, precisamente para evitar levantar sospechas, pero juntas representan una suma bastante considerable. Él mismo firma algunos documentos y desvía el dinero con la idea de recuperarlo antes de que alguien revise las cuentas.

Cierro los ojos unos segundos y niego con la cabeza.

Es más ingenuo de lo que imaginaba .

No entiende la clase de familia a la que pertenece.

Un clan así puede tolerar muchos errores, pero jamás una traición que involucre dinero. El poder se mantiene gracias a la confianza y, cuando esa confianza desaparece, nadie vuelve a mirar al responsable de la misma manera.

Vuelvo a leer varias veces las últimas hojas.

Madison no parece estar enamorada de él.

Todo lo contrario.

Cada encuentro coincide con una nueva inversión, una nueva transferencia vinculada a su familia. Demasiadas coincidencias para creer que todo ocurre por casualidad.

Al final del informe encuentro una pequeña anotación escrita por el detective.

«No puedo asegurar que ella sea quien mueve directamente el dinero, pero todo indica que tiene influencia sobre las decisiones del chico. Recomiendo seguir observando antes de intervenir.»

Dejo el celular sobre el escritorio y apoyo la espalda contra la silla.

Durante unos minutos no hago absolutamente nada.

Simplemente intento ordenar toda la información.

Ahora entiendo por qué esa familia ha conseguido recuperarse tan rápido. También entiendo por qué de un momento a otro empezaron a cerrar negocios que antes eran imposibles para ellos.

No fue por esfuerzo.

Encontraron a la persona adecuada y la convencieron de abrirles todas las puertas.

Aunque siendo sincero, tampoco parece que el hombre necesitara demasiado convencimiento.

Me llevo una mano a la barbilla mientras vuelvo a observar una de las fotografías.

No tienen idea en lo que se están metiendo.

Tarde o temprano alguien notará que las cuentas no cuadran, que hay inversiones injustificadas o que el dinero terminó donde nunca debió llegar. Puede tardar semanas o incluso meses, pero ocurrirá.

Y cuando ocurra...

No creo que Madison ni su familia esté preparada para afrontar las consecuencias de haberse involucrado con esa gente.

No siento lástima.

No siento nada por esa despreciable familia y tengo asco de mi mismo por aguantar tantos años a Madison.

Lo irónico es que ni siquiera hace falta que yo intervenga.

Durante años imaginé diferentes formas de hacer pagar a esa familia por todo el daño que provocó.

Pensé que tendría que mover influencias, buscar pruebas o enfrentarme directamente a ellos.

Al final, parece que serán ellos mismos quienes destruyan todo lo que tanto esfuerzo hicieron por construir.

Esbozo una pequeña sonrisa mientras cierro la carpeta.

No voy a mover un solo dedo.

Seguiré observando.

Si el detective tiene razón, esto apenas está empezando y todavía queda mucho por descubrir. Mientras ellos creen que nadie sospecha de sus movimientos, yo tengo la ventaja de conocer el tablero completo.

Solo necesito esperar.

Y la paciencia nunca ha sido un problema para mí.

***

Los días siguientes transcurren con bastante tranquilidad. Las reuniones ocupan casi todo mi tiempo y, cuando termino una, siempre hay otra esperándome. Entre contratos, llamadas y visitas a distintas sucursales apenas tengo oportunidad de descansar, aunque tampoco me quejo. Mantener la cabeza ocupada siempre ha sido la mejor forma de evitar pensar demasiado.

«Son muy bonitas. Gracias.»

Es la respuesta de mi Alice al nuevo arreglo de flores que le mande y termino sonriendo como un idiota durante varios minutos.

A veces las cosas más simples dicen mucho más que una conversación entera.

Dos días después recibla llamada del arquitecto confirmándome que el proyecto finalmente está terminado. Aprovecho que esa misma tarde y decido ir a verlo. Después de firmar algunos documentos en la empresa, tomo las llaves del coche y conduzco hasta allí.

Cuando llego, varios trabajadores siguen recogiendo herramientas y materiales. En cuanto me ven bajar del vehículo, el arquitecto camina hacia mí con una carpeta bajo el brazo.

—Buenas tardes, señor Sterling.

—¿Todo listo?

—Terminamos esta mañana. Solo faltaba hacer una última revisión con usted antes de entregar oficialmente la obra.

Asiento y lo sigo por el sendero de entrada mientras me explica algunos cambios que hicieron durante el proceso. Escucho con atención, aunque la mayor parte de mi interés está puesta en otra cosa.

Hace años que no entro realmente a ese lugar.

Y, por alguna razón, hoy se siente diferente.

No sé si es porque ya no soy el mismo hombre que decidió quedarse viviendo allí después de la muerte de Evangeline o porque, por primera vez en mucho tiempo, regreso con un motivo distinto al dolor.

Respiro hondo antes de seguir caminando.

El jardín aparece frente a mí completamente renovado.

Me detengo unos segundos sin decir nada.

La diferencia es evidente desde el primer momento.

Durante años este lugar permaneció completamente abandonado. Nadie volvió a preocuparse por él después de la muerte de Evangeline. El césped creció sin control, las flores desaparecieron poco a poco y los caminos de piedra terminaron cubiertos por hojas secas. En aquel entonces ninguno de nosotros tenía fuerzas para cuidar un sitio que nos recordaba constantemente su ausencia.

Mis padres decidieron marcharse de esta casa pocos meses después del funeral.

Decían que cada habitación les dolía demasiado.

Que abrir una puerta era suficiente para recordar algo de ella.

Yo no fui capaz de irme.

No porque fuera más fuerte que ellos, sino porque mi rabia era mucho mayor que mi tristeza. Necesitaba permanecer aquí para no olvidar nunca lo que había pasado. Cada mañana despertaba con el mismo pensamiento y cada noche me acostaba prometiéndome que algún día haría pagar a los responsables.

Con el tiempo la casa dejó de ser un hogar.

Simplemente era el lugar donde vivía.

Y este jardín fue el rincón que más abandoné.

No porque no quisiera entrar, sino porque cada vez que lo intentaba terminaba recordando a Evangeline sentada frente a un lienzo, completamente concentrada en lo que estaba pintando. Era imposible permanecer aquí sin verla en cada rincón.

Ahora, mientras avanzo por el sendero principal, esa sensación ya no pesa de la misma manera.

El césped está perfectamente recortado y las flores vuelven a llenar los jardines con distintos colores. Los árboles fueron podados y dejaron pasar mucha más luz que antes. Incluso instalaron un sistema de riego automático y pequeñas luces entre los caminos para que el lugar también pueda disfrutarse durante la noche. Todo luce cuidado, limpio y lleno de vida, como si durante años nunca hubiera permanecido vacío.

—Seguimos exactamente el diseño que usted aprobó —explica el arquitecto mientras caminamos—. También reforzamos el drenaje porque encontramos humedad debajo del estudio. Si no lo hacíamos, dentro de unos años habría vuelto a presentar problemas.

Asiento mientras sigo observando alrededor.

—¿Y el estudio?

—Lo renovamos completamente.

Continuamos caminando hasta llegar a la pequeña construcción de cristal ubicada al fondo del jardín.

Durante unos segundos simplemente la observo desde afuera.

Recuerdo perfectamente cómo estaba la última vez que entré. Los ventanales tenían varias grietas, la pintura de la estructura comenzaba a desprenderse y el interior estaba cubierto por una gruesa capa de polvo. Algunos muebles seguían donde Evangeline los había dejado, pero el tiempo terminó deteriorándolo todo.

Empujo la puerta lentamente.

El cambio es incluso mayor por dentro.

Los ventanales fueron reemplazados por completo y permiten que la luz natural entre desde todos los ángulos. El piso de madera fue restaurado y conserva un acabado cálido que hace que el lugar resulte mucho más acogedor. En uno de los extremos instalaron un escritorio amplio con varios cajones integrados para guardar materiales de trabajo. Frente a los ventanales hay dos caballetes nuevos, listos para usarse, y en la pared del fondo colocaron estanterías llenas de lienzos de distintos tamaños, carpetas para bocetos, cajas organizadoras y todo el espacio necesario para pinturas, pinceles y herramientas de arte.

También añadieron una pequeña biblioteca, un sofá junto a la ventana y varias plantas que terminan de darle vida al estudio sin hacerlo ver recargado.

Camino despacio por el interior.

Paso la mano sobre el escritorio.

Abro algunos cajones.

Reviso los acabados y los detalles casi por costumbre, aunque en realidad mi atención está en otra parte.

Hace años era incapaz de imaginar este estudio sin pensar inmediatamente en Evangeline.

Hoy sigue estando presente en mi memoria.

Recuerdo cómo llegaba aquí después de desayunar, cómo pasaba horas mezclando colores y cómo siempre terminaba con las manos manchadas de pintura. Nunca quiso dedicarse profesionalmente al arte, simplemente era lo que más disfrutaba hacer cuando necesitaba desconectarse del resto del mundo.

Sonrío sin darme cuenta.

La sigo extrañando.

Eso nunca va a cambiar.

Pero mientras observo el estudio completamente renovado, descubro que ya no lo relaciono únicamente con ella.

Sin proponérmelo empiezo a imaginar a Alice ocupando ese mismo espacio.

La imagino dejando sus pinceles sobre el escritorio, acomodando lienzos contra la pared o perdiendo la noción del tiempo mientras pinta frente a los ventanales abiertos. Puedo verla caminando por este jardín con las manos llenas de pintura y deteniéndose de vez en cuando para observar las flores antes de volver al trabajo.

Y por extraño que parezca, esa imagen no me produce culpa.

No siento que esté reemplazando a mi hermana.

Tampoco que esté olvidándola.

Simplemente entiendo que este lugar ya no tiene por qué permanecer detenido en el mismo recuerdo para siempre.

Quizá esta era la única parte de mi vida que todavía seguía aferrándose al pasado.

Quizá necesitaba cerrar ese capítulo para poder empezar otro.

Me giro hacia el arquitecto, que espera mi opinión en silencio.

—Quedó exactamente como lo imaginaba.

El hombre deja escapar una sonrisa de alivio.

—Me alegra escuchar eso, señor.

Asiento una vez más antes de recorrer el estudio por última vez con la mirada.

Por primera vez desde la muerte de Evangeline, este lugar vuelve a sentirse vivo.

El resto del día transcurre y vuelvo al trabajo. Cuando por fin tengo un momento libre, mis padres entran a mi oficina.

Desde todo lo ocurrido están mucho más callados.

Sobre todo mi madre.

Ya no intenta justificar lo que hizo ni busca convencerme de que exagero. Por primera vez parece entender el daño que provocó.

—He estado pensando mucho... —dice después de un largo silencio—. Cuando Alice regrese quiero hablar con ella.

Levanto la vista del computador.

—¿Para qué?

—Para pedirle perdón.

No responde enseguida.

Simplemente baja la mirada antes de continuar.

—No puedo cambiar lo que hice... pero sí puedo reconocer que me equivoqué.

La observo unos segundos.

No sé si Alice aceptará esas disculpas.

Eso dependerá únicamente de ella.

Aunque sé que mi madre hablaba desde el dolor nada lo justifica.

***

Un par de días después salgo de la casa de mi abuelo cuando el sol ya empieza a ocultarse. Como siempre, la visita termina siendo una mezcla de regaños, consejos y conversaciones que aunque a veces no quiera admitirlo, siempre termino necesitando. No pierde la costumbre de decirme las cosas de frente. Primero me recuerda todos los errores que he cometido durante estos años y cómo permití que la rabia controlara gran parte de mi vida. Después, para mi sorpresa, reconoce que últimamente me ve diferente.

—Ya era hora de que dejaras de vivir únicamente para vengarte, muchacho. Ahora empieza a construir algo para ti.

No respondo de inmediato.

Sé que tiene razón.

Desde que Alice apareció muchas cosas comenzaron a cambiar sin que me diera cuenta. Sigo buscando justicia para Evangeline, pero ya no despierto todos los días pensando únicamente en el pasado.

Antes de despedirme, mi abuelo me da una palmada en el hombro.

—No desperdicies la oportunidad que te está dando la vida.

Asiento con una leve sonrisa y abandono la casa.

Cada vez que hablo con él salgo con las ideas mucho más claras.

Cuando llego a casa ya es completamente de noche. El cansancio empieza a sentirse después de tantos días de reuniones y trabajo, así que lo único que quiero es darme una ducha y descansar unas horas.

Apenas cruzo la puerta, Nora aparece desde el pasillo con una carpeta color beige entre las manos.

—Señor Christian.

Levanto la vista.

—¿Ocurre algo?

—Dejaron este corre hace aproximadamente una hora.

La tomo.

Es bastante gruesa, pero no tiene ningún logotipo, dirección o nombre que permita identificar al remitente. Solo aparece mi nombre escrito al frente.

La observo unos segundos.

—¿Dijo quién la enviaba?

—No, señor.

Asiento.

—Gracias, Nora.

Ella se limita a dedicarme una pequeña sonrisa antes de regresar a la cocina.

Es normal en Nora que no lea mis correos, en esos temas no es una intrusa.

Subo a mi habitación con los documentos bajo el brazo y la dejo sobre la cama.

Durante un momento pienso en abrirla de inmediato, pero el agotamiento termina ganando.

Entro al baño, dejo que el agua caiga sobre mi espalda durante varios minutos y consigo relajar un poco la tensión acumulada del día. Cuando salgo, con una toalla sobre los hombros mientras termino de secarme el cabello, mi mirada vuelve a detenerse sobre los documentos.

Casi me había olvidado de ella.

Me siento en el borde de la cama y rompo el sello con tranquilidad, convencido de que encontraré algún documento relacionado con la empresa.

Lo primero que aparece es un sobre más pequeño.

Lo saco sin darle demasiada importancia y vuelco el contenido sobre el colchón.

Varias fotografías se deslizan frente a mí.

Mi respiración se detiene en ese mismo instante y mi corazón se acelera.

Alice .

Todas las fotografías son de Alice.

Las tomo una por una sin apartar la vista de ellas.

En una aparece caminando por una calle de Suiza con un café entre las manos. En otra está entrando a una librería. Después la veo comprando materiales de pintura, sentada sola en el césped, conversando con una mujer mayor, montando a caballo y saliendo de su hogar con su pequeño gato

Paso a la siguiente.

Y a la siguiente.

Ninguna parece haber sido tomada por alguien cercano.

Todas fueron captadas desde bastante distancia, utilizando un lente de largo alcance. Algunas incluso están tomadas desde la acera de enfrente o desde el interior de un vehículo.

Ella jamás notó que la observaban.

Aprieto la mandíbula.

Cada fotografía lleva una fecha y una hora en la parte inferior.

Las reviso rápidamente.

No pertenecen al mismo día.

Ni siquiera a la misma semana.

Hay imágenes tomadas con varios días de diferencia, lo que significa una sola cosa.

Alguien lleva semanas siguiéndola.

¿ Cómo demonios la encontraron?

Siento cómo el pulso empieza a acelerarse.

Me visto sin perder un segundo y le doy una última mirada a las fotografías antes de tomar el primer vuelco que salga hacia suiza.

***